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Corazón Valiente por Alejandra018PK

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Llegó justo a tiempo a la empresa, Degel ya lo esperaba en recepción.
 
-Gracias Camie, justo a tiempo mi jefe aún no llega, pasa.
 
-No puedo Degel, tengo que regresar por que salí de imprevisto y dejé todo arrumbado, espero que a tu jefe le guste la comida, nos vemos más tarde en casa.
 
-Está bien, ve con cuidado.
 
Con un gesto se despidieron, Camus caminaba por la acera más tranquilo, estaba por llegar a la parada del bus cuando se le ocurrió comprar lo necesario para preparar un postre para Milo, como ofrenda de paz por la pelea del día anterior, con esa intención cruzó la calle justo en la esquina, el problema fue que por ir concentrado en elegir qué postre hacer no se dio cuenta de que un auto estaba por pasar el cruce, por suerte el conductor era alguien muy precavido y logró frenar a tiempo.
 
Camus apenas se mantenía de pie, el susto le había dejado como secuela un violento hormigueo en las piernas que le impedían el movimiento, sólo mantenía la vista fija en la defensa del auto que estuvo a nada de golpearlo.
 
-¿se encuentra bien?
 
Un hombre alto y elegante se paró a su lado con semblante preocupado, lo miraba expectante a una respuesta, percatandose de que por el estado en shock de su interlocutor era difícil que le contestara.
 
Camus salió del shock cuando dejó de sentir el suelo bajo sus pies, pensaba que finalmente habían cedido y caería en cualquier momento pero eso no sucedió.
 
La fragancia de una colonia masculina bastante agradable llegó hasta su nariz, levantó la mirada y se topó con unos ojos verdes que le observaban con preocupación, esa mirada intimidante llena de seguridad le provocó un escalofrío que no supo describir pero no se atrevería a negar que esos ojos eran por demás atractivos.
 
-¿Qué tal te sientes ahora?
 
-Bien... Gracias por preocuparse.
 
-No es nada, pero en verdad deberías aprender a cruzar la calle si sales sin tu mamá.
 
Después de esa observación que logró hacer enojar un poco a Camus, el atractivo extraño lo puso de nuevo en el suelo. 
 
-¿Perdón?
 
-Lo que escuchaste, solo los niños cruzan de una forma tan imprudente.
 
-¡Es la primera vez que me sucede esto!
 
-Si y casi la última, de no ser yo, algún loco sí te hubiera golpeado.
 
- Seguro que después no iría a regañarme dándose aires de padre.
 
-Da igual, seguro no tendría a quien regañar.
 
-Eres un grosero, tal vez yo no sepa cruzar calles pero tú no sabes tratar a las personas.
 
-Jaja, ¿eso creés?
 
-Me atrevo a asegurarlo.
 
-Bien, no tengo tiempo para hacerte cambiar de opinión, sólo te diré, "mira a ambos lados antes de cruzar" .
 
Y así sin más subió de nuevo a su auto y se marchó, Camus contempló el auto hasta que se perdió de vista, simplemente no podía creer que alguien se tomara la libertad de hablar de ese modo con alguien que apenas y conoce de nada.
 
A fin de cuentas, no queriendo darle tanta importancia a alguien que, estaba seguro, jamás vería de nuevo continuó su camino, claro está, viendo que la carretera esté libre.
 
*Milo*
 
Se encontraba en esos momentos trabajando, cuando una visita indeseable para él se presentó. 
 
-Vaya, así que de vez en cuando si trabajas. 
 
-Di lo que tengas que decir y vete Death. 
 
-Sabes que sólo bromeo, ¿o que? ¿cuando te casas, aparte de la libertad también se va el sentido del humor? 
 
-No, es sólo que no me agrada tu "sentido del humor".
 
-Aguafiestas, eso es lo que eres, en fin, ¿ya tienes la propuesta con la que intentarás darme pelea por la gerencia general?
 
-Justo en eso estaba trabajando hasta que llegaste a interrumpir.
 
-Ok, ok, te dejo entonces, da lo mejor, realmente no quiero que piensen que fue demasiado sencillo ganarte.
 
Cuando por fin se vio solo de nuevo se desparramó en su silla, mentía si aseguraba que estaba al 100 en el trabajo, la discusión con Camus y lo que pasó entre él y Afrodita no dejaban de taladrar le la cabeza, no por arrepentimiento, la verdad es que no se arrepentía de lo que hizo más que de haberle gritado a Camus, lo que le preocupaba era el hecho que de ahora la situación se había torcido a tal punto en que tenía a su esposo y  a su amante bajo el mismo techo. 
 
Camus se daría cuenta en cualquier momento, eso era seguro, así que lo mejor era buscar la forma de hallar un departamento discreto donde poder frecuentar a Afrodita, eso era lo que ocupaba por completo su mente, tanto que ni siquiera pudo seguir con su trabajo por ese día. 
 

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