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Tres Meses por Aurora Execution

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Notas del fanfic:

Saint Seiya no me pertenece. Todos sus derechos corresponden a Masami Kurumada.

Notas del capitulo:

Un intento de escribir algo nuevamente, historias cortitas de mis otp's. Espero sean de su agrado y desde ya, muchas gracias por pasarse por aquí.

Aioros lo sintió una tarde. Así, sin más. El pensamiento había viajado vagamente a su consciencia, alojándose allí de manera definitiva. Dicho pensamiento le secó la garganta unos instantes para el siguiente revitalizarlo de una euforia contenida antes de darse cuenta que tenía demasiada lógica, mirando todo desde atrás.

Entonces, con un temblor tímido desvió su vista a la figura sentada a su lado; su mejor amigo. Fue como observarlo por primera vez, darse cuenta de su inmaculada belleza detrás de sus aires belicosos, del verde brilloso de su mirada y de la sonrisa curiosa que le regaló en ese momento y quiso probar imperiosamente. Y ese había sido el principio de todo...

Seguramente si observase detenidamente entre lo que fue y lo que debió ser, la respuesta estaba clara. Cualquiera en su lugar hubiera optado por ese camino simple de ideologías claras y metas brillantes. Hubieran encausado su andar por un sendero que se vislumbraba por sobre el resto como el correcto.

Pero eso no es felicidad. Es conformismo, sentenció su mente.

Él fue. Y dejó de ser también.

Sin embargo jamás en toda su existencia pudo erradicar ese sentimiento que le empujó—tercamente, eso sí—a continuar por donde él creía fehacientemente se hallaba su destino. No permitió siquiera que le contradijera porque era insensato y tenía miedo. O vergüenza. Sus ojos escurridizos y su postura rígida ante su ser le hablaban mejor que cualquier palabra pronunciada, aunque buscara con desesperación su voz.

Por eso estaba ahí, de pie, siendo él como toda su vida, quien llevara las riendas de los sentimientos de ambos, haciéndose cargo de sus culpas y de las que ignoró de su parte. Sentir que sellaría al fin, su designio. El de ambos.

Terco.

Es que su mirada no devolvía más que un arrepentimiento sofocante. Una súplica que se escurría de esos verdes irises que alguna vez le observaron con pureza y devoción. Con ese inocente deseo nacer por y para él y el cual retribuyó con el alma rebosante de dicha por saberse correspondido en esos años perfectos que desaparecieron hace tiempo ya.

¿Cómo decirle que ese pedazo dentro de él—su corazón—no entendía de rechazos?

No había más tiempo, no había más dudas que perseguir. Se lo había dicho, y el supuesto entendimiento debió ser en la adrenalina del combate, porque no se olvida tampoco que son guerreros dentro de esos cuerpos de carne. Y que hubo un deber supremo que atender. Pero como todo, había acabado y ahora a las puertas de una nueva vida que se les escapaba la desesperación de llevarse a la otra vida una respuesta imperaba por sobre, incluso, el Gran Eclipse que no había desaparecido aún.

Un súbito temor subió por su espalda, deformó su rostro y alarmó sus sentidos ante la mera idea de que ese hombre frente suyo pudiera haber dejado de quererlo. Suspiró y acortó la distancia todavía más, no podía aguardar por una respuesta; la necesitaba ahí y ahora.

Y la obtuvo. Tan inmensa y sublime…

Notas finales:

Muchas gracias por leer. Será hasta el próximo capítulo.


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