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ciel phanthomhive in a little trouble por nofynoky

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Notas del fanfic:

como ya dije es mi primer fanfic y espero que les guste!!! sean buenos con los reviewes ;) debo decir que los personajes de kuroshitsuji no me pertenecen y que son propiedad de Toboso Yana... ojalá lo fueran pero lamentablemente no... u.u

bueno en principio parece lo mismo que el capitulo 4 pero todo camibiará luego ;)

PD: díganme qué parejas les gustan en los reviewes y puede que se lleven una sorpresa! :D bueno haré lo mejor para hacer este fic e.e

Notas del capitulo:

Un suspiro salió de entre sus labios, Madam red  y Sebastian le habían estado aleccionando todo el día… por alguna extraña razón, se les había ocurrido disfrazarle de chica para resolver el caso de “Jack el destripador”.

Definitivamente no esperaba que ser una chica fuera tan difícil, hasta el momento, había tenido que hacer  absolutamente de todo, desde aprender a cómo caminar hasta de cómo debía bailar y sentarme a la mesa. Probablemente éste sea el caso más fastidioso que haya tenido que hacer y en cierta forma sentía que todo esto le hacía gracia a Madam red, pero principalmente a Sebastian, quien parecía estar bastante divertido observando cómo, el pobre de Ciel, intentaba caminar como una chica.

-          Ya basta, Sebastian tráeme un poco de té. – dijo de repente, ya estaba cansado y quería un descanso de por lo menos unos minutos, Ciel había logrado disimular a la perfección la vergüenza que sentía.

-          Yes, my lord. – fue su simple respuesta de siempre, sin embargo había un tono casi imperceptible de algo que sólo él pudo comprender, Sebastian se estaba riendo de él, su amo, internamente. Pronto Sebastian se dio media vuelta y se marchó.

-          Pero Ciel… ¡aún queda mucho por enseñarte! – replicó rápidamente Madam red a lo que, Ciel,  le contestó con una mirada asesina.

Se levantó de su asiento sin decir una palabra, dejando a Madam red en la sala de comedor y tras la mirada asesina que le acababa de enviar ni siquiera intentó detenerlo o si quiera preguntarle nada. Enseguida se dirigió a su habitación, una vez ahí cerró la puerta y se tumbó de espaldas sobre la cama con los ojos cerrados, ya era demasiada humillación por un día y estaba realmente cansado de todo esto. Tras unos segundos, escuchó la puerta abrir y cerrarse silenciosamente.

-          Llegas tarde, Sebastian.

-          Lo siento, bocchan.

Se sentó al borde de la cama y Sebastian le entregó el té, comenzó a beberlo paulatinamente, una vez terminado, abrió los ojos para devolvérselo. Sebastian lo observaba fijamente y tenía un vestido entre sus brazos, era rosado y con mucho encajes, Ciel lo contempló por un momento, le pareció bonito para una chica, de pronto comprendió para quién era. Desvió la mirada instintivamente en cuanto sintió sus mejillas sonrojarse, aún no se hacía a la idea de colocarse un vestido, que para colmo era absolutamente rosado y femenino.

-          Joven amo, es la hora de que se coloque su vestido, o de lo contrario llegaremos tarde. – al terminar la frase esbozó una sonrisa de medio lado.

-          Sebastian! No te burles!

-          Como diga, joven amo. – esto último lo dijo sin borrar la sonrisa de su rostro.

-          Tsk… como sea.

Se desvistió y Sebatian se acercó para colocarle un corsé, se sintió extraño y no podía parar de pensar en si realmente valía la pena tragarse su orgullo y vestirse como chica, una parte de él se repetía constantemente “todo sea por la reina, todo sea por la reina”. De pronto algo interrumpió su debate mental, Sebastian había comenzado a apretarle el corsé más y más, hasta el punto de que ya no lo soportó más… sentía como si se le fueran a salir los órganos de un momento a otro…

-          ¡¡¡aaah!!! ¡Sebastian! Ya no puedo más!!! Me vas a matar!!

