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Wait For Me Mr. Vinsmoke por Alleisys

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«Empezaste como un sueño,
Y te volviste en mi ilusión. 
Finalmente te convertiste en una rosa,
Una rosa que se robó mi corazón...»

 

Trataba de que su mirada se mantuviera fija en el asombroso brocado del edredón, deseando internamente ocultar su nerviosismo entre aquellas magníficas telas entretejidas con hilos de oro y plata. Aunque debía reconocer que eso no era lo único que se veía impresionante, sino que todos los detalles en esa habitación se encontraban exquisitamente colocados. Desde las perfectamente ordenadas y pulcras sabanas, pasando por el techo decorado con porcelana, los relieves bañados en oro, el mágico candelabro de cristal que iluminaba el lugar, las paredes dignas de ser comparadas una recamara real, y por sobre todo, la increíble vista. La Acrópolis de Atenas se alzaba imponente desde el balcón, destacando ominosa entre la oscura noche al ser bañada únicamente por las luces que iluminaban aquel gran monumento que en el pasado había sido el principal espectador de la edad de oro helenística.

Pero él no podía ser testigo de toda esa magia, porque su mente seguía atrapada entre aquellas pesadas telas y lo que pasaría a continuación entre ellas...

Porque si, finalmente su noche de bodas había llegado.

Ni siquiera el mismo se lo podía creer, a sus cuarenta y dos años, — una edad donde la mayoría de sus hermanos ya estaban casados y al menos la mitad de ellos ya eran padres, — el apenas daba el "si".

Bueno… por segunda ocasión.

Y era aún más sorprendente si tenía en cuenta que su esposo era trece años menor que él.

Esposo.

Pensó que jamás volvería a usar esa palabra nuevamente, pero por lo visto — y como casi siempre — Estaba equivocado.

No se exalto cuando fue rodeado por sus prominentes brazos, tampoco tenía que verlo para saber que Katakuri estaba sonriendo lobunamente desde lo más profundo de su ser.

—¿En qué piensas?

—En nosotros... — acaricio levemente esa última palabra — ...y como demonios fue que terminamos aquí.

—Yo lo recuerdo perfectamente, «Señor Vinsmoke».

El muy tenue sonrojo de Ichiji, le saco un par de risas a Katakuri, y es que no era para menos...

«Desde la primera vez que te vi, supe que serias mío, Ichi.»

Ellos no conocieron el termino de "amor a primera vista", o al menos no de ambas partes, ya que la primera vez Katakuri e Ichiji cruzaron miradas fue cuando el pelirrojo tenía veintitrés años, al hacer su debut como profesor de literatura en el salón de un pequeño niño de cabellos remolachas de no más de diez años...

No supo en qué momento paso, pero desde que sus ojos se posaron en aquel divino ser, viéndolo entrar por primera vez a su salón de clases, se quedó sin aliento ante tal perfección. Sin embargo, eso fue solo el principio. El señor Vinsmoke era poseedor de una belleza tanto externa como interna; su atractivo no tenía nada que envidiarles a las musas griegas — cual digno hijo de Venus que era — y sus conocimientos rivalizaban con los del mismísimo Aristóteles. Antes, literatura le parecía la materia más burda que podía existir. Sin embargo, fue aquel pelirrojo quien poco a poco logro enamorarlo a través de los escritos de DickensVíctor Hugo, Poe Lorca.

«¿Recuerdas el día que te declare mi amor, Ichiji?»

Escuchaba su voz completamente fascinado, cada letra que salía de sus labios era una oda a los dioses. Su refinado cuerpo y elegante andar conseguían poner de rodillas a los mismos reyes. Sus ojos lograban encantar a cualquier mortal con solo una mirada, pero a su parecer, lo más deslumbrante de aquel etéreo ser; eran esos inconfundibles e indomables cabellos merlot; podía verlos por horas, por días, incluso por toda una vida y jamás cansarse de ellos.

—...Y fue así como Orfeo; al haber dudado de su convicción perdió la última oportunidad que tuvo de salvar a su amada Eurídice. — Finalizo aquel relato con una tenue sonrisa, aquel mito era uno de sus favoritos, pero su expresión expiro en el mismo instante que escucho una escandalosa voz detrás de sí. 

—¡Que imbécil era ese tal Orfeo! — Aquel comentario tan altivo hizo que todo el salón estallara en carcajadas.

—¡Eustass!

—¡Vamos! No se exalte señor Vinsmoke. Solo trato de ser objetivo. Era prácticamente imposible que ese tonto fallara en una misión tan simple y estando a solo un paso de salir del Inframundo ¡El tarado decide por obra y gracia de sus jodidas pelotas darse la vuelta! ¿Acaso eso no es ser idiota?

—Yo no lo veo así, Kidd. — El salón entero enmudeció cuando su voz se alzó de entre todas las risas — Orfeo amo tanto a Eurídice que llego a descender al Inframundo solo por ella, y enfrentarse al mismísimo Hades por salvar su alma. Él no era un semidios, ni mucho menos un héroe, solo era un hombre con un arpa, pero la sola idea de perder a su amada para siempre logro impulsarlo a desafiar todas las leyes establecidas en su época. ¿Acaso eso no es prueba suficiente para demostrar lo lejos que puede llegar un simple mortal por amor? — Cuando termino de defender su postura pudo escuchar un sin fin de suspiros en gran parte de la población femenina del salón y las miradas sorprendidas de muchos de sus compañeros.

«Aww, Charlotte es tan perfecto»

«¡Lo que daría por ser su Eurídice!»

«¿Todos los ingleses serán así de galantescos?»

Pero él solo tenía ojos para una sola persona...

La campana que marcaba el final de la jornada escolar sonó antes de que su maestro pudiera hacer un solo comentario al respecto y todos los alumnos procedieron a ponerse de pie al instante, dispuestos a retirarse.

—¡Alto ahí, pequeños delincuentes! Antes de que se retiren les entregare los resultados de su último examen. Cualquier reclamo que tengan estaré en mi oficina después de clases y recuerden esto; la siguiente sesión quiero esas notas firmadas por sus padres o les restare puntos en la próxima prueba ¿Esta claro?

Un agónico «¡No!» Retumbó al unísono en los oídos del joven profesor, pero no le importo.

Como si de un pelotón de fusilamiento se tratase, empezó a llamar uno a uno a sus victi-  alumnos. La gran mayoría habían desaprobado, — y con notas que harían a cualquier persona llorar de la vergüenza —, pero el simplemente no lograba comprenderlo ¿Como era posible que esos niños fueran tan estúpidos?

Una pregunta de aplicación tan simple como; Use la mayéutica empleada en "Los diálogos socráticos" y relaciónelas a una de las soluciones planteadas en el "New Deal" de Roosevelt para contrarrestar los efectos de la gran depresión. ¡Era algo que cualquier persona podía responder!

—Jewelry — Vio como la niña de interminables cabellos rosas se encogía en su asiento para luego levantarse y tomar asustada su examen, al ver su calificación, casi se desmaya.

—N-No estará hablando en serio, ¿Como espera que mi padre vea esto?

—Con los ojos, niña. — Y rogaba porque aún conservase la vista luego de ver ese aberrante 2 — Ahora largo.

—Pero…—

—Hawkins. — La frialdad con la que el pequeño blondo se levantó de su lugar para tomar su examen y retirarse sin decir ni una palabra, hizo que alzara una de sus particulares cejas sorprendido. Ese niño era un poco extraño, pero mientras continuase sacando puros 8 le daba igual lo inexpresivo que fuese.

—Sabo, sigues tu — Instantáneamente el rubio palideció su pupitre al escuchar su nombre, acercándose hacia el a pasos robóticos —Es tu día de suerte, mocoso — Le siseo por lo bajo.

Al estirar su mano y ver su calificación, Sabo finalmente pudo recuperar el aliento. Un seis no era el mejor resultado del mundo, pero teniendo en cuenta que literatura era su peor materia, para el sabia a gloria.

No pudo evitar sonreír al ver a su siguiente víctima —Eustass…— el chico de prominentes cabellos naranjas se dirigió hacia el con una mirada asesina, para que en un abrir y cerrar de ojos, le arranchara el examen.

—¿¡Que se supone que es esto!? —Le interrogo furioso al ver su paupérrima calificación.

—¡Es un cero tan grande como tu cabeza! Quizás eso te enseñe a dejar de hacerte el payaso en mis clases y empezar a prestarle más atención a la materia.

—¡Pero que retrasado más grande resulto ser Kidd!—

—Te apuesto a que en un par de años terminara muerto o en una correccional, no sé, lo que pase primero. —

Escuchar las burlas de sus compañeros a sus espaldas hicieron que las ganas de Kidd para lanzarse encima del joven profesor aumentaran de forma sardónica.

—¡Y no entiendo porque se están riendo allá atrás! ¡Page! ¡Drake! Que sus respectivos 4 y 3, tampoco son sinónimos de grandeza — Estaba harto de esos idiotas, no podía creer que sus alumnos fueran tan inútiles.

Incluso había veces en las que llegaba a pensar que el verdadero problema era él y no sus estudiantes. Sin embargo, ver el siguiente examen logro persuadir sus pensamientos.

—...Charlotte.

Apenas pronuncio ese apellido, un niño de singulares cabellos remolachas y con una altura poco común para su edad — Solo diez años — ya que casi les llegaba a los hombros. Se abrió paso hacia él. Sus facciones eran algo serias y tenía una figura intimidarte, pero Ichiji siempre hacía hincapié en su mirada escarlata, ya que no se parecía en nada a la de los otros niños.

