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Inesperado por iscristin

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Notas del fanfic:

Hola! Este es mi segundo fanfic. Ya hace muchos años desde que publique mi primer fanfic, y hasta ahora me he animado a volver a esto que tanto me gusta y me hace feliz. Soy practicamente nueva con esto, por lo que existirán algunas faltas de ortografía, no suelo escribir seguidom por lo que, mi estilo de escritura es bastante sencillo; espero ir mejorando con el tiempo, cualquier critica costructiva es bienvenida, y espero que disfruten de esta historia como yo lo hago. Muchas gracias a todos.

Algunos podrán ver que este fanfic tiene una gran influencia de autores de esta plataforma que han impactado en mi de gran manera. Estoy muy agradecida con ellos por darme tanta alegría a través de sus historias, y espero yo algún día poder hacer eso con alguien más.

 

Solo me queda aclarar que los personajes utilizados para este fanfic son parte del universo de Saint Seiya, y le pertenecen a Masami Kurumada. Los personajes no me pertenecen, solo los tomo de referencia para escribir historia por gusto y ocio.

Notas del capitulo:

Aqui les dejo el primer capitulo; esta historia es corta, y voy a intentar subir el siguiente capitulo  lo mas pronto posible. Espero que lo disfruten

Las luces del día comenzaban a desvanecerse, y los habitantes del santuario estaban cada uno en sus respectivos templos; desde que finalizaron la guerras los caballeros de Athena continuaban con sus respectivos entrenamientos; los caballeros de bronce residían en las casas de sus respectivos maestros y se esforzaban continuamente para ser los sucesores en su signo correspondiente; todos tenían altas expectativas en estos jóvenes caballeros que eran considerados por todos como héroes después de los acontecimientos sucedidos en el inframundo salvando a la diosa Athena. Los caballeros de oro fueron resucitados, y todos estaban juntos nuevamente.

Las relaciones se habían estrechado considerablemente. La amistad entre los cinco caballeros de bronce se había convertido en un lazo de hermandad fuerte, cuando no estaban entrenando se encontraban juntos compartiendo buenos momentos, como si fueran chicos normales disfrutando de la vida.

Todos eran felices, y respiraba paz en el santuario, pero esa tarde en especial había una persona que no se sentía del todo feliz, ni completa. El caballero en cuesteión era el caballero de Pegaso, el que era considerado el caballero más fiel de Athena. Era un hecho curioso, porque después de ser despertado del coma en el que fue puesto por Hades, se convirtió en un símbolo de lucha y esperanza, ganándose el respeto y admiración de su diosa y compañeros;  ante los ojos de todo el mundo, él era el caballero alegre lleno de energía que todos conocían, cumplía con sus deberes y su maestro Aioros estaba satisfecho con todo lo que estaba logrando. Las cosas estaban bien, o al menos eso parecía.

Aquel día, frente al hermoso atardecer que se formaba ante sus ojos, se encontraba Seiya en un lugar apartado del santuario, sentado sobre el césped y recargado sobre sus hombros. Se podía percibir un aire de tristeza desconocido a su alrededor.

Despues de cenar con su maestro, Seiya le había pedido permiso a Aioros para salir a pasear a la ciudad con sus camaradas, con quienes compartía este tipo de actividades frecuentemente. Sagitario accedió con gusto, después de todo había tenido un arduo entrenamiento aquel día, asi que se lo merecía. Después de limpiar todo, el mayor se retiro a descansar y le deseo una buena noche con sus amigos a su alumno.

El permiso había sido otorgado, pero Seiya tenía otros planes en mente, y le comentó a sus compañeros que estaba exhausto por el entrenamiento de aquel día tan arduo y prefería dormir temprano, así que les pidió que fueran sin el a la ciudad. Ellos aceptaron, ya que a veces alguno se ausentaba de estas actividades por diferentes razones. Seiya se veía agotado por el esfuerzo, y simplemente le desearon que tuviera una buena noche y se retiraron. El pegaso había engañado a ambas partes satisfactoriamente, y cuando sus amigos se fueron, el escondió lo mejor que pudo su cosmos y busco el lugar más alejado y escondido del santuario.

No era una actitud normal en Seiya, no era un chico mentiroso ni mucho menos, pero sus emociones le pedían un descanso de todo, un momento de soledad y desconexión, e hizo lo necesario para lograrlo sin levantar sospechas.

