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Time Up! por sue

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Notas del fanfic:

 

Declaración: Los personajes de Get Backers no me pertenecen, si no a su respectivo creador y/o creadora (creo que eran dos chicas o algo así n.nUUu en fin, soy nueva en cuanto a GB)

 

 

 

Notas del capitulo:

 

 

Konnichi wa!!! ^o^ como siempre sucede con una serie nueva (nueva en el aspecto de que no la había visto hasta ahora :p) me he inspirado para escribir un nuevo fic. Como también soy nueva escribiendo de ésta serie (soy primeriza je je) espero que puedan perdonarme si hay OC o cosas así je je x3 Escrito con mucho cariño… espero que sea de su agrado :,3 nos leemos abajo!

 

 

 

 

 

 

 

Tres hombres se encontraban sentados bebiendo café. Uno de ellos, el mayor, instantes atrás había invertido un par de minutos en charlar con los más jóvenes. Sus constantes peleas le habían instado a ello, no era la primera vez que acababan así.

 

 

 

- Ban, Ginji… ¿Cuándo piensan madurar?

 

 

 

- Es que Paul… - El rubio tenía una expresión infantil de desánimo. Tenía las manos en frente e insistía en pasar el tiempo jugando con ellas.

 

 

 

- Ha sido culpa de Ginji.

 

 

 

- ¡Ban-chan! – Ginji se mostró sorprendido – Necesitaba una taza… y la tuya era la única que tuve cerca– Hacía pucheritos mientras sus ojos comenzaban a acuarse.

 

 

 

- Je, ya te he dicho que tus cosas son mías… pero definitivamente mis cosas son sólo mías y de nadie más – Se cruzaba de brazos.

 

 

 

- ¡Eso no es justo Ban-chan! – Amano giraba el rostro con los cachetes inflados – Eres cruel.

 

 

 

- Hum… - Suspiró – Chicos, deben dejar de comportarse como un par de niños. Ya están lo suficientemente grandes como para entender que no se puede andar por la vida con esa actitud. De lo contrario no tardarán en recibir un coñazo – Paul trataba de hacerlos entender.

 

 

 

- ¿Y tú qué? ¿Vas a retarnos a estas alturas? – El pelicastaño chistó – Nosotros sabemos muy bien como defendernos… no necesitamos que un “anciano” venga a decirnos como vivir o no vivir.

 

 

 

Ban se refería al hombre de aquella manera tan despectiva no porque pensara en herirlo, sino porque necesitaba demostrarle que ya no estaba en edad de recibir consejos. Aunque la realidad estuviera muy en contra al punto de vista de Midou.

 

 

 

- Bien… si eso es lo que piensas no puedo hacer nada para quitarte esa idea tosca – El pelirrojo (creo que lo es) se levantó de su asiento – Ahora, señor Midou. Creo que es el momento para disculparse con su colega.

 

 

 

- ¿?

 

 

 

El pelicastaño se extrañó, mostrándolo facialmente.

 

 

 

- ¿Por qué tengo yo que disculparme? Ginji es el único que tiene que disculparse aquí – Giró su rostro enfadado.

 

 

 

- Ban-chan – El rubio se notaba seriamente herido.

 

 

 

Paul no se refería exactamente al asunto de la taza tomada prestada sin previo aviso, eso era un tema insignificante. El mayor había escuchado cuando Midou insultaba a Ginji. Tal vez el pelicastaño pensaba que aquellas palabras no pesaban nada, total, no costaba mucho que salieran de sus labios, más bien hasta sintió una leve sensación placentera al llamarle “Sucio” y “Puerco”. No captó cuan profundo fue el daño que provocó en el rubio, insinuándole que hasta le apestaba la boca. Ciertamente Ginji no esperó que Ban fuera capaz de lanzarle insultos tan hirientes por una tontería.

 

 

 

- Chicos. Esto no durará para siempre. Llegará el día que tendrán que separarse y tomar cada uno su propio camino – El hombre hablaba seriamente – Y cuando llegue ese momento, no tendrán más que recuerdos amargos como éste… no saben exactamente cuanto tiempo les queda juntos.

 

 

 

- …

 

 

 

Hubo un corto silencio en el resto de la habitación. Con tal sólo pensar en esa posibilidad, Amano sentía que se le encogía el corazón. No quería separarse de Ban ¿Por qué tenía que existir siquiera esa posibilidad?

 

 

 

- Eso no va a pasar…

 

 

 

Ginji levantó la cabeza - que instantes atrás había bajado-  al escuchar la voz del pelicastaño romper el silencio.

