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Lunas de enero por Silence Tsepesh de Lenfet

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Notas del capitulo:

Hola~

 

Despues de un breve descanso, regreso con una nueva historia. Espero sea una novela larga. 

De momento estare actualizando cada quince días, siempre en sabado (un sabado sí, otro no) 

 Está muy silencioso. Ese lugar es así a veces porque estamos lejos del centro de la ciudad y muy cerca del límite, pero es muy extraño que todo esté en silencio. Apago la luz de la habitación, donde solo hay dos gatos y un perro en sus jaulas, si todo va bien mañana mismo se irán a sus casas. Ser veterinario es muy gratificante la mayoría de las veces.


Ya no queda nadie en la veterinaria, me doy cuenta que pasa de la media noche y que merezco dormir un poco antes de tener que bajar por otra ronda, porque si vas a hacer algo es mejor hacerlo bien y mi departamento está en el segundo piso, así no tengo que viajar a ningún lado, no pago renta y puedo vigilar a los animales que se quedan aquí por la noche. Tengo un par de horas para dormir en cuanto termine de rellenar los últimos datos de esta ronda.


— ¿Qué demonios?— ¿alguien está entrando? Eso fue alguien pateando la puerta ¿no? al ser una veterinaria tengo un timbre de emergencia, las personas que traigan a su mascota por la noche solo tienen que tocar ese timbre, no solamente entrar y como apenas estaba por subir aun no tengo activa la alarma. Están hablando demasiado alto para ser ladrones. En el recibidor hay tres personas, una mujer y dos hombres, y…


— ¿eres el encargado?


— eso es un lobo— entre los dos hombres están cargando al animal y ni siquiera he visto quien me hablo.


— ¿tú eres el responsable de este lugar?


— ¿Por qué tienen un lobo?— el animal esta consiente, se retuerce y se queja— está sangrando. 


— por eso venimos aquí ¿puedes arreglarlo?— no me gusta el tono que usa,  pero señalo al fondo. Hay un animal herido aquí y debo trabajar. Escucho que me siguen hasta la habitación donde atiendo las emergencias. Enciendo la luz, dejando ver la sala bien iluminada.


— debo dormirlo primero. Y ponerle un bozal.  Súbanlo en la mesa y no lo suelten.


— nada de bozales.


— si no lo hago me morderá— ¿acaso es estúpido? Un animal herido es peligroso, por más pequeño o domesticado que este. Nadie dice nada, los tres están compartiendo miradas— sigue perdiendo sangre. Si no quieren ponerle bozal entonces sujétenlo bien— antes de que ellos digan algo ya he inyectado algo de sedante. No sé cuánto pesa el animal y no creo que sirva para dejarlo dormido pero por lo menos servirá para dejarme trabajar. En lo que el sedante hace efecto, acerco las cosas que creo voy a necesitar. Cuando hago estas cosas en el día tengo a alguien que me ayuda con estas tareas, por la noche debo arreglármelas solo. Enciendo las bocinas y dejo que mi teléfono transmita la música, que empieza a sonar en un volumen justo para no dejarme insonorizado y poder escuchar.  Tomo un par de guantes de látex de una caja y cuando me los pongo le doy un empujón a uno de los hombres que están allí y que me estorba.   


— ¿esto es una buena idea?— escucho que dice la mujer. Suena nerviosa— tal vez no debimos…


— esto no se ve bien— murmuro, ignorando lo que están diciendo. No suelo pensar mucho cuando tengo una emergencia, en estas situaciones todo es actuar primero pensar después, pero había creído que ellos habían golpeado al animal con su auto. El lobo tiene unas heridas grandes en una de las patas traseras y parte del costado. La sangre no me deja ver bien. El animal gime cuando uso el desinfectante— no llegan al hueso, pero es profundo ¿hace cuando lo encontraron?


— menos de una hora— paso un buen rato limpiando herida tras herida, suturando con cuidado la mayoría de las heridas, por lo profundas que son.  El animal no parece estar en peligro ahora que he visto bien, por la cantidad de sangre que estaba perdiendo creí que tendría un serio problema con eso… tal vez aun lo tenga. Vendo con cuidado al animal y termino por inyectar antibiótico. Suspiro y hecho la cabeza hacia atrás. 


