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Un Camino Construido Sobre Ruinas Perdidas En El Tiempo. por HikSon

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Notas del fanfic:

Hola, esta historia la estaba subiendo en una cuenta con el seudónimo HikaSu, pero mi cuenta murió, cuento mejor el chisme en la nota final del cap. 11.

Sé lo que debes estar pensando luego de leer el resumen de la historia, ¿y dónde están los joterías? Si te das una pasadita por mi perfil, explico mejor mi situación, pero igual te mereces una rápida explicación acá.

Fanfic.es valuó turbo longaniza y ando viendo dónde seguir publicando, pero a mí me encantaba fanfic.es, escribí en ella 7 años, y además de ésta página, no he podido encontrar una similar.

Tal vez mis historias no traten enteramente de romances gays, pero en todas mis historias he incluído personajes de la comunidad LGBTTTIQ+, y yo disfruto del yaoi y yuri, así que, de hecho, esta historia, en un capítulo muy muy adelante, colé una escena bien gay, y así en todas mis historias.

Me encantaría de todo corazón tener un buen recibimiento aquí, así que estaría muy feliz si pudieran darle una oportunidad a ésta y más de mis historias.

Notas del capitulo:

Les presento a Massiel, el autor de esta carta extremadamente larga y mi protagonista, espero que puedan darle mucho amor.

(Universo 2, E10, 75 años desde el nacimiento de los hijos de Junuem)

Siempre hubo algo que se interpuso para que ciertas palabras no salieran de mi boca, ahora, en este momento, no me encuentro en la posibilidad de decírtelas, y para mi pesar tampoco habrá posibilidad en el futuro, pero espero que estas hojas llenas de palabras de mi autoría, milagrosamente lleguen a tus manos y entonces sepas que: Te amo. Sí, te amo a ti, tú qué estás leyendo estas palabras en este instante, te amé desde siempre, te amé sin importar cuantas veces se modificara nuestra historia, te amo incluso ahora que me encuentro literalmente a unos pasos de la muerte, morí amándote, y te amaré incluso después de morir…

Nah, es broma, la verdad es que ni siquiera sé quién cojones está leyendo esto… ¿o sí…? ¿Te conozco?

Fuera de coña, es cierto que estoy por morir, el tiempo se congeló en aquel segundo antes de que yo terminara de dar mi último respiro de vida, terminé así tras una batalla con un bastardo llamado Tahiel, que bueno, en realidad él no es exactamente una persona hecha de maldad pura, sin embargo el hijo de puta mató a alguien importante para mí enfrente de mis ojos, yo solo planeaba patearle el trasero, pero tras presenciar eso, me convertí en una masa de carne que se movía impulsada por rabia pura e incontrolable.

Por mi estupidez causé que mis amigos, quienes estaban luchando junto a mí, tuvieran más problemas de los que de debieron haber tenido, pero son tan geniales que se las apañaron contra los enemigos de alguna forma. La batalla no fue una súper épica batalla de muchos días y muchas noches, tanto los enemigos como nosotros no éramos más de 10, y sin tiempo para descansar, la energía de ambas partes decayó en unas pocas horas, luego de eso solo nos movíamos por orgullo, venganza, desesperación, por no querer perder o simplemente joder a los enemigos, pero ya estábamos bastante heridos, en mi caso, yo había sido golpeado tantas veces que mi cerebro ya había dejado de razonar correctamente, así que comencé a actuar en mi modo idiota al 100% y traté de atacar yo solo a Tahiel.

—¡Seguro que lograste golpearlo y darle su merecido! —debes estar diciendo con entusiasmo.

… Jajaja… no…

Hay un «Tipo Fuerte» que lucha por Tahiel por motivos que explicaré en su momento, su nombre es Bastián, pero para no confundirte con tanto nombre, por el  momento lo seguiré llamando Tipo Fuerte, ya que, fue así que como lo estuve llamando en mi mente por mucho tiempo. Ese tipo era la principal razón por la que ese día yo me encontraba dispuesto a luchar, pues años atrás, el Tipo Fuerte mató a… a otra persona importante para mí, yo diría que después de ti, la persona que asesinó el Tipo Fuerte era la persona que yo más amaba, claro, si es que tú eres mi bella Lucy, porque estoy escribiendo esto con la esperanza de que Lucy lo lea, ¿eres Lucy? Si no eres ella… pues también léelo, quizás tú conozcas a mi Lucy, o quizás la conociste, o quizás la conocerás, Lucy está en todas partes, y en cualquier momento…

Me estoy saliendo del tema, yo estaba escribiendo sobre cómo me morí.

