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¡Es tu turno! ||Sterek|| por Dark_Ness

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Notas del fanfic:

Me gusta bastante la idea de poder escribir historias de distintas temáticas, pero que cada una de ellas tenga una o dos cosas en común, como por ejemplo: un final feliz, y un desarrollo triste. Y lo bueno, es que esta nueva historia cumple con las dos características.

Puede que sea una historia corta, puede que sea una nueva saga. Eso lo veremos conforme avances los hechos xD.

Notas del capitulo:

Oh Derek, sweet Derek. Te amo tanto que todas mis historias están hechas pensando en ti como el epicentro de todas ellas, aun si eso significa ser a veces un terrible idiota intransigente ♥♥♥

Stiles había perdido la cuenta de cuantas veces había sido rechazado en su vida.


    Joder, realmente fueron muchas veces si realmente no tenía ni idea del número de personas que le habían dicho que no cuando formuló una propuesta romántica. E incluso se asustó que el número fuera muy alto, porque ya no le dolía cuando alguien simplemente pasaba de él.


    Supuso que eso de que «las decepciones forjan el carácter» era cierto.


    Por eso no se estremeció cuando Derek Hale, el despampanante moreno de los grandes brazos y mandíbula cuadra, lo rechazó. Ni siquiera cuando todos en la reunión escucharon como chismosos sinvergüenzas las duras y finales palabras del líder.


    Y ahora que ya había pasado un mes, Stiles cayó en cuenta que se admiraba bastante por no haber cedido a la presión, o por simplemente haber madurado como persona durante todos esos años existiendo.


*


*


*


    Sin embargo, para el resto de la manada fue difícil de digerir eso.


    Y más para Derek, quien realmente se había esperado que Stiles hubiera entrado en crisis después de bajarle de su nube de enamoramiento unilateral.


— ¿Entienden lo que quiero decir? —Scott era el único que no captaba la idea de la reunión improvisada—. Necesitamos que los otros condados den el visto bueno para poder viajar de territorio en territorio sin ser una amenaza; y es tan jodidamente agotador siquiera pensar en todos los territorios que están reclamados por otras manadas... a este paso estaremos confinados a vivir eternamente en Beacon Hills como si fuéramos criminales encarcelados.


— ¿Y esto es importante hoy porque...? —Stiles miró escandalizado a Erika, quien realmente no estaba ni un poco interesada en todo lo que Stiles estaba hablando.


— ¡Es importante porque no podemos movernos por ningún lugar sin representar una amenaza! Pero claro, ustedes son lobos territoriales que no les importa no salir de sus cuevas —Stiles colocó los ojos en blanco ante los bufidos de sus compañeros—. En serio no los entiendo. Les quería proponer un viaje grupal hacia las montañas de Idaho para descubrir nuevos lugares, pero ahora veo que no solo tengo un problema con los límites territoriales, sino con que mis amigos no me apoyarán en buscar una alternativa.


— Stiles, hermano —comentó Scott quien ya había garrado el hilo de la conversación con un poco de dificultad—. No es que estemos confinados aquí... Sólo que ya tenemos un territorio que cuidar. Y... tampoco es como que no podemos viajar a otros lugares; Derek como alfa simplemente puede enviar señales a los otros alfas para que no interpreten la visita como encuentros hostiles.


    Stiles cerró la boca momentáneamente y miró en dirección a Derek, quien estaba leyendo un libro mohoso y gigante en la comodidad de su sofá.


— ¿Sabías todo eso desde el principio y fuiste incapaz de decírmelo? —Derek colocó los ojos en blanco y cerró el libro—. ¡¿Todos ustedes lo sabían y tampoco me lo dijeron?! Estoy rodeado de traidores.


— Es muy divertido verte perder la paciencia, cielo —Lydia le contestó con una pequeña sonrisa que Stiles aceptó un poco ofendido.


— Realmente son masoquistas —Stiles bufó. No estaba molesto, puesto que los lobos podían oler su estado de ánimo y se alternaba entre hastiado y divertido—. En fin, piensen lo del viaje.


    Entonces el chico se levantó y tomó su chaqueta del suelo. Se la colocó con fluidez y caminó hacia la salida.


— ¿Vas a algún lugar? —Erika preguntó realmente curiosa. Los demás dirigieron su mirada hacia el chico que abría la puerta del loft sin problema, incluido Derek.


— Sí —respondió con calma. Su ánimo cambió a uno emocionado. Eso los confundió a todos, hasta a Scott, quien no tenía ni la menor idea de a donde se dirigía su hermano—. Tengo una cita dentro de veinte minutos y necesito irme si no quiero llegar tarde. En fin, ¡piensen lo del viaje a las montañas, por favor!


    Y con un movimiento brusco salió del loft y cerró la puerta.


    El silencio fue casi automático.


    Seguido de el llegaron las burlas.


— ¿Stiles en una cita? Eso es algo que realmente pagaría por ver —Isaac rió un poco consternado ante la noticia que su hiperactivo amigo había soltado sin ningún tipo de problema—. ¿Quién es la persona desafortunada, Scott?


— Yo no sabía que él tenía una cita —respondió genuinamente sorprendido. Allison soltó una risita que llamó la atención—. ¿Qué sucede, acaso sabes algo que nosotros no?


— Stiles tiene una cita con una bella chica que conoció hace unas semanas en una cafetería —comentó—; me contó que tropezó con ella y accidentalmente botó su café al suelo. Una cosa llevó a la otra y terminó pidiéndole una cita para compensar ese suceso.


— ¿Y por qué sabes todo eso y yo no? —preguntó Lydia para sorpresa de todos.