 De hecho, sentía que guardaba una historia mucho más profunda dentro de sí.

—Buen trabajo, Katakuri. — Al momento de extender su mano para entregarle la prueba, pudo sentir las sorprendentemente fuertes manos del menor haciendo un rudo contacto con las suyas en un agarre enérgico y duro.

—Gracias... Señor Vinsmoke — Acaricio cada letra con gran anhelo y devoción, mientras recibía el único 10 de la clase.

Ver directamente a los ojos de aquel niño, siempre dejaba muy intrigado a Ichiji.

Cuando finalmente Katakuri salió del salón de clases, vio la molesta figura de Kidd apoyado contra los casilleros.

—¡Ya era hora, «Prince William»!

—Nunca te pedí que me esperases. — Le contesto desinteresado, mientras avanzaban juntos por los pasadizos de la escuela.

—Cierra la boca. — Kidd ignoro su comentario y procedió a hacer su descargo con la única persona que verdaderamente lo escuchaba — ¡Agh! No tienes idea de cuanto aborrezco a ese idiota ¿Acaso su meta es quedarse sin alumnos de cara al próximo curso?

No estaría mal, el señor Vinsmoke le daría clase privadas a él y solo a él...

—Literatura no es difícil, Kidd.

—Lo dice quien saca puros dieces en todas las materias...

—Si quieres podría ayudarte.

—No gracias, ni que estuviera loco. Mi vida es muy corta como para desperdiciarla leyendo unos estúpidos libros.

—Entonces ¿Que harás con eso? —Pregunto curioso mientras señalaba el arrugado examen del pelirrojo.

—¿Que no es obvio? Falsificare la firma ¡Si mi tío ve esto me hará dormir en la calle! — Aunque Killer lo adorase y lo tratase como a su propio hijo, no había dudas que lo desollaría vivo si es que llegaba a encontrar su calificación.

—…Si tú lo dices. — Dudaba que el plan del pelirrojo fuera a funcionar, pero con el tiempo que llevaba de conocerlo había entendido que era imposible disuadir a Kidd cuando se proponía algo.

—Oye, ¿vendrás a mi casa a jugar videojuegos, no? — Le pregunto-ordeno — «Black Ops» y «La Balada del Gay Tony» nos esperan.

—Lo siento, Kidd. — Había estado esperando esa fecha por mucho tiempo y finalmente, hoy era el día. — pero tendrá que ser otro día, tengo que hacer algo muy importante hoy.

Se despidió de un molesto Kidd, para dirigirse rumbo a las plantas superiores del clásico edificio. Mary Geoise era lo mejor de lo mejor en cuando a educación en toda la costa este. Una escuela reservada únicamente para familias de elite. Sin embargo, para Charlotte Katakuri, esas eran puras tonterias...

La única razón por la que esa escuela podía considerar verdaderamente especial era por un profesor en particular..

Pase.

El armonioso sonido de su voz, le dio la última gota necesaria de valor para adentrarse en aquel despacho.

—¿Charlotte? — Hubiera esperado la visita de cualquier otro estudiante, menos la de ese niño —¿Ocurre algo? Dudo que vengas a reclamarme más puntaje.

—Se-Señor Vinsmoke... — Se reprimió mentalmente por mostrar esa ligera señal de duda.

Pero es que era imposible controlar ese sentimiento que se cernía en lo más profundo de su pecho y hacia a su corazón latir descontroladamente cada vez que la personificación de todas sus fantasías... Ichiji Vinsmoke, su amado profesor de literatura y el dueño absoluto de todos sus sueños, estaba frente a él.

Sin decir ni una palabra, tomo asiento frente al despacho de su maestro y se apresuró a sacar de su elegante mochila Hermes, una pequeña y esterilizada caja, que tenía como único destinatario a su maestro.

—Ábralo, por favor. Es para usted.

Ichiji vio algo escéptico el pequeño paquete de color rojo, pensando que ese mequetrefe trataba de jugarle alguna broma — A fin de cuentas era el mejor amigo del busca pleitos de Eustass Kidd — Pero al ver la seriedad en su mirada, procedió a descubrir la caja lentamente. Cuando Ichiji finalmente pudo ver el contenido, sé quedo sin palabras.

—O-Oye niño ¿Que significa esto?

—... Señor Vinsmoke — Había llego la hora, no debía dudar — Por favor, ¡Cásese conmigo!

Ichiji se quedó en perplejo ante la declaración de su pequeño alumno, el modesto anillo de plata con una piedra rojiza, que supuso era una espinela, parecía más una baratija que otra cosa, pero por la seriedad con la que Katakuri lo estaba observando, supo que aquel pequeño estaba hablando muy enserio.

—Katakuri ¿De dónde sacaste esto? —Le pregunto asustado. Le había costado mucho ingresar a trabajar a esa institución tan importante sin ayuda de nadie y lo último que deseaba era meterse en problemas o malentendidos con la familia de ese mocoso.

Y tampoco era idiota, sabía muy bien que Katakuri era uno de los hijos menores de Linlin Charlotte, la que quizás era una de las mujeres con mayor caudal económico en todo el país, gracias a su transnacional de confitería inglesa "Whole Cake".

—¡No la robe, si es lo que está pensando! — Ichiji se quedó boquiabierto al ver la gran capacidad de percepción del pequeño — ¡Mi hermana me lo dio! Me dijo que si de lo entregaba al amor de mi vida, este haría que siempre lo pudiera encontrar sin importar en donde este. — Le comunico completamente convencido.

Para ser un niño tan inteligente en muchos aspectos, aún es muy inocente; pensó el pelirrojo.

—¡Niño, ya basta! Esto no me genera ninguna gracia.

—A mí tampoco. — Jamás había hablado tan enserio en sus cortos años de vida — ¡En verdad quiero casarme con usted señor Vinsmoke! ¡Yo lo amo!

En un principio fue muy confuso para el entender lo que le estaba pasando, no sabía porque su corazón empezaba a bombear incansablemente cuando escuchaba la voz de su profesor, o como un imperceptible carmín de adueñaba de su rostro cuando la mirada de ambos, azul y rojo, coincidía por accidente en alguna de sus clases.

Fue entonces que entro en escena su hermana mayor, Smoothie. Ella fue la primera en darse cuenta de que algo estaba cambiando en su pequeño hombrecito; y al preguntarle la razón, el niño le hablo de todas las extrañas sensaciones que estaba experimentando. A lo que la albina respondió de la forma más tierna posible;

«Kuri... ¡Te has enamorado!»

A Smoothie le resulto de lo más romántico los sentimientos tan puros de su pequeño de cabello granate, y fue ella misma quien lo animo a declararle sus sentimientos a lo que ella pensó, seria «la niña más afortunada del mundo».

Lastimosamente para Smoothie, Katakuri no se atrevió a dar ese paso hasta que en la fiesta de cumpleaños de su madre, fue testigo de cómo su hermano Daifuku le pidió matrimonio a su novia de toda la vida, Whitney Bay.

Ver el cumulo de emociones que genero aquel simple gesto en Whitney, hizo que el desease experimentar lo mismo con su amado profesor.

«Quiero que el señor Vinsmoke y yo estemos juntos por el resto de nuestras vidas; ¡Tal y como Dai se lo prometió a Bay!»

Fue por eso que canso hasta el hartazgo a Smoothie pidiéndole que fueran a comprar un anillo como el que compro Daifuku — Pero teniendo en cuenta que la pieza que compro su hermano mayor para su futura esposa rondaba el millón de dólares — Smoothie opto por una opción más salomónica. Entregándole uno de los tantos anillos que poseía y guardaba como si nada entre sus cajones. Inventando aquel tonto cuento solo para que Katakuri finalmente la dejara en paz. A fin de cuentas, jamás paso por la cabeza de la albina que su hermano fuera a hacer algo más con esa chuchería.

Pero Smoothie nunca previo algo, que Katakuri sería lo suficientemente decidido como para entregarle aquella pieza a su amado profesor.

Ichiji estaba completamente absorto por las palabras de su estudiante. Katakuri era, por lejos, el mejor alumno de toda su clase y no solo en el curso que el impartía. Por lo que había escuchado de otros maestros, el niño era un completo prodigio y no le cabía en la cabeza los disparates que le estaba diciendo. Aunque muy en el fondo considerase halagador que ese pequeño le declarase su amor tan desinteresadamente; por obvias razones, tenía que rechazar su propuesta.

Se levanto pesadamente de su lugar para arrodillarse frente al asiento en el que se encontraba Katakuri.

—Escucha — Siempre estuvo en su naturaleza ser un narcisista desgraciado, pero esta vez, por una razón que desconocía, no tenía la fuerza suficiente como para destruir las esperanzas de un niño — Yo—

—Señor Vinsmoke, ¿Le gusta mi apellido?

—¿Disculpa?

—Porque cuando nos casemos, dejara de ser Ichiji Vinsmoke y pasara a ser Ichiji Charlotte. — Le afirmo completamente convencido aquel niño de ojos escarlatas. — En mi país la “novia” suele dejar su apellido de soltera cuando se casa.

No pudo evitar reírse ante las ocurrencias del pequeño y con una sonrisa apenada, lo llamo por su nombre.

—En verdad me alagas con tus palabras, Katakuri, pero tendré que declinar de tu propuesta.