-          No se ha sabido de ninguna mujer que haya muerto por esto, bocchan. – terminó de decir esto y lo apretó aún más. – una mueca divertida cruzaba el rostro de Sebatian.

-          Aah!! Ya basta!

Cuando al fin terminó sintió un gran alivio y dejó que Sebastian le colocara el resto. Una vez terminado todo, Sebastian le dirigió hasta el espejo de cuerpo entero, al verse dentro de un vestido rosa con encajes y con un sombrero del mismo color, decorado con unas cuantas rosas, inmediatamente lo invadió una vergüenza tremenda y con ella sólo logró ponerse completamente tenso, se dio media vuelta, con gesto un tanto indignado, para no seguir observando al conde phantomhive vestido de chica. Se disponía a darle otra orden a Sebastian cuando, de pronto lo sintió a éste demasiado cerca de su rostro, sin previo aviso se acercó más y le susurró al oído.

-          Bocchan… ¿quiere que le enseñe algo más acerca de ser una chica?  - lo dijo con un extraño tono, que sólo provocó que se ruborizara al instante, podía sentir su aliento en su cuello, hormigueándole en la superficie de su tersa piel. tragó saliva de una forma un poco más ruidosa de lo que hubiese deseado y luego le respondió notoriamente nervioso.

-          Se… Sebatian, ¡¿a qué te refieres?! Es.. es decir – tragó saliva nuevamente y continuó – creo que ya aprendí suficiente con Madam red. – concluyó con un poco más de control… sabía exactamente a lo que se refería, pero prefirió hacer de tonto. – creo que se nos está haciendo tarde, trae el carruaje en seguida. – habló nuevamente intentando quitarle importancia a lo que había sucedido recién.

-          Como ordene, joven amo. – dicho esto se marchó enseguida y no pudo evitar caer sentado sobre la cama… <<¿qué había sido eso? ¿será que mi mente me está haciendo malas jugadas?>> Decidió olvidarlo por un momento y se dirigió hacia la entrada principal, donde Sebastian ya se encontraba ahí junto con Madam red. En cuanto salió por la puerta, Madam red se calló enseguida, lo que fuera que estuviera diciendo, para luego dar un pequeño gritito y  acercarse rápidamente a su adorado sobrino.

-          ¡¡¡Ciel!!! Te ves tan kawaii!! – lo abrazó y lo estrujó, dejándolo sin respiración, no bastaba con sólo el corsé, sino que además tenía que apretarle aún más todavía, intentó zafarse por todos los medios de su agarre, pero todo intento fue en vano.

-          Ma… madam… - no pudo continuar, ya no podía respirar y dio gracias a dios cuando Sebastian se acercó y lo rescató de una muerte segura por asfixia, pero a ciencia cierta, Sebastian se había demorado a propósito, únicamente para fastidiarlo… según el punto de vista de Ciel... últimamente lo hacía a menudo, dejaba que todo sucediera hasta el filo de la situación, todo se justificaba porque a cierto mayordomo le hacía gracia las situaciones en que su amo perdía los nervios.

-          Madam red, con todo respeto, llegaremos atrasados si no se sube al carruaje. – Sebastian tenía esa sonrisa falsa de siempre, de inmediato Madam red lo fulminó con la mirada, pero lo soltó. El más pequeño casi pierde el equilibrio y se cae indecorosamente, pero logró mantener la compostura, rápidamente tomó una gran bocanada de aire, la cual le pareció lo más grandioso que le había sucedido hasta el momento.

En seguida se subió al carruaje y partimos hacia la fiesta que daría el vizconde Druitt, principal sospechoso del caso. Ciel miraba distraídamente por la ventana, a su parecer el camino fue aburrido, el paisaje era monótono y todo pasaba demasiado lento para su gusto, de pronto Madam red rompió el silencio, tomando la atención de éste.

