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Entrenando a JaeHyeong por DenisseZepol

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WooSung tiró la toalla sobre su hombro, posando sus ojos en el hombre sobre la cinta. Ahora, eso era un infierno de vista en su opinión. El hombre estaba reluciendo con sudor, vestido sólo con pantalones cortos de entrenamiento, y sus glúteos estaban tan malditamente apretados que WooSung estaba condenadamente seguro de que una moneda de veinticinco centavos podría rebotar en esos deliciosos montículos dorados. 


 


―Te he advertido acerca de comerte con los ojos a la clientela ―dijo la señorita Jenny Kim a WooSung desde atrás con un gruñido―. Ve a limpiar los bancos, y deja de mirar el culo del Sr. Lee. 


 


WooSung se burló de Jenny cuando ella estuvo de espaldas. Estaba demasiado malditamente construida para burlarse de ella en su cara. No era estúpido. Pero ella tenía el valor para hablar. Su jefa estudió y babeó sobre el culo de Lee Jaehyeong tan duro como lo hacía WooSung. 


 


Sí, no tan difícil. 


 


Ellos parecían estar en competencia el uno con el otro cuando se trataba de los hombres que frecuentan el gimnasio Total Body. La única cosa que él y Jenny tenían que averiguar era que si el hombre era gay o si era hétero. 


 


Incluso cuando WooSung encontraba a un hombre que era gay, Jenny todavía iba tras el hombre. Entonces ella conseguía enojarle y se desquitaría con WooSung cuando el hombre en cuestión la rechazaba. 


 


«Duh», ellos eran gay. No hacía falta ser un genio o un idiota, para averiguar por qué le decían a Jenny que no. A ella le faltaba una muy dura, y erecta, parte vital. 


 


Muy bien, así que WooSung había intentado con los hombres heterosexuales también. 


 


Gran cosa. 


 


Un hombre podía tener esperanzas. 


 


WooSung se agachó para agarrar el spray de limpieza, miró por encima del hombro para asegurarse de que Jenny se había ido a su oficina, y luego caminó sin prisa hacia el área de las caminadoras. Tenía que ser limpiada, la verdad. Todos esos grandes y musculosos hombres habían dejado su sudor en todas las máquinas. 


 


Dios, él se estaba poniendo duro. 


 


Roció la toalla y empezó a limpiar la máquina al lado de Lee Jaehyeong. WooSung no estaba seguro de lo que Jaehyeong hacía para ganarse la vida, pero el hombre había caminado a través de las puertas del gimnasio esta tarde luciendo un traje muy caro y zapatos muy relucientes, llevando una bolsa de deporte Nike por encima del hombro. 


 


Le había tomado todo a WooSung no correr detrás del hombre en el vestuario y conseguir una vista cuando Jaehyeong se cambió a sus pantalones cortos. Por lo general, el hombre llegaba vestido y listo, pero no esta noche. 


 


Pero por mucho que WooSung quisiera ver el apretado culo de Jaehyeong y, con suerte su gran polla, no era tan pervertido. Bueno, lo era, pero a WooSung realmente le gustaba mucho Jaehyeong y no quería quemar alguna posibilidad que pudiera tener -y su posibilidad de conseguir una oportunidad con Lee Jaehyeong era alrededor de un trillón a ninguna- con el hombre. 


 


WooSung podría ver el potencial bruto en los ojos verde jade de Jaehyeong y supo que el hombre sería el Dom perfecto. Él no sabía si Jaehyeong había jugado o vivido el estilo de vida D/S. Sería una verdadera pérdida de un hombre muy masculino si el sujeto no lo había hecho. 


 


Cuando WooSung limpió la cinta de correr hacia abajo, Jaehyeong comenzó a disminuir su ritmo. Su cuerpo brillaba con tanto sudor que WooSung estaba medio tentado de agarrar una toalla limpia y limpiar al hombre abajo justo donde se encontraba. 