Las pupilas de Katakuri se dilataron a medida que aquellas palabras salían como navajas que se clavaron directamente en su pequeño e inocente corazón.

—Pe-Pero ¿Por qué? — ¿Acaso su profesor no lo amaba? — ¡No puede rechazarme! Nacimos el uno para el otro.

Bien, estuvo a punto de mandar al diablo a ese maldito escuincle, pero tuvo que contenerse a la fuerza, y tratar de explicar lo obvio —Porque para empezar, ¡Eres un niño! Tú tienes diez y yo veintitrés. Además—

—¡Eso no interesa! — No se daría por vencido tan fácilmente, la edad no era un impedimento para que ambos estuvieran juntos. Caesear, el nuevo novio de su madre, era veinticinco años más joven que ella.

—Katakuri, escucha—

—¡Le prometo que creceré! Me volveré un hombre muy fuerte y lo protegeré toda mi vida. Así que ¡Espéreme, señor Vinsmoke!

—Ese no es el punto. Veras, yo soy un adulto — Bueno casi, recién había cumplido veintitrés. — y los adultos…—

—¿Lo dice porque quiere hacer cosas de adultos?

Nunca aceptaría que esas palabras en verdad lograron sonrojarlo, aunque fuese un poco —¿¡Pero qué cosas estas diciendo!? — ¿Que rayos pasaba por la cabeza de ese niño?

—Un día fui a buscar a Smoothie a su habitación pero la puerta estaba cerrada. Así que me cole por su balcón. Entonces vi que ella y su novio estaban desnudos en la cama; supuse que estaban teniendo una especie de pelea porque se encontraban en una posición baste extraña. — Comento pensativo — Estaba convencido de que ese idiota le estaba haciendo daño, así que entre corriendo a defenderla, y patee a Enel en la entrepierna, pero luego Smoothie me grito y me saco de allí. Ella me dijo que estaban haciendo cosas de adultos y entonces yo—

—¡Silencio! Ya oí suficiente — Oh, ¡Por Cristo!, Ahora nunca se podría sacar esa imagen mental de la cabeza, y lo peor era que desgraciadamente conocía a la hermana del mocoso. Era una de las amigas de Reiju y habían coincidido varias ocasiones en las miles de fiestas de sociedad a la que sus familias asistían. —Largo. — Alzo la voz mientras señalaba la puerta de su oficina.

—Pero ¡Aun no responde mi pregunta!

—¡Dije largo!

—¡Por favor! Cásese conmigo — Le daba igual suplicarle de rodillas. Solo ante Ichiji sería capaz de hacer tal cosa, siempre y cuando el aceptase. — No tenemos que hacerlo ahora, podemos esperar hasta que crezca y luego—

—¿¡Si te digo que sí, desapareces!?

—¡Si!

—Bien. Nos casaremos ¿Contento? ¡Ahora largo!

Salió corriendo con el corazón entre sus manos, ¡Le había dicho que si! ¡El amor de su vida le había dicho que si! Fue como alma en vilo hacia la puerta principal de la escuela, para ver a Pekons — Su chofer personal — Esperando al lado de un Tahoe negro con lunas polarizadas.

—¡Pekons! — Jamás se había sentido así de contento.

—¡Maestro Charlotte! Llevo esperándolo por cuarenta y cinco minutos-Gao ¿Porque tardo tanto?

—Disculpa, Pekons — Se lamento mientras subía a la parte trasera del Tahoe y su mayordomo cerraba su puerta — pero…

«Tenía que conquistar al amor de mi vida»

Ichiji vio desde la ventana de su oficina como el niño ingresaba a una gran camioneta que llevaba el logo de la familia Charlotte en ella; solo para después perderse entre las eternas calles de Boston. Su propuesta lo había dejado muy contrariado, pero estaba seguro de que eran simples divagaciones de niños.

Trato de obviar las palabras de Katakuri durante toda la tarde, ya que aún tenía que corregir miles de exámenes y preparar sus siguientes clases, pero cuando regreso a casa, fue inevitable volver a pensar en el nuevamente.

Apenas cruzo el umbral de su hogar, pudo olfatear un exquisito aroma desde la cocina.

—Pensé que no sabias cocinar — Su voz se escuchó juguetona y desafiante al ver al invasor que había en su departamento.

—Y yo pensé que no saldrías de ese averno lleno de piojos hasta dentro de dos horas más— Le contesto ignorando sus reclamos y prosiguiendo a sacar el pollo del horno.

Se podría decir que Ichiji estaba acostumbrado a su acido lenguaje, él siempre había sido así.

Fue entonces cuando el moreno lo tomo entre sus brazos para estamparle un fogoso y necesitado beso que Ichiji respondió al instante con la misma intensidad.

—No te imaginas lo que me sucedió hoy en el trabajo, Lucci. — Susurro contra los labios de su pareja al momento de cortar tan apasionado beso.

 

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Aquella conversación con el pequeño Charlotte se había convertido en una divertida anécdota para él. Incluso su pareja no pudo evitar partirse de la risa al escuchar como un estúpido mocoso le había pedido matrimonio y hasta le inquirió preocupado sobre el tipo de clases que estaba impartiendo a sus pequeños demonios.

Pero, a pesar de que Lucci le hiciera bromas sobre su empleo, o que siempre lo alentara a dejar su trabajo de niñera para ir en busca de verdaderos trabajos en instituciones del calibre de Harvard o la Universidad de Boston — De las cuales ya había tenido un par de ofertas en el pasado — Debía admitir que le gustaba su trabajo en Marie Goise.

Siempre había amado la literatura, desde niño podía perderse por horas y horas entre las páginas de los miles de libros que descansaban en la enorme biblioteca de su casa hasta el punto de perder la noción del tiempo. Muchas veces su madre le tenía que arranchar los libros de las manos para que fuera a dormir. Así que cuando finalmente se atrevió a decirle a Judge que estudiaría literatura, — increíblemente — él no se opuso. Después de todo, Judge ya contaba con Reiju para que se hiciera cargo de Germa. Además, estaba seguro de que la gran pasividad de su padre, al aceptar la noticia, se debía en gran medida a que su madre había apoyado su decisión desde el primer momento.

Aunque siempre tuvo el deseo de ser escritor o tener su propia editorial. Sorprendentemente, el enseñar y moldear pequeñas mentes se convirtió en algo que lo llenaba profundamente.

Siendo el un hombre de letras, jamás podría expresar con palabras la satisfacción que sentía cuando sus estúpidos alumnos le preguntaban interesados por una obra en particular o debatían sobre tal o cual autor. Reconocía que era un profesor en extremo exigente y estaba convencido de que en cualquier otra institución educativa absolutamente todos sus alumnos sacaran puros diez fácilmente, — Incluso Kidd — pero él no era cualquier maestro y deseaba sacar la mejor versión de todos y cada uno de esos pequeños retrasados.

Al día siguiente, ingreso al aula con una convicción plena, dispuesto a dar la mejor versión de si para sus obtusos alumnos, pero todos los niños ignoraron totalmente su presencia cuando cruzo el umbral de la puerta. El lugar parecía un desierto, se encontraban en completo silencio y si Ichiji hubiera sido un poco más incisivo, se hubiera percatado que todos estaban con una mirada llena de consternación.

En especial Eustass.

¡Pero claro que va a estar consternado! De seguro le propinaron la paliza de su vida.

¡Niños, ojos al frente! — Chasqueo los dedos para obtener la atención de sus alumnos, pero muchos lo vieron y al instante volvieron a agachar la mirada — Antes de empezar, los llamare uno por uno para que me entreguen los exámenes firmados por sus padres... Y pobre del que se haya atrevido a falsificar alguna firma. — Con ese el ultimo comentario, centro su atención en Kidd, pero increíblemente el niño ni siquiera lo miro.

A medida que fue recitando el nombre de cada uno de sus estudiantes, se percató de un extraño patrón en la actitud de cada uno.

—...Charlotte. — Al no escuchar ninguna clase de respuesta, levanto la vista de su escritorio con una interrogante en su cabeza — ¿Charlotte?

Que extraño, Katakuri jamás faltaba a ninguna de sus clases...

—Chicos, ¿Saben dónde—

—Él no vendrá... — La entrecortada voz de Kidd pudo ser escuchada a la perfección por Ichiji.

—¿Como que no vendrá? —Pero.. ¿Qué estaba pasando? — ¿Acaso está enfermo?

—¿No le informaron, Señor Vinsmoke? — Fue la taciturna voz de Basil Hawkins fue la única capaz de alzarse de entre la infinidad de murmullos que ocasiono su pregunta.

—¿Informarme de que...? — No supo la razón, pero algo dentro de él le advirtió que la respuesta no le iba a gustar.

—Katakuri...— Antes de que pudiera continuar, el fuerte puño de Kidd impacto contra la capeta del rubio generando un ruido seco que detuvo las palabras de Hawkins.

—¡Cierra la puta boca, Basil! — Rugió furioso el pequeño pelirrojo, callando al instante todas las voces del salón — ¡Tú no sabes nada! — Antes de que Ichiji pudiera decir cualquier cosa, Kidd salió corriendo del salón.

—¡Eustass, vuelve aquí! — Maldición — ¡Niños! Página 134, cuando regrese hablaremos de la importancia de la literatura en la tragedia griega.

