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Haku's Moving Castle por Bo_Pendragon

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Notas del fanfic:

Hace mucho que este ship me ha parecido muy chulo y al fin me animé a hacer un fanfic de ellos. Espero que os guste y lo disfrutéis tanto como yo escribiéndolo. 

La estructura que sigue el fic está inspirada en el Marauder!Crack de Irati. No tan guay ni de coña, pero mira por probar que no quede. 

Los personajes y universos no me pertenecen; el yaoi sí.

¡Gracias por leer!

Indecisión

Viento fresco, hojas secas y nubes en el cielo. El otoño empezando. Howl lo contempla desde la ventana más alta del Castillo. Está cumpliendo veinticuatro años y es la primera vez en toda su vida que no lo celebra. Tiene cosas más importantes que hacer ese día. Sobre su cama le espera una montaña de ropa. Lleva toda la tarde probándose una prenda tras otra y aún no ha decidido qué ponerse. El reloj marca casi las ocho. Suspira, deja la ventana y camina un poco por la habitación. Su propia imagen le devuelve la mirada desde el espejo. Tiene enormes ojos azules y el pelo corto y despeinado. Se lo ha teñido de rubio hace poco. Sabe que tiene que ir elegante, pero tiene demasiada ropa elegante. Joyas, eso es importante si quiere impresionar a su entrevistadora. Cuanto más brillantes mejor.

Chasquea los dedos y un conjunto que antes reposaba en la montaña de ropa aparece mágicamente sobre su cuerpo. Una blusa color lila, pantalón negro y una chaqueta blanca y beige con bordados de oro. Chasquea de nuevo. Pendientes de oro y diamantes a juego con todo lo demás, una cadena de la que pende un ópalo de fuego y tres anillos. Se peina un poco con las manos. Se mira en el espejo y lo que ve casi  le convence del todo. Suspira. Debe irse ya. Cuando está a punto de pasar por la puerta de su habitación, chasquea los dedos de nuevo y sus pies quedan cubiertos por un par de botas de cuero.

—Vas a llegar tarde —la voz de Cálcifer le recibe con reproches, como siempre. Por una vez la ignora. Gira la ruleta que hay al lado de la puerta, toma aire y abre. Al otro lado le espera un paisaje nocturno, neblinoso, con luces en la lejanía.

—Deséame suerte —dice sin más.

Cuando la puerta se cierra tras de sí  la mira un momento. Sólo una puerta en medio de un prado. Entonces empieza la transformación. Le salen plumas negras primero en los brazos, que se transforman en alas, luego en el resto del cuerpo. Transformarse en cuervo duele un poco, pero está acostumbrado. Alza el vuelo y se dirige hacia las luces.

 

Los baños termales de Yubaba

Debe admitir que el sitio es impresionante. Un laberinto de callejones iluminados por farolillos, coronado por un edificio majestuoso. Un cuervo gigante llamaría la atención en cualquier otro sitio, pero allí no. Howl se pregunta si las criaturas que caminan por esas calles, a cual más llamativa, son los famosos “dioses”. Seres espirituales que acuden allí desde diferentes mundos para tomar baños relajantes y descansar. Le gustaría mezclarse con la multitud y explorar cada rincón de ese sitio, pero no ha venido para eso. Vuela directo a lo más alto del edificio. Yubaba le espera en la terraza de su despacho, escrudiñando el aire con esos ojos saltones. Sonríe al verle y le saluda con la mano.

Las horas pasan y convencerla resulta más sencillo de lo que había pensado. Él la conoce. Primero hay que dejar que hable, que despotrique contra todo ser viviente. Luego halagarla. El truco de transformarse en cuervo se lo enseñó ella años atrás y sólo el haber llegado volando por medio de esa técnica ya ha servido para allanar el terreno. Howl realmente admira a esa mujer, aunque sean muy distintos, aunque no esté de acuerdo con sus  métodos. Sabe reconocer a una bruja poderosa cuando la ve y Yubaba siempre lo ha sido y siempre lo será.

—De todos los candidatos a llevarse al chico, tú eres el que más me convence.

—Aún no me has hablado de él.

Howl se echa para atrás en el asiento y Yubaba se frota las manos.

—Tiene un potencial inmenso, Howl. No es humano. Se trata del dios de un río que vino aquí después de que éste fuera secado por los hombres. Me pidió que le enseñara magia, a cambio trabajaría para mí.

Tiene que concentrarse para no parecer sorprendido.

—Con el tiempo olvidó su nombre y ahora me pertenece. Es mi posesión más preciada.

—¿Y qué puedo enseñarle yo que no puedas enseñarle tú?

La bruja sonríe debajo de esa inmensa nariz.

—He oído sobre tu última creación. ¿Un castillo “ambulante”? Querido, estoy segura de que se te ocurrirá algo. Yo aquí tengo muchas limitaciones. Mucho trabajo. Sería genial para Haku ver mundo durante un tiempo. Hay mucho que yo no puedo enseñarle.

