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Nuestra luz por aisaka-san

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La mañana soleada y un poco calurosa que daba inicio al verano recibió a todos los residentes de un pequeño pueblo pintoresco y acogedor. Con el tiempo aquel lugar había cambiado un poco pero muchas cosas permanecian casi idénticas a como hace años.

 

Avecillas trinaban al emprender vuelo en el cielo que cambiaba de un ligero naranja al característico azul que poseía, era demasiado temprano.

 

Así pensó Hikari al mirar la hora de su reloj, 6:30 am. Simplemente despertó ese día sin saber bien el porqué la alarma sonó tan temprano.

 

Las vacaciones habían comenzado hace poco, quizás simplemente olvidó desactivar su despertador.

 

Un quejido cansado escapó de sus labios, bostezo quien sabe cuantas veces pero por más que se acurrucaba en sus cobijas y se relajaba no consiguió volver a quedarse dormida.

 

Se quedó un largo rato mirando a la nada, finalmente cuando pasó una hora decidió que era momento de levantarse.

 

Antes de empezar su día recibió una llamada telefónica, miro el contacto y un sabor ligeramente amargo se instaló en su boca, poco después respondió.

 

—¿Hikari? —preguntó la persona del otro lado, ella carraspeó un poco y fingió una voz un poco más animada.

 

—¡Oh, Kazuki! ¿Cómo va todo?

 

—¿Dónde estás? Solo te estamos esperando para ir al campamento.

 

Y ahí fue cuando Hikari recordó que no le había contado a Kazuki las malas noticias, en realidad estaba demasiado triste como para hablarle sobre el triste desenlace que todo tuvo.

 

<<En fin, al mal paso darle prisa>>, pensó armándose de valor, sabia que iba a decepcionar a su leal amigo pero no podía dejarlo esperando junto a los demás.

 

—Kazuki… —Su voz seria alertó a su amigo del otro lado de la línea—. Shu… digo, papá no firmó el permiso, no voy a ir este año.

 

—¡¿Que?! —preguntó el chico incrédulo, Hikari torció un poco los labios hacia abajo—. Pe-Pero siempre vamos juntos, desde que se inauguró el campamento.

 

—Lo sé  —dijo la chica en tono decepcionado, el enojo nuevamente volvió a crecer en ella.

 

“Kazuki, hay que irnos”, se escuchó de fondo en la llamada, Hikari suspiro.

 

—Creo que es mejor que se vayan, dile a tu padre que lamento fallarle, ya tenía el itinerario hecho para los campistas.

 

—¡Agh! No te preocupes, yo veré que hacer —pronunció el chico, nuevamente se escuchó que lo llamaron con más fuerza a lo que él rápidamente se despidió y terminó la llamada.

 

La chica miró brevemente el teléfono al finalizar la llamada, nuevamente hizo una rabieta en voz baja pues sabía que su padre podría escucharla.

 

—No es posible… primera vez que sería una coordinadora del campamento y mi padre… ¡Agh! Tuvo que fastidiarlo todo —Su voz aguda y chillona no pasó de largo para Shu quien por casualidad había ido a ver si su hija estaba durmiendo, de un portazo abrió la puerta asustando a su joven hija.

 

—Buenos días.

 

Hikari enrojecio un poco, Shu no tuvo que decírselo pues todo su rostro tenía pintado el hecho de que escucho cada palabra, la vergüenza se había apoderado de ella.

 

—¡Ho-Hola papá! —saludó tímida, una sonrisa fingida se pintó en su rostro—. ¿Qué tal la mañana?

 

La mirada rojiza y seria de su padre no cedió ante sus pobres intentos de desviar la atención, más no le reclamo nada al respecto.

 

—Bien, tendré que salir a arreglar unos asuntos.

 

La expresión de Hikari cambio rápidamente, y se acercó preocupada con el.

 

—¿Nuevamente las jaquecas?

 

Shu no respondió, solo desvió el rumbo de la conversación.

 

—Si quieres salir cierra la puerta con seguro, llevaré mis llaves.

 

Sin más cerró la puerta de la habitación pero Hikari rápidamente la abrió y siguió con la mirada a su padre, estaba muy preocupada por él, incluso olvidó momentáneamente el enojo que sintió hace poco por lo del campamento.

 

Desde la ventana de su habitación vio como salió usando sus lentes y capucha de siempre y se subió al auto, luego se fue.

 

Suspiro resignada de nueva cuenta, le frustraba de sobremanera no poder hacer algo significativo para ayudar a la condición de su padre.

 

El timbrar de la puerta la alarmó, no noto desde qué hora empezó a sonar insistentemente.

 

Bajo con cuidado las escaleras, aun seguía en pijama para vergüenza suya, así tendría que atender, podría tratarse de algún paquete o la correspondencia de la semana. Odiaba cuando el cartero la miraba con esa expresión de poco amigos por hacerlo esperar tanto tiempo afuera.

 

Poco antes del umbral se colocó unas esponjosas pantuflas con la forma del pie de un conejo, sus favoritas; además tomó el sello para recibir el paquete o lo que fuera. Entreabrió la puerta y para sorpresa suya ahí no estaba el cartero.