 

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Encontró a Kidd detrás de los jardines que daban paso a las grandes fuentes del colegio. El niño se encontraba encogido sobre sí mismo y por los ligeros gemidos que salían de sus labios, Ichiji supo que estaba llorando.

—¿Kidd?

—¡Lárguese! — Trato de sonar amanzánate, pero su grito se asemejo más al de un pequeño cachorro herido.

Maldito mocoso, te molería a golpes sino corriera el riesgo de ir a prisión por eso.

—¡No hasta que me expliques que demonios te pasa! — Exigió furioso — Luego si quieres te puedes perder por toda la escuela.

—No es de su incumben—

—¡Claro que lo es!

—Katakuri... — Reavivar lo que había ocurrido le causó un retorcijón en el estómago — …Tuvo un accidente.

Un frio indescriptible congelo todas las terminaciones nerviosas de Ichiji al oír esas palabras dichas con tanto dolor de los labios de aquel niño...

—El día de ayer, la camioneta con la que estaba volviendo a casa sufrió un desperfecto en la interestatal y... termino chocando contra un camión.

«¡Le prometo que creceré! Me volveré un hombre muy fuerte y lo protegeré toda mi vida.»

—¿Él...? — Ni siquiera tuvo el valor de terminar la pregunta, pero Kidd sabia a lo que se refería.

—...N-No… pero hable con su hermano mayor, Perospero, m-me dijo que su diagnóstico era reservado… No entendí lo que significaba eso, así que busqué en internet… — En ese punto ya le fue imposible contener su llanto, no quería que ese maldito profesor lo viera llorar, pero no podía evitarlo. —E-El esta muy grave… quizás no sobreviva…

Katakuri y él se habían conocido a la tierna edad de seis años, en su primer año de escuela. Él había llegado a su primer día de clases todo campante y con un balón de americano debajo del brazo. Dispuesto a hacer miles de amigos y quedarse por largas horas jugando bajo la lluvia, pero apenas otros niños lo veían, por alguna razón que él no lograba comprender, rehuían de él. Nadie se quiso sentar a su lado, apenas lo miraban, esa expresión tan marcada y su cabello tan potente solo causaba temor en sus demás compañeros.

Y así, conforme fueron pasando los días, su soledad aumento. Su tío trato de animarlo, diciéndole que tenía que darles tiempo a los demás, que pronto haría muchos amigos y que no se diera por vencido. Con ese mismo deseo, siempre llevo junto a él aquel mismo balón, pero la misma historia se repetía todos los días, dejándolo a él como un mero espectador, viendo a otros niños jugar desde lo lejos.

¿Porque no les agrado? ¿Porque no quieren ser mis amigos?

Fue entonces que en la tercera semana de clases, paso algo que lo cambio todo. Había llegado temprano a clases, con su inseparable balón junto a él, pero esta vez había alguien ocupando su sitio.

Oye, este lugar es mío, muévete. — Le inquirió fastidiado a aquel niño de extraños cabellos magenta. Era la primera vez que lo veía en la escuela, pero lo último que necesitaba era iniciar una pelea y que los demás sintieran aún más miedo de él. 

—¿Así? ¿Acaso lo compraste? —En cualquier otro escenario, Kidd le hubiera partido la cara, pero increíblemente termino riéndose a todo pulmón al escuchar su respuesta.

—¿Que es tan gracioso? — Le cuestiono el nuevo.

—¡Tu! ¡Hahaha! Hablas como si tuvieras una especie de corcho en la boca.

Luego de que sus burlas terminasen, fue que se presentaron formalmente. El nuevo le dijo que su nombre era Katakuri Charlotte, y sin importarle sus mofas previas le explico de lo más tranquilo que se había mudado recientemente a América por el trabajo de su madre, también que era británico, y de allí provenía su marcado acento inglés. Fue entonces que Kidd le pregunto cómo era Inglaterra y Katakuri la resumió en dos palabras:

"Muy británica y muy lluviosa"

Luego llegó el turno Katakuri para preguntar y cuando le cuestiono sobre aquel extraño balón que siempre llevaba bajo el brazo, Kidd le contesto con cierta indignación.

—¿Bromeas? ¿En Inglaterra no juegan americano?

—No, ¿Para qué lo necesitaríamos? Tenemos el fútbol.

—¿Es en enserio? ¡Bien, no te preocupes! Hoy te enseñare lo que es un deporte de verdad.

Esa tarde fue la primera vez que Kidd finalmente pudo estrenar su balón y se divirtió como nunca en su vida. Su tío Killer era un idiota, el no necesitaba miles de amigos, con uno solo bastaba, y finalmente lo había encontrado.

—E-Es mi culpa… ¡Debí haberlo arrastrado de su estúpido cabello rosado hasta mi casa! — Gruño amargamente presionando sus puños con fuerza — ¡Pero no! El idiota tenía que hacer «Algo muy importante» — Imito con una voz totalmente rota el distintivo acento de su amigo — ¿¡Que podía ser mas importante que su vida!?

Las palabras de Kidd revolvieron su ser hasta la raíz. Siendo invadido por un absoluto sentimiento de culpa.

—S-Señor Vinsmoke... K-Katakuri se va a recuperar… ¿N-No?

Ver las amargas lágrimas de Kidd, un niño que siempre se mostraba rudo y hasta incluso belicoso, — y que veía en Katakuri al hermano que nunca tuvo, pero que la vida le regalo, —dejaron a Ichiji con un profundo dolor en el pecho.

 

..................................

 

Acaba de salir de una importante reunión con inversores coreanos cuando su teléfono empezó a sonar y al ver el nombre de Ichiji en la pantalla levanto una de sus características cejas, intrigada.

—Rei ¿¡Que sabes del hermano de Smoothie Charlotte!?

—Si Ichi, a mí también me alegra saber de ti.

—¡Reiju!

—Me entere hace unas horas, — Señalo con voz neutra — Llame a Smoothie apenas pude, pero solo intercambiamos un par de palabras. No sé a separado de su lado desde que ingreso al hospital.

«—Los doctores dijeron que era un verdadero milagro que Katakuri siguiera vivo, pero creen que sus posibilidades son mínimas... D-Dudan de que sobreviva. Me sentí morir cuando lo vi, Reiju, todo su cuerpo estaba... Mi hermanito… mi tierno y dulce hermanito… Sigo sin poder creerlo. Como desearía que esto no fuese más que una pesadilla…—

Escuchar los desgarradores llantos de su amiga, eran suficientes para perturbar a cualquier persona.

¿Él... vivirá? — No quería hacer esa pregunta, pero necesitaba una respuesta.

—No tengo idea, Ichiji. Por lo que tengo entendido, el niño se encuentra muy grave ¿Es uno de tus alumnos, no?

No solo eso, también es mi prometido. —Reiju ¿Sabes en qué hospital se encuentra internado? — No podía perder más tiempo.

 

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Tomo el cuchillo entre sus manos y poco a poco empezó a pelar una manzana, a medida que las rodajas de cascara se desprendían de a pocos de aquella fruta, ella empezó a tararear una dulce canción de cuna, «Son of the moon», la misma canción que solía tararearle a su hermanito cuando era apenas un bebe.

¿Recuerdas esta melodía, Kuri? Me la pedias todas las noches Rio triste—Te sonrojabas fuertemente cuando lo hacías, y se me hacía tan tierno — Comento recordando aquellos días de antaño en su natal Inglaterra —¿Recuerdas Londres, Kuri? Quizás cuando despiertes podamos volver a casa por unos meses, ¿Seria lindo, no crees? — Sonrió a pesar de tener los ojos hinchados de tanto llorar.

Pero no obtuvo respuesta…

Al terminar de pelar la manzana levanto la mirada hacia su niño. Estaba enlazado a miles de máquinas. El sonido de sus pulsaciones hacia a Smoothie temblar con solo imaginar que estos aparatos empezasen a fallar. Su cuerpecito estaba lleno de vendajes y raspones, pero por lejos, la peor parte se la había llevado su hermoso rostro.

Era una imagen demasiado dura de ver.

Presiono con extrema fuerza la fruta hasta hacerla reventar. Mientras el líquido corroía por su brazo hasta caer al suelo, ella no podía pensar en otra cosa que no fuera el accidente de su hermanito, y que su madre era tan inhumana que ni siquiera fuera capaz de cancelar sus reuniones de la semana para ir a ver a su pequeño hijo por unos minutos.

 

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—Kidd ¿¡Que se supone que estás haciendo aquí!? — Clamo descolocado Perospero Charlotte. — ¿No deberías estar en la escuela?

—Me escape, ahora ¡Muévete, Pennywise! — Apenar término de su conversación con el Señor Vinsmoke, no pasaron ni dos segundos para que decidiese fugarse de la escuela e ir rumbo al Mass General. Le daba igual que Killer lo hiciese dormir al jardín por recorrer las calles de Boston solo. No se quedaría de brazos cruzados mientras Katakuri se debatía entre ir a hacia la luz o no. ¡Tenía que decirle que no podía dejarlo solo! ¡Aun no le ganaba en ese estúpido juego de futbol llamado FIFA! Y ese año los Patriots ganarían su cuarto Super Bowl consecutivo, así que tampoco se lo podían perder. — ¡Veré a mi amigo aunque tenga que pasar encima tuyo!

—¿¡Como me llamaste mocoso!? — Jamás había juzgado a su hermanito por sus amistades, pero ese niño era realmente escandaloso.