 

Pacto de sangre

Nigihayami Kohaku Nushi

Las letras brillan sobre el papel. Yubaba ha dibujado un sello con su sangre y ahora le toca a él hacer lo mismo. La pluma, como todo en ese sitio, es mágica y al dibujar lo hace directamente con de un sospechoso color rojo. El joven mago nota como su piel se rasga por debajo de la ropa, pero finge que no le duele. Su trazo se entrelaza con el de la bruja. La sangre de ambos mezclándose en el papel.

Yubaba pasa la mano sobre el sello y éste se ilumina, se despega del pergamino y levita entre ambos. Desaparece. En ese momento Howl deja de sentir la herida. El nombre de su nuevo aprendiz comienza a disolverse del papel hasta que sólo queda “Haku”. Así es como deberá llamarle mientras le pertenezca.

 

Haku

Cuando le ve por primera vez su fachada se desmorona. No puede contener el asombro. Le sería imposible describir qué tiene delante. Un ser enorme y sinuoso, como una serpiente con cabeza de dragón y patas de ave. Su pelaje se agita con el viento de la noche. Aunque no hay luz puede intuir que es suave y brillante.

Howl se despide de la bruja y se transforma de nuevo. Se llena de plumas negras hasta quedar convertido en un cuervo gigante. Levanta el vuelo y el dragón le sigue, atravesando el aire con un movimiento acuático. La puerta les espera, silenciosa, en medio del prado. Aterrizan a su lado. El cuerpo de Howl se contrae, las plumas son reabsorbidas por su piel hasta desaparecer del todo. Ve cómo Haku se transforma a su lado, pero de un modo muy diferente: su imagen se hace cada vez más difusa hasta desaparecer, dejando un niño en el sitio donde antes estaba el dragón. Tiene la piel pálida y el pelo oscuro. Se inclina hacia él a modo de reverencia.

—Mis respetos, maestro. Soy Haku.

Howl se sonroja ante tanta formalidad.

—Encantado, Haku. Yo soy Howl —sujeta el pomo de la puerta—. Bienvenido a tu nueva casa.

 

El Castillo Ambulante

Howl deja las formalidades nada más cruzar la puerta.

—¿Qué te dije, Cálcifer? —hincha el pecho de orgullo mientras señala con una mano al muchacho que le acompaña— La tenía en el bote desde el principio.

El fuego de la chimenea abre los ojos como platos.

—¿Qué hay, chico?

Haku, serio y totalmente inexpresivo, le hace una reverencia.

—Soy Haku, es un placer estar aquí.

—Con que Haku. Yo me llamo Cálcifer y soy un demonio del fuego —al decir eso último se aviva, volviéndose azulado por un instante. Claramente pretendía impresionarle, pero el chico apenas cambia la expresión de su rostro.

—Sí, sí, muy intimidador. Vamos, Haku, te mostraré tu habitación.

Suben las escaleras, estrechas, de madera. Los escalones crujen a su paso. La habitación que Howl ha preparado para su pupilo es espaciosa y con una gran ventana. Las pertenencias del chico le esperan sobre la cama, fruto de un hechizo de su maestra. Howl, coleccionista nato de todo tipo de cosas, se pregunta cómo el equipaje para un viaje de tiempo indefinido puede caber en una sola caja.

Le enseña el resto del castillo, a excepción de la habitación del último piso, su dormitorio. Haku muestra especial interés en la sala de máquinas, la cual funciona con el calor de Cálcifer. Tras el pequeño tour le ofrece algo de cenar. El niño parece contrariado con el hecho de que en ese mundo se duerma por la noche en vez de durante el día, pero asiente a todo lo que Howl le dice.

.

—Entonces, ¿qué tipo de trabajos realizas para Yubaba exactamente?

Están sentados en dos butacas al lado de Cálcifer, calentándose, con el estómago lleno.

—Sería poco profesional hablar de eso. Sólo diré que me manda a “hacer recados”. Y a veces actúo con los demás bailarines en las terrazas.

Le manda a robar. Howl lo sabe aunque el chico no quiera decirlo.

—¡Me encanta bailar! Puedes enseñarme pasos algún día.

Haku asiente. Aún no ha sonreído ni una sola vez desde que le conoce. Le cuesta creer que sea un niño, es demasiado frío. Sus ojos, de un verde amarillento, se muestran igual de solemnes que los del dragón. Al cabo de un rato le manda a dormir, o a intentarlo ya que tienen horarios de sueño totalmente opuestos. Cuando se queda solo con Cálcifer, suspira y se frota la cara con frustración.

—¿Pero qué le pasa?

— Es normal, será así al principio. No olvides que esa vieja bruja le trata como a un esclavo.

—Un esclavo. Yo no voy a tratarle como a un esclavo. Ya verás, voy a hacer que se divierta. Jamás olvidará el tiempo que pase aquí.

Notas finales:

Espero que os haya gustado! Gracias por leer y nos vemos en el próximo:)


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