 


Jaehyeong comenzó a caminar lento, cogiendo la toalla de la barandilla en la máquina, y se acarició la cara. WooSung se quedó allí, mirando cada movimiento que Jaehyeong hacía. El hombre era un sueño húmedo caminando.Tenía el pelo de color marrón canela que estaba deliciosamente curvado en su cuello, húmedo por el sudor. Sus músculos se flexionaban y curvaban mientras se pasaba la toalla por la frente. Sus labios carnosos estaban entreabiertos mientras respiraba en pocas bocanadas de aire fresco. 


 


―¡WooSung! 


 


WooSung gruñó mientras cortaba una mirada a Jenny cuando ella estaba fuera de su oficina, con las manos en puños a los costados, mirándolo con los ojos que se había levantado con la cirugía no hace mucho tiempo. ―¡Bancos, ahora! 


 


Si sus brazos no fueran tan gruesos y bien definidos como los de Jaehyeong, WooSung habría podido quitársela de encima hace eones. Pero, a pesar de que trabajaba en un gimnasio, su cuerpo carecía de la definición de la mayoría de los hombres que estaban en este lugar. 


 


―Sí, Jenny ―respondió con una sonrisa tensa y luego murmuró en voz baja―. Perra Mala del Este. 


 


Tirando la toalla sobre su hombro, WooSung a regañadientes se alejó del dios conocido como Lee Jaehyeong. Uno de estos días él iba a llamar la atención de Jaehyeong, y luego jugarían. 


 


Esperaba. 


 


―Disculpe. 


 


WooSung se quedó inmóvil cuando oyó la voz de Jaehyeong. Siempre le hizo temblar el corazón cada vez que oía al hombre hablar. Tenía uno de esas sensuales voces gruesas, y profundamente orgásmicas que hacían que WooSung quisiera envolver su polla en el lugar y masturbarse mientras escuchaba hablar al hombre. 


 


Al volver la cabeza, la cara de WooSung cayó cuando vio a Jaehyeong hablando con Jenny. Habría apostado la paga de un año que Jaehyeong era gay. No es que el hombre hubiera actuado de una manera determinada para decir que él lo era. Pero la mayoría de los hombres sólo hablaban con Jenny si estaban interesados. Ella podía ser una perra arrogante, pero para una mujer, ella era guapa. 


 


Su corazón se hundió y su polla se suavizó mientras miraba a Jenny coquetear abiertamente con Jaehyeong. Ella pestañeó y se echó el pelo hacia atrás por encima del hombro; se estaba poniendo tan espesa que WooSung se estaba ahogando en su dramatismo a través del cuarto. 


 


No podía estar allí y ver sus sueños esfumarse. Él había estado codiciando a Jaehyeong desde hace meses y soñando con el hombre follándolo en las pesas. Ahora estaba allí sintiéndose como la pesa. 


 


WooSung era normalmente un abierto, extrovertido e influyente mocoso. Pero por algunos dioses –y solamente ellos- sabían la razón, él calló en torno al sexy dios. Cada vez que Jaehyeong estaba en el gimnasio, el cerebro de WooSung golpeaba la mierda de él y luego se deslizaba de sus oídos. 


 


Él era un total y absoluto idiota babeando alrededor del hombre. 


 


En derrota, WooSung caminó hacia los vestuarios. Incluso si limpiaba los bancos abajo, él todavía sería capaz de ver a Jenny y Jaehyeong en el gimnasio. Y eso era algo que no podía quedarse para ver. 


 


Arrojó la botella de limpieza en el banco del vestuario y se dejó caer en él, apoyando los codos en las rodillas y colocando su barbilla en sus manos. 


 


Qué manera tan jodida para saber que el hombre era recto. 


 


Jenny, de toda la gente, iba a arrebatarle su sueño de ser dominado por Jaehyeong justo debajo de él. 


 


Y la perra se lo restregaría en su nariz en cada oportunidad que tuviera. 