Desde que Seiya despertó del coma, se sentía muy diferente. Era como si fuera una persona totalmente distinta, pero todo fue tan rápido y todos parecían estar tan felices por él, que simplemente les otorgo a sus compañeros y amigos aquello que ellos esperaban de él.

Fue tan fácil, que era simplemente absurdo; unas sonrisas falsas y una actitud desbordada que no se sentía ya natural en su persona, y todos estaban convencidos que todo estaba bien. ¿Acaso era tan básico ante los ojos de sus amigos y diosa? ¿Realmente eso era todo lo que era para ellos? Un chiquillo inmaduro que reía y brincaba por donde iba, que hacía más ruido del necesario y que no era el más brillante de todos, ¿eso es todo?

Desde que abrió nuevamente los ojos en aquella cabaña, se sentía cansado. Sin importar cuanto durmiera ese cansancio le perseguía como sombra, ya no tenía ganas de gritar y brincar como antes, las cosas que había vivido a lo largo de su vida se sentía ajenas, casi como si esa vida fuera de otra persona, a quien no conocía. En el presente, Seiya no era un caballero noble y audaz que luchaba por la paz y la justicia, este Seiya era un adolescente que, ya no sentía satisfecho con su vida, ya no quería pasar cada día de su vida entrenando por una armadura, ya no quería ser el ejemplo o fuerza de nadie, el bueno, el más fiel a su diosa, el héroe. Seiya quería ser solo él, un humano imperfecto, y como tal, vivir experiencias nuevas, más mundanas.

Ser un caballero era algo que, en el pasado, le traía un buen nivel de satisfacción, porque, se sentía vivo con la adrenalina que le hacía sentir cada lucha y cada aventura. Además, a pesar de ser un chico extrovertido y mostrar una seguridad férrea, muy en el fondo de su corazón sentía inseguridades y obtener la aprobación y aplauso de otros a través de sus acciones le hacían sentir menos solo, y alimentaban la coraza de confianza que tanto esfuerzo le tomó construir alrededor de su persona.

Pero en este momento, Seiya ya no podía encontrar ningún nivel de saciedad en aquellas cosas que antes lo hacían, es como si a través de su espada, Hades hubiera atravesado sus murallas y hubiera creado una brecha tan grande que ya no tenía las herramientas suficientes para taparla. Ahora se sentía mucho más humano, más vulnerable y más solo que nunca, quería mucho a sus amigos pero no podía entender como no veían su verdaderos sentimientos, oculto tras unas sonrisas forzadas y una alegría mal actuada, ¿Qué nadie podía verlo por quien realmente era?

Necesitaba encontrarse a sí mismo, encontrar algo que le devolviera la pasión por la vida, pero mirando aquel cielo no pudo encontrar cómo y por dónde empezar a buscar ese nuevo camino, ni siquiera sabía cómo explicarle a su diosa, maestro y amigos que deseaba hacer con su vida algo distinto a ser un caballero. Así que, ahora, ya con la noche presente, simplemente se limitó a dar rienda suelta a sus sentimientos más profundos, aquellos que nadie había percibido por que los escondía con recelo, y sus grandes ojos color chocolate miraban las estrellas guardando una profunda tristeza, buscando talvez entre ellas una respuesta.

- Vaya, vaya, miren a quién vine a encontrarme aquí... Este lugar es apartado del Santuario y ya es algo tarde para estar lejos de tu templo, no lo crees, niño?

Seiya volteó rápidamente a observar a quien perturbaba su anhelada tranquilidad. Se trataba nada más y nada menos que del caballero de Cancer, Deathmask; un sujeto al que no le importaba mucho nada y que sentía comúnmente inclinado a traicionar a su diosa por cualquier razón; algunas veces tuvo pequeños pero desagradables enfrentamientos con él, no fueron muy memorables pero no había ayudado a formar nada cercano ni siquiera a la camaderia, eran personas muy diferentes.

El italiano había revivido y había sido perdonado como todos los demás, Seiya nunca le puso una atención especial a un sujeto como el, así que no se esforzó mucho por poner una cara alegre.

- No recuerdo que estuviera prohibido estar fuera del templo a estas horas - comentó Seiya con poco interés en esa conversación.

