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Fortune Cookie por BlackHime13

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Notas del fanfic:

Los personajes no me pertenecen a mi sino a Kishimoto-sensei (desgraciadamente) (=^w=^)

Notas del capitulo:

¡Holaaaa! Pues aquí os traigo un corto oneshot SasuNaru. No es muy largo, pero eso es debido a que lo escribí como un regalo de cumpleaños para una amiga nwn

Está basado en el siguiente promp: "¡Una divertida e improbable galleta de la fortuna resultó estar en lo cierto!"

Todo empezó igual que siempre lo hacía, con sus amigos queriendo hacer el tonto. Por su culpa la mayoría de las ocasiones terminaban castigados ya fuese por los profesores o sus progenitores. Afortunadamente la idea que se le ocurrió en esta ocasión a su mejor amigo no tenía por qué acabar de mala forma. Era algo relativamente sencillo y no causaría ningún tipo de daño, o al menos eso era lo que esperaban.


Para comprender mejor la situación se debe explicar que la sociedad está compuesta por tres tipos de personas: 1º están los varones, 2º las doncellas, 3º y último los donceles. Básicamente son hombres, mujeres y hombres con la capacidad de engendrar vida. Esa calificación era confusa por lo que se creó una nueva forma de llamar a estos últimos.


Durante años los varones se encontraban en lo alto de la jerarquía social, siendo empresarios, doctores, abogados… ellos obtenían los trabajos más importantes y mejor remunerados, mientras que las doncellas y donceles solo podían optar por los ámbitos más familiares como educación infantil, enfermería, etc., además de ser los que mayoritariamente se quedarían en casa una vez llegaran niños a sus vidas.


Por lo tanto era de esperar que durante sus años lectivos se les enseñara a hacerse cargo de todos los temas relacionados con los quehaceres del hogar, ya fuese cocinar, lavar y planchar, coser… aquel era su ámbito de estudio. Hoy en día las opciones de trabajo habían aumentado para ellos y ahora podían optar por otro tipo de carreras y oficios, aunque en la mayoría de las escuelas continuaban impartiendo estas clases dado que seguían considerándose algo importante de saber de cara al futuro.


En su escuela era obligatorio que tanto doncellas como donceles asistieran a clases de economía doméstica, talleres de costura, jardinería, etc. Aquel día iban a dedicar la clase de cocina a la comida asiática, más específicamente a la china. Durante la semana tenían tres clases de cocina y durante la clase del miércoles su mejor amigo, Inuzuka Kiba, decidió proponer algo a su profesor y compañeros. El joven de cabellos castaños comentó que sería divertido crear galletas de la fortuna para toda la clase y a muchos pareció interesarles la idea.


Acordaron que lo harían el viernes, dado que aquella sería su última clase de la semana, y que los mensajes debían ser algo divertido, algo que pudiera alegrar a sus compañeros, dejando claro que mensajes de mal augurio no estaban permitidos. Sinceramente él no sabía muy bien qué esperar de estas puesto que durante los siguientes dos días no había dejado de oír a sus compañeros y amigos hablar del tema, sobre los mensajes que les gustaría poner y algunos eran… particulares por no tener una mejor palabra que utilizar. Así que ahora que se encontraba frente a una gran montaña de galletas rellenas de mensajes escritos por adolescentes hormonales… sentía cierta aprensión por lo que se avecinaba, por el caos que de seguro estas traerán a su alrededor en cuestión de minutos.


- Naruto, deja de mirar las galletas como si el mundo fuese a terminarse por su culpa. – oyó que decían a su espalda. Giró para mirar con una ceja alzada a su mejor amigo el cual le observaba con los brazos cruzados.


- ¿Terminaste tus platos? – inquirió el rubio mirando en dirección a la mesa que compartían ambos y viendo la comida ya servida.


- Para que sepas que sí los acabé e Iruka-sensei incluso dijo que aprobé. – anunció con una sonrisa de oreja a oreja.


- Sería la primera vez. – dijo en tono burlón el de ojos como zafiros al tiempo en que se acercaba a inspeccionar el trabajo de su amigo.


