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Ser popular no significa ser feliz... Taikeru por Yakaylex2

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Notas del fanfic:

El nombre de Digimon... y los personajes aquí utilizados corresponden a sus respectivos creadores (Akiyoshi Hongo y Toei Animation). Fanfic sin ánimo de lucro. Hecho por una fan para fans.

Notas del capitulo:

¡Hola, amigos! Espero que estén bien todos. Ya vamos poco a poco superando esta pandemia (o al menos eso dicen en mi país…). Aquí les traigo una nueva historia AU de Digimon con mi personaje más preferido Taichi Yagami como protagonista. ¡Qué lo disfruten!

Ayer desperté siendo atractivo…

 

Se que resulta un detalle trivial y poco profundo con el cual comenzar un relato, pero creo que debo mencionarlo. En mis catorce años jamás he tenido una novia, y nunca he pertenecido al grupo de los AYP -"Atractivos y populares" -. Pero ayer algo diferente ocurrió.

 

Todo comenzó cuando me dirigía hacía el campo de entrenamiento. Pertenezco al equipo de futbol soccer de la escuela y siempre llego temprano a entrenar, por lo que me sorprendió que un chico apareciera de pronto en mi camino.

 

- ¡Yagami-san! - Me gritó con fuerza, provocando que girara para verlo. Era un chico bastante común, con gafas y un suave cabello obscuro, de tono azulado. Sus ojos eran de un negro profundo como la noche. - ¡Espera, por favor!

 

- ¿Se encuentra bien, Kido-senpai?, ¿Necesita ayuda? - Le pregunté respetuosamente. Había intercambiado algunas palabras con él en la biblioteca y me parecía un chico agradable.

 

- Solo... yo... tú... - me miró directo a los ojos. - ¡Tú me gustas!

 

- ¿Cómo? - Le pregunté sorprendido.

 

- Es... extraño, pero... no puedo... ya sabes... dejar de pensar... en ti. Se que soy... soy un poco mayor... pero…- Me dijo torpemente. Yo estaba sorprendido. Entre mi larga lista, jamás se me habían declarado.

 

- Bueno, eh... gracias... - Me sentía un poco incómodo. - Pero creo que tendríamos que tratarnos un poco más y...

 

- Si, tienes razón... - Me dijo tristemente, mientras agachaba su cabeza. - Lo siento... - Y echó a correr.

 

- ¡Kido-senpai! - Le grité, pero no me hizo caso. Pensé en seguirlo, pero no llegaría a tiempo. Ya hablaría con él más tarde.

 

Llegué justo un minuto después que el entrenador, así que esperaba mi castigo y las burlas de todo el equipo. Sin embargo, nunca llegaron. El entrenador me dirigió una mirada comprensiva y me pidió que tomara asiento. Los muchachos me saludaron con entusiasmo y preocupación a la vez, queriendo saber si había tenido algún problema.  Jamás había recibido tanta atención.

Incluso Daisuke parecía distinto. Cierto que siempre había sido amable y hasta cierto punto algo atento conmigo - con tal de ganar mi permiso para poder salir con mi hermana - pero nunca se había portado así. Me llevaba una bebida refrescante en cada descanso, masajeó mis hombros y mi pierna cuando me dio un calambre e incluso en los festejos me abrazaba más tiempo del permitido.

 

Definitivamente algo extraño pasaba.

 

- ¿Qué ocurre, Daisuke? - Le pregunté inquisitivo.

 

- ¿Por qué Taichi? - Me preguntó inocentemente. Lo miré con una ceja levantada.

 

- Porque me llevas tomado de la mano. - El chico reaccionó y de inmediato me soltó, pude notar un sonrojo en sus mejillas. - ¿Qué te pasa? ¿Es una nueva forma de molestarme para que salgas el sábado con mi hermana? - Le pregunté molesto.

 

- ¡Si quiero salir el sábado, Taichi! Pero no con tu hermana. - Me gritó.

 

- ¿Entonces?

 

- Contigo... - Me respondió suavemente.

 

- ¿Qué? - Me sorprendí bastante. - ¿Quieres ir a entrenar el sábado?

 

- No. ¡Quiero tener una cita contigo! - Volvió a gritarme mientras me abrazaba con fuerza.