Al escuchar los fuertes gritos en la puerta de UCI, Smoothie salió rápidamente solo para ver como su hermano mayor — Uno de los miembros más influyentes de la mesa directiva de Whole Cake — Discutía a todo pulmón con un niño.

—¿Kidd?

Apenas el pequeño pelirrojo escucho su nombre de los carnosos labios de la sexy hermana mayor de su mejor amigo, se escabullo de Perospero para correr hacia ella.

—¡Por favor, Smooth! Déjame verlo. — Suplico — Solo serán por unos segundos.

—¡Kidd, ya te dije que el acceso a los niños está restringido. Llamare a tu tío para que venga por ti, y créeme cuando te digo que estarás en graves aprietos.

—Dejemos que se vean, Peros. — Pidió la albina al ver la incertidumbre en los ojos del pelirrojo. Su hermanito había hecho un amigo de acero con Eustass Kidd — Quizás... esto le haga bien.

—Smoothie, no creo que—

—Gracias. — Se adelanto el pelirrojo. No iba a dejar que Pennywise convenciera a la albina. Sin esperar una invitación, se abrió paso hacia la unidad de cuidados intensivos, pero antes de ingresar. Se debuto en seco al escuchar el gemido ahogado de Smoothie y Perospero.

—¿Q-Que está haciendo usted aquí? — Clamo Smoothie horrorizada.

Cuando Kidd se dio la vuelta para ver de quien se trataba, tuvo que retroceder por inercia... y es que ese hombre... en verdad logro intimidarlo de sobremanera con su sola presencia.

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Ichiji ni siquiera sabía lo que estaba haciendo cuando llamo a la línea privada del director Megallan, alegando que se sentía muy enfermo y no podía seguir impartiendo clases por ese día, solo para que instantáneamente pisara el acelerador de su auto hacia un rumbo fijo.

Pero cuando llego a Massachussets General, fue demasiado tarde...

—Lo lamento, pero el paciente por el que usted pregunta fue trasladado hace veinte minutos en helicóptero hacia la Clínica Mayo a pedido de su padre—

Esas simples palabras fueron suficientes para generar un gran vacío en su interior…

Percibía las vigorosas envestidas de su pareja enterrándose dentro de el lo mas que podía. Lucci lo tomaba con fuerza de las caderas, viendo la perlada espalda de Ichiji ante si mientras lo hacía suyo, pero en la mente del pelirrojo aquel acto solo tenía como única finalidad el complacer al pelinegro.

Esa noche, lo que menos podía sentir Ichiji Vinsmoke, era placer.... ya que todos sus pensamientos tenían como único receptor, su niño de cabellos vino.

 

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Y así fueron pasando los días, convirtiéndose poco a poco en semanas, para luego terminar en meses...

Ichiji no había vuelto a saber más nada sobre Katakuri, y tampoco se atrevió a pedirle a Reiju que le preguntara a la hermana de este por su estado. Las cosas en la escuela habían seguido a su curso normal. Como si aquel pequeño caballero ingles jamás hubiera pisado su salón de clases en primera instancia, pero él sabía que no era así. Katakuri Charlotte había existido, él había sido parte de aquella constelación, y las pruebas que tenía para comprobarlo eran dos; que ahora nunca ponía un 10 en sus exámenes y Eustass Kidd, que había pasado de ser un holgazán escandaloso a un matón escandaloso.

En casa, las cosas tampoco pintaban del todo bien. Lucci había recibido una oferta de trabajo como consultor en L.A y tenía toda la intención de aceptarla, pero deseaba que Ichiji fuera con él. Aquello había desatado un centenar de peleas entre ambos, dado que Lucci alegaba que tendría un mejor futuro impartiendo literatura en la UCLA, a tener que seguir perdiendo su tiempo enseñando a unos insoportables niños como leer, pero lo único que el pelirrojo podía entender con la actitud de su pareja, era que este deseaba a toda costa imponer sus metas por sobre las de él.

El camino hasta Marie Geoise en el Audi de Lucci fue en extremo incómodo. El letal silencio que reinaba entre ambos era interrumpido únicamente por los movimientos de los cambios de freno, haciéndose cada vez más insoportables. Fue solo cuando Lucci finalmente aparco frente a las puertas de la prestigiosa institución que Ichiji de un rápido movimiento se deshizo del cinturón de seguridad, pero antes de bajar del A5, el pelinegro activo el seguro.

—Tengo hasta el fin de semana para dar una respuesta, Ichiji. — Su voz fue glacial, y su autoritario tono hizo que arrugara la nariz notoriamente.

—Ya te lo dije antes, no tengo intención de dejar Boston a largo plazo. — Mas allá de tener un trabajo que amaba. Su familia también residía en esa ciudad. Dejar su fría y clásica Massachussets por el insoportable calor de California y sus malditos groupies era un completo disparate para él.

Ya estaba perdiendo la paciencia. ¿Cómo podía ser tan necio? — Nunca te podrás desarrollar plenamente si te quedas estancado como simple profesor de escuela.

—¿Te has puesto a pensar, si quiera por un segundo, que lo que tu calificas como “simple profesor de escuela” es lo que me hace feliz?

Las puntas de sus dedos empezaron a tornarse blancas por la fuerza que ejercía sobre el timón. — Nunca imagine lo conformista podías llegar a ser. Prefieres quedarte con un par de granos de arena cuando podríamos tener todo el mundo a nuestros pies ¿Por qué no puedes entender que solo quiero lo mejor para ambos?

—¡Lo único que puedo entender es que quieres lo mejor para ti! — No era más que un maldito manipulador. — ¡Si quieres irte a Los Angeles, entonces hazlo! Yo no te detendré.

—Ichiji…

No lo dejo terminar y desencajo el seguro del auto, dispuesto a bajar antes de que su conversación se tornara aún más acalorada.

—¿Qué acaso no te das cuenta de que quiero un futuro contigo? — Sus palabras lograron congelarlo antes de poner un pie en la cera. — No te estoy pidiendo que dejes Boston por un simple capricho. Quiero que vengas conmigo y construyamos una vida juntos, en Los Angeles.

Ichiji se quedó sin palabras ante la declaración de Lucci. Si algo había aprendido en sus casi dos años de relación, era que el pelinegro era una persona muy poco afectiva, y sin palabras dulces. No, Lucci no era así en lo absoluto, sino alguien en extremo pragmático. — Y una parte de él lo agradecía — Su relación se basaba en eso, practicidad. Nunca fueron la típica pareja que hacía planes a futuro, ni nada por el estilo.

Pero esto eran palabras mayores…

—No tienes que decir nada ahora si no quieres, solo piénsalo ¿Sí? — En un parpadeo el pelinegro salió del auto para abrirle el mismo la puerta y tenderle su mano para ayudarlo a bajar.

Agradeció en silencio aquel gesto, y antes de que Lucci regresara a su auto para irse rumbo al trabajo, lo tomo del brazo de un ligero toque. Haciendo que ambos compartieran un lento y pausado beso.

—¿Eso es un sí? — Pregunto con su ya típica sonrisa engreída.

El pelirrojo bufo por lo bajo — No tientes tu suerte.  

Compartieron una corta risa, absortos en aquel inusual momento de pareja entre ambos. Pero antes de que Lucci volviera a unir sus labios con los suyos en un fugaz beso de despedida, como si se tratase de un rayo en cámara lenta, pudo ver como Lucci termina en el piso de un certero puñetazo en el rostro.

Fue allí que unos inconfundibles cabellos magenta entraron en su campo de visión, haciéndolo abrir la mirada desconcertadamente.

—¡Vuelve a tocar a mi prometido, y juro que te matare con mis propias manos! — Amenazo con una voz extremadamente oscura, un niño que Ichiji conocía muy bien.

La primera reacción de Lucci fue pasarse rápidamente una mano por los labios, solo para darse cuenta de que ese maldito niño logrado sacarle sangre de un solo golpe, manchando su reluciente camisa Hugo Boss en el proceso. — Mocoso… ¿¡Acaso estas mal de la cabeza!? — Le reclamo furioso el mayor aun sobre el piso. Ese golpe realmente le había dolido.

—K-Katakuri…— Aun no podía salir de la sorpresa ¿Cuánto tiempo había pasado desde que no escuchaba su voz?

Ante el llamado del mayor, el pequeño Charlotte le devolvió la mirada a su prometido, pero apenas sus miradas chocaron, inmediatamente Ichiji soltó un gemido ahogado al ver de frente a Katakuri. La bufanda que llevaba en el cuello se había soltado por el ágil movimiento que había realizado segundos atrás para apartarlo de Lucci. Mostrando ante un anonadado Ichiji la interminable cicatriz que ahora decoraba el rostro de Katakuri.

El precio que tuvo que pagar por permanecer con vida.

—¿¡Porque está besando a otro hombre!? — Le reclamo con extrema indignación — ¡Se supone que estamos comprometidos!

La vorágine de emociones que sentía en esos momentos era indescriptible. Jamás en su vida había sido víctima de algo similar. Deseaba destrozar con sus propias manos al hijo de puta que se había atrevido a besar a su prometido.

Lamentablemente, todo el fuego que sentía en su interior se apagó en un instante al ver la incertidumbre en los ojos de su amado profesor. Su corazón fue invadido por el rechazo absoluto al sentir la mirada de prometido tiesa en su boca. ¿Acaso sentía repulsión de él? De inmediato se reacomodo su blanca bufanda, ocultando su cicatriz de cualquier ser vivo.