 


Tal vez debería marcar la salida y volver a casa. Estaba con un mal-del culo-humor ahora mismo. Si caminaba de vuelta y veía a Jenny, él podría perder su trabajo. 


 


Y le entregaría su culo a él al mismo tiempo. 


 


WooSung levantó la vista cuando la puerta del vestuario se abrió y entró Jaehyeong, su sueño perdido. Podía sacudir al hombre fuera, como siempre lo hacía, incluso cuando se enteraba de que un hombre era recto, pero no se sentía bien. 


 


Jaehyeong había sido más para WooSung que un llamado botín. 


 


Pero incluso el conocimiento de que Jaehyeong era recto no detuvo a WooSung de comprobar el culo del chico mientras caminaba. Aspiró profundamente, capturando el sudor y almizcle. Él se estremeció ante el olor que era todo hombre. 


 


El corazón de WooSung tronó cuando Jaehyeong se detuvo y se puso de pie justo en frente de él. No podía levantar los ojos. Estaba demasiado ocupado mirando a la ingle de Jaehyeong y luchando contra el impulso de no inclinarse hacia adelante, tirar de los pantalones cortos del hombre hacia abajo, y tragar toda su polla. 


 


―¿Te importaría? ―preguntó Jaehyeong, lo que obligó a WooSung a finalmente mirar al hombre―. Tengo que llegar a mi casillero, WooSung. 


 


El mundo de WooSung se inclinó cuando Jaehyeong dijo su nombre. ¿Cómo era posible que el hombre conociera su nombre? Nunca habían hablado entre sí. El hombre apenas reconocía que WooSung existía. Se deslizó hacia el lado opuesto del banco, -porque él no podía ponerse de pie y mostrar a Jaehyeong su erección- y vio como Jaehyeong sacó sus pertenencias, poniendo la bolsa de gimnasio junto a WooSung. 


 


Dejó sus artículos en el banco, mientras tomaba una toalla y se iba a las duchas. WooSung tragó mientras miraba hacia abajo en las pertenencias de Jaehyeong y luego de vuelta al cuarto de baño. ¿Por qué en la tierra el hombre dejaría sus pertenencias para que cualquiera pudiera robarlas? 


 


Ahora WooSung no tuvo más remedio que sentarse allí. No iba a permitir que nadie tomara las cosas de Jaehyeong. Y le dio la excusa perfecta para esperar y poder ver a Jaehyeong caminando envuelto en una toalla. 


 


«Woo-hoo». 


 


Si tenía suerte, tal vez el hombre dejaría caer la toalla justo en frente de WooSung. Sólo podía rezar para ver el paquete del hombre. Valdría la pena la decepción de descubrir que Jaehyeong estaba interesado en Jenny en lugar de él. 


 


O tal vez sólo sería una tortura para WooSung ver lo que nunca podría tener. 


 


La ducha se cortó, y WooSung no estaba seguro de si debía irse o quedarse. Él quería ver, y no quería echar un vistazo, a lo que él sabía que iba a ser pura perfección. La elección estuvo fuera de sus manos cuando Jaehyeong volvió pasando los casilleros, ya no había manera en el infierno que WooSung dejara pasar la oportunidad de ver las valiosas golosinas de Jaehyeong. 


 


―¿Trabajas aquí hace mucho tiempo? ―preguntó Jaehyeong cuando llegó a su casillero y agarró su desodorante. 


 


WooSung abrió la boca para responder, pero lo único que salió fue: ―Muuu. 


 


Jaehyeong sonrió, mostrando unos dientes alineados, de color blanco perla, mientras colocaba la barra de desodorante de vuelta en su casillero. WooSung estaba mortificado. Quería meterse debajo del banco y rezar para que Jaehyeong no hubiera oído ese estúpido sonido. No podía pensar en un momento que estuviera más avergonzado. 


 


Y WooSung había hecho algunas cosas salvajes y locas en su vida. 