- Papi Aioros puede enojarse si se entera que su potrillo favorito está vagando por los alrededores a estas horas de la noche, ¿acaso él sabe que estas aquí? ¿Qué pasaría si fuera a comentarle que estas aquí ahora mismo? - dijo Deathmask con un ligero tono de burla.

Seiya se levantó rápidamente de su cómodo lugar y enfrentó a Deathmask. Deseaba enormemente quedarse nuevamente solo lo más pronto posible, pero aquel comentario sí que le hizo hervir la sangre; si algo lo sacaba de sus casillas era ser tratado como un niño pequeño que no puede cuidarse solo. ¿¿Quien se creía ese mequetrefe???

- Para tu información yo NO necesito que me den permiso para salir a dar un maldito paseo, soy un caballero de Athena y en caso de que alguien intente meterse conmigo yo puedo patearle el trasero SOLO, así que déjame tranquilo si no quieres ser tu a quien le meta mis meteoros por el culo -

Seiya sabía que Deathmask era un hombre con un pésimo humor y un carácter terrible. Se preparó mentalmente para lo que se avecinaba con ese hombre tan iracundo, ¿acaso no podía ni tener cinco minutos de paz sin que en cualquier momento le aparezca un conflicto en la cara?

Pero contrario a lo pensado, Deathmask soltó una carcajada ante el comentario de Seiya, quien se desconcertó ante el acto, y no supo cómo actuar ante aquello, simplemente observó la escena, confundido. Nunca había visto reír a aquel hombre malhumorado, tal vez cuando estaba en su papel de villano y fanfarrón, pero nunca de aquella manera tan honesta.

No pudo evitar sonreír ante lo que veía. A pesar de todo Seiya seguía siendo alguien alegre y le gustaba ver a otros felices, además, ante la luz de la luna, y con las mundanas ropas que traía puestas, una remera de color azul y un pantalón rojo, la verdad es que veía al caballero dorado como no lo había visto antes, una persona como el, y si podía decirlo, bastante atractivo.

¿En qué estaba pensando? Seiya nunca había tenido una relación antes, el concepto del amor para él era algo muy ajeno. Estuvo tan concentrado en ser un caballero, en luchar y salvar la tierra que nunca tuvo el tiempo de cuestionarse que era lo que le interesaba siquiera. Hubo un tiempo en el que creyó estar enamorado de Saori, joven como era veía en ella el ideal de ser humano perfecto que luchaba incansablemente por ser, y en el fondo de su alma sabía que esa desesperación que sentía por ella no era más que un capricho, un deseo egoísta de aprobación ajena y que, a pesar de que quería profundamente a Saori como diosa y amiga, era consciente de que no había el más mínimo sentimiento romántico en su corazón hacia ella, y muy en fondo estaba seguro que jamás lo habría. Además, Seiya nunca se cuestionó a sí mismo su sexualidad, no porque se asumiera hetero o gay, sino porque era algo tan poco importante en su vida que no prestaba atención a cosas como esa, y ahora que se encontraba en esa situación se sentía confundido.

- Tranquilo pegasito, no estaba buscando pelea ni perturbar tu tranquilidad, pero pasaba por aquí, ya que suelo venir a menudo a meditar aquí, y te vi y me causó curiosidad por qué el santo más emblemático y alegremente estúpido de la orden está aquí solo sin su parvada de amigos, ¿acaso estas peleado con ellos? - le dijo tranquilamente Deathmask.

- eh... no, es decir, estoy bien con mis amigos, simplemente quería tener un momento de tranquilidad para mí mismo, eso es todo.

-tranquilidad? Ja! Este es el lugar más aburrido del mundo, ¿qué más tranquilidad necesitas en tu vida?

Frunció el ceño, ¿quien se creía ese cretino? – Este no es el lugar más aburrido del mundo, es un lugar sagrado donde protegemos a nuestra diosa, pero no espero que tú entiendas eso.

-y ¿debo suponer que este lugar sagrado te trae mucha felicidad, por eso estas aquí huyendo de todo mundo, incluso tus amigos?

Seiya ya había tenido suficiente, al parecer hoy no iba a estar tranquilo ni un condenado momento – Si tienes razón, soy asquerosamente feliz, así que me voy a ser feliz a mi templo, buenas noches – dijo eso último con la poca paciencia que le quedaba.