La mirada de Ichiji resulto ser aún más dolorosa que todo el tormento que había tenido que soportar hasta ahora para llegar a recuperarse.

Ichiji logro reaccionar al ver la mirada cargada que pesar se formó en los ojos de Katakuri, y de inmediato quiso deshacer su terrible reacción, pero no tuvo tiempo de decir más cuando un hombre extremadamente obeso y gran tamaño, tomo al menor con extrema fuerza del brazo.

—¿Qué carajos crees que estás haciendo, niño del mal? — Rugió el rubio mientras zarandeaba al menor como si de un objeto se tratase. — ¿¡Como pudo pasar por tu cabeza salir del auto mientras aún seguía en movimiento!? ¿Acaso quieres sufrir otro accidente? 

—¡Queen, ya suéltame! — Grito en extremo ofuscado el menor.

—¿Qué está pasando aquí? — Otro hombre excesivamente corpulento se presentó en la escena. Al agudizar su roja mirada y ver el imperceptible hinchazón en los nudillos de Katakuri, junto al resto de la inusual escena, fue fácil para el hacerse una idea de lo que había ocurrido. — Niño tonto, estas en graves, graves, problemas.

Pero antes de que el menor pudiera replicar, una tercera persona hizo acto de presencia. Haciendo que el menor se mordiera los labios del coraje. Ichiji se quedó en una pieza al ver a un hombre de anormal estatura y presencia, observar a Katakuri de manera furiosa. Tenía la piel canela, de cabellos negro y una intimidante mirada ámbar, vistiendo un traje negro hecho a la medida que desprendía un tenue aroma a habano caro.

El recién llegado no perdió tiempo ante la burda escena e ingreso a la institución educativa sin devolverle la mirada al menor. — ¡King! ¡Queen! ¡Traigan al niño de una buena vez! El Jet sale en dos horas y aún nos quedan muchas cosas por hacer.

—Ya oíste a tu padre. ¡Vamos! Date prisa, Katakuri. — Razono King.

¿Padre? ¿¡Ese hombre era el padre de Katakuri!?

Las miradas de profesor y estudiante se cruzaron por unos cortos segundos en los que ambos fueron envueltos por un indescriptible estupor. Destruyendo en pedazos el esperanzado mirar de rojo sobre azul.

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Megallan contaba con una vasta experiencia tratando con sus alumnos y los acaudalados padres de estos. En sus más de veinticinco años de trayectoria como director de Mary Geoise, había podido ser testigo de un sinfín de cosas. Obteniendo a través de aquellas ventanas que eran los niños y jóvenes, una visión de cómo se maquinaban las cosas en aquellos entornos familiares que facturaban millones anualmente. Sin embargo, el caso de la familia Charlotte, era especial.  

Y ni toda la experiencia que llevaba encima lo preparo lo suficiente para la reunión que se estaba llevando a cabo en su despacho.

—Déjeme ver si entendí bien, ¿Usted desea cambiar a su hijo de escuela a dos meses de terminar el año escolar? ¿Y además quiere hacer el traslado a otro país? — Cuestiono preocupado el longevo director — Mire, no es lo más recomendable que Katakuri cambie de institución educativa en estos momentos. De hecho, nosotros nos sentimos muy contentos de que finalmente haya podido superar su accidente, y nos encantaría que el continuara en nuestra prestigiosa institución al menos hasta que finalice el semestre, ya que—

—No he pedido su opinión en ningún momento. — Corto de inmediato con un avasallador y marcado dejo británico. No estaba dispuesto a escuchar una sarta de estupideces. — Como podrá haber leído en los papeles que le presente. — Señalo el mayor chocando con fuerza su puño sobre el fail que descansaba en el buro de Megallan, haciendo resonar toda la habitación en el proceso. — Ahora yo poseo la custodia absoluta de mi hijo. — Señalo afilando la mirada. No fue difícil convencer al juez que fallara a su favor luego de ver el pésimo actuar de la zorra de su madre luego del accidente que por poco y le cuesta la vida. — Y tengo toda la intención de llevar a Katakuri conmigo a Londres ¿Me entendió? — Perfilo su mirada de tal manera que Megallan pudiera verse siendo despedazado dentro de aquellas mismas retinas de seguir poniéndole peros.

—Perfectamente entendible, pero el Departamento de Educación de los Estados Unidos tiene completamente prohibido realizar cambios de institución a menos de noventa días de finalizar el año escolar.

—Ustedes los americanos, me causan mucha gracia — Comento con cierta diversión en sus palabras — Mire, no soy ningún maestro, ni nada por el estilo. Es más, considero que aquellos que estudian esa profesión no son más que gente mediocre y sin aspiraciones en la vida. A mis ojos, los verdaderos maestros no son aquellos que se forman estudiando educación en alguna universidad de mediano calibre, sino que son aquellos que logran condensar todos los conocimientos que una vida llena de éxitos les ha dado para brindárselos a otras personas. Por esa misma razón, soy el dueño del mayor Holding de inversionistas en Europa, y si algo que he aprendido bien con el pasar de los años. — Se acerco peligrosamente al nervioso director para aclamar sus siguientes palabras — Es que no hay nada que algo de dinero, y una buena negociación no puedan solucionar.

Finalizo su discurso abriendo su chequera y dejando un cheque en blanco frente a la atónita mirada de Megallan.

Si logro que su hijo burlara a la mismísima muerte, esto sería una mera formalidad.

 

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Presionaba con fuerza sus pequeños nudillos a las afueras del despacho del director Megallan. Tenía una mezcolanza de emociones apoderándose de su ser en estos momentos. Rabia, rechazo, molestia… tristeza.

Odiaba haber sufrido un accidente.

Odiaba tener que irse de Boston

Odiaba dejar a sus hermanos.

Y odiaba su maldita cicatriz.

…El Señor Vinsmoke me vio como si yo fuera un deforme…

Pudo sentir el humeante aroma de un chocolate caliente frente a él. Queen, — uno de los más longevos amigos y socios de su padre, además de su padrino junto con King, — Le estaba ofreciendo un vaso de cartón rebosando de un dulce liquido marrón. Le hizo una seña de que tenía que bajarse la bufanda para poder tomarlo, y con cierta reticencia, lo hizo.

—Descuida, Kuri. — Le comento el mayor mientras atolondraba sus inusuales cabellos remolachas. — Olvidaras todo lo que paso cuando volvamos a casa. Mira, hagamos un trato tu y yo. Si cambias esa molesta actitud, te prometo que te llevare a Anfield la próxima semana. ¡Veremos las semifinales de la Champions en primera fila! ¿Qué dices?

—De hecho… prefiero ver a los Patriots. — Señalo sin ganas.

—¿Los Patriots? — ¿Se refería al equipo de futbol americano? — ¡Oh no! ¿¡Que carajos le hicieron a este niño!?

—Esto no es más que la consecuencia de haber permitido que Linlin te trajera aquí, Katakuri. — Enfatizo King. — pero descuida, trabajaremos en eso cuando estemos en Inglaterra, aún hay esperanzas para ti.

—¡Yo no quiero volver a Londres! — Reclamo furioso.

No era para nada justo que sus padres siempre decidieran su vida sin ni siquiera consultarle a él. Cuando se mudaron a América con su madre, fue exactamente lo mismo. A Linlin no le importo que ni él ni sus hermanos se desprendiesen de la vida que ya tenían en Inglaterra cuando les ordeno hacer maletas y subirse al avión de su familia. Y Ahora, con el imbécil de Kaido — Que aparecía solo cuando le convenía — se repetía la misma historia. 

—Ya hablamos sobre esto, niño, no empieces con otra rabieta. — Trato de razonar King. Muchas cosas habían cambiado desde el accidente de Katakuri y su posterior recuperación.

Finalmente la puerta del despacho de Megallan se abrió mostrando la temeraria figura de alguien bien conocido por los presentes. Katakuri presiono con fuerza sus nudillos al ver hacia la avasalladora imagen de su padre.

—Andando.

 No fue necesario que dijera más nada para que Katakuri entendiera que ya no había ningún impedimento para que Kaido lo arrastrase hasta su Jet y cruzaran el océano rumbo a Inglaterra.

 

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La imagen de Ichiji en esos momentos se asemejaba mucho a la de un muerto viviente. Aun no salía de la impresión por lo acababa de suceder. Cuando ingreso al aula de clases, dio una rápida indicación a los mocosos para que se dedicasen a estudiar el capítulo diez de sus libros, puesto a que les tomara un examen sorpresa más tarde. Algo que no era más que un simple excusa para tener un poco más de tiempo de analizar lo que acaba de acontecer.

¿Katakuri realmente había regresado?

Además, ese hombre… jamás había escuchado del padre de Katakuri. ¿Por qué estaba aquí? Mayormente era su hermano mayor el que asistía a las reuniones de padres, o Smoothie en su defecto, pero con ese sujeto. Algo de él no terminaba de convencerlo.

Tenía un mal presentimiento.

De inmediato, su vista termino posándose en cierto niño pelirrojo. Su expresión se veía extremadamente solitaria. Desde que Katakuri se había ido, Eustass Kidd había empezado sus andanzas con Drake y Page; pero más que amigos, Ichiji utilizaría la palabra socios.

«¿¡Porque está besando a otro hombre!? ¡Se supone que estamos comprometidos!»

Masajeo lentamente sus ojos con la palma de sus dedos, tenía que dejar ese pensamiento atrás, y rápidamente se levantó de su escritorio.

