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Cerezos por Sorgin

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Su cuerpo agotado suplico por un descanso que no le era concedido. Se arrastr hasta la ventana y observ sin entusiasmo como la oscuridad reflejaba las sombras en el jardn. Una luna rojiza brillaba en el cielo y los grillos, ocultos entre la maleza, la dedicaban una dulce cancin de amor.

Tanteo con sus pies las maderas que componan el suelo del pasillo y con gran habilidad evito los pedazos que crujan bajo su peso. Abri la puerta que conduca a la calle y sali descalzo, empapndose con el frescor nocturno. Cerr los ojos y aspir el aroma a primavera. La noche era el mejor momento del da. En realidad, el nico momento en que el mundo dejaba de gritar dentro de su cuerpo y poda disfrutar del deseado silencio.

Vago entre las penumbras del sueo y se deslizo como una sombra ms entre las embarrizadas calles que componan su hogar. A su alrededor solo la soledad le acompaaba y con gratitud la invit a caminar. Los vecinos dorman plcidamente aunque en algunas casas an se vea la luz que asomaba quejumbrosamente entre las cortinas. Algn da dejara de esconderse y podra recibir el respeto que ahora esas gentes proporcionaban a su padre. Pero an no, todava era demasiado joven para poder entender toda aquella grandeza que solo le sera concedida por llevar su sangre.

Se adentro en el bosque y dejo que sus pensamientos vagarn con libertad. Una punzada de dolor se clavo en su alma al recordar lo que era en realidad. Nunca llegara a ser tan amado como su padre por el simple hecho de que l, era un monstruo. No haca falta que la gente lo dijera en voz alta, en su interior poda sentirlo con claridad cada vez que estos le miraban.

El miedo le atraves corazn y el pequeo de cabellos rubios perdi el equilibrio. Se abrazo a si mismo y con dificultad consigui recuperar el paso. Un sentimiento que no era suyo invadi su ser y una nueva punzada le hizo retorcerse. Apoy las manos en el suelo y con dificultad se levanto para buscar la fuente de aquel tormento. Las emociones se sucedieron y l simplemente se dejo guiar por una corriente que nadie ms poda sentir.

Terror, pasin, lujuria, dolor. Posedo por la curiosidad se acerc hasta ellas y descubri con sorpresa una pareja de amantes que abrazados bajo la luna se negaban a separarse. Enrojeci al sentirse invasor de una impropia intimidad y trato de desviar la mirada. Una gota cay golpeando el suelo, pero los gemidos que se precedan al llanto no llegaron. Sorprendido el muchacho se apoy contra el cerezo y observ.

Una mancha de color rojizo se extendi tiendo la espalda de la mujer y el nio no pudo reprimir el grito que escapo de sus labios. Se llev una mano a la boca y se recost contra el rbol presa del miedo, que ahora era suyo. Los ojos plateados de un asesino se haban cruzado con los suyos y le haban dedicado una sonrisa divertida. Un golpe contra el suelo le hizo saber que el cuerpo sin alma de la mujer haba cado. Unos lentos y pesados pasos se dirigieron haca l le hacindole reaccionar.

Sin demasiado conocimiento se interno en la noche buscando a tientas el camino que le regresara a su hogar. Una mano se aferr dolorosamente a su mueca y tuvo que girarse para encararse con su agresor. El deseo atraves su cuerpo y por un segundo no supo como reaccionar. El hombre tiro de su kimono y uno de sus hombros quedo al aire. Su plida piel se dejo baar por el reflejo de la luna llena y el hombre le dedic una sonrisa llena de satisfaccin.

Con gestos torpes consigui desembarazarse de aquella prisin y sigui corriendo sin fijarse por donde. El hombre le segua de cerca. El olor metlico de la sangre delataba su posicin concedindole una mnima ventaja. Sinti que ese perfume se haca cada vez ms lejano y su velocidad descendi como consecuencia. Suspiro aliviado al creerle perdido y se arriesgo a tomarse un pequeo descanso. El corazn bombeaba con fuerza e infantilmente se llevo la mano al pecho para retenerlo en su interior.

-Vaya, si que eres rpido.- El olor del tabaco lleg a su nariz causndole un escalofro. Trato de levantarse para huir de nuevo pero el hombre fue ms rpido.