    En base a eso se formó una breve pero acalorada discusión sobre por qué Allison sabía todo lo concerniente a la cita de Stiles mientras que la manada no estaba enterada. Hasta Boyd participó en el debate.


    El único que no intercambió ideas fue Derek Hale, quien se mantuvo estático y frío con lo que había escuchado hacía unos cuantos minutos atrás.


    «Stiles tiene una cita». Fue lo único que retumbó en la mente del gran hombre lobo que había rechazado a Stiles hacía un mes atrás.


— ¡Dios! —Exclamó Isaac—. Realmente pensé que Stiles no se recuperaría del rechazo de Derek. ¡Y ahora incluso encontró novia!


— Stiles no es de ese tipo de persona que se deprime al no poder estar con alguien más —defendió Scott. Sin embargo, fue el centro de atención de todas las miradas irónicas del grupo, incluyendo la del mismísimo Derek—. ¿Por qué me ven así?


— Porque suena a una mentira.


— No es ninguna mentira. Desde que Lydia lo rechazó frente a todos en tercer grado, Stiles dejó de aferrarse a amores románticos como si fueran los únicos que existen —las miradas recayeron en Lydia. Ella no se ofendió ni un poco—. Sólo lloró por una persona desde que lo conozco, y realmente pienso que es bueno que no se enganche con las personas. ¿Se imaginan lo duro que debe ser para una persona llorar durante un tiempo indefinido el rechazo de alguien?


    Derek escuchó esa línea atentamente.


    Stiles sólo había llorado por alguien una sola vez.


    Su ego se sentía inestable al sentir que esa persona no había sido él. Y se sintió mal por ello, porque realmente no quería ser ese tipo de persona tóxica que hacía cosas ridículas y despreciables.


— ¿Y quien es esa persona? —preguntó Allison curiosa. Casi todos estaban esperando que la respuesta fuera Lydia.


— Heather. —respondió Scott con un leve suspiro.


    Todos guardaron un pequeño silencio al saber quien era Heather.


    Todos excepto Derek.


— ¿Quién es Heather? —preguntó, tratando de sonar casual y, tristemente, fallando en el intento al realmente sonar demandante.


— El primer amor de Stiles —respondió Scott casi de manera obvia. Eso fue una gran impresión al ser desmentido el hecho de que Lydia fue el primer amor de Stiles, sin embargo, nadie comentó nada al respecto—. Ellos dos se querían mucho, pero Heather rechazó a Stiles al tener una enfermedad rara que prácticamente la condenó a morir muy joven... creo que ella no quería que Stiles la viera morir o algo así.


— ¿Por qué la pregunta, Derek? —contraatacó Erika con una sonrisa divertida en los labios.


— Eso no te incumbe.


    Y con esas amables palabras, la reunión se dio por finalizada.


*


*


*


    Stiles no había perdido el tiempo tal como él pensó en un principio.


    Tras salir a paso veloz del loft, se encontró manejando el jeep con un poco de prisa para llegar a la cafetería en donde había conocido a Audry, la linda chica a la que le había tirado el café.


    Sus mejillas se habían sonrojado de tan solo pensar en ella y en su hermosa sonrisa.


    Pero rápidamente esquivó otro auto cuando se distrajo al pensar en la chica.


    Ese sería el tercer accidente de tránsito que había esquivado esa semana.


    Cuando llegó sano y salvo a su destino, una larga cabellera negra abundante en rulos y en volumen le robó la mirada. Era increíble como el cabello de Audry brillaba bajo el sol como un pedazo de piedra preciosa pulida, y aún más increíble había sido que ella aceptara una cita con él, y otra, y luego otra... Porque ya habían sido tres citas que habían tenido en el transcurso de esas dos semanas en las que se habían conocido.


    Y cada una había sido mejor que la anterior.


— ¡Stiles! —saludó la muchacha con una voz suave y clara al verlo. Tenía puesto los lentes de sol una vez más gracias a su enfermedad, y aún así, se veía asombrosamente bien en sus pantalones ajustados y la franelilla amarilla de tirantes—. ¡Aquí!


— ¿Llego tarde? —preguntó un poco apenado, puesto que no había visto la hora en todo lo que llevaba manejando. Audry lo miró a través de sus lentes oscuros y le sonrió con sus delgados labios rosa.


— Llegas a tiempo. Apenas me había sentado cuando escuché los frenos de tu jeep a una calle de distancia —soltó una carcajada y se deleitó con el tierno rubor del rostro de Stiles. A ella realmente le gustaba ese tono en su piel—. Siento que atropellaste a tres personas antes de venir.


— Ellas no se quejaron —respondió tranquilamente—. Aunque nadie las obligó a caminar por el medio de la calle.


— Y a ti nadie te obligó a no esquivarlas, ¿verdad?


    Stiles soltó una risa entre dientes ante la respuesta.


    Esa cita amenazaba con ser todo un éxito.


*


*


*


    Si le preguntaban a Derek, él no estaba espiando a nadie.


    Derek era el jefe de la manada más grande de California, por lo que realmente no tenía tiempo —ni ganas— para andar pendiente de la vida de los demás, mucho menos de la vida romántica de uno de los integrantes de su manada. Además, no era como si él tuviera que hacerla de padre preocupado con respecto a las relaciones interpersonales de ellos, por lo que realmente no tenía ningún motivo en lo absoluto de saber que hacían en su momento libre.


    Por lo que, el que él estuviera en esa cafetería donde el olor de Stiles se concentraba era por simple azar del destino.


    Sí. Simple azar del destino.


    Y que quería comprarse un café.


