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Cosecha de cerezas. por yuniwalker

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Hee-gyeom preparó café y fue a la sala de estar.

Sus ojos estaban pesados ​​así que estaba sentado, quieto y casi a punto del desmayo debido a la cantidad aterradora de trabajo con la que había tenido que lidiar desde la noche. Normalmente despertaba a su hermano menor, que dormía desde las 8, y lo enviaba a tomar su desayuno en lo que se hacía cargo de algo más. Hoy todo se sintió terriblemente desorganizado como para considerarse un buen día. Hee-seo era un buen hermano pequeño, lo escuchaba bien, era inteligente y lindo pero, para ser honesto, Hee-gyeom no podía permitirse prestarle tanta atención. Deseaba que creciera solo y de un modo brillante. Pero tampoco era como si fuera lo suficientemente inteligente como para hacer eso por su cuenta.

Hee-gyeom sonrió de repente, todavía sosteniendo su café entre las manos. Recordó que sus mejillas regordetas estaban hinchadas y que sus labios se crisparon por temor a que se enojara con él por haberse quedado dormido.
Gyeom a veces era pesado con las responsabilidades que le imponía, pero pensaba que era necesario para hacerlo crecer. Por supuesto, en lugar de enseñarle a su inocente hermano como vivir y ganarse la vida, quería abrazarlo para siempre y protegerlo entre sus brazos. Incluso si últimamente parecía estar bastante ansioso por enseñarle a ser independiente, era por presión. No por gusto.

Y honestamente ya estaba cansado de todo eso.

"Tin, tin."

Estaba a punto de subir a la biblioteca con su café cuando comenzó a sonar su teléfono celular. Cuando revisó, descubrió que había recibido un mensaje de texto diciendo que su hermano se había ido temprano de la escuela por motivos de salud. El instituto privado al que asistía su hermano había introducido un sistema de asistencia electrónica, por lo que todo, desde la llegada de su hermano a la escuela, las tardanzas, las salidas anticipadas y las ausencias, se informaban de inmediato en el teléfono de Hee-gyeom.

"¿Qué pasa para que venga tan temprano?"

Hee-gyeom, que estaba a punto de llamar a su hermano, cambió de opinión y se dirigió al sofá de la sala. Su hermano menor llegaría pronto a casa de todas maneras así que sería mejor preguntarle en persona.

Gyeom bebió su café lentamente mientras esperaba. Su mente perturbada había comenzado a despertarse gradualmente con la noticia de su hermano y lo fuerte que estaba la bebida. Y en el momento en que el humo del café se volvió plano, el sonido de unos pequeños pasos comenzó a escucharse en la quietud de la casa. Poco después, la cerradura de la puerta principal se abrió: "Bip, bip, bip, bip." Su hermano menor estaba presionando las teclas con sus manos pequeñas y lentas. Hee-gyeom dejó el vaso y miró hacia la entrada: Hee-seo, que estaba en pantuflas ahora, encontró a su hermano esperándole en la sala. Sus ojos y su nariz estaban rojos debido al llanto y su pequeño rostro pálido pareció estar lleno de todos los dolores del mundo.

"¿¡Por qué estás llorando!?"

Hee-gyeom, que planeaba interrogar a su hermano menor, se levantó de inmediato y se acercó hasta llegar con él. El vaso se volcó por su movimiento tan brusco pero, Hee-seo, que pareció no darse cuenta de esto, solo lo miró y dijo: "Yo..." Para terminar abalanzándose sobre él y enterrando la cara entre sus brazos. Hubo un grito, así que Hee-gyeom, que cubrió las mejillas húmedas de su hermano menor, le levantó la cabeza para poder inspeccionarlo de una mejor manera. Las lágrimas estaban goteando así que en lugar de sentirse triste, Hee-gyeom estaba más enojado por la persona que lo había hecho llorar.

"¿Quién fue? ¿Te dijeron algo malo? ¿Te golpearon?"

"No, no..."

"¿Qué fue? Dime ¿Por qué estás llorando?"

"Yo, yo...."

Mientras envolvía sus manos alrededor de su cintura y acariciaba la parte de atrás de su cabeza para intentar tranquilizarle, su hermano menor pareció llorar todavía con más fuerza. Frotando sus suaves y regordetas mejillas contra el duro pecho de su Gyeom, lloró y lloró hasta que el hermano le dio palmaditas en la espalda y le besó sobre la cabeza. Heeseo, que todavía estaba descontrolado, solo tembló. Algo había comenzado a filtrarse entre sus piernas para ese momento. El papel higiénico que llevaba estaba empapado y apareció una vívida mancha de sangre en su ropa. El miedo se salió de control por un instante así que gritó:

"Hermano, ¡Voy a... Morir! Yo voy a morir."

"¿De qué estás hablando? ¿Cómo que morir? Habla despacio para que pueda entenderte".

Hee-gyeom le dio unas suaves palmaditas en la espalda para intentar que lo dijera de nuevo. Hee-seo, quien tomó una respiración que pareció ser más un hipo, tartamudeó mientras intentaba contarle lo que sucedió en la mañana:

"Cuando, cuando llegué a la escuela, me dolía muchísimo el estómago. Ah, todavía me sentía enfermo así que, fui al baño ¡Era una locura! ¡Hasta estaba sudando! Yo, cuando entré, descubrí que el espacio entre mis piernas estaba resbaladizo."

Hee-seo contuvo su respiración e intentó guardar su miedo. Hee-gyeom le dio unos toquecitos en el hombro, como si dijera que lo estaba haciendo bien. Era una mano grande, dura y adulta. La vaga confianza en que haría algo con respecto a esta situación lo inundó por completo así que Heeseo abrió la boca mientras se aferraba a su hermano mayor:

"Entonces, fuí al baño y, mis... Mis pantalones, ¡Ah! Yo no sé como pero, um, había sangre, sangre en mis boxers. Hermano, ¿Voy a morir? ¿¡Voy a morirme!?

"¿Cómo que sangre?"

"Sí. Había mucha sangre. Estoy sangrando... Me duele el estómago y estoy sangrando. ¡En serio!"

Heeseo, que pareció decir la verdad, comenzó a llorar de nuevo. Hee-gyeom, que estaba todavía parado frente a la puerta, condujo al niño, que estaba llorando, a un lugar más seguro y cerró la puerta que los separaba de las otras habitaciones. A Hee-seo, que pareció tan ocupado llorando, no le importó cuando Hee-gyeom le quitó el cinturón, pero abrió los ojos cuando sintió que sus boxers se deslizaban hacia abajo. Las delicadas pestañas en forma de abanico estaban empapadas en lágrimas y mientras tanto, el hermano mayor solo miraba sus calzones manchados de terribles gotas de sangre. La expresión de Hee-gyeom era tan seria que Hee-seo volvió a estar aterrorizado. Pensó que era un asunto grave, por lo que el sentimiento de vago alivio se convirtió en ansiedad nuevamente.

"¿Qué hago? ¿¡Qué hago!?"

La voz, que había estado llorando, llamó a su hermano. Hee-gyeom no respondió de inmediato pero, en su lugar, tocó el interior de los muslos blancos de Heeseo y mientras buscaba a tientas en un lugar que no podía ver, comenzó a retirar los restos del papel de baño y algunas costras de sangre... Y al buscar bajo sus testículos, tocó algo que definitivamente no debería estar allí. Hee-gyeom quedó momentáneamente aturdido.

"¿Qué pasa? ¿¡Qué pasa!? ¿¡De verdad está muy mal!?

Había una vagina entre las piernas de su hermano menor.

 


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