Yo fui a la batalla para vengar la muerte de aquella persona que asesinó el Tipo Fuerte, yo quería matar con mis propias manos a ese sujeto, sin embargo, no es como que estuviese cegado por la venganza, es decir, jamás lo perdonaría por haber asesinado a esa persona, pero entiendo que él no era exactamente él, por eso, hasta cierto punto, pude reprimir mi ira y logré mantenerme tranquilo cuando me paré frente a él y le di la espalda para hacerle frente al enemigo con el que me correspondía luchar según el plan, pero entonces a Tahiel se le ocurrió la brillante idea de matar otra persona importante para mí y desató mi furia.

Cuando la batalla estaba por terminar y cometí la estupidez de atacar a Tahiel por mi propia cuenta, el Tipo Fuerte corrió a su rescate y utilizó lo último que le quedaba de fuerza para mandarme a volar. Estoy bastante seguro que la fuerza con la que me golpeó era tanta que yo debí morir al instante, pero wow, «él» se atravesó y trató de cubrirme, y o sea, estamos hablando de «él», «¡ÉL!», todo el mundo ahí presente debió darse cuenta de que aunque trataran de cubrirme, igual yo iba a salir volando, él no es estúpido, así que fue una gran sorpresa que hiciera esa tontería, más porque pensé que ni siquiera le agradaba, pero ahora lo veo con otros ojos y ya no siento repelús cuando pienso que él fue la última persona que tuve a mi lado antes de morir.

Luego de eso, llegué al lugar en el que me encuentro ahora, es un lugar súper especial al que es casi imposible entrar, e incluso si tuvieras la suerte de venir aquí, dudo mucho que puedas sentarte en la silla en la que me encuentro ahora mismo. Estoy en un lugar parecido al interior de una torre, estoy en la parte más baja de ella, enfrente de una mesa, viendo hacia la puerta del primer piso, destinada a contener los recuerdos de mi bisabuela Junuem cuando estuvo viva.

También desde aquí puedo ver la puerta de Micael, su hijo, la de un chico llamado Rene, y la mía también, estas tres puertas que se ubican en el segundo piso, hay más puertas, pero no tengo interés en ellas, son de personas que aún no nacen, también hay más pisos arriba y más puertas en ellos, pero está tan oscuro que no logro ver con claridad cuántas puertas tienen ni cuantos pisos hay, mi bisabuela dice que normalmente son visibles, pero aquella oscuridad que veo sobre mí es debido a que estoy sentado aquí y tengo planes de cambiar el destino creando una nueva dimensión, puertas en el segundo piso serán movidas al tercero y con ello muchos cambios habrá en los pisos superiores, no sé si el cambio que estoy por hacer afectará positiva o negativamente el futuro, ni quiero saberlo, por ello no puedo explicar más que esto sobre todo eso de las puertas y pisos en esta torre.

—¿Por qué quieres cambiar el destino? —te has de preguntar.

Lo hago… para recompensarte un poco por todo lo que has tenido que pasar por mí, si es que eres Lucy, si no lo eres, házselo saber.

Escribo esto porque no soporto la idea de que tú y yo desaparezcamos de este mundo sin que haya una prueba física de la locura en la que consistió nuestra vida, que tú sepas que soy consciente de todas tus acciones, y que mi muerte es algo que quiero que veas como… la única forma en la que tú y yo podríamos ser libres del sufrimiento que el maldito mundo nos hizo pasar, yo estoy bien con ello, me gustaría que tú también lo estuvieras. No estoy seguro de en qué orden debería contar esto, pero creo que es buena idea que lo haga de la forma en que el «yo» que está sentado aquí lo vio, así que así lo haré.

Mi nombre es Massiel Eisenhide, nací en la cuna de una de las familias más asquerosamente ricas del país, uno creería que por ese hecho, tuve una vida fácil, pero es realidad es todo lo contrario.

—¿Por qué? —te imagino preguntar.

Porque nací el mismo día, de la misma mujer, que otro niño igual que yo, es decir, tengo un hermano gemelo. ¿Tienes idea de lo que eso significa?

—No.

Sí, seguro que no.

Hay algo así como una maldición en mi familia, eso fue lo que dijo mi abuela Ruth, según, el que haya gemelos dentro de la familia es sinónimo de desgracia, es por eso que uno de ellos debe morir. ¿Adivinas quién es el que debía morir? En realidad, mi abuelo Simón tuvo un gemelo también, Micael, el que tiene una puerta en el segundo piso de esta torre, pero antes de que hubiera ocurrieran desgracias, Micael murió, y luego de eso, mi abuelo consiguió ser asquerosamente rico al ser el hombre de confianza de un señor que descubrió una fuente de petróleo. Esto fue gracias a sus ojos.