-          ¿Cómo estamos seguros de que el vizconde Druitt elegirá a mi sobrino, digo sobrina, como presa? – su tono era divertido, aquello le hizo sentir aún más incómodo y se revolvió sobre su asiento, la intuición del pequeño conde le decía que, muy ciertamente, ellos estaban disfrutando con todo esto y de seguro no se equivocaba.

-          No hay manera de que no lo haga, tiene una debilidad por las chicas hermosas – Sebastian respondió enfatizando la última palabra de modo tan sutil que sólo Ciel se percató y hasta incluso le pareció que lo había imaginado, sí, definitivamente eso era, se lo había imaginado... eso era lo que se decía a sí mismo.  

De pronto el carruaje se detuvo, no se había percatado de que ya habían llegado a la mansión, súbitamente cayó en la cuenta de que estaría en público vestido de esa manera y no había tenido tiempo siquiera para hacerse a la idea, repentinamente sintió cómo los colores se le subían a la cara y se le revolvía el estómago peligrosamente, la puerta se abrió y Madam red fue la primera en bajar.

-          ¿se encuentra bien bocchan? No luce con buen aspecto… - Sebastian lo había notado y lo observaba fijamente, se dio cuenta que se había tapado la boca con una mano, no se había percatado de en qué momento lo había hecho.

-          Betsuni. – fue todo lo que Sebastian obtuvo por respuesta por parte de su amo.

Sebatian bajó velozmente y lo ayudó a bajar, entraron a la fiesta donde ya había bastante gente y Madam red no esperó para comenzar a disfrutar de ésta… definitivamente no tenía remedio... ambos se encontraron solos y se encaminaron hacia adentro por el salón, buscando algún indicio del vizconde Druitt. Las miradas se posaban en una atractiva y hermosa chica de vestido rosa que caminaba junto a su mayordomo. La gente se volteaba a verle, no se sentía nada cómodo, incluso Sebastian le dirigía algunas miradas furtivas… <<no sé si es por que me falta el aire y no me llega suficiente al cerebro o simplemente es algo muy complicado de resolver, pero no acabo de comprender el por qué de esas miradas>> Dejó de pensar en eso y se dedico únicamente a buscar al vizconde, evitando las miradas extrañas que le dirigían los demás, principalmente hombres… aquello le prvocaba desagradables escalofríos.

**** voz de Sebastian ****

Me sorprendí cuando Madam red propuso la idea de vestir a mi bocchan de chica, lo cierto es que me provocaba cierta curiosidad… mi joven amo, siempre tan serio y orgulloso. Y debo admitir que no puedo evitar divertirme con todo esto, a mi pobre bocchan se le des configuró la cara en cuanto le dijeron aquello. Ayudé al joven amo a colocarse el vestido, pero nunca pensé verlo así, no pude evitar soltar una pequeña risa al ver cómo se quejaba del corsé. Una vez terminado lo llevé a que se mirara en el espejo, por su expresión pude adivinar que estaba más que avergonzado.

Me humedecí los labios, definitivamente el vizconde caería en la trampa, mi bocchan lucía más que apetecible, sobre todo con las mejillas completamente ruborizadas, parecía tan sumiso en ese momento, algo que no hubiera imaginado jamás… su alma no era lo único que deseaba devorar, sin duda alguna había encontrado la combinación perfecta. 

Mi mirada se posó en sus labios, por primera vez me daba cuenta de lo hermoso que era mi amo, no podía quitar la mirada de ellos y sin pensarlo me incliné hacia él en cuanto se dio la vuelta, sus ojos se abrieron desmesuradamente y balbuceó algo que no alcancé a comprender y de todas formas dudo que su frase hubiese tenido sentido alguno. Me gustó lo fácil que me resultó descolocar a mi bocchan, me incliné un poco más, de hecho estuve a punto de robarle un beso, en esas circunstancias hubiera sido demasiado fácil, puesto que mi joven amo no estaba en condiciones de reaccionar rápidamente, sin embargo me abstuve y me desvié hacia su oído para susurrarle algo en un tono insinuante. De inmediato él me contestó, un tanto nervioso y tartamudo,  con una evasiva. Una sonrisa curvó mis labios, mi joven amo, quien parecía inquebrantable, maduro y serio… seguía siendo un niño, fue extrañamente fácil desconcertarlo.