- ¡Hey! Puede que no sea el mejor y que en ocasiones no me salga la comida del todo bien, pero a veces los dioses están de mi parte. – se quejó el de cabellos castaños cosa que hizo reír al contrario.


- Bueno… al menos esta vez no incineraste los ingredientes. – mencionó señalando uno de los platos sobre la mesa, el cual dejaba ver algunas partes quemadas, pero generalmente tenía buena pinta.


- Si… debo reconocer que lo hice mejor de lo esperado. – confesó rascándose la nuca nerviosamente.


- Hmm… - asintió el rubio, admirando el resultado de su trabajo. Ese día los tres platos a cocinar habían sido: Mapo Doufu, Zongzi y Chow Mein. Cuando vio la elección de Iruka-sensei para ese día le sorprendió, pero al mismo tiempo se sintió emocionado de intentar preparar un plato conocido por ser bastante picante. Podía admitir que había sido una de sus mejores creaciones y el castaño mayor estuvo de acuerdo después de haberlo probado.


- Por cierto… ¿por qué mirabas las galletas con tanto desdén? – preguntó Kiba al ojiazul.


- Porque sé que algunos de los presentes escribió alguna estupidez muy grande. – respondió mirando inquisitivamente a su mejor amigo quien alzó ambas manos en son de defensa.


- Te juro que no puse nada inapropiado. – juró rápidamente al ver como el rubio le juzgaba con sus cristalinos orbes zafiro.


- Ya… ¿y por qué hay tantos de ellos? A penas y somos 20 en clase. – gruñó mirando a los dulces que reposaban allí, de forma inocente, pero él era muy consciente del desastre que contenían en su interior.


- Bueno… era difícil escoger un solo mensaje y sería aburrido tener opciones limitadas así que concluimos que sería buena idea que cada persona hiciera dos mensajes. – explicó el de ojos color miel.


- ¿Y qué haremos con las 20 galletas que sobren? – cuestionó alzando una ceja.


- No sé… Iruka-sensei puede repartirlos entre los profesores. – contestó al tiempo en que se encogía de hombros de forma despreocupada.


El contrario suspiró y decidió no pelear más la situación por lo que esperó a que todos terminaran de cocinar y limpiar, además de que su profesor debía evaluar el resultado de todos. Pronto se vieron sentados, comiendo entre ellos y compartiendo sus platos con los demás, hasta que finalmente llegó el momento que tanto le inquietaba: escoger y abrir una de las galletas.


El primero en coger una fue su profesor dado que nadie quería serlo, aunque la mayoría se morían por tener la suya en mano.


- A ver… - murmuró cuando cogió una y procedió a abrirla. – “Escoge bien o acabarás con más hijos de los que quieres.” – leyó en voz alta y procedió a reír abiertamente. Los jóvenes se miraron entre ellos, algo nerviosos por la reacción de su maestro. – Se puede decir que sí acabé con muchos niños… - comentó con voz divertida al tiempo en que miraba a sus alumnos con cierto brillo en sus orbes color avellana.


Todos sonrieron al comprender lo que el mayor dijo y uno a uno fueron escogiendo una galleta. Muchas contenían mensajes simples como: “No olvides encender tu despertador mañana.”, “Renueva tu armario de vez en cuando.” o “Tendrás un nuevo integrante en tu familia.” Otros eran un poco más absurdos como: “Caminar de espaldas hará que tropieces.”, “El mejor color del mundo es el rosa, no discutas.” o “Café, bebe mucho café.”


Para cuando se percató, la hora de irse a casa ya había llegado y todos fueron saliendo del salón, riendo y comentando lo que les había tocado.


- Esto tiene gracia: “Por supuesto que hablo conmigo mismo. A veces necesito consejo de un experto.” – comentó Kiba riendo de lo que ponía en su galleta.


- ¿Quién te consideraría experto en algo? – dijeron burlonamente a su lado, siendo un pelirrojo de ojos esmeralda el portador de aquellas palabras.


- ¡Hey! ¡Soy experto en muchas cosas! – se quejó el castaño a la vez en que hacía una berrinche.


- ¿Qué pone en el tuyo Gaara? – cuestionó una joven morena de forma tímida.