 

- ¡Es... espera! - Le tomé sus brazos y lo separé de mí. - ¿Qué estás diciendo?

 

- Siempre has creído que me gusta Hikari, pero eres tú el que realmente me gusta. - Me lo dijo tan tranquilo como si estuviera comprando el pan. Debí mirarlo con la confusión en mi rostro, porque solo sonrió. - Piénsalo y avísame mañana ¿ok?

 

Se dio la vuelta y regresó al campo de fútbol. Por unos minutos, no supe que hacer.

 

Pensativo, comencé el recorrido hacía las duchas para poder ir a clases. De repente un grupo de chicas me rodeó. Con gritillos preadolescentes me pidieron algunas fotografías y autógrafos.

 

- ¡Es que eres el mejor jugador de futbol de la escuela! - Me dijo una chica con enormes anteojos y cabello largo y teñido de color violeta. Yo no lo creía, sinceramente. Había algunos otros que jugaban mucho mejor que yo.

 

- ¡Y el más atlético y guapo! - Gritó una chica preciosa, de largo y ondulado cabello castaño, con ojos marrones. Eso quizá si podía creerlo.

 

- ¡Les dije que mi hermano es el mejor! - Mi hermana Hikari les gritó con entusiasmo a sus amigas Miyako-chan y Mimi-chan, respectivamente.

 

Con unos cuantos agradecimientos, cumplí con sus peticiones y me fui corriendo. ¿Acaso había estado genial en el juego de hoy o qué diablos pasaba?  Jamás se me habían acercado a decirme que era el mejor jugador.

Y si en esas estamos, ¿qué mosca les picaría tanto a Kido-senpai como a Daisuke? Con uno apenas si habíamos cruzado palabra, y con el otro llevábamos meses como compañeros de equipo y años de conocernos por ser el amigo de mi hermana.  Llegué a mi salón esperando mi conocido golpe de bienvenida. Pero nunca llegó. Por el contrario, mi amiga me recibió con un enorme emparedado y un gran vaso de jugo.

 

- ¡Sora, esto es genial! - La miré sorprendido. - En todos estos años jamás me habías recibido con algo así. - Habíamos sido compañeros desde el preescolar y era algo ruda conmigo.

 

- Bueno, creo que ya era tiempo de sorprenderte. - Me sonrió amablemente.  De inmediato me asusté.

 

- ¿Le pusiste algo malo? - Comencé a olfatearlo.

 

- ¿Cómo crees? ¿Acaso no confías en tu mejor amiga, en tu alma gemela? - Me preguntó con la decepción pintada en su moreno rostro. Siempre he sostenido que llegará a ser una chica muy  linda, pero de allí a que sea mi alma gemela... hay una diferencia.

 

- No... bueno... yo... - No sabía que decir.

 

- Tendrás que salir conmigo para compensar el mal rato. - Me guiñó el ojo con malicia. - Y después, si quieres, podríamos formalizar nuestra relación.

 

- ¿Cual relación? - Le pregunté espantado. Jamás había visto a Sora más que como a una amiga. No entendía que pasaba.  Me miró con los ojos llenos de lágrimas y salió corriendo del salón, chocando con mi mejor amigo.

 

- ¡Hey! - se dirigió hacia mí. - ¿Qué mosca le picó, Taichi?

 

- No tengo idea... - Miré a mi amigo y lo vi sonriendo. De nuevo tuve miedo. - ¿Qué... qué me vez? - Le pregunté con voz temblorosa.

 

- Mmm... Hoy te vez más atractivo que de costumbre. - Me guiñó el ojo. - O tal vez no me había percatado de eso. - Se acercó peligrosamente a mí, incluso podía sentir su cálido aliento. Las mejillas comenzaron a arderme.

 

- ¡Ya sepárate! Que van a llegar los demás compañeros y comenzaran a molestar. -

 

Pero parecía que hoy no tenía suerte con mis predicciones. Todos los demás compañeros - a excepción de Sora - llegaron y comenzaron a depositar regalos en mi lugar. Las chicas con sus sonrisas temblorosas y tontas y los chicos con un semblante algo tímido. Yamato solo los veía con furia, tratando lo más posible de no permitir que invadieran mi espacio personal.  Por suerte el profesor llegó justo a tiempo para calmar a la clase. 