Nos dirigimos a la mansión del vizconde enseguida, en el carruaje y mi bocchan observaba el paisaje de forma indiferente, estaba tan sumido en sus pensamientos que ni siquiera notó la conversación que se llevaba a cabo en el interior del carruaje, sino hasta que llegamos a la mansión, súbitamente su rostro se volvió de un tono inusualmente pálido y se llevó, inmediatamente, una mano hacia su boca, como si fuera a vomitar. La situación debe de ser, insistentemente, molesta para su orgullo… después de todo, no era nada más y nada menos que el jefe de la familia Phantomhive quien estaba vestido de chica en una fiesta pública, con la misión de seducir al vizconde... sin duda una situación un tanto indecorosa para él.

Comenzamos a caminar por la fiesta, buscando a nuestro sospechoso del cual no habíamos oído nada durante todo lo que llevábamos en la celebración, yo le dirigía algunas miradas de vez en cuando a mi amo y es que simplemente no podía evitarlo, de hecho era una suerte que pudiese quitarle la vista de encima…

<<Un momento… ¿desde cuándo había comenzado a mirar distinto a mi amo? >>

Este pensamiento me alertó, no me había dado cuenta de ello… en ese momento una voz conocida me sacó de mis cavilaciones.

-          Ara! ¡Pero qué lindos vestidos! – Lady Elizabeth. Como si estuviéramos conectados, nos volteamos al unísono con mi amo, quien tenía una cara de pánico que no esperaba.

-          ¡Sebastian! ¡¡Lizzy no me puede ver así!! -  Ciel estaba al borde de los nervios.

-          Ugh… sinceramente no contaba con la presencia de Lady Elizabeth, no dejaré que se acerque, bocchan. – dicho esto, apoyé una mano sobre su espalda y lo empujé ligeramente hacia adelante para alejarnos disimuladamente de la vista de Lady Elizabeth.

-          Oooh! ¡Pero qué hermosa chica! ¡¡Y con un vestido que le va a la perfección!! – como si la mala suerte nos persiguiera, la señorita nos había visto y se dirigía directamente hacia nosotros… la música empezó a sonar para dar comienzo al baile y una idea se me pasó por la cabeza… tomé la mano de mi joven amo sin previo aviso y tiré de él, era suave al tacto y bastante agradable.

 

**** Ciel ****

De pronto sentí la voz de Lizzy detrás de mí, si llegara a descubrirme vestido así, sería mi fin. Nos quedamos congelados por unos segundos… sentía sus pasos acercarse como si retumbaran dentro de mi cabeza, tragué saliva nerviosamente y una vez más en el día sentí cómo se apretaba mi estómago,  de repente todo me daba vueltas.

Cuando ya lo creía todo perdido, Sebastian me tomó de la mano y me jaló hacia la pista de baile, miré nuestras manos unidas y de pronto me sentí algo acalorado, no sabía qué era esa sensación pero me ponía nervioso. Repentinamente Sebastian tiró de mí hacia él y me tomó por la cintura, quedando a pocos centímetros el uno del otro y una vez más se acercó a mi oído para decirme algo, estaba aún sorprendido por la escapatoria que había encontrado Sebastian.

-          Bocchan, procure no caer… no se vería muy bien en una dama. –me sonrojé un poco y fruncí el ceño a Sebastian.

-          Tsk… claro que no. – me dirigió una de sus típicas sonrisas mientras me daba una vuelta para seguir el ritmo del baile. Lizzy observaba desde la orilla opuesta el baile con una expresión de admiración y entusiasmo. Bailamos un buen rato hasta que ya no pude más y le ordené a Sebastian detenernos un momento para que me diera un descanso.