- Mmm… “No tengo actitud. Solo tengo una personalidad que no puedes manejar.” – recitó las palabras que leyó antes.


- De alguna forma… eso te pega bastante. – susurró ella con una sonrisa adornando sus finas facciones.


- ¿Y tú Hina-chan? – se dirigió a la joven quien se ruborizó hasta las orejas y jugó con sus dedos de forma nerviosa.


-Bueno… es un poco rara. – habló con voz floja.


- Seguro que no es tan malo. – aseguró el ojiazul con una brillante sonrisa. Ella asintió y sacó el papel de su bolsillo.


- A ver… “Algunas personas necesitan un choca los cinco. En la cara. Con una silla.” – el silencio se hizo después de sus palabras y poco después se pudieron oír a todos los presentes estallar en carcajadas.


- Ese es un muy buen consejo. – logró decir entre risas Kiba.


- Quien lo escribió debió de tener a alguien específico en mente. – habló Gaara quien negaba con la cabeza con diversión.


- Naruto ¿qué te ha tocado a ti? – le preguntó una rubia de cabello largo atado en una cola alta cuando pudo regular su respiración.


- Ino… la verdad es que no lo miré todavía. – confesó apartando la mirada algo nervioso.


- No puede ser peor que lo mío te lo aseguro. – comentó ella y cuando notó la mirada confundida del joven, simplemente le mostró el trozo de papel que tenía escrito: “Si no te mata, engorda.” El rubio no pudo evitar soltar una leve risita ante aquello.


- ¿Quién escribiría eso? – murmuró divertido y curioso. Ella le sonrió al tiempo en que se encogía de hombros.


- ¿Alguien que quiere que adelgace? – propuso ella no muy segura de su respuesta. Él volvió a reír sin poder evitarlo y los demás también rieron cuando la joven les mostró lo que había escrito en su papel.


Cuando el de ojos cual zafiros logró calmarse notó las miradas de todos sobre su persona, lo que le hizo negar con la cabeza de forma divertida.


 – Está bien, está bien. Abriré el mío. – accedió y procedió a hacer lo dicho. Una vez sacó el dichoso papelito de su contenedor y lo leyó, no pudo evitar alzar una ceja sin comprender.


- ¿Qué pone? – inquirió la rubia quien le miraba entre curiosa y nerviosa.


- “El destino te llamará, no lo ignores.” – leyó en voz alta el de ojos zafiro.


- Ese es uno de los extraños… - susurró Hinata y Naruto asintió estando de acuerdo con ella.


- Vaya… ¿qué llevas ahí Naruto-kun? – le cuestionaron cuando llegaron a la escalera para bajar al primer piso.


- Mikoto-sensei. – saludaron todos los del grupo a su profesora de jardinería. La morena miraba con curiosidad el papel que seguía en las manos del más bajo.


- ¡Ah! Esto es… durante la clase de cocina decidimos hacer galletas de la fortuna. – explicó el rubio sonriendo nerviosamente.


- ¿Salió algo malo? – preguntó ella algo  preocupada al ver la reacción del menor.


- No es eso… los mensajes fueron algo extraños o simplemente estúpidos. – habló ahora la joven rubia quien procedió a enseñar su propio papel. La mujer mayor rió levemente ante lo escrito en ese blanco objeto cosa que hizo sonreír a los presentes, quienes le dejaron leer también los suyos.


- Bueno si fueron escritos por vosotros era de esperar que hubiera un poco de todo. – comentó ella sonriéndoles levemente.


- Si le interesa… hicimos de sobra e Iruka-sensei iba a llevarlos a la sala de profesores para repartirlos. – mencionó Naruto.


- Mentiría si dijese que no siento cierta curiosidad. – admitió la morena. – Os dejo entonces, no quiero perder la oportunidad de encontrar uno interesante. – comentó para luego girar y comenzar a caminar en dirección a la sala correspondiente.


Los menores siguieron su camino hacia la salida y fue ya a la entrada que Kiba dijo lo que todos pensaban.


- ¿Qué creéis que habrá en los que sobraron? – inquirió el castaño mirándoles a todos.