—¿Sus ojos?

Sí, sus ojos. A parte de ser de un bellísimo color violeta, tenían un poder.

Vale, remontémonos unos años atrás, cuando mi bisabuela Junuem era joven. Ella solía estar al frente de múltiples batallas al lado de dos hombres, a quienes consideraba hermanos, y un centenar más atrás suyo, quienes en su mayoría los seguían por mera admiración. En la última batalla en la que participó ella, para pesar de ella y todos los que estaban apoyándola, sufrieron la muerte del hombre con el corazón más cálido que ellos conocían, se trataba de mi bisabuelo, Eliot. Cuando ella lo enterró al lado del árbol que había sido testigo de su primer encuentro, mi bisabuela escuchó una voz proveniente de detrás de éste, era la voz de un Dios moribundo al que mi bisabuela llamó Krymtheo, y a cambio de recibir un nombre, él le concedió tres deseos.

Estos fueron:

Que las personas tuvieran los mismos poderes que el Dios: Krymtheo le había mostrado a mi bisabuela un poco sobre las múltiples cosas que era capaz de hacer con sus poderes, la idea de que sería genial que los humanos los poseyeran fue un pensamiento vago de mi bisabuela, pero Krymtheo lo tomó como un deseo y se lo concedió. Sin embargo este no fue un deseo fácil, hacer que de pronto los humanos tuvieran poderes era algo impensable, por tanto Krymtheo creó una línea alterna de tiempo, un universo paralelo, en el que comenzarían a nacer niños con poderes, iniciando por los gemelos que mi bisabuela tenía en el vientre.

Que fuese creada una copia suya al morir: Krymtheo no solo le concedió tres deseos, sino que la puso a cargo de cuidar la dimensión de la que provenía, que es justo el lugar en el que me encuentro, es un lugar que no está fijado en ningún espacio ni ningún tiempo, por eso es tan difícil entrar aquí. Mi bisabuela pensó que estaría bien cuidar de este lugar, pero al momento en el que ella muriera, no quería que por estar obligada a seguir siendo la guardiana, su alma se quedara atrapada por siempre aquí, por ello deseó una copia de ella con todos sus recuerdos, pensamientos y sentimientos que pudieran sustituirla cuando le llegara su hora.

Que Krymtheo reencarnara: No mucho tiempo después de comenzar a hablar, Krymtheo expresó su envidia por los humanos por tener la capacidad de reencarnar sus almas, se veía tan deseoso de reencarnar, que mi bisabuela se conmovió y terminó por expresarlo como su último deseo.

Bien, entonces, los primero humanos en recibir un poder de Krymtheo, fueron los hijos de Junuem: Micael y mi abuelo Simón. Mi abuelo heredó el lindo color de ojos de Junuem, y el poder que recibió fue la capacidad de ver las auras de las personas, las normales que no tenían poderes, poseían un aura de color azul, él tenía una de color violeta, y su hermano Micael una de color blanca. Además de poder distinguir a una persona que no tenía poderes de una quien sí, había otra utilidad en su poder; cuando una persona mentía, se creaba una pequeña distorsión en el aura, por ello mi abuelo fue bien conocido como un «Detector de mentiras humano». Fue esa habilidad la que le permitió acercarse al hombre que compartiría su riqueza con él.

Muy bien, linda… ¿o lindo? Como sea, regresemos ahora al tiempo en el que mi hermano Román y yo nacimos. Desde que mi abuelo Simón murió y el hombre que me dio la vida peleó duramente con mi tía Alim por el mayor porcentaje de la herencia, mis padres de sangre y apariencia se volvieron unos avaros a más no poder, la idea de perder un solo centavo les daba repelús. Por lo mismo, cuando mi abuela Ruth habló con ellos sobre la maldición, y la historia entre mi abuelo y Micael, mis padres de sangre y apariencia me repudiaron por ser una amenaza a su riqueza y amaron a mi hermano Román por ser la esperanza de incrementarla.

Desde que tengo recuerdos, siempre hubo una gigantesca distinción entre nosotros. Las sirvientas le cocinaban a Román sus platillos favoritos, mientras que a mí me tocaban las sobras de lo que dejaban mis padres de sangre y apariencia y Román, Román comía en la mesa junto a sus padres, mientras que yo tenía que esperar a que terminaran para poder sentarme al fin a comer la comida ya fría.