 

Las horas pasaban, Sora seguía sin dirigirme la palabra. Yamato sentado detrás de mí, me pasaba notitas graciosas para burlarnos del profesor. Aunque de vez en cuando me escribía cosas como "Jamás había notado que tus ojos son de color chocolate" o "he notado que tus brazos están más formados que los míos". No entendía a que pretendía llegar con eso, pero varias veces lo vi sonriéndome con malicia. Me daba la vuelta y de reojo alcanzaba a notar alguna mueca burlona.

 

En otras ocasiones me di cuenta de que me miraba completamente embobado, para luego escribir en su cuaderno de canciones. Tragaba saliva mortificado. Decidí mirar por la ventana y de pronto alguien llamó mi atención. Con sutileza, le pedí permiso a mi profesor para ir a la enfermería. Para mi suerte, accedió sin hacerme preguntas e incluso insistía en acompañarme, pero me negué. Todo se estaba saliendo de control. Con mucho cuidado salí del edificio y me encaminé hacia el jardín de la escuela.

 

- ¿Qué haces aquí, Takeru-chan? - Se trataba del pequeño hermano de Yamato. Bueno, en realidad tenía once años.

 

- ¡Te extrañaba, Taichi-san! - Me abrazó de la misma manera que lo había hecho desde que tenía ocho. Claro que ahora ya había crecido y no se veía muy bien que dos adolescentes se estuvieran abrazando de esa manera.

 

- Ug... yo… yo también, pero... no es correcto... - No sabía cómo decirle.

 

- ¿Qué, Oniisan? - me preguntó con aire inocente.

 

- Que estés aquí afuera a estas horas. Vamos... -lo tomé de los hombros y le di la vuelta. - Regresa a clases.

 

- No me iré si no me tratas como cuando era un niño. - Había obstinación en su rostro.

 

- ¿Primero me dijiste que te tratara como adulto y ahora como un niño? No te entiendo.

 

- Como niño o no me iré. -Hacía pucheros infantiles. Se veía adorable en su rostro de finas facciones.

 

- Bien... - Lo tomé de los hombros, lo giré y lo besé en su mejilla. - Listo, ahí lo tienes. Ahora a clases.

 

- No lo sentí bien. - Me miró travieso. - ¿Puedes darme otro, por favor? Y te juro que me iré sin ningún problema. - Suspiré, sería peligroso si alguien nos veía.

 

- Esta bien, pero es el último. - Me acerqué a su mejilla, pero justo cuando lo iba a besar, el giró su rostro y besó mis labios. ¡Jamás había besado a nadie en la boca! Bueno, los besos que te da tu hermanita de dos años no cuentan como un beso real. Fue un tierno beso, pero para mí era algo sorprendente. Tan sorprendente como los gritos exaltados que se escuchaban a mis espaldas.

 

- ¡Taichi, eres un imbécil! Por eso no me quisiste hacer caso. - No me sorprendió que fuera Sora la que gritaba de esa forma.

 

- ¡Cómo te atreves a rechazarme a mi e irte a besuquear con mi hermanito! - Me gritaba Yamato.

 

- ¡Te voy a matar, Takeru! a mi senpai nadie lo besa más que yo. - Gritaba Daisuke. 

 

De pronto aparecieron más y más personas. Kido-san, Mimi-chan, Miyako-chan e incluso Hikari-chan, venían encabezando una enorme horda de gente gritando y clamando por mi atención. Sin prestar atención, tomé a Takeru de la mano y comencé a correr con él. Salimos de los terrenos de la escuela, y nos dirigimos hacia un parque. Me sorprendió que a la mitad de este hubiera un barranco.

 

- ¡Vamos a saltar, Taichi-san! - Me gritó Takeru. Los gritos se escuchaban cada vez más cerca.

 

- ¡Estás loco! Nos vamos a matar. - Le grité desesperado.

 

- Nos van a matar, pero ellos ¡Vamos! - Tomó mi mano. Con una última plegaria en mis labios, ambos nos lanzamos al vacío...