- Seguro que algo estúpido. No se podía esperar más de un grupo de adolescentes en sus 16/17 años. – respondió sinceramente Gaara quien se encogió de hombros de forma desinteresada, aunque por el ligero brillo en sus ojos los demás supieron que le interesaba más de lo que dejaba entrever.


- Mmm… siempre podemos preguntarles el lunes. – sugirió Ino sonriendo de forma maliciosa.


- ¡Deberíamos hacer eso! – exclamó entusiasmado el castaño. Hinata y Naruto simplemente se miraron y negaron con la cabeza de forma divertida ante el actuar de sus dos amigos.


- ¿Vamos a la cafetería de siempre? – propuso el rubio quien obtuvo asentimientos de cabeza por parte de todos.


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La morena mujer llegó a su destino y sonrió con diversión al oír los gritos que venían de dentro de la sala. Abrió la puerta y se encontró con un hombre de cabello platino haciendo berrinche en el suelo junto al sofá del lugar mientras que un castaño le miraba como si de un niño se tratase.


- ¿Puedo saber qué sucedió? – inquirió ella sin borrar la sonrisa de su fino rostro.


- Mikoto. – saludó el de ojos color avellana.


- ¡Iruka me engañó! – exclamó infantilmente el varón desde de su esquina.


- ¡No digas que cosas que se pueden malinterpretar! – habló el castaño quien se cruzó de brazos, claramente molesto por el actuar de su marido.


- Al parecer, durante la clase de cocina de hoy, los alumnos decidieron hacer galletas de la fortuna y Kakashi no está muy contento con la que le tocó a Iruka. – explicó Karasuma desde su lugar sentado en el sofá.


- ¿Qué le tocó? – curioseó la mujer y sin decir nada, el mencionado le dio el papel. Ella rió después de leerlo. – Esto solo significa que considera a sus alumnos como a sus hijos. – comentó divertida.


- Kakashi lo vio como un mensaje de “no lo has hecho tan bien como deberías.” – habló Kurenai quien bebía té tranquilamente.


- Ignorando al niño adulto de allí. ¿Queréis probar suerte? – les preguntó el castaño señalando las galletas que sobraron y las cuales reposaban tranquilamente sobre su escritorio.


- La verdad es que vine por eso. Me encontré con Naruto y su grupo y no pude evitar sentir curiosidad por saber qué podría tocarme a mí. – admitió la de ojos como la noche.


Los mensajes que salieron fueron bastante dispares como por ejemplo el de Kurenai que decía lo siguiente: “La vida es corta… cómete el postre primero.” El de Kakashi hizo reír a todos por igual siendo “Soy alérgico a las mañanas.” lo que recibió y Tsunade no sabía si reír o llorar con su “La vida sucede… el alcohol ayuda.”


- ¿No abrirás el tuyo Mikoto? – cuestionó Shizune mirándola con interés.


- En realidad… me preguntaba si podría llevarme algunos a casa. – confesó de forma pensativa.


- Sin ningún problema. – contestó Iruka sonriéndole ampliamente.


- Gracias.  – dijo ella para coger unas cuantas galletas más y después de guardarlas con cuidado dentro de su bolso se marchó hacia su hogar.


Al llegar vio a sus dos hijos en la sala de estar, estudiando para sus exámenes. Sasuke, el menor, se encontraba en su tercer año en la universidad estudiando medicina mientras que el mayor, Itachi, se había graduado en finanzas y empresariales, pero había decidido estudiar un máster en relaciones laborales. Su marido se encontraba sentado en el sofá viendo un documental de algo que a ella no le interesaba en absoluto. La pareja de su hijo mayor parecía estar entreteniéndose leyendo algo en su teléfono móvil.


- Estoy en casa. – anunció la mujer y no tardó en recibir respuesta de todos los presentes. – Traigo algo para todos. – comentó y aquello hizo que la miraran entre confundido e interesados.


- ¿El qué? – cuestionó Deidara, un doncel de cabello largo rubio y ojos aguamarina, el cual llevaba saliendo con Itachi tres años. Ella sonrió y sin decir nada dejó las galletas sobre la mesa ante las inquisitivas miradas de su familia.


- ¿Galletas de la fortuna? – murmuró un confundido Sasuke quien la miró sin comprender.