- Vaya! Me parece perfecto, espero que tengas una noche llena de diversión en tu vida de mentiras, pensé que estabas aquí para quitarte esa máscara de payaso que usas todos los días y dejar de fingir que eras estúpido, ¿supongo que aun quieres darle gusto a todo mundo?

Deathmask le dijo, con un dejo de tono de burla, pero que escondía muy en el fondo un tono de profunda sinceridad y empatía.

- ehhhh?.. ¿¿¿a-a que te refieres, me estás llamando PAYASO????? - comentó Seiya confundido, molesto y abrumado por estar en una conversación así con el mayor

Con una pequeña risa, y las manos arriba en son de paz, el caballero de Cáncer le comento - tranquilo, te dije que no venía buscando pelea, ni mucho menos, solo te estoy diciendo lo que veo, Pegasito.

- ¿¿¿Puedes dejar de llamarme pegasito???? - comento Seiya, sacado de quicio de una manera que ninguna otra persona lo había sacado, y lo hacía sentir.... ¿extraño?.

- lo que intento decirte es que te he observado, desde hace un tiempo.

Seiya no supo porque, pero esa declaración despertaba emociones extrañas en su persona, que no terminaba de entender, y que le asustaban un poco. Si se hubiera detenido a pensar en todo lo que significaba aquello se hubiera asustado un poco, pero tan concentrado estaba en aquella discusión que no le dio tanta importancia

- ¿Si? ¿Y por qué?

- Porque- le sonrió sarcásticamente – dicen que un perro huele a otro perro, y la soledad es algo que es fácil de oler en otros perros, puedo ver que te desgastas innecesariamente en esconderlo, cuando todos aquí son ciegos y estúpidos - comento Deathmask con una sonrisa en su rostro, una de sus típicas sonrisas socarronas, pero ante los ojos del menor, era una sonrisa bastante honesta e inofensiva.

¿Acaso no había sido lo suficientemente cuidadoso? O, ¿cómo era posible que aquel hombre hubiera descubierto su secreto? Estas preguntas abordaban la mente de Seiya como un huracán y llenaban su corazón de incertidumbre, al punto de hacerlo latir a mil por hora. No sabía que hacer en ese momento.

Seiya guardo silencio, y miró profundamente a los ojos de aquel hombre maduro, quien tenía una mirada dura, gélida y que despertaba miedo a quien se atreviese a cruzarse en su camino. Pero, mirando con toda la intensidad con la que lo estaba haciendo en aquel momento, sentía que podía ver algo que había visto antes frente al espejo muchas veces en el pasado: una profunda tristeza, que no había prestado atención antes, que solo pudo percibir un instante, pero que resonó con fuerza sobre su alma de manera violenta como las llamas de un incendio, y a pesar de que inmediatamente volvieron las murallas de piedra construidas con miradas gélidas a los ojos del italiano, esas que Seiya conocía, era como si no hubiera marcha atrás a partir de este momento.

Seiya simplemente no sabía qué hacer, ni que sentir, pero aquel instante fue decisivo para el muchacho, quien simplemente asintió y guardo silencio, perdido en esos ojos azul profundo, como el océano.

Esta era una situación inesperada para él, ya que aquel hombre nunca llamó su atención en el pasado. Durante las guerras contra Hades tuvieron una pelea en el templo de Mu. Deathmask había sido su enemigo, al menos al principio, desconociendo las verdaderas intenciones que guardaban él y los demás caballeros, para luego descubrir que los caballeros dorados habían fingido ser fieles a Hades por el bien de Athena. Fue todo. Nunca habían tenido una relación amistosa por decir lo menos, Seiya era el caballero de la esperanza ante los ojos de los otros, y parecía que Deathmask se esforzaba constantemente en ser todo lo contrario, el antagonista de la historia. Eran dos polos opuestos.