Con un solo movimiento le retorci el brazo y lo tiro contra el suelo ocasionndole un fuerte dolor. Hisoka rod sobre su cuerpo y se arrodill con facilidad. Su padre le haba entrenado bien y si deba morir lo hara en combate. El hombre admiro su postura, pero no le imit, simplemente se quedo all mirndole con prepotencia.

Trece aos para un combatiente. Treinta para el otro. El resultado estaba decidido antes de empezar. No tuvo una sola oportunidad para escapar. Sus movimientos bien aprendidos fueron rechazados sin esfuerzo. Un golpe en el estmago le robo el poco aliento que le quedaba y le obligo a arrodillarse para atenuar el dolor.

-Basta ya.- Le exigi el mayor arrodillndose a su lado y rozndole el rostro con la mano. En ese instante el nio lo comprendi, aquel hombre haba abandonado la gabardina empapada en sangre para ocultar su posicin. Haba cado en la trampa como un novato. Una sonrisa se dibujo en sus labio sorprendiendo al otro.- Vaya estar tan cerca de la muerte te ha vuelto loco.

-No voy a volver a casa.- Su tono era suave, y por primera vez en su vida Muraki se sorprendi al ver como aquella vctima le encaraba.-Vas a matarme y no tendr que volver all.- Contento, si tendra que describir como se senta ese nio, l habra dicho que estaba feliz.

El rostro plido brillo con dulzura y la sonrisa rosada se abri sincera esperando el final. Los ojos verdes esmeraldas adquirieron un fulgor de ingenua inocencia cuando deslizo sus dedos sobre aquella boca que nunca haba sido invadida.

El contacto estremeci a Hisoka que noto como aquellas fras y pesadas emociones se abran paso inundndole con una sensacin nunca antes vivida. Se aparto asustado pero el hombre acorto la distancia. Un tirn acabo por retirar aquel kimono mal atado dejando su cuerpo expuesto. Un deseo que no era suyo le hizo temblar al comprender lo que provocaba en el otro.

-Djame!- Grito y le empujo. Pero sus pequeas manos no fueron rivales. Sostenido por las frgiles muecas fue incapaz de liberarse.

Las caricias le quemaron la piel, que adquiri un matiz rojizo por donde los dedos del hombre dibujaban extraas palabras en un idioma ya olvidado. Un beso dejado en el cuello le arranco las lgrimas mientras sus piernas luchaban por mantenerse unidas. Un tirn de pelo le hizo perder la concentracin y la rodilla del mayor separ las suyas.

Hisoka trato de respirar pero la presin que aquellos extraos y profundos sentimientos albergaban le ahogaba. Algo se movi en su interior. Algo humedecido que se mova libremente por una zona que nunca antes visitada. Los labios del hombre rozaron los suyos y pronto fue incapaz de impedir la entrada de una lengua que serpenteo jugando con su boca.

-Es tu primera vez?- Se burlo el hombre y el nio fue incapaz de saber a que se refera.

Se quito la camisa y mojo con saliva la mano que pronto comenz a jugar con el miembro erecto. Llevo dos dedos a los labios del joven y le obligo a lamerlos. Las mejillas se le sonrojaron y deseo poseerle, pero deba esperar. Con habilidad deslizo los dedos dilatando la virginal entrada. Y sonri con deseo al ver como el pequeo gema de dolor. Se masturbo disfrutando de aquel pequeo espectculo y con placer hizo que su miembro golpeara el interior.

Los gritos de terror embargaron sus sentidos y le obligaron a prolongar aquel placer prohibido. Su cadera se deslizo haca delante y el pequeo cuerpo tembl bajo l hacindose ms estrecho. Con fuerza innecesaria lleg al fondo y dejo vagar libremente a su oscura imaginacin. La sangre no tardo en mezclarse con la lefa derramada en el conquistado interior y Muraki gimi de placer. Una corriente elctrica recorri su cuerpo y se vio obligado a sacar su agotada masculinidad de aquel cuerpo.