 

 

 

- Ginji y yo no nos vamos a separar nunca – Hablaba con extrema seriedad.

 

 

 

- Ban-chan… - El rubio parecía alegrarse con su declaración. Estaba incluso a punto de llorar.

 

 

 

- Je… me parece bien que pienses así Ban – Una media sonrisa se asomó de su rostro – Pero… quieras o no, habrá algo que los a separará… aunque sea sentimentalmente.       

 

 

 

Las palabras de Paul permanecieron en la mente de los muchachos por mucho tiempo. La convivencia en el trabajo como recuperadores los había llegado a sentirse dependientes uno del otro.

 

 

 

 

Como fuese, pasaron los años y los jóvenes estuvieron juntos. Habían logrado alquilar un pequeño departamento y cubrían las necesidades básicas. Las cosas parecían ir bien en sus vidas. Ya no tenían deudas en el Honky Tonk y los clientes que los contrataban, estaban satisfechos con los resultados de sus recuperaciones.

 

 

 

Sin embargo, las mentes de los amigos no se habían quedado con los años. Tenían pensado ampliar su terreno, estaban en planes de conseguirse un local en donde se ubicaría su “oficina”, de manera que fuera mejor el contacto. Inclusive contaban con la bella Natsumi, a quien le habían ofrecido el papel  de secretaria. Nada mejor que el carisma de la chica a la hora de efectuar el trato con los clientes. Todo estaba tramitado para estar listo a finales de mes.

 

 

 

La vida para Ban y Ginji había mejorado notablemente desde que habían iniciado como Get Backers. Implícitamente Ban tenía una relación sentimental con Himiko, con quien llevaba saliendo desde que el pelicastaño  había decidido sentar cabeza.  Anteriormente, los muchachos disfrutaban  de fugaces relaciones, nada serio. Eran capaces de irse de farra todo un fin de semana,  ya que no tenían que rendirle cuentas a nadie, más que a ellos mismos.

 

 

 

El noviazgo de la peliverde y de Ban sólo tomó por sorpresa a Ginji, el resto “ya lo veía venir”. Sin embargo, El ojimiel trató de no mostrarse tan afectado con respecto a esto. Mostró su enorme sonrisa y nada más.

 

 

 

Habían noches en las que Midou no llegaba, entonces el rubio se instalaba en el sofá, en donde su discernimiento se dedicaba a cavilar entre las mil y un cosas  que estuviera haciendo el hombre a esas horas y con “esa” mujer. Se llevaba la mano a la frente; preocupado. Bebía café como si fuera agua y de vez en cuando, también tomaba una que otra cerveza que encontraba en la heladera. Aún así, nada lograba sacarle el mal sabor de boca que le dejaba el caer en cuenta – por fin – de que el hombre no estaba precisamente tomando el té con la peliverde. Se cubría entonces el rostro con las palmas, mientras que un sentimiento semejante a la náusea que brotaba desde la boca de su estómago, se extendía por todo los rincones de su cuerpo, adormeciéndole las piernas y los brazos, instándolo a creer que hubiesen sido recubiertas por una capa fina de cemento.  Pero lo más afectado por estos pensamientos tan inicuos era su mente, donde se desataba un torbellino de dudas y malestar; sufría al imaginar a Himiko en los brazos de su querido Ban, se martillaba con la escena de ellos teniendo relaciones sexuales. Luego trataba desesperadamente y sin éxito de dejar de pensar en ello. Simplemente no podía soportarlo.

 

 

 

- ¡Bueeeeenas noches! – El pelicastaño entraba muy alegre al departamento.

 

 

 

El rubio trataba de hacerse el dormido. El reloj marcaba las dos de la madrugada.

 

 

 

- ¡Qué noche! Está haciendo un frío de los mil diablos allá afuera – Se estremecía – Mira. No pienses que me he olvidado de ti, Ginji – Mencionaba mostrando una botella de vino que había traído consigo – Oye, levántate. No me dejes bebiendo solo -  Sabiendo de antemano que el rubio fingía.     

 

 

 

- No bebo – Mencionó seco.

 

 

 

- ¡¿¿¿¿Eh????! – Hizo una enorme mueca que deformó su rostro - ¿Cómo es eso que no bebes? Eso no te lo crees ni tú mismo.

 

 

 

- Me he vuelto vegano.

 

 

 

- ¿? Ginji… ¿No sabes lo que significa esa palabra verdad? – Un tic en una de sus cejas era notorio.

 

 

 

- ¡Ash! ¡No importa! ¡No quiero beber hoy y ya! – Se arrojó sobre el mueble, boca abajo.