Kidd estaba llenando las hojas de su libro de puros garabatos y trazos sin sentido mientras veía el encabezado del nuevo tema de estudio para esta semana. «El realismo Literario» ¡Si, claro! Su vida era una real mierda. Finalmente el y literatura estaban de acuerdo en algo.

Pudo sentir un ligero toque en su hombro, y estuvo dispuesto a rugirle al maldito idiota que se había atrevido a interrumpirlo que lo dejara en paz, cuando de repente vio la extraña mirada de su profesor.

—Aun no termino de leer el capítulo, Señor V. —Señalo molesto.

—Kidd… — Lo llamo con matiz de voz diferente — Tienes que salir, ya.  

—¿Hm? — El pelirrojo menor sin entender un ápice de lo que estaba pasando.

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—Se que ahora me debes estar odiando, pero créeme cuando te digo que me lo agradecerás en un futuro. — Declaro serio, como siempre.

El simplemente permaneció callado y con la mirada gacha.

—Katakuri, ¿¡Me estas escuchando!?

—Kaido, tu maldita voz se escucha hasta Londres, ¡Por supuesto que te oyó! Ya deja al niño en paz. — Pidió Queen mientras su chofer, Sasaki, les abría la puerta trasera del auto.

 Antes de subir al Lexus LX 570, le dio un último vistazo a su ahora, antigua escuela. La última vez que salió de aquel lugar, lo hizo rebosante de alegría. Orgulloso de haber conquistado al amor de su vida y con la promesa de que en un futuro enlazarían sus destinos. Sin embargo ahora, sentía que sus caminos no podían estar más dispersos.

—Katakuri — Lo llamo pausadamente King — Ya sube, hijo. Aún tenemos que ir a recoger tus cosas a la casa de tu madre.

—…Si. — Aun le quedaba la parte más difícil.

—¡Hey, «Prince William»! ¡Espera!

Katakuri pudo reconocer ese estúpido apodo al instante, y de inmediato empezó a buscarlo con la mirada. A lo lejos pudo ver una despeinada cabellera rojiza, y fue entonces cuando pudo divisar a Kidd, corriendo con todas sus fuerzas hacia donde él estaba. 

De inmediato tomo un objeto del bolsillo de la camisa de King, y sin importarle que su padre empezase a gritar como un demente, fue corriendo a darle el alcance a su mejor amigo.

Ambos niños apresuraron sus piernas como si no hubiera un mañana. Sabían que no contaban mucho tiempo, y cuando finalmente se encontraron en el mismo ingreso de la escuela, la fuerza con la que Kidd se lanzó hacia él fue tal que el pelirrojo lo termino tumbando en el piso.

—¡Maldito idiota! ¡E-Estas vivo! — Katakuri estaba a punto de decirle que se quitara de encima, pero callo al sentir un líquido caliente sobre sus mejillas.

Kidd estaba llorando.

—Kidd…—

—¡Eres un imbécil! ¡No vuelvas a hacerme eso nunca más!

No podía creerlo, a su amigo le había dado absolutamente igual su cicatriz, como si esta nunca estuviese allí en primer lugar. A sus ojos, el seguía siendo el mismo Katakuri. Por unos cortos segundos, se permitió sonreír mientras se despedía de su pelirrojo amigo.

—Tengo que volver a Inglaterra, Kidd. —Hablo con un hilo de voz.

—¿¡Inglaterra!? ¡Pero eso está muy lejos! — No había estado con Katakuri ni cinco minutos ¿Y ya tenían que volver a despedirse? — ¿Cuándo volverás?

—No… No volveré Kidd. — Admitió con pesar y a medida que más palabras salían de su boca la mirada de Kidd se ensanchaba. — Mi padre me llevara con él, ya no quiere que viva acá.

—Pero… ¿Cómo vamos a jugar videojuegos y americano si estas allá?

—Yo, no lo sé — Reconoció abatido.  — Kidd, necesito que hagas una última cosa por mí, por favor… ¡Agh! — Sin perder tiempo, el mismo Kaido tomo a su hijo del brazo y empezó arrastrarlo hasta el auto.

—¡Ya tuve suficiente de tu estúpida actitud! ¡Nos vamos! Así quieras o no. 

—Padre, ¡No! ¡Espera! ¡Dame un minuto más, por favor! — Suplico.

—¡No!

Lo vio con ojos de furia, pero antes de irse, lanzo a los pies de Kidd la pluma de oro que le robo a King y un objeto mas. — ¡Kidd! ¡Apunta este número en tu brazo! — Ordeno desesperado.

Sin perder tiempo el pelirrojo empezó a trazar en toda la extensión de su blanca piel la serie de dígitos que Katakuri empezó a gritarle.

 —¡Es el número de mi casa en Londres! —Aclaro antes de que Kaido lo metiera a la fuerza en la camioneta. Cuando su padre le ordeno a Sasaki encender el Lexus, se apresuró hasta la ventana, aprovechando en bajar todo el vidrio polarizado para volver a ver a Kidd. — ¡Escúchame bien cabeza hueca! — Grito con fuerza — ¡Londres y Boston tienen cinco horas de diferencia entre sí! ¡Estaré esperando tu llamada a media noche todos los días! ¡No te metas en líos mientras yo no estoy!

—¡E-Esta bien!

Poco a poco las ruedas del auto empezaron a girar y Kidd empezó a perseguir la camioneta en la que iba su amigo hasta que las rejas de Marie Geoise le impidieron continuar el paso.

—Adiós… Katakuri.

 

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Luego de sus clases de la mañana, no tenia que dictar mas catedra en lo que quedaba de la jornada escolar. Por lo que se encerró en su oficina tratando de concentrarse en corregir los exámenes de los idiotas de último año. Cosas como ensayos de pensamiento analítico y demás, un requisito indispensables para presentar sus cartas de ingreso a la universidad, nada complicado, pero había un problema.

Los rayos de la tarde ya estaban chocando contra la ventana y apenas había logrado corregir un puñado de las cientos de pruebas que descansaban en su escritorio.

No podía quitarse de la mente el agonizante mirar de Katakuri cuando le reclamo por haber besado a otra persona.

Estaba pensando de forma totalmente irracional, ¡No debía sentirse así por la estúpida fantasía de un niño! ¡Y tampoco fue su culpa lo que le paso! Fue un accidente, y ya.

Pero si era así, ¿¡Porque no podía borrar esos ojos escarlatas de su mente!?

Y para empeorar aún más las cosas, Lucci lo llamo furioso hace unas horas, diciéndole había llegado tarde a una muy importante reunión de negocios al haber tenido que volver a casa para cambiarse su ensangrentada camisa.

Inesperadamente, unos ligeros toques resonaron en su puerta — Tal y como ocurrió aquella vez — ¿Seria posible? Sus ojos se iluminaron al instante. Su rápida afirmación hizo que la madera crujiera, y si que se llevo una sorpresa, pero no de la persona que esperaba, sino del mejor amigos de este.

Eustass Kidd.

Ambos pelirrojos se vieron interminablemente, y a pesar ser un niño, Kidd en ningún momento le aparto la mirada.  

—¿Puedo ayudarte en algo, Eustass?

Pero el pelirrojo simplemente se quedo callado, y avanzo hasta quedar justo frente a él, parado del otro lado de su escritorio, como Katakuri lo hizo en su momento. Kidd permaneció sin decir una palabra, y únicamente saco su mano de su bolsillo y le tiro una carta doblada por la mitad a Ichiji.

—¿Pero que…?

—Es de él. — Menciono mientras se daba la vuelta, ya tenía que volver a casa de su tío. — Me pidió que se la entregase antes de irse… — No había alegría en sus palabras, solo una profunda tristeza — ¿Sabe algo señor V? Aquí todos aquí me temen, y sé que no le agrado a nadie. Quizás sea porque soy verdadero dolor en el trasero, pero él… era el único que me realmente me veía como su amigo. — Cerro la puerta sin despedirse si quiera.

Ichiji la carta entre sus manos, acariciando los bordes de esta de manera dulce y delicada. Tenía un aroma muy característico, no logro definirlo, pero era innegablemente exquisito. Al abrirla, encontró una pequeña nota. No eran palabras de despedida ni mucho menos, pero fueron suficientes para derrumbarlo.

«Como Apolo a Jacinto, que hizo caer sus lágrimas doradas sobre el cuerpo inerte de su amante; inmortalizando su amor en una flor que prevalecerá por toda la eternidad.»

Una imperceptible lagrima cayó sobre la pequeña flor de Jacinto que Katakuri había incluido en la carta, siendo sostenida cual reliquia entre sus temblorosas manos.

El ultimo presente que su pequeño caballero de cabellos vino le dejo…

 

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Smoothie y él se abrazaban como si la vida se les fuera en ello. Su hermana lloraba desconsoladamente al igual que él. Eran incapaces de separarse el uno del otro. Ella le susurraba palabras de aliento, que todo iba a estar bien, que no debía preocuparse por nada, que su madre ya había apelado ante el juez para reiniciar el juicio de su custodia, que en un abrir y que en un cerrar de ojos estaría de vuelta con ellos. 

A pesar de que ambos sabían que eso no iba a pasar…

La albina abrió por unos instantes sus ojos zafiro para ver como los mayordomos sacaban las maletas de Katakuri de la que era su habitación, solo para colocarlas dentro de aquella camioneta negra.