— ¿termino?— ah, me había olvidado que no estaba solo.


— por ahora. No se cuanta sangre perdió, podría entrar en crisis por las hemorragias. Tuvo suerte de que no se dañó ninguna arteria importante o estaría muerto ahora. Las heridas son profundas si se mueve mucho ahora puede volver el sangrado, además el riesgo de infección es muy alto, ya que parece haber sido atacado por otro animal.


— ¿entonces…?


— se queda aquí y llamare a control animal— apago la música.


— no puedes hacer eso.


— es el protocolo con animales salvajes— los miro. El hombre con quien estoy hablando es alto, tiene el cabello oscuro y la ropa manchada de sangre. El otro hombre es rubio y también es muy alto. La mujer es morena y tiene el cabello rizado y esponjoso— ¿hay algún problema con eso?— normalmente a las personas les da igual si los animales salvajes son llevados por control animal o no, a menos que el animal no sea tan salvaje.


— es solo que…


—somos miembros de protección animal. Por eso no tienes que llamar, nosotros nos encargaremos cuando pueda moverse— ¿en serio? me agacho a tirar las gasas y vendas ensangrentadas.


— oh, si es así entonces está bien.


— ¿Cuándo podemos llevarlo?


— es difícil decir, esta noche no, sin duda— los tres levantan la cabeza, como si les hubieran llamado al mismo tiempo— eh… sobre…


— entonces vendremos después. Tenemos que irnos— la mujer es la primera que sale, sacando un teléfono de su ropa— ¿no morirá?— el hombre rubio se detiene a preguntarme.


— no lo sé. Hare todo lo posible para que no lo haga— eso parece valerle a los dos, y se van— Hey, esperen…— mi respuesta es el ruido de la puerta al cerrarse ¿Cómo voy a mover al animal a las jaulas? Ah…


Moverlo sin abrirle las suturas es toda una odisea, pero lo logro. No será la primera vez que muevo a un gran animal, si no has movido a un san bernardo inconsciente después de una cirugía… estoy cansado. Este lugar es un desastre sangriento y si algo tiene la sangre es que si no la limpias pronto después es casi imposible, y ya son casi las dos de la mañana. Parece que no dormiré mucho hoy.  


Despierto sobresaltado. Siento movimiento en mi cama, y yo vivo solo. Estiro la mano para encender la luz.


— joder… ¿Cómo demonios saliste?— el lobo esta al pie de la cama. Aunque quiero levantarme y correr, no lo hago. No creo que pueda saltar para atacar, pero no pondré a prueba esa idea. Mas importante, lo deje en una jaula, abajo. Y hasta donde sé deje cerrada la puerta de las escaleras que suben al departamento, y la puerta de mi habitación. El animal me está mirando— no pareces tan grave si puedes llegar aquí ¿eh? Vamos, tienes que volver a la jaula— ¿Cómo lo llevare? No tengo sedantes aquí, y no sé si atarlo con una cuerda funcione ¿tengo cuerdas aquí? Un gruñido llama mi atención. el animal se sacude un poco y sube las patas delanteras a la cama— espera, no…— cuando el sube, yo salgo de la cama— esto no es nada divertido— ¿si le doy carne lo puedo regresar a la jaula? Quizá deba ir primero por una jaula, así no tendré que bajarlo herido. El animal no se mueve cuando salgo de la habitación, y cuando regreso, cargando una jaula y un paquete de carne congelada, el esta acostado en la cama y solo levanta las orejas— vamos, mira… esto debe gustarte— olfatea la carne, pero no se levanta— vamos…— la acerco otra vez y luego la arrojo a la jaula, el solo cierra los ojos— esto es una jodida broma. Tengo sueño— me rindo, ya lidiare con esto cuando haya dormido. Cierro la puerta de la habitación, el sofá no es tan malo.