 

Sentí que alguien me sacudía con fuerza. Abrí mis ojos. Esperaba verme en la sala de un hospital, con ambas piernas rotas y mi sueño de ser futbolista profesional tirado a la basura. Pero no fue así.

 

- ¿Cómo te sientes, Taichi-san? - Me preguntó un científico en miniatura.

 

- Como si realmente me hubiera lanzado por el precipicio. - Le respondí cansado.

 

- Es el problema de los sueños, te generan un estado de tensión y estrés natural que obliga a tu cuerpo a no descansar de la manera adecuada. - Me respondió como un profesional.

 

- ¿Y tenías que incluir en mi sueño todo eso, Koushiro? - Le pregunte molesto.

 

- Casi todos los elementos que había y los hechos ocurridos se fueron formando con tus actitudes, miedos, e incluso deseos. - Me miró sonriente. - Hasta la multitud que soñaste la creaste tú con tu propia mente.

 

-Al menos ya viví lo que se siente ser famoso y popular. Nunca más lo voy a volver a desear.

 

- Ese no era el objetivo del experimento. - Me dijo algo molesto.

 

- ¿Y cuál era? - Lo pensé un momento. - No, espera. No me lo digas. A decir verdad, no me importa. Tengo que irme a casa. - Comencé a prepararme y a recoger mis cosas.

 

- Al menos te sirvió para darte cuenta de quién manda en tu corazón. - Me dijo tranquilamente mientras me dirigía hacía la puerta. Sentí una opresión en el pecho y mis mejillas se ruborizaron de inmediato.

 

- ¡Como si eso me importara! - Salí dando un portazo.

 

Pese a todo, si me importaba.

 

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El día de hoy me preparé para lo peor, pero todo parecía normal. Nuevamente me encontré con Kido-senpai cerca del campo de entrenamiento, peo no hubo nada extraño. Solo un movimiento de cabeza a modo de saludo y nada más. Me quedé parado como tonto por un largo rato sin saber realmente la razón. Algo estúpido en realidad, ya que llegué un minuto después que el entrenador.  A diferencia de mi sueño, mi entrenador real es el tipo más maldito que existe. Me puso a correr diez vueltas alrededor de la cancha mientras mis compañeros se burlaban de mí. El único amable en todo esto fue Daisuke.

 

- Gracias, Daisuke. - Le dije mientras bebía de la botella con agua que me había acercado.

 

- Ya sabes, Taichi. Para esos son los amigos... - desvió la mirada un momento - O los cuñados. - Casi provocó que me ahogara con el agua.

 

- ¿Qué? - Mi rostro se puso un poco rojo.

 

- ¡Hikari-chan y yo somos novios! - Me dijo rápidamente mientras se cubría la cara. Para su sorpresa – y la mía- solo puse mi mano en su hombro.

 

- ¡Cuídala! - Le dije mientras me dirigía a las regaderas.

 

- ¡Eso haré! - Me gritó entusiasta.

 

Al salir de las duchas tres lindas chicas me esperaban. Por un momento me sobresalté un poco, pero tanto Mimi-chan como Miyako-chan solo me saludaron brevemente con la mano, retomando su conversación sobre lo guapo que era un jugador de futbol de nuestra escuela rival, llamado Ken Ichijouji.  Hikari se acercó a mí solo para pedirme dinero prestado y después se marcharon.

 

Al legar al salón un golpe conocido, pero no esperado, me sacó de mis pensamientos.

 

- ¡Hey! - grité mientras me frotaba el brazo.

 

- Oh, lo siento amigo. - Me dijo con una voz amable. - Generalmente siempre te quitas y así ya no te alcanzó a pegar. ¿Tienes algún problema?

 

- ¿Por qué lo dices, Sora? - Le pregunté triste.

 

- Porque te ves bastante desanimado. - Tocó mi mano con suavidad. La miré confundido un momento.

 

- ¿Desde cuando eres tan dulce? - Le pregunté. Para mi sorpresa su rostro se ruborizó de inmediato.

 

- Desde que tiene novio. - Me respondió mi mejor amigo mientras la rodeaba con su brazo. Lo volteamos a ver y el rostro de Sora se volvió mucho más colorado de lo que ya estaba.

 

- ¿Ustedes dos...? - Ambos asintieron. Sonreí. - Me parece muy bien.