    Por eso estaba haciendo la fila dentro del establecimiento que tenía un ángulo estratégico hacia las mesas de afuera, en las que estaban los tórtolos riéndose de alguna anécdota humillante que Stiles había contado sobre él. Derek arrugó el ceño cuando afinó el oído y escuchó el cuento.


    Stiles estaba contándole a la chica acerca de las veces en las que le tocó ser portero para el equipo de lacrosse del instituto. Al parecer estaba en la parte donde él ejercía la función de ser un blanco de golpes, en vez de ser un portero corriente.


    A Derek no le gustó escuchar ello.


    O tal vez no le gustaba escuchar las risas divertidas de los dos adolescentes.


— ¿Señor? —la cajera de la cafetería le habló una vez más, haciendo que Derek saliera de su concentración al espiar a Stiles—. ¿Qué desea ordenar?


— Un café negro. —respondió más apático de lo que hubiera querido. Sin embargo, su actitud infundió miedo en la pobre chica, que solo anotó la orden en la computadora para después decirle a su compañera que se encargaba de la máquina.


— Son... tres con cincuenta —respondió con un poco de miedo disimulado, a lo que Derek le entregó el precio justo en billetes y monedas—. Gracias... que tenga un buen día.


     Seguramente ya era un poco tarde para tener un buen día, pero Derek entendía la esencia de la frase simplista y amable de la frase.


    Mientras salía de la fila para dirigirse al lugar en donde retiraría el café, siguió escuchando las risas divertidas de la pareja y la bilis comenzaba a subir por su garganta.


    Derek realmente no entendía como era posible que a un mes de rechazar a Stiles, este ya estuviera haciendo su vida normalmente sin siquiera haberle guardado un poco de luto a la relación que no tuvo.


» ¿Y sabes que es lo más gracioso de todo? —Derek logró escuchar a Stiles mientras éste se partía de la risa— Que al final ni siquiera pude estar en los partidos.


—Eso no es gracioso, Stiles —respondió la chica con lágrimas en los ojos gracias a la risa. Derek podía oler la sal de ellas desde la distancia como un psicópata—. Es trágico. Muy, muy trágico.«


    Y sí, esa historia realmente era trágica pero la forma en como Stiles la narró hizo que ella se divirtiera completamente.


    Derek recibió el café que le entregó la chica y salió de la cafetería con un sentimiento amargo creciendo en la boca de su estómago mientras seguía escuchando la charla amena y alegre de ambos adolescentes.


*


*


*


    Esa noche, cuando el sol comenzaba a ocultarse por el oeste y dejaba a su paso una larga noche llena de estrellas, Stiles se ofreció a llevar a Audry a su casa.


    Habían pasado toda la tarde juntos paseando de un lado a otro observando los espacios de Beacon Hills. Terminaron por ir hasta una función de cine, en la cual habían elegido una película al azar para simplemente comentarla como pseudo críticos del arte; y como sorpresa alguna, ambos terminaron siendo expulsados de la sala por ser una molestia para todos aquellos que si habían pagado su boleto para ver la aclamada película. Y Stiles, por primera vez en su vida, no se sintió mal al ser expulsado gracias a la flamante risa de su acompañante y su genuina diversión por el momento simple y bochornoso.


    Después de eso, caminaron de un lugar a otro con las manos entrelazadas mientras comentaban lo divertido que había sido escuchar a los señores quejándose.


— ¿En verdad quieres tomarte la molestia de llevarme hasta mi casa? —preguntó Audry con un poco de ironía en su voz.


— Por supuesto —respondió Stiles, sin ningún ápice de duda—. ¿En serio crees que dejaré que te vayas como si nada por las calles oscuras?


— Ahora que te ofreces a llevarme, entonces no —y con una sonrisa leve, se subió al jeep de Stiles y le indicó a donde vivía ella—. ¿Sabes? Me hubiera gustado que derramaras mi café antes.


    Stiles se enrojeció levemente al recordar el bochorno que lo condujo a conocer a la chica. Uno del cual ahora estaba más que feliz de que sucediera.


— ¿Ah? ¿sí? —preguntó con la voz un poco temblorosa.


— Sí... así habría pasado más días divertidos como estos —Y con ello, Stiles se detuvo frente a la casa de la chica—. Es bueno pasar tiempo contigo, ¿sabes? Espero poder vernos otra vez.


    Stiles estaba muy emocionado. Sobraba decir que esta era la primera vez que Stiles tenía una cita fructífera con alguien que estaba genuinamente interesado por él; y ese sentimiento de reciprocidad se sentía muy bien, como si por fin después de haber tenido tanto frío podía experimentar la tibieza de una agradable compañía.


    Audry observó momentáneamente a su cita.


    Un beso en la mejilla fue la más linda despedida que le dio a Stiles, quien había quedado totalmente paralizado tras lo sorpresivo del acto.


— ¿Te parece vernos otra vez el viernes? —Stiles preguntó antes de que ella se fuera—. Hay un restaurante muy bueno cerca del cine que sirve buenas papas rizadas y...


— Por supuesto. Hasta entonces, Stiles.


    Y con eso, Audry entró a su hogar y Stiles se quedó viendo la puerta como un tonto que empezaba a sentir mariposas creciendo en su estómago.


*


*


*


— ¡Al fin regresas! —Scott le sorprendió a Siles cuando entró a su casa esa noche a horas muy tardías. El chico estaba instalado en la habitación de su mejor amigo mientras jugaba una ronda de Mortal Kombat; tenía a su alrededor bolsas vacías de snacks y botellas plásticas de refresco, dejando un desastre notable en la cama de Stiles—. Pasaste todo el día fuera que me sorprendí de que no respondieras a los mensajes que te envié. ¿Tan bien fue esa cita?