- Las hicieron unos alumnos en clase de cocina y traje algunas que sobraron porque quería que lo probáramos juntos. – explicó la mujer la cual se sentó junto a su marido.


Los demás se miraron entre ellos, no sabiendo muy bien qué hacer, hasta que el único rubio cogió una de ellas y la abrió.


- “Tenía pensado comportarme, pero había otras muchas opciones.” – leyó y no pudo evitar reír ante aquello. El moreno mayor sonrió de lado puesto aquellas palabras describían a su novio a la perfección. Sin dudarlo acercó la mano y cogió la primera que pudo.


- “No tengo una mente sucia, tengo una imaginación sexy.” – fue lo que vio escrito y su rubio volvió a estallar en carcajadas. – Se nota que fue escrito por adolescentes. – comentó sin borrar la sonrisa de su rostro.


- Leí algunas antes y había de todo un poco, por eso quise probarlo. – dijo ella al tiempo en que agarraba una ella misma. – A ver… “No me hagas reír. Estoy intentando estar enfadada contigo.” – al leerlo no pudo evitar mirar a su marido con una sonrisa cómplice, recordando cómo este siempre intentaba hacer que sonriera cuando ella quería seguir molesta por algo. Él la miró de igual forma y sin decir nada abrió otra galleta.


- “El tiempo no espera a ningún hombre, tampoco lo hace una buena mujer.” – leyó y asintió estando de acuerdo.


Sobre la mesa reposaban dos galletas más y el menor de los Uchiha se disponía a agarrar una de ella cuando una nueva voz se hizo oír en la sala.


- ¿Qué estáis haciendo? – inquirió un joven moreno de ojos color pizarra.


- Sai. – saludaron los presentes y Deidara le explicó la situación al primo de su novio el cual tomó uno de los dos objetos ante la mirada fulminante de Sasuke.


- Suena interesante. Veamos: “No soy extraño, simplemente soy de edición limitada.” No lo entiendo… – murmuró y por tercera vez el rubio rió descontroladamente, incluso el de cabellos azabaches esbozó una sonrisa ante lo que le había tocado a su primo. Pronto se hizo con la última galleta y la abrió ante la atenta mirada de su familia.


- “Sarcasmo: uno de los muchos servicios que ofrezco.” – pronunció las palabras impresas en el papel y sonrió por lo bien que iban con él.


- Parece que hay algo en el otro lado. – señaló Itachi y el menor giró la hoja para ver que, efectivamente, algo más se encontraba escrito.


- “Las almas gemelas no existen, pero la tuya espera a que llames.” – seguido a aquello había  un seguido de números que correspondían claramente a un teléfono móvil.


Él frunció el ceño e iba a deshacerse del papel cuando Deidara se lo quitó de la mano y cogió su móvil.


- ¿Qué estás haciendo? – exclamó el de cabellos azabache al tiempo en que le intentaba quitar el objeto de la mano.


- Tengo curiosidad por saber quién responderá. – dijo el rubio luchando por mantener el teléfono en su mano.


- ¡Será una estúpida adolescente hormonal a quien no quiero conocer! – gruñó el menor de los Uchihas.


- No pierdes nada por hacer una sola llamada. – indicó Sai quien sonreía con clara maliciosidad.


- ¡No te metas copia barata! – ordenó Sasuke fulminándole con la mirada.


- Solo soy un año menor que tú. – dijo entre dientes el moreno.


Mientras estos tres discutían, Itachi observaba con diversión y Fugaku con exasperación, la mujer permaneció pensativa, cosa que su marido notó.


- ¿Sucede algo Mikoto? – preguntó este alzando una ceja.


- Mmm… llamar… - murmuró ella y durante unos segundo no dijo nada más. - ¡AH! – exclamó al tiempo en que saltaba del sofá y con fluidez le arrebataba el papel al único doncel presente.


Todos pararon lo que hacían para mirar a la mujer la cual se encontraba sonriendo de oreja a oreja y quien ahora miraba detenidamente la pantalla de su propio móvil.


- ¿Mamá? – llamó Itachi sin comprender. Esta le miró sin borrar su sonrisa y le devolvió el papel a su hijo menor.


