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Go back in time: First year. por Nakamura Yuuki

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Notas del fanfic:

este es mi Twitter: @vodkagay__
No estoy muy activa, pero pueden ir y llorar sobre cualquier ship del que escriba conmigo ah

"Comienza con un final"

Draco no había sido nunca un amigo de Potter, quizás en algún momento de la guerra habían llegado a una tregua tácita, en la que él lo ayudaba a huir de Malfoy Manor y Potter salvaría el mundo.

No sabe en qué momento, sin embargo, todo se fue al demonio. Quizás fue cuando decidió que seguir fingiendo lealtad al señor oscuro en medio de Hogwarts era lo más ridículo de la vida. Entonces había ayudado al trio de oro, pero el friendfyre estaba allí en un segundo, y Potter estaba tratando de salvarlo, el fuego era abrazador, demasiado cerca de él... y podría haber consumido al otro también, y eso no era algo que se pudiera permitir. Por una vez en su vida pensó en el bien de otros, y no solo en el propio. Vio a los ojos del que fue su rival del colegio con decidida resolución, y captó el horror puro en esos brillantes ojos verdes antes de dejarse caer al fuego.

Todo se acabó casi inmediatamente.

Y entonces... se levantó de la cama, estaba sudando, su cuerpo demasiado caliente para ser normal.

Miró a su alrededor, notando que estaba en su propia habitación... pero inclusive esta se veía diferente. Los cuadros, los libros y el orden mismo eran muy diferente a la habitación de Draco, se parecía más a como estaba antes de irse por primera vez a Hogwarts-

Salió de un brinco de la cama, estremeciéndose ante el contraste de calor entre su cuerpo y su entorno. Corrió al gran espejo que tenía en el baño, casi cayéndose de bruces en la puerta, sus ojos grises miraron con horror y algo de asombro hacia el reflejo.

Su yo de once años estaba devolviéndole la mirada. Entonces se miró a sí mismo, no solo al reflejo, y se dio cuenta de que su cuerpo era más pequeño, no había rastros de marca oscura o las cicatrices por el sectumsempra de Potter. Y ni siquiera pudo comenzar a pensar en que todo lo anterior había sido un sueño, porque la ropa que tenía encima estaba jodidamente quemada en algunas partes, e incluso tenia hollín en la cara.

Él había muerto. Se incineró... pero entonces, ¿Por qué estaba aquí ahora? ¿Cómo es que estaba ahí?

Respiró profundamente, tratando de calmar sus arremolinados pensamientos, tratando de entender. ¿Era esto una recompensa por sacrificarse? ¿Una oportunidad para cambiarlo todo, para hacerlo mejor?

Escuchó pasos fuera de su habitación, y cerró rápidamente la puerta del baño. No tenía forma de explicar la ropa quemada, no ahora, pero si tenía algo de tiempo podría pedirle a un elfo que se deshiciera de ello, ¿correcto?

Pensó rápidamente en cómo mantenerse en el baño sin que la otra persona sospechara, pero los golpes en su puerta principal llegaron demasiado pronto.

— ¿Draco? ¿Estás despierto? —la voz de su madre resonó por el amplio espacio vacío, y Draco nunca fue tan consiente de lo enorme y hueco que era todo en esa casa, llena de nada más que expectativas, exigencias y prejuicios idealistas que no harían nada más que llevarlos a su final.

Pero Draco no sería así, no de nuevo. El juicio de su padre ya no era algo que tuviera importancia en su mente, no sabiendo a donde los llevaría. No. Él tenía un mejor plan, uno en el que no terminaba muerto.

—Sí, madre. Estoy despierto.

Mucho más de lo que nunca estuvo.

—Perfecto, hijo. Apresúrate a vestirte y bajar a desayunar, hoy iremos a comprar tus cosas para Hogwarts.