Trato de volver a acercarse pero aquella persistente electricidad quemo las yemas de sus dedos. Observ con curiosidad y lo volvi a intentar una tercera vez. El resultado fue an ms doloroso y por un instante sinti que su pecho se comprima bajo el dolor del vaci y la humillacin. Muraki neg con la cabeza al sentir la incomprensin, aquellos sentimientos no le pertenecan, le eran impuestos a la fuerza y resultaban terriblemente molestos.

Pateo con desprecio las costillas del pequeo y comenz a vestirse. Un sonido cercano le hizo saber que los mensajeros de la muerte haban llegado. Se acomodo la ropa y sin prisa se arrodill para mirar a aquel pequeo mocoso que haba encendido su pasin. Ahora solo era una pequea mueca rota por el uso indebido, pero a pesar de todo la belleza persista en aquel rostro contrado por el dolor. En un inusual gesto cubri el cuerpo con el kimono que haba yacido olvidado y marcho tras imponerle un beso en los hinchados labios.

-Olvdame.- Invoco como hechizo y supo que al alba aquel nio no podra recordarle.

Tsuzuki Asato shinigami del departamento central del Enma reprimi una arcada al encontrarse con aquella terrible escena. El cuerpo de una mujer descansaba en medio de un charco de sangre con la parte superior del cuerpo destrozada entre pualadas. A su lado su compaero observaba con atencin el paisaje esperando encontrar alguna pista del culpable. Su propia sombra se fundi con las de los rboles buscando cualquier indicio.

-Tatsumi, Quin ha podido hacer algo as?- El aludido suspiro resignado sin poder contestar a la pregunta. De pronto algo llam su atencin.

-Hay alguien ms.- Sus sombras se agitaron inquietas.- Rpido le estoy perdiendo.

Salieron corriendo tras la presa y Muraki se vio obligado a acelerar el paso. Haba sido demasiado descuidado al volver a por su gabardina y ahora aquellas malditas sombras le seguan. Desvi los pasos y se dirigi hasta el muchacho que an yaca en la misma posicin en la que le dejar. Eso les detendra, una preciosa distraccin que le permitira escapar.

Las sombras se detuvieron de golpe obligando a los shinigamis a parar. Tsuzuki le observ sorprendido mientras el ms joven se obligaba a buscar el motivo que les haba arrastrado hasta all. Los ojos azules de Tatsumi relampaguearon furiosos al encontrar la trampa.

-Es un cro!- Grito Tsuzuki corriendo hasta l. Tatsumi se mordi el labio inquieto si era una trampa aquel idiota les haba hecho caer de lleno. Sin embargo y pese a sus dudas nada a su alrededor se alzo contra ellos.- Chico.- La voz de Tsuzuki le lleg como un suspiro inquieto.- Chico, me oyes?- Y el nio abri los ojos asustado.-Tranquilo, ya estas a salvo.

-Tsuzuki, debemos irnos.- El moreno le ignoro y trato de reincorporar al muchacho. El kimono se desliz a travs de su cuerpo dejando a la vista las marcas de la violacin. El dolor y la rabia producto de la impotencia de Tsuzuki desgarraron al pequeo que sinti aquellas emociones como propias. Su cuerpo se convulsiono y Tsuzuki le abrazo ms fuerte.

-No podemos dejarle aqu.

-Tenemos trabajo.- Le repiti su compaero y los ojos amatistas le miraron suplicantes. Suspiro derrotado y asinti. Despus de todo ya le haban perdido el rastro.

-Tranquilo chico toda va a salir bien. - Sus dulces palabras emitieron un blsamo reparador y el nio se calmo. Con delicadeza trato de limpiar las heridas y le acomodar la ropa lo mejor posible.

Los ojos verdes del rubio se movieron inquietos bajo los prpados sin poder abrirse. Una sensacin de inesperado cario le inundo el alma y la calidez ofrecida le lleno aquel vaco amargo.

Aquella noche la muerte mostr una piedad impropia de su rango y permiti que la vida fluyera a travs de la marchita existencia del pequeo. Su calida fuerza alimento el corazn del nio, que con veneracin se atrevi a aorarla y sin temor a desearla. Injusta paz que solo le fue otorgada, tras tres aos de agnico sufrimiento, cuando las sombras inundaron la fra habitacin de hospital, donde haba sido recluido, para robarle en un beso su ltimo aliento.

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