 

Las clases siguieron con su curso. Nadie se peleaba por mí, nadie me llevaba regalos. Mis mejores amigos se habían hecho novios, mi hermana y mi amigo igual. Y yo más solo que un perro callejero. Miré distraídamente por la ventana cuando alguien llamó mi atención. Con tranquilidad le pedí permiso al profesor de salir a la enfermería, y afortunadamente me lo dió sin protestar. Tal vez era porque sabía de mis arduos entrenamientos por las mañanas. Salí del edificio y me dirigí hacía el jardín de la escuela.

 

- ¡Hola Taichi-san! - me saludó con formalidad y sentí que un nudo me cerraba la garganta. El día anterior lo había visto convertirse en el pequeño niño del que siempre había estado enamorado, pero ya no existía más. Una sensación de nostalgia me embargó. – Oye, hoy te ves bastante más atractivo que otros días. - Me miró sonriente y yo traté de hacer lo mismo. Aunque sé que lo había dicho como una broma, no pudo menos que ponerme nervioso con ese comentario.

 

- Gra... gracias... Takeru-chan... Pero no es necesario… ya sabes… que me mientas. – Le dije tímidamente.

 

- Yo nunca miento, Taichi-san. Tu siempre me has parecido un chico atractivo, porque eres tan genial y una buena persona. – Me lo dijo con bastante sinceridad. Una ligera brisa rozó mi corazón.

 

 - Gracias… - Suspiré un momento y continué con un tono de voz más normal. - Y tú ¿cómo estás?

 

- Pues, en realidad no muy bien. Quisiera pedirte dos favores... - Me miró con sus profundos ojos azules. Pese a que se parecía a Yamato, mi amigo jamás se me había hecho tan lindo como su hermanito.

 

- Lo que sea, ya sabes que haría cualquier cosa por ti. - ¡Oh, dios! Se escuchó tan romántico. Espero que no lo haya notado.

 

- ¡Gracias, Oniisan! Pero no me vayas a preguntar por qué ¿de acuerdo? - Asentí con la cabeza. - ¿Podrías besar mi mejilla?

 

- ¿Cómo? - La petición me sorprendió. - ¿Por qué?

 

- Te dije que no preguntarías y aceptaste. - Suspiré.

 

- De acuerdo. -Tomé sus hombros y me acerqué a besarlo. Pero al igual que en mi sueño, ágilmente giró su rostro en el preciso momento, haciendo contacto con mis labios. Fue un beso dulce, mucho más genial que el de mis sueños. Cuando nos separamos pude notar su mirada traviesa, en la que se reflejaba mi rostro sonrojado.

 

 - ¿Quieres ser mi novio, Taichi-san? - Me preguntó con una voz ronca, que me hacía recordar que estaba dejando atrás su infancia.

 

- Ese no es un favor… - Le dije, mientras le tomaba sus manos. - Ese es mi más grande sueño.

 

- ¿Eso es un sí? -  Preguntó sonriente.

 

- ¡Eso es un sí! - Le dije de la misma manera. - Pero ya debes irte o nos castigaran a ambos. Te veo en la salida, ¿ok?

 

- ¡Será grandioso! - Me miró feliz. Con un rápido movimiento besó mi mejilla y se fue corriendo rumbo a su salón.

 

Quizá no soy ni el más atractivo ni el más popular de la escuela, pero ahora que lo tengo a mi lado, sé que soy la persona más feliz del mundo entero.

Notas finales:

¿Cuántos de nosotros nos preocupamos porque no somos del grupo de los más populares o de los que tienen pareja en la escuela? Ves a todos a tu alrededor con alguien y uno más solo que un hongo. ¡Es muy triste! Pero amigos, he de decirles que la vida nos da sorpresas. No traten de forzar las cosas porque muchas veces pueden salir lastimados (eso lo sé muy bien por experiencia propia). Y les puedo decir que, si esperan pacientemente, un buen día llegará el amor a su vida y con la persona que menos se imaginan. Bueno, hasta aquí la historia. Espero que les haya gustado este Taikeru (Taichi x Takeru) -corríjanme por favor si me equivoco con el shippeo-. En lo personal se me hace una pareja muy linda. ¡Nos vemos en la próxima!


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