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VINDICTA por valeeop

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Notas del capitulo:

he vuelto wajajajaj

Naruto se encogió de piernas en la estrecha carretilla que chirriaba con ahínco, la espalda le dolía debido a las horas que había pasado en ella, en cuanto al tiempo, probablemente habría pasado más de tres semanas desde que salieron de la capital, y en esas tres semanas, el hombre, grueso y velludo que conducía la carretilla, no le había dirigido más de un par de palabras, cosa que agradecía, el tipo se veía desagradable y maloliente, pero no intentó tener un acercamiento con el pese a viajar solo con un doncel.

Ese día el cielo estaba particularmente azul y las nubes extremadamente blancas y esponjosas, no hacia demasiado sol, ni demasiado calor, ni demasiado frio, el clima perfecto, en un día perfecto que roza entre el final del verano y el inicio del otoño, había un encanto particular en el verdor de esos prados y en las hojas de los árboles que estaban próximos a marchitarse, Naruto observaba muy fijamente el camino, aunque era un doncel relativamente joven, de apenas 16 años cumplidos y tenía toda la vida por delante, no esperaba jamás volver a pisar este camino en lo que le quedaba de existencia.

— hacia allá a dos horas caminando se encuentra el pueblo — le dijo el hombre que conducía la carreta sin voltearlo a mirar, Naruto no respondió, solo miró el otro camino que se alejaba de ellos, sobre esto, el hombre tampoco esperaba que el doncel le respondiera, después de ese intercambio no hubo más y solo quedó el sonido sordo del galopar del caballo contra la tierra algo húmeda del camino.

Se adentraron en el bosque, inicialmente muy frondoso, posteriormente indómito y espeso, algo oscuro, los árboles eran grandes, de troncos viejos y fuertes, recubiertos de musgo, algunos altos, otros más bajos, el camino eventualmente desapareció, el hombre chasqueó la lengua enojado, tomó parte del equipaje de Naruto, amarró el caballo a un árbol cercano y empezó a caminar sin mediar palabra, con un entendimiento tácito Naruto tomó la otra parte de su equipaje y bajándose de la carreta con dificultad, pues el vestido era incomodo, lo siguió entre la maleza y los troncos, recordando con una memoria excepcional el recorrido que seguían, después de lo que probablemente fue una hora de recorrido se vio un pequeño claro, en el centro de dicho claro se alzaba, con los vestigios de glorias pasadas, una casa señorial firme pero deteriorada, Naruto no tuvo tiempo pasa verla con detenimiento, pues el hombre seguía caminando a paso firme y desinteresado, atravesaron el claro el cual probablemente solo se tratara de los restos de un ostentoso jardín, subieron las escaleras de la entrada y una vez en el porche el hombre dejo caer sin mucho cuidado el equipaje de Naruto en el suelo, luego, le arrojó una bolsa y un manojo de llaves algo oxidadas.

— toda suya, duquesa — dijo con burla, antes de darse la vuelta y desaparecer por el camino del que había venido, Naruto ni si quiera mostró una reacción, se quedó solo en esa casa señorial, en medio de un frondoso bosque, abandonado a su suerte, pero era raro, se sentía libre, sonrió, contó el dinero que si bien no era demasiado si era una decente cantidad, y con las llaves entró a la casa señorial.

Lo primero que hizo la duquesa fue verificar su nueva casa, no era muy grande, pero quizá en un pasado brillaba con un esplendor acogedor, había muebles cubiertos por sabanas gruesas de buen material, sin embargo, en el primer piso las ventanas estaban quebradas, por lo que en invierno no sería buena idea quedarse ahí. La iluminación era buena, había varios tragaluces en techos de doble altura, estancias y salas con chimenea, lástima, subió al segundo piso, llevando a rastras su escaso equipaje, lo recibieron varias habitaciones de grandes muebles, pero todo estaba absolutamente lleno de polvo tal y como ocurría con el primer piso. En algunas habitaciones había ventanas quebradas y si bien podía escoger una habitación y adecuarla había demasiadas cosas y demasiado polvo para limpiar, además, considerando que estaba en medio del bosque, quizá no era buena idea quedarse en un sitio tan accesible

Entonces vio una trampilla en el techo al final del pasillo, había que tener buen ojo para verla, cosa que le daba puntos a favor, era un doncel bajito así que requirió de una vieja silla cercana para alcanzar a abrir la trampilla, una vez lo hizo la escalera plegable de madera se extendió para permitir su paso, él se recogió la falda del vestido y subió la escalera, una vez arriba lo recibió un ático no muy espacioso pero tampoco feo, de hecho, estaba relativamente bien cuidado, con iluminación decente y los vidrios de las ventanas intactas, como estaba vacío, tampoco acumuló demasiado polvo más allá de un piso que con solo barrerlo y fregarlo estaría listo.