La luz del sol me despierta, eso y el calor que siento. Esta demasiado caliente…


— mierda…— ¡este animal! ¡Está dormido sobre mí! Apenas puedo moverme. Abre los ojos, sin moverse. No hace ningún intento por atacarme o algo así— tú no eres un lobo salvaje. Protección animal mi trasero— ya era bastante raro que no quisieran que llamara a control de animales. Si no llame fue porque no responderían a la hora que era y no se podía mover al animal…— pero tú dices otra cosa ¿no?— me siento despacio, mirándole ¿realmente esta domesticado? Acerco con una mano despacio, y le toco la cabeza. Cierra los ojos y suspira. Es como un enorme perro… uno enorme que puede saltarme al cuello y matarme, pero un perro al fin de cuentas— esas heridas deben doler ¿no? Arreglemos eso.


Las pastillas para el dolor parecen funcionar. Ahora que sé que no va a comerme, me siento un poco más en confianza para dejarle libre, además de que cualquier intento por meterlo en la jaula o ponerle una correa terminan con el lobo mostrándome los dientes y gruñendo. Es fin de semana, así que solo tengo que esperar a que los dueños de las mascotas que tengo abajo lleguen y entregarlas. Ojalá no llegue ninguna emergencia ahora.


— ¿Qué haces?— se ha sentado a mi lado, mientras cocino— ¿te gusta cómo huele?— sus orejas se mueven. El animal no me deja solo ni un momento. Estoy de un lado a otro y el me sigue, sentándose a mi lado o mirándome hacer las cosas. Es un animal muy joven. Solo cuando bajo o cuando entro al baño se queda en el sofá.


Por la noche, casi me había olvidado del lobo, pero salta sobre la cama, con más rapidez que anoche ¿debería dormir en el sofá otra vez? No confió del todo, sigue siendo un animal salvaje. Se acerca a mi lado y se hace bolita, apoyando la cabeza en mi estomago e impidiendo que me mueva.


— vale. Esto es una mala idea, pero no hay muchas opciones ¿eh? No te atrevas a comerme— enciendo la televisión. Están pasando Pocahontas.


 


***


 


— ¿¡Que es esa cosa!?— mi amigo, y compañero de trabajo, no grita, pero casi. Esta en la entrada, con la espalda recargada en la pared y mira completamente aterrado al lobo.


— oh, es solo un perro.


— eso no es un perro— Fabien tiene un fuerte acento francés cuando esta alterado, y ahora lo está mucho— eso es un lobo por si no te habías dado cuenta ¿En qué estás pensando, Eddie?


— Ya sé que es un lobo. Lo trajeron el viernes por la noche.


— ¿Ya llamaste a control de animales?— el lobo gruñe y Fabien se pone pálido.


— aun no, pero lo hare. Está herido y moverlo no era una opción, ahora no deja que lo revise sin que me quiera morder. Mientras no lo quiera meter en una jaula o ponerle un collar, se comporta muy bien— le palmeo la cabeza.


— ¿qué haces?


— le gustan las galletas de figuras, y ver películas de Disney conmigo.


— Eddie, estás loco, encierra a esa cosa— suspiro.


— bien, vamos— el lobo me sigue hasta la puerta que da a mi departamento— quédate allá, no puedes venir o causaras un alboroto enorme— le acaricio otra vez las orejas y cierro la puerta. No veo a Fabien en la entrada ni en el escritorio de recepción. La puerta de su consultorio está abierta y allí es donde le encuentro. Fabien es muy atractivo, solo alguien ciego no notaria la buena combinación de sus rasgos con el color de castaño claro de su cabello y los ojos grises, aunque a veces puede ser una molestia— ¿Qué haces?


— llamando a control de animales.


— no puedes hacer eso— me lanzo sobre él para quitarle el teléfono. Fabien está en mejor condición física que yo, así que no puedo hacer mucho: al final él se levanta, victorioso, con el teléfono en la mano.


— dime porque no. No puedes tener un animal como ese de mascota y tú lo sabes mejor que nadie.