El sonido casi silencioso de su vestido arrastrándose fuera le dio la pauta de que estaba solo. Pensó durante un minuto a cuál de los elfos debía de llamar, quién de ellos no iba a decir nada-

Se apresuró a sacarse el pijama arruinado cuando lo recordó, aquel elfo que lo había ayudado a sacar al trio de oro y otros más de la mansión. Sí, claro. Dobby.

— ¡Dobby!—llamó, ansioso por deshacerse de la ropa de una buena vez. El ruidoso crack le avisó de la presencia del elfo en su habitación.

— ¿Si, joven amo Malfoy, señor? ¿Qué necesita de Dobby? —la aguda y temblorosa voz le trajo una paz infundada, casi familiaridad.

—Necesito que te deshagas de un... pijama destrozado. —Escuchó un chillido de entendimiento—. Y no quiero que nadie se entere de esto, Dobby. Nadie.

Otra afirmación y dejó caer el pijama a sus pies, escuchando un chasquido más afuera, y la ropa desapareció. Suspiró aliviado, apoyándose contra la puerta.

—Gracias, Dobby. —habló de nuevo, una exclamación ahogada de parte de la pequeña criatura, y varios balbuceos que no se tomó el tiempo necesario de descifrar. Dejó unos minutos de eso y luego suspiró—. Puedes irte, seguro estabas ocupado... lamento haberte distraído.

Bien, se había disculpado con un elfo, ¿cuán afectado lo había dejado el convivir con el señor oscuro, mortífagos, una guerra y morir? Lo suficiente, al parecer.

Se preparó casi en automático, sin atreverse a mirar otra vez al espejo. Le era sumamente extraño estar de nuevo en aquella etapa de su vida, más aun sabiendo todo lo que vendría sobre ellos.

Y lo que él haría... o habría hecho en un pasado, ¿o futuro? Como sea, eso no estaba pasando nuevamente. Por una vez en su vida tomaría las riendas de la situación. Su padre no iba a decirle cómo manejarse, no de ahora en más.

Bajó a desayunar, barbilla en alto y una mirada mucho más... conocedora, casi milenaria, teniendo un brillo joven, pero conocimientos antiguos. Una antítesis en sí mismo.

No dijo nada durante la comida, escuchando silenciosamente a sus padres jactarse de lo que sea de lo que estuviesen hablando. Draco a veces entendía porque era como era, pero en otra solo quería evaporarlos, para no tener que ser como ellos. Nunca más.

Continuó su trato silencioso durante su caminada por Diagon Alley, sus padres le habían estado lanzando miradas confundidas, incluso llegando al extremo de pararse en el escaparate de Quality Articles for Quidditch, tratando de obtener una reacción, pero Draco apenas y parpadeo hacia la escoba.

Cuando llegaron a Madam Malkin, sin embargo, su hijo les pidió que fueran por sus otras cosas, porque estaba irritado al estar rodeado de tanta gente, Lucius podría haberlo reprendido, pero Narcisa lo apremió a irse rápidamente. Ella tampoco estaba cómoda en lugares tan abarrotados, así que creía que entendía un poco a su hijo.

Poco sabia ella que lo que Draco estaba haciendo realmente era despacharlos para poder tener su encuentro con Harry Potter y empezar a mover sus piezas con cuidado. La partida estaba dando inicio desde ese momento, y Draco tenía que concentrarse en no perder esta partida porque no tenía otra oportunidad.

Entró a la tienda, siendo recibido por la regordeta mujer, una sonrisa amable y pasos rápidos. Pronto estaba sobre un taburete, quieto para no estorbarle a la mujer, y también para no ser apuñalado por un alfiler.

La campanilla sonó, pero Draco se concentró en mantener sus ojos puestos en sus pies. Sabía lo que venía, sabía que había sido... desagradable. Y que tenía que cambiarlo, pero no estaba realmente seguro de que a Potter le cayera en gracia su yo actual.

