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My Way por borisgarc_

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Notas del fanfic:

¡Nueva historia!


Trataré de actualizar semanalmente, lo prometo.


Estoy muy emocionada con este fic, saben cuanto amo a los Black y necesito mostrar la forma en la que yo los veo.

Orion se encontraba en el salón del segundo piso, con una copa en la mano y con lagrimas corriendo por sus mejillas; Sonaba My Way de Frank Sinatra en su tocadiscos mientras observaba el tapiz familiar, no podía dejar de ver el nombre de sus hijos porque uno de ellos lamentablemente tenía las fechas de 1961-1979.


No quería creerlo, su pequeño Regulus ya no estaba con ellos, hace un mes que salió de casa y no volvió, nunca supo como había muerto, pero el grito que pegó su esposa al ver el tapiz ese día, no lo dejará dormir nunca.


Recuerda haber llegado al salón lo más rápido que pudo y la vio, Walburga estaba llorando en el suelo, con su mano sobre el nombre de Regulus, la ultima vez que la había visto tan desconsolada había sido el día de la huida de Sirius, cuatro años atrás.


Esa noche cuando volvían de la casa de su cuñado habían encontrado a Regulus llorando en la sala de estar, les había contado todo lo que había pasado, como descubrió que su hermano estaba por huir, y que le había pedido irse con él pero Regulus le había dicho que no podía. Ese día su esposa y su hijo menor habían llorando hasta quedarse dormidos en el cuarto de Sirius.


Él no había hecho nada, le costaba llorar, pero se había encerrado en su estudio por días, no se sentía bien para salir de ahí y enfrentar que su hijo los odiaba más de lo que imaginaban.


Sirius no vivía con ellos, pero sabían que estaba bien, le enviaban dinero con su cuñado Alphard y él les daba noticias de como estaba, pero esta vez era diferente, ese tapiz que tenían todas las casas en su familia mostraba el nombre de su bebé con fecha de muerte, ese día se derrumbó junto a su esposa y desde hace un mes ninguno de los dos paraba de llorar, ni siquiera hablaban con nadie, no tenían nada que decir.


El funeral había sido devastador para todos, incluso Sirius había ido, no lo había visto hace años y se sentía terrible al tener que verlo en esa situación.


Regulus era el menor de la familia y nadie podía creer que él ya no estuviera ahí, maldecía el día en que se dejó convencer de que era bueno que su hijo entrara a ese grupo de bárbaros, debió haberlo protegido más, Sirius tenía razón, ni él ni Walburga veían por sus hijos y eso era algo de lo que se arrepentiría toda su vida.


Así habían sido criados, no sabían como ser de otra forma, ellos creían que esa era la manera correcta, pero todo había sido un error, Sirius los odiaba y Regulus ya no estaba.


I did it my way” se escuchó la voz de su cantante favorito, esa canción le gustaba tanto, deseaba que fuera real, que él hubiera hecho las cosas a su manera, “I've loved, laughed and cried” la explosión que resonó en el salón provenía del tocadiscos hecho trizas por parte de su varita, toda su vida había sido un desperdicio, si no fuera por su familia nada habría valido la pena.


Walburga entró unos minutos después de escuchar el estruendo, se acercó a él y sin decir nada se recostó en su hombro y él como siempre pasó su mano por los hombros de su esposa, no hablaban solo se acompañaban en esa tristeza.


Su vida era mas monótona que de costumbre, ninguno quería hacer nada, ya no tenía caso vivir así.


Cinco meses habían pasado, la vida seguía siendo dura y el silencio en esa enorme casa era agotador.


- No quiero vivir así Orion.— Walburga había entrado a su estudio.


- Nunca tenemos lo que queremos Wal.


- ¿Y si hubiera una forma?


Orion observó fijamente a su esposa, tenía una mirada de determinación que solo podía significar una cosa.


- Encontré un viejo libro, estaba en la casa de mis padres, es magia muy antigua, es inestable y riesgoso, pero si funciona valdría la pena.


- ¿Qué es?


