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Corazón Valiente por Alejandra018PK

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Era una hermosa mañana de viernes y en la casa se encontraba una constante ida y vuelta de Degel, Kardia y Camus llevando al auto todo lo que pudiera ser necesario en el viaje que haría el matrimonio dueño de la casa. 
 
Ambos, Degel y Kardia tenían una gran esperanza de que este paseo logrará hacer entrar en razón a Milo, quien sabe, con un poco de suerte hasta regresaban tres en vez de dos… 
 
Milo trataba de participar lo menos posible en esto, Afrodita se encontraba en la planta baja y temía que si se involucraba demasiado pudiera llegar a causarle algún malestar o malentendido. 
 
Mientras que estaba observando por el amplio ventanal de su recamara recibió una llamada, era el agente que había contratado recientemente. 
 
-¿Bueno? 
 
-Buenos días señor Antares, llamo para notificarle que se encuentra disponible un departamento a una muy buena distancia de su lugar de trabajo, ¿Cuándo le gustaría venir a verlo? 
 
-Mañana mismo por la tarde, yo lo llamaré. 
 
-De acuerdo, estaré al pendiente entonces, hasta luego. 
 
Terminó la llamada, y acto seguido se sentó en la cama, sus planes eran pasar todo el fin de semana con Camus, pero Afrodita era más importante así que ahora sería sólo una día de paseo. 
 
Unas manos delicadas en sus hombros lo sorprendieron, sabía de quien se trataba por su perfume pero no podía evitar sentirse nervioso por que su hermano y cuñado se encontraban en la casa en esos momentos. 
 
-Afrodita, cariño, esto es peligroso… Mi hermano está abajo. 
 
-Mi amor, están muy ocupados, no vendrán créeme – pasó su mano suavemente por el amplio pecho de Milo hasta rozar el inicio de su cinturón. 
 
Sin deseos de oponer resistencia, Milo lo levantó pasando sus piernas alrededor de su cintura para comenzar a besarlo, lo hacía de una forma brusca y necesitada, después de todo la idea de pasar todo un día sin él lo atormentaba. 
 
Nada hubiera pasado si tan solo su hijo no lo hubiera visto… 
 
Sam no sabía exactamente qué pasaba, pero si sabía que sólo los novios y los esposos se besan en la boca, salió de ahí en busca de algún adulto, cuando llegó al primer piso vio por la puerta a su mamá y su tío Degel platicando mientras acomodaban las cosas dentro del auto, justo pasó Kardia a su lado así que se apresuro7a preguntarle a él. 
 
-Tío… 
 
-Que ocurre Samy? 
 
-¿La familia se besa en la boca? 
 
-Los papás si, ¿por qué lo preguntas? 
 
-Es que vi a mi papá besando a él primo Afrodita. 
 
Todo lo que tenía en sus manos cayó súbitamente al piso, está vez Milo había pasado la raya. 
 
Subió más que furioso hasta el segundo piso, iba con toda la intención de golpear a ambos por su maldita desvergüenza y cuando entró al cuarto las palabras se le esfumaron, Afrodita ya tenía la camisa desabotonada y Milo se encontraba sobre él. 
 
Sin reparos y ni un gramo de tolerancia más sujetó a Milo y le propinó un puñetazo que lo dejó lo suficientemente descolocado como para que no pudiera intervenir en lo que haría a continuación. 
 
Dejando de lado su caballerismo y educación de jamás tocar a un doncel sujetó de los cabellos a Afrodita arrastrando lo hasta estar frente a Camus quien los miraba impactado. 
 
-¡KARDIA!, POR DIOS, ¿Qué HACES? 
 
Al ver sus claras intenciones de defenderlo Degel lo sujetó, sabía que algo demasiado malo tuvo que pasar como para que todo terminara así. 
 
-¿Por qué no hablas maldita escoria?, ¡dile a la persona que te dio techo, comida y abrigo como le pagaste! 
 
Afrodita lloraba a la vez que sujetaba con fuerza la mano de Kardia que jaloneaba su cabello para tratar de aminorar el dolor. 
 