Todo había ocurrido tan rápido, y era su culpa. Ella debió ponerse firme cuando Kaido apareció en el hospital dispuesto a llevarse a su hermanito, pero el hombre que estaba parado a unos metros de ellos, de brazos cruzados sobre el marco de la puerta principal, le había advertido que si no buscaban la mejor atención médica para el menor, Katakuri moriría sin dudarlo. Ella tuvo que tomar una decisión, y aceptar que Kaido se lo llevase — Aun en contra de opinión de Perospero — pero jamás espero que ese hombre usara ese antecedente ante un juzgado para demostrar que Linlin había descuidado totalmente a su hijo al no presentarse luego del accidente de Katakuri.

—Smoothie… no quiero ir con él. — Le imploro con los ojos irritados de lágrimas. — Por favor, no dejes que me lleve.

—Kuri… Kuri, escúchame — Corto su abrazo para tomar el rostro de su amado hombrecito entre sus brazos.

A ella no le importaban sus cicatrices, a sus ojos, el seguía siendo su inteligente, guapo y dulce  niñito.

—Apenas termine con todos los tramites del nuevo parque temático de Whole Cake, no dudes que iré a Londres contigo — Le prometió. Ya estaba en la recta final de inaugurar su megaproyecto de Orlando, no podía dejar los Estados Unidos en estos momentos. — Además, recuerda que no estas yendo a un país desconocido. Es Londres ¡Es nuestro hogar! Y también en unos meses todos estaremos allá para la boda de Oven y Bay ¿Lo olvidaste? No será mucho tiempo, lo prometo.

—¡No! ¡Mi hogar es donde están ustedes!

—Oh… Kuri — Lamentaba mucho esta situación. Katakuri no merecía pasar por esto.

Smooth — Perospero tomo el hombro de su hermana, y con una mirada la albina entendió que su tiempo se había terminado. — Escúchame bien — Resalto mientras tomaba de los hombros al niño — ¡Tú eres el hombre, no el! Nunca lo olvides.

Fueron las últimas palabras que le dedico su hermano mayor antes de que su mirada rojiza empereza a temblar al ser cargado por Smoothie. . La albina empezó a avanzar con su hermanito en brazos, y al llegar a donde estaba Kaido esperando, esta se pasó de largo.

Al abrir la puerta de la lujosa camioneta, deposito a Katakuri delicadamente dentro de este, y le coloco el cinturón de seguridad con sumo cuidado. Dándole un último beso en la frente a su niño.

—Por favor… cuídenlo bien. — Suplico a King y Queen.

Ella sabía que Kaido era una persona demasiado dañina para su hombrecito. Si él se quedaba a cargo de Katakuri, no dudaba que en futuro, el dulce niño que ella crió con tanto esmero se volviera el digno reflejo de su padre, pero también sabía que aquellos dos hombres que se mostraban frente a ella suplirían de aquellas figuras paternas que Katakuri jamás había tenido.

Estaba lanzando una moneda al aire en estos momentos, y deseaba con todas sus fuerzas que el resultado final fuera el mejor para Katakuri.

 

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La sonrisa que poco a poco empezó a formarse en el rostro de Lucci luego de leer el papel que le había entregado su pareja fue inevitable.

Rápidamente, Lucci lo tomo fuertemente de los hombros. Estampando un beso necesito y sediento de más en sus labios. Poco a poco sus ropas se volvieron un problema, y terminaron de a pocos en el piso hasta llegar a su habitación. — ¡Ahh, Lucci! —Cuando el vaivén inicio, él lo recibió gustoso. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos era invadido por el recuerdo de la triste mirada de Katakuri.

«Ya basta, no te mortifiques. El estará bien»

Mientras los gruñidos y gemidos de ambos iban en aumento, Lucci le prometió que todo sería diferente. Que ahora realmente conseguirían sus verdaderos objetivos.

El solo lo escuchaba, mas no repetía sus palabras.

Mientras la pareja se brindaba placer el uno al otro, en la mesa del comedor descansaba la carta de Katakuri junto al papel que llevaba escrito la renuncia de Ichiji a Mary Geoise.

 

 

 

 

 

 

Notas finales:

Aclaración del capitulo: 

Mayéutica: Es el método aplicado por Sócrates en el libro «Diálogos socráticos.» Escrito por su alumno, Platón. En este Sócrates plantea que sus alumnos busquen por medio de preguntas el conocimiento.

New Deal: Fueron un conjunto de políticas económicas dadas por Roosevelt luego de la Gran Depresión.

Prince William: Kidd se refiere a Katakuri como el príncipe William de Inglaterra, solo para joderlo.

Son of the Moon: Mejor conocida como Hijo de la Luna, canción escrita por el español José María Cano, pero Smoothie hace referencia a la versión de Sarah Brightman, la que a mi parecer, es la mejor soprano de habla inglesa en el mundo.

Pennywise: El payaso de del libro «It» de Stephen King, y uno de sus personaje más famosos.

Mass General: Massachussets General, es uno de los hospitales de mayor prestigio en los Uniteds, y no solo eso, tambien funge como hospital universitario de la escuela de medicina de Harvard.

Clínica Mayo: Otro de los grandes del campo medico en USA. Cuentan con su propia escuela de medicina, y demás.

Anfield: Anfiled Stadium, es la casa del Liverpool F.C, el segundo equipo mas laureado del Reino Unido y uno de los grandes de Europa si de futbol hablamos. Rival por antonomasia del Manchester United, y mayor campeón de la UEFA Champions League en ese país. Recuerden esto, porque tambien aparecerá en BL.

Jacinto: Según el mito, el príncipe espartano, Jacinto, era un joven héroe del que Apolo y Céfiro, dios del viento del oeste, habían quedado totalmente embelesados. Sin embargo, Jacinto escogió a Apolo, lo que lleno de celos a Céfiro y en un arrebato de pación, mientras que Apolo y Jacinto jugaban al disco, Céfiro soplo con tal fuerza que cuando Apolo le lanzo el objeto, mato al instante a Jacinto cuando choco con su cráneo. Apolo lloro incontrolablemente la muerte de su amado, y antes de que Hades llegara a reclamarlo, de la sangre de Jacinto, Apolo hizo brotar una hermosa flor, que bautizo como la flor de Jacinto.

¿Y que le paso al hdp de Céfiro? Según algunas versiones Apolo lo convirtió en viento para que no dañase a nadie nunca más.

 

N/A:

¡Hola Bellezas! Estoy segura de que no esperaban esto, ni yo, si soy completamente honesta. Tenia pensando publicar este fic como un One-Shot el día de mi cumpleaños, BUT ya saben, mi tesis es como las uñas de Iva-chan, me restan años de vida. La idea de este fic era terminarlo en un cap. pero, as always, siempre me voy en floro con mis fics. Y este no fue la excepción. Así que en vez de tener un One-Shot, ¡Tendremos un Three-Shot de WFMMV!

WELL

WELL

WELL

Una vez explicado estos problemas técnicos, tengo que decir que estoy muy satisfecha con esta pequeña historia. Verán, normalmente mis fics tienen un aire sad, y con esta hermosa historia quise sacar el lado mas dulce de mis queridos bebes. La idea de hacer un giro de tuercas y que Ichiji fuera el adulto responsable y a Kata nuestro niño de luz, me pareció hermoso. Adore como nunca escribirlos a ambos. Mención honorifica al MVP de esta primera parte que se lo lleva Kidd, otra de mis debilidades.

Tambien deseaba ver a Ichiji desde un enfoque diferente, siendo un adulto con una vida relativamente normal. Sin todas las presiones de su familia, con un buen trabajo y con una pareja estable — Aunque, no, bueno, eso es discutible — pero no nos desviemos del tema. El pelirrojo como profesor de Literatura es mi fantasía predilecta, simple y claro. Su perfección fue tal que desde niño logro cautivar a cierto niñito hermoso.

Con Katakuri fue casi lo mismo, tener esta visión de el siendo niño es algo completamente nuevo, ya que a pesar de ser extremadamente inteligente para muchas cosas, el aun sigue teniendo la candidez de un infante, que se pierde en gran medida luego de su accidente.  

Descuiden que el siguiente cap. llegara antes de lo que esperan — Porque ya esta escrito xd — Y Allí tendremos nuestro mega salto temporal, ya que, ustedes entienden. Aunque todos lo amemos, el niño no se puede quedar niño por siempre, le tiene que dar paso al hombre ¡Y valla hombre en el que va a convertirse! 7u7

Ahora, con respecto a BL y PeC, me ha pasado algo muy raro, ya que, he avanzado ambas. Digamos q está a BL un poco más de la mitad, al igual que PeC ¡Sin embargo! BL tendrá que esperar más tiempo ): Lo siento, pero es el fic que más tiempo e inspiración me demanda, y si lo hago ahora mientras estoy en plena tesis, me podría salir algo parecido al final Bleach, y nadie quiere eso.

Bueno, con esto estaría despidiéndome bellezas bellas <3 No quiero irme sin antes agradecer a todas esas bellezas que apoyan todas las locuras que escribo. Especial mención a my lovely Sis, AcidRain, que me ayudo bastante a pulir a este pequeño demonio. Quiero que me cuenten que les pareció el fic ¿Cuáles fueron sus primeras impresiones? ¿Les gusto? (o no..) ¿Necesitan a un niño Katakuri casi tanto como yo?

Espero verlos en la próxima entrega; «Sakura», y prepárense porque de arranque debutan nuestros sexys cuatrillizos.


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