Los áticos o desvanes se usaban por lo general para guardar cosas en desuso, teniendo eso en cuenta no pudo evitar reír por la analogía del asunto, considerando que esa probablemente seria su morada final para pasar el resto de sus días.

Naruto se puso manos a la obra, primero, se quitó el incomodo vestido y usando una falda ligera  y una camisa se dispuso a ir a la cocina a buscar escoba y trapeador, por fortuna había, en el pozo obtuvo agua y con algo de jabón que había traído consigo limpió el polvo y las telarañas del desván sin dejar esquina sucia, no era apropiado que un doncel usara pantalones, las mujeres y las donceles debían usar vestidos apropiados, no esa falda ligera que aunque larga era más bien ropa interior, pero nadie lo veía así que estaba bien.

Llevo sus cosas arriba, un par de vestidos que vieron mejores días, dos pares de faldas ligeras como la que estaba usando y camisas, así como otros efectos personales, llevaba su kit de costura, cosa útil, pues se decidió a lavar la gran cantidad de sabanas una a una para hacerse ropa nueva.

También bajo a limpiar una de las cocinas, la más pequeña pues no necesitaba mayor cosa, por suerte, aunque algo sucios, la cocina tenía utensilios, los lavó en el pozo también y mientras se entregaba a tales labores recordó su propio origen.

Él se llamaba Naruto Namikaze, hijo doncel ilegitimo del vizconde Minato Namikaze, nacido de su aventura con un criado doncel llamado Iruka quien, para colmo de la esposa legitima de Minato, Kaguya, también era plebeyo, por su puesto, apenas Kaguya se enteró del interés de Minato por Iruka arrojó a ese despojo plebeyo a la calle sin saber que ya tenía el fruto de la aventura en su vientre, tanto el vizconde Minato como su esposa Kaguya supieron, posteriormente, que Iruka había tenido un hijo, después de confirmar que no tuvo un varón si no un simple doncel, ambos se dedicaron a asegurarse de que Iruka no consiguiera trabajo para que con suerte, el criado plebeyo y su bastardo murieran eventualmente de hambre.

Sobre esto, Iruka si murió, de hambre no, pero si de una enfermedad acrecentada por el mal vivir de la pobreza, poco después Naruto fue recogido por su padre, el vizconde Minato, no porque lo quisiera, en lo absoluto, sino porque lo necesitaba, resulta que Naruto tenía un medio hermano, también doncel, pero hijo legitimo del vizconde y la vizcondesa, ese doncel se llamaba Menma, hermoso y aristocrático, lamentablemente estaba enfermo, nació débil, y requería de transfusiones de sangre periódicas, Naruto era compatible con el tipo de sangre de Menma y por eso lo recogieron, después de muerto Iruka, solo para ser una fábrica de sangre del hijo legitimo.

Así, desde los diez años hasta los dieciséis, Naruto fue un depósito de sangre y el objeto de los maltratos de la vizcondesa Kaguya y de su medio hermano Menma, quien, con el tiempo, se había recuperado de su debilidad gracias a las transfusiones de sangre, sobre Minato, a Minato su hijo ilegitimo no podría importarle menos, era una persona naturalmente clasista, repudiaba a los plebeyos y amaba la nobleza, también tenía cierto problema de fertilidad así que le molestaba el hecho de que su oportunidad de tener el tan ansiado varón se haya desperdiciado con un plebeyo y hubiera nacido ese bastardo.