 

 

 

El ojivioleta se rascó el tabique de la nariz. No era raro verle haciendo berrinches como ese. Dejó la botella de vino en la mesita que estaba a un lado. Seguidamente se aproximó hasta Amano, lo suficiente hasta llegar a su oído.

 

 

 

- Sólo será un traguito… - Susurró – Anda. Celebra lo maravilloso de la vida conmigo…

 

 

 

Cada palabra que se deslizaba entre los labios sensuales  de Midou, consistía una tortura para el ojimiel. El aire que chocaba contra su oreja la estaba poniendo cada vez más roja. Adicionalmente en el lugar en donde hubo sentido náuseas, ahora se alojaba un obstinante cosquilleo, un hormigueo que se extendía desde los pies a la cabeza.

 

 

 

- Ban-chan… - No pudo evitar gemirlo – De acuerdo…

 

 

 

El hombre respondió con una sonrisa, se levantó y tomó la botella entre sus manos. La abrió. Buscó unos vasos de vidrios que tenían en un pequeño anaquel.

 

 

 

- Así me gusta – Le pasó el vaso llenó a su amigo – También he traído cigarrillos si quieres – Sacaba los mismos y se los mostraba.

 

 

 

- No me gusta fumar Ban-chan y lo sabes – Hizo una seña con sus manos para que los alejara.

 

 

 

- Si… ciertamente me has salido un niño muy bien portado. A pesar de todo… - Encendió el cigarro que instantes antes había llevado a su boca. Dio una bocanada grande que luego fue precedida por una enorme cortina de humo.

 

 

 

En ese instante, Ginji tuvo el tiempo necesario para admirar a su compañero. Claramente estaba desaliñado, su camisa estaba abotonada hasta el punto de permitirle ver parte de su pecho y la correa del pantalón, le daba a entender que se la había colocado con desgano y hasta con despreocupación, como si no le importara la posibilidad de que se le cayeran los pantalones de no tener cuidado.

 

 

 

- ¿Qué? – Midou soltó con el tubito de un lado de los labios - ¿Qué pasa? – El tono de voz usado no tenía nada de desafiante.

 

 

 

 

- Ban-chan… ¿Estuviste con Himiko-chan cierto? – Ginji mantenía el vaso de vino sin probar entre sus manos.

 

 

 

- ¿Qué si estuve con ella? ¿Te refieres al plan de “estar” o al plan de “estar estar”? – Sonrió coqueto.

 

 

 

- Pues… - Desvió un poco la mirada.

 

 

 

- ¡¡¡¡¡¡¡Jo!!!!!! – Se tiró a un lado de Ginji - ¡Claro que estuve con ella! ¡Y no te imaginas! – La sonrisa no podía ser más grande – No necesito del Jagan para hacerla tener “un lindo sueño” ¿Me entiendes? Je je – Le dio un codazo rudo.

 

 

 

El rubio trataba de no cortarle la inspiración a su compañero, se limitaba a escuchar y a aguantar que se recargara sobre su cuerpo, como un contacto amistoso, pero a la vez tortuoso. Tomó el vaso y se empinó todo su contenido de golpe.

 

 

 

 

- Esa Himiko… siempre me deja agotado ¡Ja ja ja! Es buena en la cama Ginji ¡Y no sabes cuanto! – Se aproximó hasta quedar muy cerca de la cara del rubio, quien claramente se hallaba agitado por sus palabras. El pelicastaño le hizo una seña con su dedo para que le acercara su oído – Aquí entre nos… hace unas cosas en la puntita, con la lengua que…

 

 

 

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡BAN-CHAAAAAAAAAN!!!!!!!!!!

 

 

 

Ginji estaba rojo cual tomate, se cubría las orejas con las manos mientras se movía de un lado a otro sin parar.

 

 

 

- ¡¡¡¿Cómo puedes decir esa clase de cosas?!!! – Sacudía la cabeza.

 

 

 

 

- ¿Eh? ¿A qué viene tanto recato?  - Se burló – Ni que fueras un inocente virgen que no comprende de lo que le están hablando.

 

 

 

- Es que… es que…

 

 

 

- ¡Bah! No importa – Llenó de nueva cuenta el vaso de su compañero - ¿Sólo bebe conmigo si?

 

 

 

Amano se tranquilizó. Mientras el ojivioleta se dedicaba a aplastar su cigarrillo contra el cenicero, no pudo evitar recordar… ya Ban llevaba exactamente un año y dos meses saliendo con la mujer de los perfumes venenosos. Lo recordaba porque aquel día, el pelicastaño le confesó que por calentura había terminado teniendo sexo con la chica. Según le contó, todo comenzó como una reunión inocente, que avanzó en una riña estúpida y que terminó con ellos enrollándose y besándose salvajemente hasta llegar al mismo coito en cuestión.