 


―¿Era eso un mes o un año? ―preguntó Jaehyeong, sus ojos verde jade brillando cuando se sentó en el banco junto a WooSung. 


 


Eso «no» estaba ayudando. Todo lo que WooSung podía hacer era mirar el pecho desnudo del hombre, todavía brillaba con gotas de agua. Se lamió los labios, queriendo desesperadamente lamer cada gota del poderoso cuerpo de Jaehyeong. 


 


―M-Mes ― WooSung logró que sus ojos se centraran en los pezones de Jaehyeong. Eran de color marrón oscuro, tenso, y le rogaban que los chupara. 


 


―Bueno, tiene que ser superior a un mes. He estado viniendo aquí durante seis, y has estado aquí todo el tiempo. 


 


WooSung parpadeó, mirando al hombre guapo, sorprendido de que Jaehyeong se hubiera dado cuenta y lo tenía desconcertado. Si Jaehyeong era recto, ¿por qué él se fijaría en WooSung? Pero el hombre no podía ser gay. Había estado hablando con Jenny. 


 


―Nueve ―alcanzó a decir cuando finalmente arrancó su mirada de la forma impecable de Jaehyeong. 


 


―Bueno, creo que ya es hora de que te invité a salir entonces. 


 


WooSung giró la cabeza hacia su alrededor, casi cayéndose del banco mientras miraba boquiabierto hacia el señor Lee Jaehyeong. «Oh, no». Estaba empezando a escuchar cosas ahora. Podría haber jurado que justo ahora, Jaehyeong le invitó a salir. Pero eso era imposible. No sólo había hablado Jaehyeong con Jenny, pero estaba tan por encima de WooSung que estaba recibiendo una hemorragia nasal por la gran altitud. 


 


―O no ― Jaehyeong se apresuró a añadir al tiempo que cogía su traje, que todavía colgaba en su casillero. 


 


WooSung saltó desde el banco, casi chocando contra el hombre. ―¡Sí! 


 


Jaehyeong miró a WooSung, y la sonrisa más sexy imaginable apareció en el rostro de Jaehyeong. Soltó el traje y se volvió. ―¿Sí? 


 


WooSung asintió rápidamente mientras se sentaba en el banco una vez más. ―Por supuesto. ¿Dónde quieres ir? ―gracias a su jodido cerebro que estaba funcionando y que en realidad podía encadenar dos pensamientos coherentes juntos de nuevo. Estaba empezando a pensar que iba a necesitar un maldito babero para la saliva. 


 


―¿Qué hay de Antonio? ―preguntó Jaehyeong cuando movió su muñeca y la toalla de algodón blanco se fue flotando hasta el suelo. 


 


WooSung se quedó helado.


 


«Santo».


 


«Jodido».


 


«Infierno». 


 


―Es un gran lugar para comer. Conozco al chef que trabaja allí. ― Jaehyeong agarró su bóxer de la bolsa de deporte y lo sostuvo en la mano mientras miraba a WooSung. 


 


La boca de WooSung cayó mientras miraba la polla larga y flácida que estaba ubicado en una cama de rizos de color canela. 


 


―Podríamos encontrarnos allí más tarde para que pueda volver a casa y cambiarme ―añadió Jaehyeong, pero se quedó allí sosteniendo su ropa interior en la mano, su pene justo frente al rostro de WooSung. 


 


La lengua de WooSung se deslizó fuera y se arrastró por su labio inferior mientras se imaginaba lo que sería el sabor de Jaehyeong. Jaehyeong levantó la pierna, plantando el pie en el banco, la polla colgando entre sus piernas. 


 


―Entonces, ¿suena eso razonable? 


 


Las palabras de Jaehyeong no se registraron en el momento. Podía oír al hombre hablando, pero la visión de WooSung se había reducido a un pedazo de carne, largo y grueso que se ostentaba frente a sus propios ojos. 


 


«Dioses, ayúdenme» 


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