— Creo que pediré de vuelta la llave que te di hace tiempo. —comentó Stiles a modo de saludo.


— ¿Okeyy? ¿Eso quiere decir que ya debería ir planeando la boda? —el tono confundido pero alegre de Scott hizo que Stiles sonriera más enamorado. Estaba en el séptimo cielo, y realmente esperaba que ese sonido de las hojas golpeando la ventana fuera el ruido que hacían las puertas del cielo al abrirse para recibir visitas—. Oh, hombre; el tiempo está terrible. Parece que va a llover y me vine en moto.


— ¿Y eso que tiene que ver? ¿Te vas a ir ahorita? —Stiles se quitó el abrigo y comenzó a desnudarse. Necesitaba conservar su ropa en estado puro para que el olor de Audry no se esfumara tan rápido. Scott apartó la mirada de su mejor amigo y se concentró en la pantalla pausada.


— No quería hacerlo, pero Derek me convocó a una reunión de urgencia y necesita que esté en el loft lo más pronto posible —Scott hizo una mueca. Extrañamente. Derek había salido esa tarde a comprar un café, y por lo que indagó, ese café debía saber realmente mal porque el resto de la tarde la pasó muy amargado—. Creo que tiene que ver con las rondas de vigilancia...


— ¿Y eso es tan importante como para que tengas que salir en la noche? Bro, Derek no se va a morir porque no vayas a una reunión de emergencia en estos momentos. Dile que se descargue Skype y hacen la reunión como si estuviera frente a frente.


Scott suspiró.


— Sabes que Derek no se lleva de la mano con la tecnología. Es más de gruñir, leer y cazar en el bosque como si fuera un nativo —Stiles soltó una carcajada—. Así que puede que se tome como una ofensa la sugerencia.


— Derek no es ningún estúpido, Scott —defendió Stiles. Ya se había cambiado la ropa por un pijama—. Aunque no lo creas, el tiene conocimientos básicos de informática gracias a las clases de Danny, e incluso sabe más que tú y yo juntos. Puede que si se ofenda, pero no porque lo consideres un inepto.


— Eso solo lo dices porque estás enamorado de él. —le respondió con un tono meloso, uno que estaba del todo seguro que picaría a Stiles.


— Incluso si tu respuesta fuera real (que, ya no lo es), no podrías negarme que Derek es una persona inteligente y capaz de lograr lo que se proponga.


    Scott se asombró ante la respuesta recibida por su mejor amigo. Realmente había esperado que el chico negara todo de manera dramática y arbitraria, o que en su defecto, suspirara como si el aliento le faltara al pensar en su antiguo amor. Pero en cambio, con un poco más de razonamiento y comprensión adulta, Stiles negó la respuesta y defendió su punto tal como haría una persona cuerda promedio. Eso significaba un avance notable en lo que respectaba a la superación de adversidades.


    Stiles tomó uno de los controles que estaban sueltos de la consola de Scott y lo encendió para integrarse a la partida comunitaria que se supone que iban a librar en línea. Su hermano del alma le hizo un humilde espacio en lo que vendría siendo su propia cama y Stiles, con un poco de burla, se sentó al lado de él.


    La noche continuó su rumbo. Scott siguió el consejo de Stiles, dejándole a Derek un mensaje breve en donde explicaba que «a menos que sea de vida o muerte, REALMENTE, estaré pasando el rato con mi hermano». Luego, como un aprecio por su vida, Scott le adjuntó un link de descarga de Skype para que lo tuviera en caso de que la reunión tuviera que seguir adelante en contra de todo pronóstico.


    Fue una noche muy buena. Sobretodo teniendo en cuenta que Derek siguió con su ideal de no espiar a sus compañeros de manada hasta que el reloj marcó las doce.


*


*


*


— Mira, Stiles. Sé que no debería meterme en esto, pero ¿en algún momento de tu vida limpias por aquí? —Scott regañó a Stiles el día siguiente que se levantaron de su maratón. El pobre humano apenas había abierto los ojos cuando escuchó la molesta voz de su amigo reclamando como si fuera Melissa—. Amigo, ¿tienes a un animal por aquí? Dios santo, huele terrible.


— El único animal que tengo actualmente eres tú. Lo que estás oliendo es tu propio hedor —Stiles gruñó mientras se levantaba de la cama. Caminó hasta donde estaba Scott parado, y observó lo que él estaba observando—. ¡¿Es en serio, Scott?! Tenemos un baño justo al lado. ¡Por Dios!


    Scott colocó los ojos en blanco.


    Stiles salió totalmente molesto en dirección a la cocina en busca de toallas de papel para limpiar el charco de orine que estaba en una de las esquinas del cuarto.


— Derek, esto es asqueroso y depravado incluso para ti —Scott susurró molesto. Sabía que su gran alfa había pasado toda la noche pernoctando fuera de la casa de Stiles, con un notable enojo en lo que era su lenguaje corporal. Lo percibió cuando el reloj marcó las doce y treinta. Y por lo que podía apreciar, después de haber hecho su cochinada, se había quedado afuera de la casa vigilando—. ¿Tienes realmente una excusa creíble que pueda justificar esto?


— ¿Qué tanto murmuras, idiota? —Stiles interrumpió en ese momento. Estaba realmente molesto, con el rostro enrojecido y con las manos llenas de papel absorbente—. Tienes toda la maldita suerte del mundo que mi padre no está en casa.


— ¿Por qué dices eso?


— ¿Cómo crees que le explicaría que su hijo lleva medio paquete de toallas super absorbentes a su habitación bajo ningún contexto previo? Él querrá una explicación no gay. Y no hay manera no gay de explicarle a mi papá para que necesito estas toallas sin decirle que te orinaste en el suelo —Stiles procedió a dejar las toallas de papel en el suelo para que pudieran absorber el orine mientras miraba asqueado el suelo—. En serio, Scott. ¿Eres un perro acaso?


