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Dragones por yukihime200

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Notas del capitulo:

Tengo un par de cosas que deberían saber. 

1. No tengo idea de dónde irá a parar esta historia jajaja todo va saliendo de manera espontánea.

2. Debido a la primera, no tengo idea de cuántos capítulos tendrá. 

No molesto más. Disfruten la lectura si les ha gustado :3

2. Omega altanero

 

Río no objetó a la frase dicha por el sujeto, sin embargo no pudo frenar el escalofrío que recorrió su cuerpo con tal declaración, el aliento tibio calentó su oído y causó la pilo erección de los vellos en su nuca causando un extraño sentimiento placentero que quiso enterrar de inmediato.

Se sentó con tranquilidad apoyando la cabeza contra la ventana en un gesto resignado y pudo sentir como su acompañante tomaba lugar a su lado después de subir detrás de él, pero esa era la menor de sus preocupaciones. En aquél reflejo un par de ojos dorados le devolvían la mirada. Pasó su mano izquierda de una manera lenta por su rostro para asegurar que esas eran sus acciones delineando con cuidado el contorno de sus ojos y el fino arco de su nariz. Cabello rojo dorado que brillaba como el fuego se removía un poco desafiando la gravedad, y observó como todo eso resaltaba un rostro fino y delicado pero a la vez muy varonil. Podía notar que la carne y músculo que rodeaba los huesos de sus pómulos se encontraban en una proporción saludable; nada igual a como era antes.

Dudaba que fuera un sueño, el dolor en sus músculos era demasiado notable y duradero como para serlo.

—¿No hablas? —lo sobresaltó la profunda voz que venía del hombre, que ahora que detallaba era bastante guapo pero él lo había abandonado en un rincón de su mente al estar tan absorto en su nueva imagen. Piel trigueña, cabello negro y rebelde, el notable ángulo de su mandíbula, unos hermosos ojos verdes, ese olor tan atrayente; todo eso le daba la bienvenida, y si ya pensaba que ese sujeto era agraciado la vista se veía aún mejor con su ceja elevada en un gesto altanero como el que hacía ahora.

—Puedo hablar a la perfección —Dios, ni siquiera su voz era igual, sin sonar ronca ni rasposa, era melodiosa, como si cada palabra saliera cantando o estuviese hablando con dulzura ¿Es que era una sirena acaso?

—Tu nombre.

—Río.

En ese breve intercambio de palabras el joven pudo identificar un par de cosas. Uno, el intento del gran macho alfa a su lado por ser grosero no había funcionado, de haberlo querido ni siquiera le hubiese dirigido la palabra, lo cual le llevaba a su segunda conclusión; ese sujeto era un hombre amable, lo que le parecía extraño teniendo en cuenta que cabía la posibilidad de que fuera alguien de la mafia. Soltó un suspiro exasperado al caer en cuenta que siempre terminaba envuelto con tipos así.

El resto del camino se mantuvieron en silencio mirando cada uno por su ventana mientras el carruaje –que extrañamente aún tenían como único transporte en ese mundo– avanzaba por las calles hasta llegar a una hermosa mansión en las afueras de la ciudad llena de vida, a la que poco le faltaba para ser nombrada castillo.

—Señor Nova, bienvenido —un sirviente se acercó y abrió la puerta mientras le ofrecía una reverencia a su señor, quien inesperadamente le dio las gracias y al bajar se quedó junto al carro elevando su mano. Río no tuvo que pensarlo mucho, el “señor Nova” estaba siendo educado con él, así que tomó su mano en silencio y le siguió el paso al igual que el séquito de sirvientes bajo su mando atravesando juntos el amplio jardín plagado de flores y árboles que embellecían la vista hasta alcanzar las puertas dobles que daban ingreso al hogar.

—¡Leon! —la voz aguda y cantarina le llamó la atención de inmediato. Bajando las escaleras con presura de dos en dos venía una hermosa señorita, con su pomposo vestido de un color rosa claro y sus rizos de un hermoso color cobrizo que revoloteaban con cada salto. Le recordaba un poco a su adorada Luna.

Ya podía imaginar de qué se trataba todo. Apostaba a que ella era la señorita con la que el hombre se acostaba o la que tenía el sueño de casarse con él, eso ponía a Río como la manzana de la discordia y a quién con probabilidad le harían la vida imposible, puesto que seguramente había sido comprado con el propósito de ser un amante o algo similar, típico de los ricos o pervertidos. La parecía tan cliché.

Pero se equivocó.

En vez de lanzarse a los brazos del apuesto hombre que tenía a su lado se dirigió de inmediato al pelirrojo para bombardearlo con preguntas.

—¿Cómo te llamas? ¿Qué edad tienes? ¿Mi hermano ya te dijo que va a casarse contigo? ¿Eres un omega? ¿Por qué no hueles como tal? —la efusiva señorita habló tan rápido que pareciera ni siquiera respirar entre cada consulta, al contrario del muchacho quién comenzó a responder con calma.

—Mi nombre es Río, señorita. Tengo 23. No tenía idea de que fuéramos a contraer matrimonio. ¿Qué es un omega? —Todos los presentes, incluso la servidumbre, le miraron como si de pronto una segunda cabeza le hubiese surgido ¿Tan extraña era su pregunta?