 

 

 

Al principio Midou lo vio como un error, un desliz que terminaría siendo olvidado por las dos partes. Y así debió ser, pero no fue… al volverse a encontrar con la morena, Ban no pudo evitar sentir aquel sentimiento cálido que renace en el vientre de cada  individuo enamorado. Notó como las mejillas de la joven se coloreaban hasta otorgarle un encantador toque femenino, y como mientras le hablaba, intentaba por todos los medios de no enfrentar sus amatistas ojos.

 

 

 

 

- ¿Qué nos está pasando Himiko?

 

 

 

Preguntaba el hombre. Había llegado al borde. Se encontraban compartiendo unas bebidas, en una de sus salidas, lo cual se estaba volviendo demasiado cotidiano.

 

 

 

- ¡¿De… de qué estas hablando Ban?! ¡No nos está pasando nada! –Visiblemente se encontraba nerviosa. Todo lo que tocaba sobre la mesa lo tropezaba.

 

 

 

- Himiko…

 

 

 

- Se trata de tu imaginación ¡Si eso! ¡Ahh!-Terminó derramando el vaso con té helado sobre toda la mesa – Soy una torpe… - Trató de levantarse y de irse.

 

 

 

El pelicastaño se alzó también y la detuvo tomándole del brazo. La peliverde se notaba consternada. El hombre logró que lo encarara al vociferar:

 

 

 

 

- Me gustas Himiko. Eso es lo que me pasa. 

 

 

 

- ¿Es… eso es cierto Ban? – Las pupilas de la mujer se tambaleaban de un lado a otro, aquella noticia le había traspasado por completo.

 

 

 

- Lo es, si… he meditado sobre esto y he llegado a esa conclusión. No puedo apartarte de mi mente – La atrajo – Y lo que pasó entre nosotros ese día… no he podido olvidarlo…

 

 

 

- Ban…

 

 

 

La conversación finalizó en ésta parte, con un beso, un roce cálido. El sentimiento que ambos compartían los llevaba a experimentar una clase de amor que podía llegar a ser envidiado por cualquiera.

 

 

 

 

Ginji veía ésta escena cada día como si fuera parte de una película francesa, el portador del Jagan le había contado todo con lujos de detalles a tal punto, que no se le hacía difícil verlo representado en su mente. 

 

 

 

Siempre pensó que su relación con la peliverde no duraría, tenía la esperanza de que aquello durara al igual que sus demás relaciones con las mujeres – cuando mucho un mes, muy poco tiempo – pero Himiko ya había impuesto el record, llevaba más de un año aguantándose el mal genio de Midou Ban, eso había que aplaudírselo a la joven.

 

 

 

Para contrarrestar, Amano también se dedicó a buscar una relación. Había salido con muchas féminas. Heaven le dio una oportunidad y al compararlo con un “gatito lindo y tierno” se dio cuenta de que  la rubia no le vería más de ahí… pensó en Natsumi, pero ella era considerada “Prohibida”, era como si hubieran escrito una ley imaginaria en donde el que lastimara a la chica acabaría siendo liquidado por medio mundo. La chica le caía bien a todos y eso le traía ciertos beneficios.

 

 

 

Como fuese, Ginji había terminado buscando un remplazo, cuestión que nunca encontraría, ninguna persona estaba dispuesta a reemplazar a otra… a excepción de él…

 

 

 

Todos esos pensamientos danzaban en el interior del ojimiel. Se mordió el labio.

 

 

 

 

Ban se aventuró a ver a su amigo, le pareció demasiado extraño su silencio, era perturbador y más porque el reloj ya apuntaba las tres de la mañana.

 

 

 

- ¿Ya tienes sue…? ¡!

 

 

 

Los ojos del pelicastaño se abrieron cuales platos, su boca se encontraba capturada por la de Amano. No podía creerlo: El rubio lo estaba besando. Aquella información parecía no ser interpretada por su cerebro, al parecer su intelecto se debatía entre si lo que estaba pasando era real o producto de la ingestión de alcohol.

 

 

 

 

To be continued…

 

 

 

 

 

Notas finales:

 

 

Espero que el capi haya sido de su agrado :3 el fic es súper cortito (consta de sólo 3 capis) espero que sigan leyéndolo n.n Hasta la próxima! Bye Bye

 

 

 

 

 


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