 

—¡Hikari! —exclamó la persona del otro lado al verla, la nombrada parpadeo repetidamente, no se suponía que él debería estar ahí.

 

—¡Kazuki!

 

El chico de melena rubia y ojos verdes la miró con una sonrisa que se tornó más cálida al notar los mechones desordenados de la chica, además de su pijama gris oscuro que portaba junto a esas pantuflas, no pudo evitar reírse.

 

—¿De que te ries? —preguntó la chica con esa inocencia tan característica suya, Kazuki no pudo reprimir ni un poco su risa.

 

—Pareces un conejo —pronunció entre risillas, Hikari noto su ropa, cabello y pantuflas.

 

Enrojeció hasta las orejas y miró con molestia al chico.

 

—Deja de fastidiar ¿Vas a entrar o qué?

 

Entre risas el joven Kazuki entró a la residencia, Hikari seguía muy avergonzada al respecto así que lo hizo esperar en la sala mientras ella se duchaba y cambiaba en su habitación. En poco menos de una hora ya estaba la chica de regreso, usando unos pantaloncillos cortos y una camiseta rosa, su largo cabello blanco amarrado en una coleta como lo usaba la mayoría del tiempo. Kazuki se sonrojó un poco al verla así que desvió la mirada a otro lado mientras se le pasaba la sensación.

 

El yacía sentado en el sofá, estuvo matando todo el tiempo en su celular mientras la esperaba, lo guardo cuando ella se sentó en el sofá de al lado.

 

—Ahora sí, cuéntame qué sucedió. ¿Por qué no estás en el autobús con rumbo al campamento? ¿Paso algo malo? —cuestionó la chica con un tono preocupado, el la miro y nego.

 

—Al final decidí no ir —respondió con simpleza pero eso para Hikari era una enorme impresión.

 

—¡¿Que?! —casi gritó sorprendida por la declaración, Kazuki respingo ante el fuerte sonido agudo—. ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡Tú padre va a matarte!

 

—Es que…—La chica se detuvo, quería escuchar las razones por las que Kazuki renunció al campamento—. No sería tan divertido sin ti.

 

La muchacha se quedó sin palabras, sintió algo extraño en el pecho que ignoro momentáneamente. Le sonrió cálidamente y rió un poco.

 

—No seas bobo Kazuki, el campamento por si solo es divertido —Le dijo despreocupadamente—. Además que ser promotor y coordinador debe ser genial. Ahora que lo pienso, fuimos a las eternas asesorías para nada.

 

—Si, lo hicimos —mencionó el muchacho con una sonrisa enternecida, luego miró a todos lados notando lo silenciosa que estaba la casa—. ¿Y tú papá?

 

—Ah él… fue a atender unos asuntos —mencionó la chica con un repentino tono decaído, Kazuki no insistió más.

 

Después de un rato hablando de cosas cotidianas, Hikari lo invito a jugar unos cuantos videojuegos, sin embargo un poco antes de siquiera prender la consola, un fuerte rugido se dejó escuchar desde su estómago.

 

La chica enrojeció mientras que Kazuki rió fuertemente por el sonido.

 

—¡Déjame en paz! No he comido nada —chilló cómicamente la muchacha mientras enterraba el rostro en una almohada, Kazuki dejó de reir.

 

—¿Qué dices? —El tono grave con el que hablo le puso los pelos de punto a la albina, está respingo y miró al otro lado.

 

—Na-Nada.

 

A pesar de su mentira, Kazuki no dejaba de mirarla amenazante, ella se sentía vulnerable. El chico sabía que no le diría la verdad así que suspiro.

 

—Te prepararé algo —mencionó retirándose a la cocina, Hikari lo miró con ojos brillantes.

 

—¿En serio? No es necesario… ¡Quiero hot-cakes!

 

Kazuki sonrió forzoso, Hikari no era nada buena disimulando. La chica se dirigió junto a él la cocina pero solo para observar, le gustaba ver a la gente cocinar, así desde pequeña cuando veía a su papá.

 

—¿No crees que el “jefe” se enoje contigo por no ir al último momento? —preguntó Hikari a Kazuki quien había vertido los ingredientes a la batidora, el se lo pensó un rato antes de responder.

 

—Es probable pero ya lo calmara mi padre.

 

—Si estas tan seguro entonces ¿por qué no fuiste directo a casa? —preguntó la chica con diversión, el otro respingo.

 

—¿Y escuchar los gritos de papá Waki? No gracias.

 

Ambos rieron, en más de una ocasión solían reírse de las divertidas rabietas que el padre de Kazuki, Wakiya Murasaki, hacía a pesar de ser un adulto.

 

El delicioso aroma de los hot-cakes cocinandose invadió de a poco la cocina, Hikari sonrió al ver como felizmente Kazuki preparaba todo.

 

—Quizás este verano no sea tan aburrido —susurró a lo que Kazuki respondió.

 

—¿Por qué? ¿Tienes algún plan?

 

—De hecho si. —Se colocó frente a él y lo miró con una sonrisa decidida, esas que no le gustaban para nada al rubio—. ¡Idearemos el plan perfecto para encontrar a Valt Aoi de una vez por todas!

 

En otro lado de la ciudad, un ansioso Shu Kurenai entraba a un alto edificio.

 

El hospital más grande de la región.

 


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