— no quiero quedármelo de mascota, tonto— me levanto, sacudiéndome los pantalones. A diferencia del atuendo semiformal de Fabien yo prefiero la ropa cómoda, zapatillas deportivas, una camisa sencilla y mi bata blanca de médico— es solo que no creo que sea buena idea. Estoy seguro de que quienes lo trajeron no eran de protección animal— frunzo la nariz— y no sé qué debo hacer entonces. Si hay algo como peleas clandestinas debo poder informar bien de ese caso, las heridas que tiene sin duda son de una pelea con otro animal. Me las arreglare para pedirles una dirección o un número de teléfono. Una tarjeta de crédito.


— ¿y como sabrás donde viven? No puedes seguirlos.


— podrían rastrear el número de teléfono si informo de lo que paso ¿no?— Fabien se encoje de hombros— tal vez llame a la policía cuando vengan por él, los entretendré fingiendo revisar mientras llamas ¿puedes hacer eso?


— eso creo. Solo espero que esa cosa no te coma mientras tanto.


— estoy seguro que no tengo tan buen sabor— Fabien resopla y yo me rio— está demasiado domesticado. No creo que pueda vivir en la naturaleza.


— ese ya no es mi asunto. Solo ten cuidado, Eddie.


— si, si… ¿Cómo esta Will?— Fabien aún me dirige una mala mirada. Al final solo suspira y hablamos un rato del fin de semana, Gabriela llega y nos saluda antes de ir a su puesto al mostrador, y al cabo de un rato regresa diciendo que ha llegado una consulta para Fabien. Y así comienza nuestro día.


Al final del día solo tenemos un gato que se quedara un par de días. No se ve mal y tengo buen pronóstico para el pequeño. Cuando subo a mi departamento, lo primero que noto es al lobo, acostado en el sofá. Tendré que usar una aspiradora para quitar los pelos del sofá y de la cama.  Paso a la cocina para meter al microondas algo de pizza que sobro y luego me voy derecho al baño. Regreso a la sala con la pizza y el cabello mojado, me siento en el piso, ya que el lobo no parece querer moverse y no quiero molestarle y que me dé un mordisco.  Tomo el control y enciendo la televisión.


— veamos ¿Prefieres ver Frozen o la sirenita?— el animal bosteza— sí, tampoco me gusta mucho la sirenita— cuando era niño tuve que actuar de Ariel en una obra de teatro escolar, al estar en una escuela solo para varones, y al ser el único pelirrojo y tener los ojos color verde todos pensaron que era una buena idea. No lo fue. Y tampoco es que la actuación fuera lo mío, los vestidos no me van bien y estoy seguro que la sirenita no tiene pecas como yo, que no por nada soy muy fan de Disney y me he visto las películas más veces de las que puedo contar, pero eso ya es pasado. Cuando vuelvo a la cama después de darle la última revisión al gato, apenas me acuesto, el lobo salta a la cama y se acuesta casi encima de mí— en serio, después de que te vayas me conseguiré un perro— el lametón que me da me toma desprevenido— asqueroso.


Pasan tres días más siguiendo más o menos la misma rutina. El lobo no me deja tocarle las heridas, solo cuando digo que tengo que cambiar las los vendajes puedo hacer algo, si intento algo más intenta morderme, y no es agradable.


El cuarto día amanezco solo, las puertas están abiertas y en el mostrador hay una nota agradeciéndome por curar al animal y un sobre con billetes.


— pero es que en serio, es espeluznante— le he contado a Fabien todo apenas llego por la mañana.


— debiste llamar a control animal cuando te dije.


— es que todo era tan extraño… creo que cambiare el sistema de seguridad— no tengo demasiadas cosas valiosas aquí, pero si temo un poco por mi seguridad. No sé qué hubiera pasado si hubiera llamado a control animal— pero extraño la compañía ¿sabes? Voy a conseguirme un perro.


— uno pequeño, por favor.


— estaba pensando en un siberiano.


— tú no tienes remedio, Eddie— la verdad siempre he querido una mascota, pero sé que cuando comience con una no podre parar y terminare con la casa llena de animales. A todos nos pasa.


Es miércoles, termino la última revisión antes del descanso para comer. Se que ya no hay clientes en la sala de espera, así que cuando salgo y me despido de la familia que trajo a su nueva camada de perros para la primera revisión, me sorprende encontrarme con Gabriela.