- Un ritual para resurgir, pero podríamos verlos y hacer todo otra vez, pero ahora de una forma diferente.


- ¿Qué hay que hacer?


- Dar la vida, ¿estás conmigo?


- Siempre.


El ritual era complejo, ambos tenían que dar su sangre, pero había un punto medio, debían déjala emanar hasta morir unos segundos y después entrar en un trance que los regrese a la vida.


Era magia tan antigua como los fundadores de Hogwarts, les llevó tres meses conseguir los ingredientes para la poción que debían ingerir antes de hacer el corte en sus venas y la preparación del ungüento que debían aplicarse sobre el corte al “regresar a la vida” necesitaba la energía de dos lunas nuevas, sabían que si no resultaba perderían la vida, pero no les importaba, solo querían regresar el tiempo y tener a sus hijos con ellos.


El ritual consistía en hacer un circulo de sal en el suelo con algunas runas dibujadas en el centro, ellos deberían estar dentro de éste en una posición de flor de loto y beber una poción que su ingrediente principal era la planta de la vida, en seguida tendrían que hacer un corte horizontal en las venas, tomar la daga con su mano dominante y cortar la otra mano, en este ritual se prohibe el uso de la varita, toda la magia tenía que emanar con su sangre y así tomados de las manos sentados uno frente al otro dejarían que la sangre llegue hasta las runas, mientras ponen toda su energía en volver a revivir, concentrados en ese momento de sus vidas, entraran en un trance, viajarán al pasado en su propia linea temporal, sin alteraciones, siendo ellos mismos y al saber que están ahí, usaran en ungüento para cerrar la herida.


Cualquier fallo en el ritual provocaría que se desangren y su alma jamas podrá regresar a sus cuerpos provocando así una muerte inminente.


Se habían preparado todo ese tiempo para lograr el ritual sin fallas, ya estaba por cumplirse un año de la muerte de su hijo menor y en los periódicos se anunciaba la muerte de los Potter y la traición de su hijo mayor hacia los que eran sus mejores amigos.


Ahora más que nunca sabían que tenían que volver, no creían que Sirius pudiera traicionar a Potter, sabían que su hijo le era leal a James, no podían permitir que pasara sus días en Azkaban por algo que no hizo, volverían en el tiempo y arreglarían todo, necesitaban ver a sus hijos sanos y a salvo.


Entraron en la biblioteca y al estilo muggle comenzaron a mover los muebles, no podían usar la varita y arruinar el ritual, colocaron el circulo, dibujaron las runas, Orion trajo su daga favorita, había pertenecido a un guerrero vikingo, sabía que esa les sería de mucha ayuda, era tan filosa que podía cortar con solo verla, su poción quedó lista y colocaron el ungüento junto a ellos para cuando despertaran.


Concentrados, tomados de la mano, dejando su sangre fluir podían sentir la humedad en sus mangas y el olor metálico podía llegar a sus fosas nasales.


Ambos se encontraban en un velo azul pastel, era como estar viendo en un pensadero, pero más pesado, su cuerpo no era liviano como le humo, eso era parte del ritual, cargar con todos los errores y si podías soportar ese peso eras digno de regresar a tu vida nuevamente, podían verse a ellos mismos, en el día en que los comprometieron, el día de su boda, el nacimiento de Sirius, el de Regulus, seguían avanzando y no estaban seguros donde parar, hasta que lo vieron, Regulus y Sirius desayunando en su cocina, era el verano de 1973, había sido el primer año en Hogwarts de Regulus y el año en que Sirius se empezó a distanciar de ellos, estaban seguros que ese era el momento indicado para empezar de nuevo.


Caminaron por su casa, llegaron a la biblioteca, acomodaron todo de la misma forma que habían acomodado para el ritual, todo era mucho más pesado, movieron los muebles, pusieron un circulo de sal, runas, se sentaron y tomaron el ungüento para ponerlo sobre la herida y lo sintieron, el aire volvió a sus pulmones con un suspiro enorme los dos abrieron los ojos, lo habían logrado.

Notas finales:

Espero que les haya gustado, nos leemos.


-Boris 


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