    Scott sólo negó.


    A lo lejos escuchó la risita de Derek seguido de sus pasos alejándose de la casa de Stiles.


    Scott no tenía ni la menor idea de que había sido eso, pero no alarmaría a Stiles sin haber hablado con Derek previamente.


— En fin. Tenemos que irnos. Vamos tarde al instituto —Y con eso, Stiles se levantó del suelo y caminó hacia el baño para comenzar su rutina diaria—. ¡Y más vale que dejes de mearme el suelo, Scott!


    Scott hizo una mueca y tomó su bolso. Él también tenía que alistarse para ir al instituto.


*


    Stiles estaba caminando hacia la clase de gimnasia cuando una cierta pelinegra se detuvo en su camino.


— ¡Stiles! —exclamó Allison. Se veía radiante esa mañana (como todos los días), con su bonito rubor en el rostro y esa grata sonrisa que cautivaba a las masas. Stiles pegó un breve brinco ante la sorpresa de la chica y luego la miró algo confundido. Era muy temprano como para que Allison estuviera necesitando algo de él— ¡Cuéntamelo todo! ¿Cómo te fue en tu cita de ayer?


    Y luego Stiles bajó la guardia.


    Ciertamente, gracias a Allison era que Stiles tenía la oportunidad de a salir con Audrey (o por lo menos de cierta manera). Después de haberle botado el café encima a Audrey, Stiles platicó con ella hasta que llegaron a un acuerdo; las citas vinieron después y con ellas un nuevo motivo de alegría para el joven; sin embargo, como esa movida era nueva —la de Stiles siendo aceptado por alguien— él no tenía ni la menor idea de como tenía que hacerse una cita —una cita real, como en las películas— por lo que se vio en la vergonzosa necesidad de pedir ayuda. Y Dios bendito lo sabe, él no iría a hablar con Scott sobre eso.


    Así que pasó mucho rato pensando sobre a quién podía pedirle ayuda.


    Y tras muchos, muchos, muchos debates internos, Stiles cayó en cuenta que la más indicada para ayudarle era Allison por la simple razón de que no eran tan cercanos como para hacer incómoda la situación. Eso y que ella tenía unos cuantos gramos de prudencia en el cuerpo que claramente les hacía falta a sus amigos.


    Así que una noche él tomó su teléfono y habló con la chica.


— Tenías absoluta razón, Allison —suspiró Stiles con una pequeña sonrisa en su cara. Retomaron el paso hacia la cancha, puesto que compartían la clase de gimnasia, y entablaron aquella conversación—. ¡A Audry le gustó la idea de salir e ir al cine! Estuvimos toda la tarde juntos y ella no paraba de reír de regalarme sonrisas. Pero sonrisas genuinas, llenas de cariño; no como las sonrisas de amigos que nos damos todos en la manada cuando estamos compartiendo un chiste...


— Lo entendí a la primera, Stiles —cortó Allison con una pequeña risa—. ¿Concretaron otra cita?


— ¡Sí! ¡Dios mío, sí! ¡¿Puedes creerlo?! —Stiles pegó un salto totalmente eufórico que llamó la atención de la gran mayoría de estudiantes que estaban en el pasillo—. Perdón, me excedí un poco.


— ¿Qué día van a verse? —preguntó en cambio Allison, ignorando la escena eufórica del chico en pro de su tranquilidad.


— El viernes. Este viernes. Planeo llevarla a ese lugar del que me hablaste hace una semana.


    Sin embargo, en vez de obtener una mirada de aprobación de la chica pelinegra, tuvo una mueca de confusión que alarmó a Stiles.


— ¿Este viernes?


— Sí, este viernes. ¿Por qué? ¿Pasa algo malo este viernes?


    Allison negó. Pero no se veía del todo convencida.


— No. No pasa nada... Supongo que confundí algunos eventos tuyos con los míos.


— ¿Vale? Eso es un poco... curioso.


    No obtuvo más respuesta.


    La charla se cortó abruptamente con la llegada a la cancha.


    La clase de gimnasia dio comienzo.


*


*


— ¡Bilinski! ¡Por el amor a Dios, hijo! —el entrenador gritó desde las barras, observando una vez más como Stiles recibía golpes de las pelotas de lacrosse—. Verte me está causando una gran úlcera. ¡Esquiva de una buena vez los lanzamientos!


— ¡¿No cree que, si realmente pudiera hacerlo, no lo hubiera hecho ya?! —Stiles gritó muy molesto unos segundos antes de recibir otro pelotazo en el estómago. Eso le sacó el aliento totalmente, dejándolo arrodillado en el campo de grama que usaban para las practicas—. Hijo... de... la... gran...


— ¡Alguien tome relevo de Bilinski antes de que lo maten!


    Stiles hizo una mueca que le tomó verdadero esfuerzo y se levantó poco a poco tratando de recuperar el aliento. Se alejó caminando lentamente hacia las gradas y recordó los ejercicios de respiración que su terapeuta le había recomendado para recuperar el aliento en caso de un ataque de pánico.


    En ese momento no tenía ningún ataque de pánico, pero tampoco podía respirar bien; así que los aplicó con paciencia hasta que su cuerpo se pudo recuperar del fuerte impacto.


    Una vez pudo llegar hasta las gradas y logró sentarse, el aliento le regresó lentamente.


    No sabía cuan adolorido estaba hasta que se permitió relajarse un poco.