La habitación de Román era enorme, gigantesca, llena de juguetes, con una ventana grandísima por donde entraba mucha luz, yo dormía en un cuartito que no era ni la cuarta parte de grande que el de mi hermano, con una ventana pequeña por la casi no entraba luz, y menos con un árbol delante de ella que hacía mucha sombra, sin nada dentro a excepción de un colchón viejo al que ya se le salían los resortes…

—¡No puede ser que hayas dormido en un colchón así! —te imagino exclamar con lástima, aunque un poco incrédula.

Bueno, no siempre dormía en ese colchón, era más cómodo dormir en el piso, pero en invierno me veía obligado a usarlo cuando no soportaba el frío del suelo.

Te juro que cosas como esas, de verdad trataba de que no me importaran mucho, no quería quejarme, intenté ser muy buen niño, pero me era imposible no envidiar a mi hermano, no solo porque recibía mucho mejor trato que yo, sino porque él tenía todo el amor de sus padres. Su padre, Santiago, pasaba casi todo el tiempo fuera de casa, pero cuando estaba presente, utilizaba todo su tiempo para jugar con su adorado hijo, mientras que a mí… ni siquiera me miraba, me ignoraba a tal punto que llegué a pensar que yo tenía el poder de hacerme invisible. Y la madre de Román, bueno, ella… ella era todo un caso.

Griselda era una mujer perfeccionista y muy fácil de perturbar, cualquier cosa la alteraba, pero ahí estaba yo para aliviar su estrés. Ya que yo fui denominado por mi abuela Ruth como el imán de la desgracias, cada cosa mala que pasaba era mi culpa, incontables fueron las veces en las que recibí insultos de ella y comentarios como: «Nunca debí haberte dado a luz».

Pero yo la quería, era mi madre, fantaseaba con el día en que ella me llamara «Hijo» con una dulce sonrisa así como lo hacía con Román, pero en ese tiempo me conformaba con verla sonreír cuando hacía bromas con mandarme a una guerra al otro lado del mundo, para que yo muriera muy lejos de ella, era algo cruel, pero era por mí que ella sonreía y me hacía feliz. No sé qué pasaba conmigo, ahora veo que en esos momentos yo era un niño de verdad estúpido.

Ah, y no creas que la madre de Román se limitaba a lastimarme verbalmente, a ella le encantaba hacerme sentir su desprecio con sus puños y cualquier cosa que tuviera a la mano, ya fuera el cinturón de Santiago, del lado de la hebilla, o un ramita de pirul deshojada que actuaba como látigo… de recordar cómo zumbaba cuando me pegaba con ella, hace que me arda la espalda, o con el palo de la escoba si me iba bien. Era increíble la cantidad de errores que buscaba en mí para golpearme.

Errores míos por los que era disciplinado en casa: Estornudar, salir de mi cuarto sin permiso, caerme, llorar, no bajar la cabeza cuando pasara cerca de Santiago y Griselda, reír, tararear, ser feliz.

Errores míos por los que era disciplinado en casa casi hasta la muerte: Chasquear la lengua (solo lo hice una vez), mirar más de 5 segundos a Román, salir de mi habitación sin permiso cuando hubiera visitas, romper algo, estornudar cuando hubiera visitas, caerme y ensuciar mi ropa, caerme cuando hubiera visitas, llorar cuando hubiera visitas, cualquier acto torpe cuando hubiera visitas.

Y Griselda era tan considerada con mi disciplina, que le pidió a mi profesor que hiciera todo lo posible por expandir el infierno de casa a la escuela también.

Errores míos por los que era disciplinado en la escuela: Encorvar la espalda, bostezar, responderle al profesor, no responderle al profesor, hablar muy fuerte, hablar muy bajo, hacer mucho ruido cuando borraba algo, no poder leer mejor que todos mis compañeros, ser incapaz de responder preguntas de temas que aún no habíamos visto.

Me imagino que quizás debes pensando que es demasiado, pero, en realidad, hay muchísimas cosas que me faltan en esas listas, pero no creo recordar todas las cosas por las que fui «disciplinado», además de que esos fueron los errores por los que más veces me golpearon.

Notas finales:

¿Saben por qué me gustaba tanto fanfic.es? Por esto, por estas notas finales, podía usar este espacio para explicarles posibles hiatus, decisiones futuras, adelantos de historias futuras, datos inútiles de los personakes, anécdotas de mi desgraciada vida universitaria, y más comunmente, me gustaba hacer recomendaciones de anima, manga, canciones, k-dramas, webtoons, novelas, etc.

Espero poder continuar con eso aquí.


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