Seiya no pudo evitar mirarlo todo desde otro espejo, y descubrir que el papel de Deathmask no fue algo llamativo o muy aclamado; siempre fue un caballero conflictivo ante los ojos de todos así que, pasó desapercibido entre los actos más valeroso de otros caballeros, incluyéndose a sí mismo. Pero, a pesar de su pasado, a pesar de no haber tenido un papel emblemático en la guerra contra Hades, ¿no debería considerarse valioso el hecho de haberse arriesgado como los otros para salvar a Athena? Incluso si cometió errores en su pasado, él era un caballero de Athena, lucho por su diosa y se sacrificó por el bien de ella y la tierra como los demás, y para Seiya, eso era valioso y merecía tener una segunda oportunidad, como él y como todos. Al menos así lo veía desde ese momento, y se dio cuenta que había juzgado mal a su compañero de armas.

- Si... supongo que eso estaba haciendo aquí, estaba buscando un lugar solitario donde puedo dejar de fingir

- Vaya, no vas a negar nada, Caballero de Pegaso?

- ¿No has dicho hace un momento que no tiene sentido? Si sabes cómo me siento no sirve de nada que luche por hacerte pensar lo contrario. Y mi nombre es Seiya, yo soy más que un caballero, Deathmask- dijo Seiya con toda la convicción que le caracterizaba, pero totalmente tranquilo, incluso relajado, como no se había sentido hace mucho tiempo.

Deathmask se quedó observándolo, y no pudo evitar sonreír nuevamente ante su comentario. Incluso si siempre le pareció un niño inmaduro como todos los caballeros de bronce, siempre sintió curiosidad por el Pegaso, ya que aunque estaba rodeado de aprobación y aplausos, parecía que estaba ahogándose en el agua, como si contuviera la respiración a cada instante, sin descanso, y parecía que él era el único que veía al Pegaso como realmente era. Pero nunca dijo nada, no era su problema en todo caso. Ahora lo tenía aquí enfrente y no parecía rechazarlo como todos lo demás Caballeros, quienes nunca lo demostraron abiertamente pero lo hacían demasiado evidente para ser ignorado. No lo necesitaban en lo absoluto, igual que él no necesitaba a nadie.

Pero ciertamente, no tenía a nadie.

- Bien.

- Bien.... Supongo que, ¿estabas buscando algo parecido?

- Solo vengo porque puedo quedarme solo, y nadie pasa por aquí así que no tengo que responder ninguna pregunta de qué maldita sea estoy haciendo con mi vida, ya que parece que nadie tiene nada mejor que hacer que meter sus malditas narices en las vidas ajenas.

- Somos dos, entonces - Comentó Seiya un poco más animado, con una sonrisa que reflejaba lo mucho que entendía ese sentimiento. Se sentó nuevamente en el pasto recargado sobre sus hombros con la misma despreocupación que tenía cuando llegó a este lugar, mientras que Deathmask se recargó sobre un árbol cerca del moreno. Ambos miraban las estrellas

El caballero de Cáncer le devolvió la sonrisa y comentó- Yo soy un lobo solitario Pegaso,  y es normal para cualquiera que yo busque continuar en ese estado, pero que el Pony favorito de Athena quiera alejarse del establo sería una sorpresa para todos

- Supongo que sí

- ¿Hay una razón en especial?

- Es una larga historia

- La noche es larga, Seiya

Seiya volteó a mirarlo a los ojos, era la primera vez que lo llamaba por su nombre, y aunque era algo violento el nivel de complicidad que escondía, se sentía ahora como algo natural, y lo hacía sentir muy bien, casi emocionado.

Estuvieron toda la noche en ese lugar. Seiya le contó sobre los sentimientos que lo atormentaban, se sentía con la confianza de compartirle sus conflictuosos sentimientos al dorado, algo que no se había atrevido ni siquiera con su maestro Aioros, a quien veía como una figura paterna. Fuera de todo pronóstico, Cáncer lo escucho atentamente y parecía no juzgarlo, al contrario, aunque no realizó demasiados comentarios, parecía entender cómo se sentía, y en sus silencios le transmitía comprensión, algo que lo sorprendió gratamente. Nunca pensó que una persona como Cáncer le entendería de tal manera, estaba acostumbrado a no ser tomado en serio por sus compañeros de batalla. Era visto una persona infantil ante los ojos de todos, aunque fuera desde una perspectiva positiva, ser el payaso de otros era cansado, y ser tomado en serio por alguien mayor lo hacía sentir importante, escuchado, y sobre todo menos melancólico. Se sentía nervioso porque no sabía que significaría esta atípica amistad para ambos, pero estaba seguro que quería compartir más su tiempo con él.