    Seguramente tendría ya enormes hematomas en el cuerpo de tamaño de una pelota de beisbol —y quien sabe si hasta más grande. Pero bendito Dios, ¿cómo no los tendría si prácticamente toda la manada se había esmerado en golpearlo con su brutal fuerza sobrenatural? Tenía suerte de que no tenía fracturado el diafragma.


    Lo que lo hace pensar en por qué de repente todos estaban descargando su furia con él.


— ¿Recuperaste el aliento? —el entrenador se acercó hasta donde estaba él y le entregó sendas compresas congeladas para el dolor. Stiles hizo una mueca de agradecimiento y se colocó una en la cara, donde uno de esos salvajes había dirigido la pelota, y la otra se la colocó en el costado, en donde estaba el dolor más pulsante—. Te recomiendo que te pases a la enfermería, hijo. Te ves terrible.


— ¿Qué tan terrible? —logró murmurar Stiles. La mitad de su boca estaba tapada por la compresa.


— Como mi segundo divorcio.


— Entonces creo que si iré a la enfermería pronto —Stiles soltó una risita que le hizo después apretar los labios por una repentina punzada de dolor—. ¿Les pidió que fuera especialmente duro conmigo?


— Tengo que forjar tu carácter, Stiles —se excusó con cinismo. Stiles colocó los ojos en blanco—. La vida está llena de muchos golpes que no podrás evitar; pero en cambio tienes la alternativa de atajarlos y devolverlos, o dejar que te rebajen hasta que ya no puedas levantarte del suelo.


    Stiles asintió.


    Lo que su entrenador decía era cierto. Pero no dejaba de ser basura por el simple hecho de provenir de él. Idiota sin gracia.


    Stiles entonces tomó las dos compresas fuertemente y se levantó de las gradas. Caminó hacia la enfermería, que estaba en el segundo piso del instituto.


*


— ¡¿Qué te pasó, Stiles?! —la voz de Lydia fue un halago hacia sus oídos. Era gratificante escuchar a un miembro de la manada que no hubiera intentado matarlo por orden del sociópata de su profesor de gimnasia—. Déjame ayudarte.


— Gracias...


    Stiles le cedió la compresa que estaba usando para su cara a Lydia y dejó que ella la aplicara con cuidado.


— Creo que la clase gimnasia intentó matarme —Stiles murmuró con los ojos cerrados por el frío que aun conservaba la compresa. Sentía como la sangre se acumulaba bajo su piel y comenzaba a coagularse hasta formar un horrendo moretón—. ¿Puedes acompañarme a la enfermería?


— ¡Por supuesto! —Lydia dejó de lado sus labores preliminares que la habían llevado al pasillo y acompañó a Stiles. Era mil veces más importante asegurarse de que pudiera llegar hasta donde la enfermera que entregar esos papeles para la junta estudiantil— ¡Que bárbaros! ¡¿Cómo pueden dejar que los estudiantes se maten unos a otros durante los entrenamientos?! Es que ni siquiera Derek nos trata de esta manera.


— Derek nos trataría peor si supiera que no vamos a morir en el intento —Stiles murmuró con una risita que le causó dolor (otra vez)—. Somos los únicos humanos, contando a Ally, que están en la manada; por lo que es importante que sepamos defendernos y sobretodo, sepamos aguantar golpizas duras.


— Pero esto es para un juego de lacrosse, no para una batalla campal entre lobos... ¡Que horror! ¿Quién te hizo esto? —ambos comenzaron a subir las escaleras hacia el segundo piso. Las compresas estaban perdiendo el frío y Stiles sentía la piel entumecida. Algo positivo, porque de otra forma, el dolor sordo se mezclaría con el que sentía en las otras partes del cuerpo.


— El equipo de lacrosse, Lydia. Pero encontré una gran mejoría en Scott e Isaac. Aunque me hubiera gustado que no demostraran esa mejoría conmigo como blanco.


— ¡Derek se va a enterar! Espero que el viernes no suceda este tipo de cosas en el viaje.


    Finalmente llegaron hasta la enfermería. Y Stiles se quedó parado en la entrada.


    Otra vez escuchaba la mención del viernes.


    ¿Qué pasaba con el dichoso viernes?


— ¿El viernes? ¿Qué pasa con el viernes? —Stiles le preguntó a Lydia.


— ¿Cómo que qué pasa con el viernes? Tú mismo hiciste la propuesta. ¡No me digas que los golpes también te dieron amnesia!


— ¿De qué propuesta estás hablando? —Stiles estaba genuinamente confundido. Aunque no era de extrañar, los golpes realmente le habían revuelto todo el cuerpo. No se sorprendería si la enfermera le dijera que logró palparle el bazo por lo hinchado que lo tenía gracias a los golpes—. Ya van dos personas, contándote a ti, que me insinúan algo que se hará el viernes.


— Stiles, Dios. Realmente eres increíble, y esta vez no lo sigo en el buen sentido —Lydia consiguió guiarla a través del pasillo con soltura y le abrió la puerta de la enfermería, en donde la encargada estaba atendiendo a un chico que tenía una nariz rota. Eso le hizo recordar a Lydia cuan importante era los asuntos que tenía que atender antes de ayudar a Stiles—. Ya estás aquí y ya puedo respirar tranquila sabiendo que no vas a caer de largo en medio de un solitario pasillo. Nos vemos más tarde, Stiles. Si el dolor persiste, recuerda llamar a la mamá de Scott.


    Y con mucha gracia, la gran hermosa pelirroja se desligó de su amoratado amigo y siguió su camino. Stiles, con el dolor comenzando a despertarse, obvió el hecho de que Lydia tampoco le dijo nada sobre qué era lo que iba a suceder el viernes, y entró al lugar que estaba destinado a atener a los estudiantes heridos. La enfermera, que ya se había desocupado, le regaló una mirada preocupada y lo invitó a pasar con la suficiente confianza que tiene alguien que ya ha atendido muchas veces a un paciente.