- Sasuke, llama a ese número. – ordenó y por la expresión en su rostro era obvio que no iba a aceptar una negativa como respuesta.


- Mikoto… no puedes obligarle a hacerlo. – amonestó su marido.


- Pero… estoy casi segura que sé de quién es el número. – se quejó ella haciendo un puchero.


- ¿Y eso que tiene que ver con que Sasuke deba llamar? – inquirió el Uchiha mayor.


- Pues que sé que Naru-chan le gustará a nuestro hijo. – declaró con seguridad bañando su voz.


- ¿Naru-chan? – habló ahora Sai quien miraba a la mujer entre curioso y confundido.


- Namikaze Naruto. Es uno de mis alumnos. – dijo soltando una ligera risita y sin perder el tiempo les mostró una imagen de dicho joven que tenía en su teléfono.


Allí se veía a un joven de cabello corto rubio, ojos cual zafiros, piel ligeramente tostada y con una finas marcas adornando su rostro. Llevaba unos pantalones ajustados negros y una sudadera de color azul celeste, al menos dos tallas más grande que él, pero en vez de verse ridículo le quedaba increíblemente bien.


Sin decir nada, el de ojos como la noche se levantó y salió del lugar, encaminándose hacia su cuarto e ignorando con todas sus fuerzas los comentarios de los demás con respecto a lo sucedido y a lo que tenían claro que estaba por ocurrir. Sobre todo las palabras de Deidara quien parecía muy contento de “ya no ser el único rubio en la familia.”


Al llegar a su habitación cerró la puerta con llave y se dejó caer pesadamente sobre el mullido colchón. Cerró sus ojos durante unos segundos, pero los abrió rápidamente cuando su mente conjuró la imagen del joven doncel en su mente. Cogió aire y exhaló lentamente a la vez en que miraba detenidamente la hoja de papel que seguía en su mano.


Por alguna razón, su móvil ya se encontraba en su otra mano y sin saber cómo… la llamada ya había iniciado.


“¿Diga?”


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Definitivamente iba a matar a Kiba. Se encontraban en el café de siempre, discutiendo sobre el próximo proyecto en grupo que tenían que hacer, cuando su teléfono comenzó a sonar. No le dio importancia, decidiendo ignorarlo cuando no reconoció el número, pero su amigo castaño recordó lo escrito en su galleta de la fortuna y le arrebató el móvil, aceptando la llamada para a continuación lanzarle el objeto.


Él se abstuvo de gritarle improperios al otro doncel y con los dientes apretados caminó hacia la salida del local, no queriendo que los cotillas de sus amigos oyeran la conversación.


- ¿Diga? – dijo, pero solo recibió silencio. Estuvo tentado en colgar, pero definitivamente podía oír una respiración en el otro lado. A cualquier otra persona le habría parecido espeluznante, no obstante la curiosidad pudo con él. – Si es el destino, no me interesa. – comentó burlonamente.


- No creo en el destino. – oyó la voz de la otra persona y un escalofrío le recorrió el cuerpo entero dado que no había esperado un timbre de voz tan bajo… tan masculino.


- ¿Por qué llamas entonces? – no pudo evitar preguntar.


- Porque si creo en mi madre y la fotografía que me enseñó de ti. – respondió el varón, porque definitivamente era un hombre quien se encontraba al otro lado de la línea.


- Hay mucho que aclarar con esa sola frase. – recalcó el rubio sintiendo miles de preguntas formarse en su cabeza.


- Hmm… Uchiha Mikoto. – dos simples palabras fueron las que salieron de la boca del extraño y sin embargo fue todo lo que necesitó para comprender la situación.


- Voy a matar a Kiba. – gruñó el menor lo que ocasionó que el contrario riera ligeramente.


- ¿Dónde estás? – cuestionó el mayor.


- ¿Eh?... en un café cerca del instituto. – respondió antes de que su mente procesara del todo la pregunta y acto seguido la llamada finalizó. - ¿Qué acaba de pasar? – murmuró para sí mismo el de ojos zafiro.