Por parte de Deathmask, las cosas no eran tan distintas. No estaba acostumbrado a ese tipo de conversaciones, él era una persona arisca en general y sus compañeros dorados no buscaban tener una conversación de corazón a corazón con alguien como él. Incluso su amigo Afrodita, con quien tenía una larga amistad parecía que las cosas eran muy superficiales y no sentía la confianza de profundizar en ciertos temas. Pero aquí se encontraba este muchacho, quien le confiaba sus sentimientos como un libro abierto, unos sentimientos que entendía muy bien, pero que no profundizó. Sabía que el muchacho necesitaba desahogarse, estaba confiándole algo que no habla compartido con nadie, y por alguna razón que no terminaba de entender, eso lo hacía sentir complacido, ser el único que lo conociera de aquella manera.

El tiempo se fue volando para ambos, y antes de que se dieran cuenta ya empezaba a amanecer, cuando se percataron de ello, ambos se levantaron en silencio y un poco inseguros de que hacer a continuación, hasta que Deathmask hablo:

- Supongo que tu maestro se preocupará si no te ve en el templo de sagitario a estas horas -

- Supongo - contestó Seiya sonriendo de lado y tocándose el cuello con la mano. Se sentía muy abrumado por lo rápido que le confío al mayor sus más profundos sentimientos, pero igual tenía un sentimiento de alivio que no había sentido hace tiempo. Quería seguir hablando con el italiano pero no encontraba la manera de expresarlo sin sentirse... raro.

- Bien, debes volver antes de que te metas en problemas, yo no me hago responsable si papi Aioros te castiga - dijo con su habitual sonrisa burlesca, para él era divertido pensar que todos esperaban que estos niños se comportarán como adultos en batallas sangrientas, pero los trataban como criaturas de guardería la mayor parte del tiempo.

Con una sonrisa sincera en el rostro, Seiya le comentó - no te preocupes, no pensaba culparte si acaso mi maestro me descubre.

- ¿Entonces no piensas decirle dónde estuviste toda la noche? – no pudo evitar sonreír con malicia.

- No veo porqué hacerlo- le dijo Seiya con el rostro completamente rojo, mirando hacia otro lado.

- Vaya... no te conocía ese lado, pensé que Aioros era un ser celestial para ti. Quien diría que el caballero de Pegaso le gustaba romper reglas y esconder cosas de tal manera, ¿que diría la diosa si lo supiera?- dijo, con una sonrisa maliciosa, y una voz burlona, intentando avergonzar un poco al chico.

- ya vez, soy una caja de sorpresas - su cara ahora bien podía hacerle competencia a su camisa roja. No quería compartir el momento que vivió con el italiano con nadie, era solo suyo, además le había dicho a su maestro que iba que estar con sus amigos. Tenía que mantener la mentira o Aioros se enojaron con él, y eso era algo que no quería.

- yo no voy a decirte que hagas lo contrario, yo no soy un tipo que sobresalga por seguir las reglas y hoy no voy a empezar a hacerlo - con el mismo tono le dijo, para luego relajar un poco su postura y gesto y comentar - nadie lo sabrá, ni que estuviste aquí ni lo que me contaste, quédate tranquilo... yo vengo aquí bastante, casi todos los días, si deseas hablar otras cosas o desobedecer más seguido a tu maestro, puedo ser una mala influencia para ti, ya sabes dónde y cuando encontrarme - finalizo, si bien dijo todo lo más casual posible, su voz delató lo inseguro que estaba de hacer una sugerencia como esa, y simplemente se dio la vuelta y se fue a su templo

Seiya no podía sentirse más sorprendido, sus ojos se abrieron y su boca se movía como si quisiera decir algo pero no encontraba las palabras. El italiano acababa de pedirle que se vieran nuevamente para hablar, y aunque estaba abrumado la idea le llenaba de gusto y le hacía sentir muy emocionado. Sonrió para sí mismo, y metiendo las manos en sus bolsillos se dirigió a su templo de manera sigilosa, era temprano en la mañana y no quería dar explicaciones a nadie. Iba a estar cansado todo el día pero la sonrisa en su rostro no iba a borrarse con nada. Pero que cosa más inesperada.

Notas finales:

Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer, espero que lo hayan disfrutado, y nos vemos en el próximo capítulo. Un abrazo!

Besos


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