— ¿Quieres tomar el mismo té de la última vez, Stiles? —la enfermera preguntó con un gesto casi maternal mientras sacaba varios utensilios de los estantes que estaban alrededor del consultorio.


— Te lo agradecería mucho, Grace. —y con ello, Stiles se sentó en la camilla con una mueca mientras esperaba que Grace hiciera magia.


*


*


    Finalmente, los días habían pasado con parsimonia. Stiles estaba recuperándose de los inmensos hematomas que tenía repartidos a lo largo del cuerpo; y su padre, junto a Melissa, estaban muy molestos con Scott por haber hecho semejante salvajada. El chico había conducido bajo la lluvia a casa de Stiles solamente para pedirle perdón por su pésimo comportamiento y se ofreció a quitarle el dolor a través de la extraña habilidad que tenían los lobos. Stiles estuvo tentado a cerrarle la puerta en la cara, pero reconoció que Scott ya se veía lo suficientemente miserable como para dejarlo empapado bajo la lluvia; e incluso, podía manipularlo para conseguir la información que tanto estaba esperando.


    Eso funcionó.


    Aunque no era ninguna sorpresa. Scott era tan manipulable como un niño pequeño que carecía de personalidad y figura paterna.


    Resulta que la extraña reunión que Derek había organizado de manera improvisada —a la cual Scott fue invitado, y a la que no había asistido por consejo de Stiles— fue para avisarle a la manada que había tomado una decisión con respecto a la propuesta hecha por Stiles. El viaje iba. Y cómo no, sería esa misma semana.


    Según había dicho, el jefe de la manada predominante de Idaho se había comunicado con él —lo cual era realmente conveniente—, porque le estaba llamando la atención de establecer acuerdos con distintos estados del país para establecer una alianza unificada de manadas. Supuestamente, el alfa estaba en busca de establecer un fuerte unificado ante posibles amenazas oscuras; y qué, obviamente, había estudiado la historia de los grandes líderes de manada, guiándose con la senda de Talía Hale para establecer nuevamente un concejo de manadas, pero a nivel más nacional y menos regional.


    Pero como Scott no se apareció —y Stiles no fue invitado—, ellos se enteraron de dicha  información con un notable retraso.


    Eso le dejó a Stiles una desazón absoluta en el cuerpo. No tanto por le hecho de no haber sido invitado a una reunión relevante de la manada en donde hablarían de un tema que él había propuesto; sino realmente por la sincronización espeluznante que se había creado entre ese viaje que él había esperado realizar con sus amigos y la cita que tendría con Audrey.


    Eso fue una encrucijada a la que no estaba preparado.


— ¿Estás seguro de eso, Stiles? —la voz suave y calmada de Audrey calmaba los nervios descompuestos del adolescente. Era jueves por la noche, Stiles tenía el bolso de viaje deshecho totalmente y un montón de ropa tirada por doquier a lo largo y ancho de su habitación. Iba a ser un fin de semana nada más, porque aún no tocaban vacaciones de navidad; pero parecía como si fuera a mudarse a un nuevo país para rehacer su vida con una nueva identidad y una nueva filosofía de vida—. Esa es una salida con tus amigos. Tus amigos íntimos. Y yo no soy parte de tu grupo como para tener el derecho de colarme en el viaje.


— Al diablo con lo que ellos puedan pensar... —respondió Stiles un poco consternado. No sabía realmente que ropa meter en el bolso—. Ellos no están en desacuerdo con que yo esté saliendo contigo. Les comenté de ti hace poco y están realmente... ¿emocionados? Como sea, no estarán ofendidos si te llevo. Además, la idea fue mía en un principio.


— Wow, toma un poco de aire —Audrey rió un poco al escuchar la diatriba de Stiles. Estaba un poco ruborizada si podía confesarlo; después de todo, no era muy común que Stiles hablara así de sus amigos, por lo que lo tomó como que realmente ella tenía un buen lugar—. No creo que sea bueno que digas eso así a la ligera; ellos son tus amigos y sus opiniones tienen peso. ¿Por qué no les compartes la idea a ver que opinan, y me devuelves la llamada?


— Audrey, ¿acaso no quieres ir? —Stiles se detuvo un momento y le dio pausa a su larga y rápida mente analítica. No había considerado ello: que Audrey no quisiera asistir al viaje—. ¡No lo digo como un reproche! Tan solo estoy pensando por primera vez que tal vez esto no es algo que tú quieres hacer, en especial porque te pedí una cita en solitario solamente para nosotros dos para mañana, y hoy mágicamente te estoy cambiando los planes sin consultarte... ¡Joder! Realmente soy un desconsiderado.


— ¡Stiles, respira! —Audrey regañó a través del teléfono al chico que comenzaba a hablar más y más rápido sin tomar en cuenta las reglas básicas de la respiración humana. Sonaba como si los pensamientos negativos fueran a orillarlo a sufrir un ataque de pánico (ya Stiles le había comentado que desde pequeño sufría de ataques de pánico)—. Stiles, toma un respiro... Sí, así. Inhala. Exhala. Muy bien... continúa... Ahora, no me malentiendas. Me sorprendió bastante escucharte decir que nuestra cita de mañana sería diferente porque me estabas invitando a acampar con tus amigos; eso no lo voy a negar. Pero no pienso que es incómodo en lo absoluto o que eres un desconsiderado por querer compartir conmigo mientras lo haces con tus amigos. Me gustaría bastante acompañarte mañana de viaje.