No queriendo desperdiciar todo su tiempo haciéndose preguntas que no podría responder, decidió enfocarse en algo que sí tenía claro. Iba a asesinar a su ex mejor amigo. Con decisión volvió a entrar al local y sin decir nada, se lanzó sobre el castaño quien no tuvo tiempo de esquivar o defenderse.


Media hora más tarde los cinco se encontraban bebiendo algo para calmarse. Después del alboroto causado por ese par, era gracias a que los dueños del local les conocían desde hacía tiempo que no fueron echados a la calle de una patada. Cuando Naruto le reclamó al ojimiel el haber escrito su número de teléfono en una de las galletas, este le respondió que no había sido su intención hacerlo. Confesó que si lo escribió en un principio como idea para gastarle una broma al ojiazul, pero comprendió que no era buena idea por lo que decidió no hacerlo. Si el número terminó en una hoja, es probable que se confundiera de papel al entregarlo a quienes los meterían en las galletas. Se disculpó y el rubio se calmó al saber que había sido un error por parte del contrario, aunque seguía pensando que merecía un castigo por sus actos tan descuidados. Gaara propuso que pensara en algo apropiado como castigo y que el lunes diera a conocer su decisión, cosa que le pareció aceptable.


En ese momento se encontraban hablando en voz baja sobre diferentes cosas, al menos Ino y Hinata lo hacían entre ellas, mientras que Kiba y Gaara mantenían una conversación bastante unilateral. Naruto por su parte no había dejado de mirar su teléfono, como esperando que este volviera a sonar, dudando en si debía de llamar a aquel número de nuevo o no. La curiosidad le estaba matando y la tentación de oír aquella voz de nuevo iba aumentando con el pasar de los segundos.


Se mordió el labio, indeciso en si debía hacerlo o no, cuando la decisión fue tomada por él. El objeto comenzó a vibrar y su respiración se detuvo cuando aquel número brilló en su pantalla de nuevo. Tragó en seco y aceptó la llamada.


- Es de mala educación colgar de repente. – fue lo primero que salió de su boca. Sintió las miradas de sus amigos en su persona, pero no estaba en condiciones de prestarles atención, no cuando aquella voz volvió a darle directamente a su oído.


- Hmm… me disculpo por eso, pero no por lo que haré ahora. – es lo que el contrario dijo y no tuvo tiempo de decir nada más, no cuando sintió una mano agarrarle del brazo y tirar de su persona hasta quedar de pie, frente a otro cuerpo. Alzó la vista y sintió su corazón latir algo más acelerado que antes, causado claramente por lo atractivo de aquel hombre que tenía en frente. – Uchiha Sasuke. – habló el moreno quien le miraba con una sonrisa ladeada y cierto brillo en los orbes carbón que no supo identificar.


El ojiazul iba a decir algo, pero el contrario no  le dio oportunidad puesto que sin decir nada más agarró su mano con firmeza y le hizo caminar en dirección a la salida del local.


- ¿Dónde vamos? – exclamó sorprendido el menor quien no sabía muy bien lo que estaba sucediendo.


- Tú y yo vamos a tener una cita. No creo en el destino, pero no pienso desperdiciar una oportunidad como esta. – declaró el más alto a la vez en que comenzaban a caminar por la calle en dirección desconocida para el ojiazul.


Naruto solo tuvo tiempo de mirar brevemente en dirección a sus amigos y rió sin poder evitarlo por las caras de estupefacción que todos tenían. Quien parecía más alterado era el castaño quien parecía querer gritar por la sorpresa y confusión.


- Tal vez no le mate… no si gracias a él conseguí una cita. – susurró para sí el doncel quien miró de reojo al moreno quien caminaba a su lado sin soltarle la mano.


Al parecer aquella pequeña galleta no le trajo el desastre que esperaba sino la fortuna que su nombre prometía llevar consigo. Puede que el de ojos como la noche no creyera en el destino, pero por una vez él si sentía que alguien ahí arriba se había puesto de su parte y por ello… le daba sus más sinceras gracias.


……FIN……

Notas finales:

Tardé más en buscar mensajes para las galletas que en escribir la historia X'D


Espero que os haya gustado y me encantará saber vuestra opinión (=^w^=)


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