-¡KARDIA!, SUELTALO AHORA 
 
Milo caminaba tambaleándose hacia dónde se encontraban mientras se sujetaba la nariz que no paraba de sangrar todo ante la desesperada mirada de Camus y la asustada de Samuel. 
 
-¿Pero que está pasando?, ¡por favor explíquenme que es todo esto! 
 
-Cam… - Degel lo sujetó de los hombros y lo hizo girar en su dirección para a continuación confesarle con toda seriedad- Milo te ha sido infiel con tu primo… 
 
-¿De qué hablas? – la cara de Camus era todo un poema, la incredulidad quería reinar sobre toda la avalancha de emociones que tenía en ese presido momento pero, no quería creerlo, quería escucharlo de su marido – Milo… ¿Eso es verdad?... 
 
Ni siquiera pudo verlo a los ojos, cobardemente le huyó la mirada, dando así una respuesta que terminó por destruir el corazón de Camus. 
 
Con la mirada perdida pasó a un lado de donde Kardia hacia dejado caer a Afrodita el cual se encontraba en las mismas condiciones que Milo, se acercó a su esposo y con la mano temblorosa se atrevió a tocar su mejilla. 
 
-¿Estas bien?... 
 
-Si, no te preocupes… 
 
-Milo, mírame por favor – con esfuerzo logró levantar la mirada y enfocarla en la destruida de Camus – Si me prometes que esto no se repetirá, yo lo olvidaré… Lo dejaré pasar y jamás hablaré de esto, ni te recriminare nada, por favor – Degel estaba que hervía de rabia, no podía creer que Camus fuera capaz de decir semejantes palabras, estaba por hacerse y propinarle una bofetada para que entrará en razón cuando Camus continuó hablando – Por favor Milo, hazlo por nuestro hijo… 
 
En ese momento, la razón de su infidelidad apareció de nuevo, Camus no le rogaba que cambiara para que su relación mejorara, lo único que quería era que Sam estuviera bien, inevitablemente la ira lo cegó. 
 
-¿Por Sam…?, MALDITA SEA CAMUS – apartó la mano que acariciaba su rostro con desprecio provocando que de los labios de Afrodita se escapara una  pequeña risa burlona. 
 
Camus se sorprendió por el cambio en la actitud de Milo, y aún que escuchó la burla de Afrodita no le prestó importancia. 
 
-Si Milo, Sam es nuestro hijo, nuestra responsabilidad. 
 
-Me importa un carajo Camus, yo quiero que también te preocupes por nosotros, desde que Sam nació no haces más que cuidarlo y me dejas de lado, ahora que ya está grande pensé que podríamos tener tiempo para los dos pero no, sólo pensabas en embarazar te otra vez… 
 
-Yo solo quería una familia contigo… 
 
-Pero yo no quiero una familia, me importa poco que pienses que soy un egoísta pero es la verdad y ahora que de verdades hablamos… ¿Sabes por qué no has quedado en cinta en todo este tiempo?, porque te he estado dando anticonceptivos a escondidas siempre los disolvía en la jarra que colocas en la recamara, gracias a eso me he evitado otra carga… 
 
El impacto de la mano de Camus en su rostro definitivamente no era algo que se esperara y mucho menos lo siguiente… 
 
-Eres un maldito egoísta Milo, malditos sean cada segundo que desperdicie en ti… Lárgate de mi casa y espero que jamás te arrepientas de lo que dijiste… Y sabes, yo, a pesar de todo puede que algún día llegue a perdonarte, pero tu hijo… Lo dudo mucho. 
 
Milo sintió un frío penetrante en su espalda, giró su cuerpo para ver una desgarradora escena, su hijo lloraba en las escaleras, a pesar de ser pequeño había entendido perfectamente las palabras de su padre y su pequeño corazón tenía una profunda herida que lo estaba matando. 
 
El arrepentimiento le llegó enseguida pero su orgullo le ganó. 
 
Hizo sus maletas, tomó las de Afrodita y se marchó junto con él sin mirar atrás, dejando a su familia, su hogar y el amor puro de su esposo e hijo atrás. 
 
 
 
 
 
 
 

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