— ... ¿Hablas en serio?


— Por supuesto que estoy hablando en serio, Stiles —el chico casi pudo escuchar la sonrisa de Audrey—. Ahora bien, lo que trato de decirte realmente es qué no tengo ni la menor idea de como se tomen esta decisión tus amigos. Piénsalo de esta forma: estaremos todos acampando bajo las estrellas, y mientras ellos están riéndose de las anécdotas de la noche, tú y yo estaremos acaramelados frente a la fogata sin que lo notemos; tal vez eso rompa con la atmosfera.


    Stiles visualizó la escena a futuro y se encontró sonriendo bobamente ante la idea. Pasar la noche viendo las estrellas junto a la chica con la cual estaba tratando de crear un lazo más profundo mientras sus amigos dejaban salir su lado más salvaje en los alrededores simplemente le trajo paz...


    Él quería eso.


— No te preocupes, Audrey. Ellos entenderán. Así que empaca tus cosas. Mañana pasaré a buscarte después de que salga de clases.


    Y con una enorme sonrisa, Stiles escuchó la confirmación de Audrey y colgó el teléfono.


*


— No. Fin de la discusión —Derek atajó sin contemplación el aviso de Stiles en medio de la videollamada con la manada.


— ¿No? —Stiles preguntó una vez más con el mayor grado de ironía y burla que podía reunir en su interior. La manada veía la discusión entre los dos frentes con un enorme interés—. Los chicos no están en contra de la idea. Y prometieron no dejar al descubierto el lado sobrenatural a menos que sea estrictamente necesario. ¿Y tú simplemente llegas y me dices que no como si esto fuera una dictadura latinoamericana?


— ¿Ahora de que estás desvariando? —Derek gruñó totalmente irritado ante las absurdas comparaciones de Stiles—. Ella no puede venir, Stiles. Es una simple chica humana que no conoce la vida sobrenatural, que no sabe defenderse y que posiblemente será una carga para todo.


— ¿Te estás escuchando, Derek? —Ahora Stiles estaba molesto— Te estás expresando de Audrey como si fuera un absurdo idiota ignorante.


— ¡Jodeer! Esto es igual que ver a los padres de la familia pelear por un tercero en discordia —Erika comentó totalmente fascinada por la disputa mientras que el resto trataba de aguantar las risas y sus reacciones estupefactas.


— Te recomiendo que cuides las palabras con las que te expresas, Stiles. —el tono peligroso y oscuro de Derek pudo haber amedrentado a Stiles si el hombre no hubiera estado bien lejos de él.


— Entonces tú también debes cuidar las palabras con las que describes a Audrey. Y ella va a venir, y punto. La idea del viaje fue mía; y, por si fuera poco, no es mi culpa que tu decidieras acceder a la salida el mismo día en el que yo saldría con ella.


— ¿Ibas a salir con Audrey mañana? —Lydia y Allison quedaron totalmente escandalizadas con la revelación de Stiles—. ¡No me extraña que hubieras estado tan perdido cuando te hablé de los planes del viernes!


— No, Stiles. Ella no va a venir. No te atrevas a retarme. —la cámara no captó el tono bermellón de los iris de Derek, sin embargo, el destello dorado característico de las fallas de video se hizo presente.


— Entonces diviértanse sin mí. Si no quieres cambiar la fecha del viaje, o dejar que Audrey vaya conmigo, entonces supongo que no tengo cabida con ustedes en el viaje.


    Un enorme quejido de todo el grupo se levantó inmediatamente al unísono.


    Derek se quedó congelado. Sin embargo, su expresión era ese imborrable ceño fruncido, por lo que Stiles no lo tomó como el golpe bajo que había sido para Derek, sino más bien como una amenaza tonta y vacía.


— Y supongo que ni siquiera tendrás problema en ello, porque ni siquiera te molestaste en avisarme sobre la decisión que tomaste con un plan que YO mismo había propuesto —Y sin nada más que decir, Stiles se desconectó de la llamada.


    Sin ganas de pagar su frustración con la laptop, la dejó en el escritorio y se levantó totalmente molesto. Quería golpear algo. Lo que sea. Quería sacar de su interior esa irritante sensación de su interior.


    ¿Cuál era el maldito problema de Derek?


    No quiso hacer el viaje al principio cuando lo había propuesto, pero de repente, sin ningún tipo de consulta preliminar, ya había decidido que todo iban a viajar hacia otro estado en esa misma semana. Pero no quería dejar que la chica con la cual comenzaba a mostrar interés fuera por ser una simple humana. Él era un simple humano, y estaba al nivel de los lobos.


    Jodeeer.


    Derek era tan intransigente y ridículo como una piedra en medio del río tratando de impedir que el agua fluya.


    Stiles estaba a punto de llamar a Audrey para decirle que no irían al viaje, cuando un mensaje de texto llego a su teléfono.


«Hermano, no te preocupes. Mañana nos iremos todos después del instituto.


Dile a Audrey que se llevé el suéter más grueso que tenga.


Y por lo que más quieras; no provoques a Derek.»


    Stiles leyó el mensaje al menos durante cinco minutos y después sonrió.


— Espero que tengas un suéter lo suficientemente grueso, porque el frío del bosque no era gentil —Stiles le expresó a Audrey apenas ella hubo respondido la llamada—. Nos vemos mañana en la tarde.


    Y con la mente tranquila, Stiles colgó la llamada y se acostó en su cama como todo un ganador.


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Notas finales:

Aquí vengo yo otra vez con esa incesante manía de escribir historias tristes con finales felices que me hacen daño en el proceso. ♥♥♥

 


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