—Hermano, ¿ni siquiera le has explicado lo básico?

—No, bueno, no pensé que fuera necesario.

—Está bien, yo me encargaré de todo —no podía entender si era su mente la que estaba trabajando muy lento o si era esa delicada chica bulliciosa demasiado rápida, porque para cuando procesó el mini diálogo entre ella y su hermano ya se encontraba dentro de un gran baño rodeado de doncellas que manoseaban su cuerpo buscando remover cualquier suciedad que le cubriera— Entonces, ¿de verdad no tienes idea de los otros géneros del mundo?

—¿Me creería si le digo que no recuerdo nada más que mi nombre y mi edad?

—Te creo —Río la miró a los ojos por unos instantes, buscando cualquier indicio de mentira o alguna broma aproximándose, aunque no podría quejarse puesto que él hacía lo mismo. No lo encontró. Al parecer ella era incluso mejor persona que su hermano, probablemente ingenua podría decir—. Déjame contarte entonces. Femenino y masculino no son los únicos géneros que existen en este mundo, a parte de esos existen otros que son independientes de tu sexo, como lo son los alfas, betas y omegas —. Río asintió con su cabeza sin soltar palabra para indicar que entendía y que ella no perdiera el hilo—. Los alfas son la élite de la sociedad, no hay mucho que decir, salvo que son buenos en todo lo que hacen y los omegas caen rendidos a sus pies. Luego están los betas, ¿se podría decir que ellos son gente común? Por último están los omegas, generalmente son muy delicados. Algunas familias tienden a cuidarlos mucho, y algunas hacen lo que seguramente te hicieron a ti, venden omegas o los dejan a su suerte dado que no los consideran muy útiles salvo para reproducción.

—¿Qué hay con el olor? Tú hueles muy dulce, como miel —la pregunta estuvo rondando en su cabeza desde que despertó en esa subasta, dado que estaba seguro que el aroma que sentía no era ningún perfume artificial vendido en las tiendas, era demasiado potente para eso.

—Son feromonas. Alfas y omegas las desprenden para atraer o encontrar a su pareja.

—Ya veo ¿Por eso tu hermano huele tan bien?

—Así es, por eso mi hermano…Espera ¿dijiste que mi hermano huele bien?

—¿Es un problema?

—Para nada, es solo que nadie podía sentir su olor. Esto es muy interesante. Tal vez parece que tú también eres diferente —la última frase abandonó sus labios como un susurro que el chico no alcanzó a escuchar, y sus labios se fruncieron aguantando la risa que se formó al pensar en un plan no maquiavélico.

 

La adolescente, que al final se identificó como Lía, lo terminó arrastrando por toda la vivienda luego de que se colocara la ropa que le habían dado antes de terminar el baño. Era una escena extraña, en la que todo criado que los veía podía apreciar a una hermosa señorita de la nobleza y a su sirviente, que si bien no iba mal vestido con esa camisa blanca y pantalones hasta la pantorrilla que resaltaban su esbelta figura, jamás podría llegar a igualar la belleza de aquella joven.

Debía admitir que se estaba divirtiendo, ojalá Marie y Luna estuvieran con él disfrutando, pero estaba seguro de que ahora tenían una buena vida. Todo era excelente, admitía que dentro de él esperaba ser tratado como un esclavo y tener que luchar contra todos para salvar su vida, pero eso no fue necesario. Sí, todo era excelente; hasta que se topó con un sirviente, o lo que él creía que era uno.

—¿Ian? Oh, por Dios. Eres tú —Río lo había olvidado. Asumió tan rápido estar en este lugar que olvidó un detalle tan importante como lo era el hecho de ser alguien ajeno a ese cuerpo.

El sirviente, si se le podía llamar así, que iba vestido en un elegante traje negro –que le recordaban a sus muy probablemente asesinos–, lo observó con sus llamativos ojos grises un momento y luego se inclinó sobre él hasta que ambas frentes se tocaron. Lía se veía un poco molesta, pero ella no podía hablar por Río y exigirle a ese nuevo guardia contratado por su hermano que no se acercara a su futuro cuñado, aún si ese alfa estaba tratando de marcarlo de una manera poco sutil.

Río comenzó a enojarse, no tanto por el olor tan potente que desprendía el sujeto y casi le hacía tener arcadas, sino por la confianza tan invasiva que estaba demostrando, puesto que la personalidad entre Río e Ian era distinta, como el cielo y la tierra. Por eso cuando los minutos pasaban y ese sujeto continuaba ahí tratando de ahogarlo con sus feromonas, la paciencia de Río llegó a su límite.

Nadie supo cómo ni cuándo, pero de un parpadeo a otro el atractivo chico alfa se encontraba boca abajo en el piso atrapado con una llave que amenazaba con dislocar su hombro.

—¿Qué sucede aquí? —por el pasillo apareció Leon Nova. Se había quedado estático ante la situación que observaba. Lía, quien tenía sus manos en la boca por la sorpresa, se apresuró hasta llegar junto a su hermano.