-          Joven amo, usted está en muy mal estado físico… sólo hemos bailado un rato. – seguía exhibiendo aquella sonrisa, estaba tan agitado que no me dieron fuerzas ni para enviarle una mirada asesina, ¿quién se creía para decir eso? Claro, después de todo no era él quien andaba con un corsé apretadísimo que le obstruía la respiración y tampoco debía dar vueltas a cada momento en el baile.

-          Eso ha estado absolutamente hermoso mi Lady – me enderecé enseguida, frente a mí se encontraba un hombre alto y delgado de cabello rubio y largo, vestido completamente de blanco. –baila con la gracia de un petirrojo, mi hermosa dama.

-          Le traeré algo de tomar señorita. – Sebastian lo dijo con una sonrisa y tono amable pero pude notar que se le formaba una arruga de disgusto en la frente. ¿es que acaso yo era el único que notaba esas reacciones? Se dio media vuelta y desapareció entre la gente.

-          Gracias. – fue la única respuesta que pude articular, sonreí con la sonrisa más dulce que pude hacer. – pero aún no sé su nombre – dije enseguida, con un tono amable y manteniendo la sonrisa.

-          Siento mi  descortesía, soy el vizconde Druitt… a su servicio. – se inclinó para besarme la mano, a lo que no pude evitar hacer una mueca de asco que por suerte no notó, sin embargo había dado en el blanco... era el sospechoso a quien buscaba. - ¿puedo tener el honor de saber el suyo? – me preguntó mirándome a los ojos, lo que me incomodó un poco. De pronto me di cuenta de que aún no le había respondido.

-          Eeh… mi… mi… nom…? – no terminé de articular la frase, lo cierto es que no sabía qué responder, no había pensado en ello aún.

-          Bueno no importa, para mí tú eres mi hermoso petirrojo… ¿te gustaría hacer algo más entretenido? – me relajé un poco, di gracias internamente a que no se hubiese interesado por mi nombre.

-          ¿Algo entretenido? Claro, ya estoy bastante aburrida de bailar. – le contesté intentando seguir la conversación, además el baile pronto acabaría y Lizzy vendría en mi búsqueda. – ¿qué le gustaría hacer? – pregunté intentando parecer interesado.

-          Bueno… pues podríamos hacer muchas cosas – lo dijo en un tono un tanto meloso, al tiempo en que me tomaba por la cintura y me acercaba hacia sí, luego continuó con su tono meloso – tú  sabes a qué me refiero… - lo último lo dijo mientras bajaba sus manos juguetonamente, lo que me provocó un fuerte escalofrío y asco, no podía esperar más para separarme de él, sin embargo debía ser fuerte y seguir con mi actuación. Repentinamente la música se detuvo y el baile también. El nerviosismo comenzó a recorrerme completo, pronto Lizzy vendría y me reconocería. Decidí acelerar la conversación.

-          ¿Podría mostrarme ese “algo” entretenido, vizconde Druitt? – intenté decirlo con el tono más persuasivo que pude.

-          Eeh? ¿Así que mi petirrojo está ansioso?... sin embargo… puede que sea demasiado joven para eso…

-          Claro que no… ¿por qué no me muestra?

-          Hmm… entonces sígame, mi lady. – no tuve que esforzarme demasiado para convencerlo.

Me guió por una puerta donde nadie notó nuestra ausencia, caminamos unos metros y entramos a una habitación bastante oscura… había un olor dulzón que no supe descifrar y de improviso comencé a perder fuerza en mis piernas y mis brazos se sentían demasiado pesados como para moverlos. Retrocedí unos pasos justo a tiempo para deslizarme por la pared y no caer de bruces al suelo. Mis párpados comenzaban a pesar y mi visión se tornó borrosa. Lo último que vi fue al conde Druitt acercándose peligrosamente a mi rostro mientras decía en voz baja.

-          Duerme precioso petirrojo… - luego no escuché más y todo se volvió oscuro.

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continuará....


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