Escuchó el traqueteo del banco tambaleándose ante el peso extra y miró finalmente hacia arriba. Ojos verdes con destellos dorados lo miraron con nerviosismo, y Draco por primera vez vio a Harry Potter bajo otra luz. La primera vez que se habían topado, Draco no había prestado atención al niño, solo quería hablar un poco sin importarle en lo absoluto su apariencia o de donde venía. Mucho menos quien era...pero, ahora que sabía quién era la persona con la que hablaba, todo tenía una tonalidad diferente, casi ensombrecida en el brillante lugar.

—Hola. —Habló, con tranquilidad conciliadora, esta vez— ¿También Hogwarts, mh?

El azabache lo miro con ojos grandes, como si estuviese esperando que le empezara a gritar en la cara, ¿cómo no se dio cuenta la primera vez? Draco no lo sabe. No es que importe mucho ahora. Harry asintió, un destello de emoción brilló en él, Draco asintió de vuelta.

— ¿Cómo llevas las compras? Yo ya quiero irme a mi casa, hay mucha gente empujándose ahí afuera. —se quejó, lanzando un suspiro exasperado, volviendo a mirar a la bruja que estaba arreglando su túnica, asegurándose de que no la había molestado al moverse, se encontró con una pequeña sonrisa y se volvió hacia Potter.

— ¡Es una locura! Hay tantas personas... y tantas cosas extrañas. —casi jadeó, emoción real en ello. Luego lució avergonzado y carraspeó—. Pero Hagrid está ayudándome hoy, así no me pierdo, o algo.

El rubio asintió, entendiendo. La primera vez que pisó el Diagon Alley también se quedó sorprendido, y eso que él vivía en la sociedad mágica, ya estaba expuesto a todo ese mundo desde muy pequeño, pero Diagon Alley era completamente otra cosa, sin importar de cual familia seas.

—Lo sé, es una completa locura ver tantas cosas mágicas en un solo lugar. —se rió, sintiéndose un poco raro. Hace meses que ni siquiera podía sonreír, por lo que se preguntó si esto era solo energía nerviosa saliendo de diferentes formas.

Potter asintió con fervor, dándole la razón, y Draco sintió un suave tirón en la comisura de sus labios, casi sonriéndole a Harry Potter.

La voz de Madam Malkin interrumpió su charla, y fue entonces cuando el chico debía irse. El azabache lo volteo a ver y Draco le sonrió con tranquilidad, sacudiendo una de sus manos hacia él.

—Nos vemos en Hogwarts. —despidió al azabache, quien volvió a asentir y correr hacia la puerta ni siquiera diciendo su nombre. Y Draco casi rodó los ojos ante la falta de cortesía, pero ya conocía a Potter, así que no le dio más vueltas.

Fue horas más tarde, sentado en el alféizar de su ventana cuando se puso a pensar lo que podía recordar de los primeros años. El tercer piso en primer año, la cámara de los secretos en el segundo, Black en el tercero-

Miró hacia sus manos cuando recordó esa parte. Black era familia suya, en algún grado, pero después de tercer año el simplemente había desaparecido, y Potter ni siquiera lucía preocupado por eso.

Había algo raro, algo que Draco tendría que averiguar, porque había escuchado muchas cosas estando entre mortífagos, pero de lo que nunca se habló realmente era de la ausencia de Black, más parecía que lo odiaban, sobre todo su tía Bellatrix... y ese hombre con cara de roedor.

Necesitaba ponerse en marcha, por lo que se dirigió con cautela hasta la biblioteca de Malfoy Manor, dispuesto a saquearla y encontrar toda la información posible, incluso sacaría documentos de la oficina de su padre. Estaba cansado de los secretos, y si nadie estaba dispuesto a ser sincero, entonces él se enteraría a la fuerza.

 

Notas finales:

Well, hi.

Ahre, que se hacia la gringa.

esta es mi primera historia de este ship, y estoy asustada ah

Seguro no me lee ni mi vieja, pero el intento está.


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