Mientras recordaba eso, Naruto recogió del patio las sábanas que había lavado y las sillas que había limpiado para una a una, llevarlas al desván y hacer más acogedora su morada, puso una mesa de té junto a la ventana con una silla, organizó una cama improvisada para su primera noche con el saco de dormir que había traído y algunas sabanas limpias que había lavado, también, se dedicó a terminar de limpiar la cocina pequeña en el poco tiempo de luz que le quedaba, así como hervir agua y recoger leña para la pequeña chimenea del desván, mientras rememoraba las razones por las que fue traído a ese lugar.

Menma era un doncel que apuntaba alto, siendo hijo de un vizconde se había enamorado perdidamente del duque Sasuke, su unión era algo más bien lejano por un tema de estatus, sin embargo, las cosas se dieron por capricho del destino. Minato, a quien si bien no le iba bien tampoco le iba precisamente mal en los negocios, hizo una apuesta arriesgada que le hizo perder gran parte de su fortuna, casi pierde el vizcondado debido a las deudas, pero entonces, un sirviente del duque Sasuke se acercó a él y ofreció una gran cantidad de dinero a cambio de una esposa para el duque, era un acuerdo matrimonial bajo el cual Menma le daría un heredero a Sasuke pero en general se mantendría al margen, el duque quería una esposa que cumpliera con el deber de anfitriona y de darle un heredero, nada más, por su puesto, Minato aceptó y Menma festejó el trato, pues sería duquesa, incluso si no lograba enamorar al duque solo tenía cosas que ganar con el acuerdo.

El trato se hizo, el dinero se entregó en calidad de préstamo con el fin de ponerle una correa al vizconde para que su hijo Menma cumpliera con su parte, caso contrario, podrían exigir el dinero de vuelta, la cantidad prestada fue exorbitante y el vizcondado vio la cosecha que se produjo en medio del invierno de dificultades que había pasado.

Estos tratos fueron realizados por el enviado del duque y ocurrió mientras el duque estaba en la guerra con los barbaros del sur, el matrimonio se celebraría una vez el regresara de la guerra, pues como eran pequeñas escaramuzas se esperaba un pronto cese al fuego una vez llegado el invierno, pero con el invierno, solo llegó la noticia de que el duque había traicionado al emperador y fue asesinado en combate.

Menma lamentó la muerte de su prometido, pero Minato tuvo más de que preocuparse, al ser declarado traidor todas las propiedades del ducado pasarían a ser parte de la corona, esa corona exigió la devolución del préstamo ya que el contrato de matrimonio no pudo ser efectuado, Minato jamás entregaría a su preciado hijo a un ducado liquidado para vivir en la absoluta pobreza y el abandono como un viudo, pero tampoco podía devolver el dinero, el contrato contemplaba solo dos opciones, entregar una duquesa o devolver el dinero.

Sin embargo, tampoco especificaba que duquesa debía ser entregada, solo se hablaba de entregar al hijo doncel de Minato en matrimonio al ducado, más no cual hijo doncel, probablemente ni si quiera el ducado sabía que Minato tenía un bastardo bajo su techo, entonces, una noche cual ratas, se firmó un acta de matrimonio que casaba a Naruto Namikaze con el fallecido traidor Sasuke Uchiha, así, Minato pudo quedarse con el dinero y Naruto fue enviado a lo último que quedó del ducado más poderoso del imperio de Konoha después de la liquidación, una antigua casa señorial abandonada en lo más recóndito del imperio, y ahí debía quedarse, cuidando de esos vestigios como un doncel en luto, sin posibilidad de casarse jamás, siendo duquesa solo en nombre.

Pero a Naruto eso no le importaba

Pues era libre, estaba tranquilo, dueño de sí mismo, de todas maneras, no tenía planes de casarse con nadie y aunque vieja, le dejaron una casa y algo de dinero, además, al fin era libre de la cárcel del vizconde y de los maltratos, como tendría que devolver el dinero si lo hiciera Minato jamás lo iría a buscar.

Con ese pensamiento en mente, Naruto se encerró en el desván, recogió la escalera, prendió la chimenea y después de comer el ultimo pan que le quedaba con algo de cecina, durmió tan bien como no lo había hecho en seis años de encierro en la casa del vizconde.

Sobre eso de ser una duquesa abandonada, obligado al exilio, a la reclusión y a ser el esposo de un traidor muerto, no le importaba, después de todo, eso no afectaba el precio de la hogaza de pan.


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