—Leon, detenlo. Estoy segura que Río le romperá algo —no estaba lejos de la verdad, solo bastaba un pequeño empuje más y ese hombro quedaría inutilizado con seguridad para siempre gracias al pelirrojo. El amo Nova se acercó a los dos sujetos en el suelo y tocó el hombro de Río para llamar su atención. No hacía falta ser un genio para saber por qué su futuro consorte estaba tan furioso –al menos según él–, dado que el lugar apestaba a feromonas de alfa. Trató de imponerse un poco para ver si el omega reaccionaba y éste respondió de inmediato soltando al apaleado oji gris y girándose a verlo. Solo él pudo observar como la pupila rasgada de Río volvía a la redondez normal y su rostro se tornaba indiferente, como si el sacarle el brazo a alguien fuera cosa de todos los días.

Se giró de vuelta por donde vino arrastrando consigo al veinteañero luego de que se levantara y a su hermana, y al pasar al lado de uno de sus sirvientes exclamó.

—Está despedido. Que todas sus cosas estén fuera de la mansión en menos de quince minutos.

Un extraño sentimiento de satisfacción se removió en sus entrañas mientras miraba de reojo al chico de cabello flameante que iba a su lado. Si antes algo en él le había resultado llamativo ahora la sensación era aún mayor.

 

***

 

—¡Fue increíble, debiste haberlo visto hermano! Un momento fue como, “oh, te extrañé tanto” y al siguiente fue algo como ¡bam! “suéltame idiota”. Río estuvo estupendo —Lía olvidó todos los modales y maneras de parecer una señorita de la alta sociedad mientras relataba el suceso moviendo su cuerpo de una manera efusiva e imitando las voces de los protagonistas de la escena en camino al gran comedor.

Río no se sentía avergonzado para nada, sabía de sobra que sus habilidades en combate eran excelentes, mucho mejor aún con este cuerpo nutrido.

—Ya veo. Puedo imaginarlo tal cual dices, querida.

Una tercera voz desconocida hizo que el pelirrojo se tensara, y hubiese saltado cual gato asustado si Leon no siguiera con su mano sujetándolo de un hombro. No había sentido su presencia para nada.

—¡Padre! —Lía se tiró a los brazos tonificados del anciano recién llegado a quién Río estaba escaneando. Su cabello corto, tan desordenado como el de su hijo mayor, era de un color tan blanco como la nieve revelando su avanzada edad. Sus ojos se cerraban mientras le sonreía a su princesa y el gesto se veía aún más agradable dado que era enmarcado por unas cuantas arrugas en el borde de su boca y ojos. Y si bien iba vestido con un pijama, su mera presencia hacía que se viera elegante, como un rey.

—¿Por qué no nos sentamos a desayunar y me cuentas todo lo que sucedió otra vez?

Río cayó en cuenta entonces que había perdido la noción del tiempo con los sucesos ocurridos entre aquél lugar y este. Recordó que el cielo aún estaba oscuro cuando Leon lo metió al carruaje y recién aclarando cuando arribaron. Ahora el sol entraba por la ventana iluminando todo el lugar. ¿Tantas horas pasó de aquí a allá con la chiquilla?

—Entonces, ¿Río, verdad?

—Sí, señor.

—Bienvenido a la familia —el tenedor que estaba en su mano se quedó en el inicio del camino al escuchar esa frase que salió casual, y por un instante pensó que había oído mal hasta que reparó en la expresión del adulto ¿Realmente iba a tener que casarse? No estaba preparado. Ni siquiera le interesaban las personas de una manera en la que quisiera dedicar toda su vida para una pareja. Era obvio que el patriarca había visto su debate interno—. Tranquilo. Nadie te obligará a nada.

Ya había escuchado esa frase antes, por lo general cuando encontraba un nuevo jefe en sus andanzas. Es la típica amenaza oculta que decía “no importa, puedes reusarte todo el tiempo que quieras, de todas formas no podrás salir de aquí y tendrás que hacerlo igual”. Bueno, de cualquier modo Río no tenía pensado escapar si lo trataban tan bien todo el tiempo. Aún si se tenía que casar con un chico.

El tiempo en familia pasó alegre entre las conversaciones padre e hija. Podría acostumbrarse a eso.

—Pero bueno. Solo hemos hablado nosotros dos y los prometidos nada. Ya que trajiste a este chico como consorte entonces deberías hacerte cargo, Leon —oh, diablos. Podía sentir la discusión incómoda aproximarse.

—No es que lo haya escogido. Te recuerdo que tú me obligaste a ir por un omega.

—¡Hermano!

—El joven Nova tiene razón. Sin embargo, el patriarca de la familia ya me ha dado la bienvenida ¿No piensas respetar su decisión? —Río sabía que su forma de hablar era altanera, y ni siquiera estaba seguro de si quería decir eso, pero no pensaba retractarse para nada.

Lo que Río no sabía, es que bajo esa máscara de arrogancia y molestia que el otro ponía al discutir con su padre, su futuro esposo gozaba de su actitud fuerte, puesto que cada cosa que el pelirrojo hacía o decía iba contra todo lo que pensaba serían sus acciones.


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