— hay un asunto…— dice, recoge sus cosas— no quería dejar solo el lugar. Te está buscando.


— está bien— la acompaño hasta el mostrador, en la sala de espera esta un chico. Apenas me ve se levanta y casi corre hacia mí.


— Aquí estas. Hola. Estaba esperándote— tiene el cabello oscuro y alborotado, la piel morena y ojos oscuros. No recuerdo haberlo visto antes.


— disculpa ¿te conozco?


— por supuesto… digo, no— su cara se pone colorada— me llamo Beau. Tú eres Eddie. Traje galletas ¿podemos comerlas?  Y después ¿puedo ayudarte?


— eh…


— por favor.


— ¿Por qué estás aquí? y más importante ¿tus padres saben que estas aquí?— no tendrá más de quince años. Su entusiasmo es un poco perturbador.


— no lo saben. Y estoy aquí porque quiero a… ayudar. Me gusta…n los animales.


— aja… dime el número de tus padres para llamarles.


— no lo hare. Quiero estar aquí.


— mira, no quiero tener problemas, si tienes cualquier problema con tu familia no quiero involucrarme.


— no tengo problemas con mi familia. Quiero quedarme y ayudarte— sus ojos se desvían hacia algún punto detrás de mí. Entrecierra los ojos y arruga la nariz, luego escucho a Fabien acercarse. 


— oh, estas ocupado… bien, nos vemos en un rato— nos dirige una mirada de confusión antes de dirigirse a la puerta.


— escucha, tengo la sensación de que si te digo que no será más problemático, no puedo prohibirte que estés aquí así que si vas a quedarte te iras a las siete. Y si vienen a buscarte negare todo.


— ¡Gracias!


Beau resulta ser menos problemático de lo que creí. Parece que solo le gusta mucho la veterinaria y siempre está atento a lo que hago, aunque parece que Fabien no le agrada mucho. Viene dos días seguidos, trayendo galletas diferentes cada día. El viernes no está en la sala de espera.


— tu sombra no está aquí hoy— comenta Fabien, divertido. Le llamo así después de que vio que me seguía a todos lados y siempre estaba pegado a mí, por no decir abrazado a mi brazo todo el tiempo.


— sus padres debieron haberlo regañado. Mira que debería estar en la escuela.


— ¿vendrás a comer el domingo? Hemos organizado esa comida por semanas, no puedes faltar. Will se molestará si no vas.


— dudo mucho que lo haga, pero si, iré. No tenemos mascotas en urgencias y necesito una salida.


— más te vale.


El sábado por la mañana me doy cuenta que no he hecho compras y la comida congelada se acabó. Tampoco tengo papel higiénico y el jabón de manos está dando las últimas. Tengo que ir al supermercado. Me pongo una chaqueta y salgo. El supermercado está a varias calles, pero no hay un autobús que me lleve y tampoco son tantas calles como para usar el auto así que camino.  Me entretengo en la sección de frutas y verduras y termino cargando más cosas de las que pensaba comprar ¿Por qué todo es tan caro? Luego se quejan de que la gente compra más comida chatarra, las sopas instantáneas son baratas.


— lo siento, no estoy mirando por donde voy— murmuro, porque por estar revisando el ticket de compra he chocado con alguien. Vaya, que alto. Son cuatro hombres, los cuatro vestidos de negro que me dan la impresión de ser motociclistas renegados. Ninguno se mueve— eh…


— ¿Dónde está Rowan?    


— ¿Quién? Yo no conozco a ningún Rowan— dos de ellos se ríen, esto no luce nada bien.   


— estas mintiendo. Apestas como toda la manada de Rowan.


— ¿apesto? ¿Disculpa?— antes de notarlo me empuja hacia la pared, no tengo oportunidad de decir algo más o de intentar sostenerme. Mi cabeza golpea el muro, y veo lucecitas blancas al mismo tiempo que empiezo a tener visión de túnel. Intento enfocar, levantarme o hacer algo pero solo me escucho gemir, y todo se pone oscuro. 


 

Notas finales:

Gracias por leer, nos leemos pronto <3


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