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Unnie por Yong Mun

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Notas del capitulo:

He vuelto con otro fic. Éste será un poco más corto que los últimos dos que escribí, ya que en realidad iba a ser un two-shot pero después de que un amigo lo leyera me insistió en hacerlo un fic. largo.

Bueno, sin más, aquí el primer capítulo.

-¿Lista para irnos? –Preguntó la castaña

 

-Claro, vamos –Respondió la pelinegra, bastante más alta que ella

 

Ambas chicas tomaron sus maletas, llevándolas a la entrada del que hasta hace unas horas era su departamento. Pronto, el chofer del taxi las ayudó a subir su equipaje al auto y la pelinegra miró por última vez dentro de aquel lugar. Suspiró hondamente, dando una sonrisa de medio lado.

 

-Bianca, vamos o perderemos el vuelo –Insistió la castaña, ya dentro del auto

 

-Sí, voy –La chica tomó su abrigo y cerró la puerta tras de sí, sonrió a su amiga y subió al taxi

 

El trascurso hacía el aeropuerto fue silencioso y tranquilo, al llegar, ambas registraron sus maletas y después de una hora, su número de vuelo fue anunciado…“El vuelo 612 con destinó a Seúl, Corea del Sur, será abordado por la puerta 8”…ambas chicas caminaron sin ninguna prisa. Al abordar, la pelinegra miró por la ventana y suspiró una vez más.

 

Pov Bianca

 

-Adiós Milán –Susurré, mirando por última vez la cuidad que hasta ahora había sido mi… “hogar” en los últimos diez años

 

-Todo saldrá bien –Dijo mi mejor amiga, tomando mi mano al ver la frustración plasmada en mi rostro –Ya verás

 

-Claro, si tú lo dices –Solté con el mayor sarcasmo posible

 

-Oh,  vamos –Ésta vez sobó mi espalda –Deberías estar feliz y emocionada, dentro de poco volverás a ver a tus padres y…a ellas

 

-Mis padres me dejaron muy claro que no me querían más en su vida desde el día en que me mandaron a aquel internado –Contesté sin voltear a verla –Ni siquiera se dignaron en venir a visitarme una sola vez, darme una simple llamada o carta, nada…y ahora de buenas a primeras me piden…no, ¡me exigen! Que vuelva –Solté con enojo –Así que no, Jessi…no me digas que todo “saldrá bien”, ni tampoco me pidas que esté “emocionada” por volver a “casa”

 

-Bian, tú misma fuiste la que les pidió que no se atrevieran a volver a hablarte por teléfono, ni mucho menos venir a visitarte –Mencionó con cautela, sin dejar de sobar mi espalda

 

-Cierto –Sonreí con amargura –Lo hice porque no quería que vinieran o llamaran por simple lástima –Seguí, sin despegar la mirada de la ventanilla –Ellos ya eran felices con el RESTO de sus hijas, yo ya no era relevante…mucho menos alguien importante en su vida

 

-Por favor Bianca, no hables así, tus padres te adoran, estoy segura, es sólo que…

 

-Basta Jessi –Interrumpí –…Ya no quiero seguir hablando de esto –Ella comprendió y no dijo más

 

El avión despegó y el vuelo fue tranquilo. Jessica durmió la mayor parte del tiempo, yo traté de despejar mi mente leyendo y viendo algunas sosas películas durante el viaje, pero…aun así, mi mente no lograba sacar de sí, las una y mil preguntas que tenía desde que recibí la llamada de mi padre, las mismas preguntas que no me dejaron dormir por los últimos tres días antes del vuelo: ¿qué era lo que querían de mí? ¿Qué, después de tanto tiempo? ¿Por qué sus insistencia en que yo esté de vuelta? Hacía tantos años que no sabía nada de ellos, ya me había hecho a la idea de que no volvería a volverlos nunca más…ni a ellas. ¿Qué era lo que querían ahora? ¿¡Qué!?

 

Después de un largo viaje, el avión aterrizó sin mayor complicación. Jessica despejó cualquier rastro de sueño apenas escuchó decir al capitán que nuestro viaje había finalizado. Así, en un segundo desabrochó su cinturón, y literal: me arrastró fuera del avión. Al salir del aeropuerto, rápidamente tomamos un taxi.

 

-Así que… ¿te quedarás con tus padres? –Preguntó cuál niña pequeña

 

-Sí –Contesté con resignación –Aunque buscaré algún lugar para vivir yo sola lo más pronto posible…bueno, en cuanto tenga empleo, claro está

 

-Entiendo, pero… ¿no te gustaría pasar algún tiempo con ellos y tus her…ellas? Ya sabes, para reponer todo ese tiempo que no has pasado a su lado –Mencionó con cautela. Jessica sabía a la perfección lo delicado que era hablar del tema de mi “familia”

 

-Jessi –Tomé su mano y sonreí sin mucho afán –Si tú fueras yo, entenderías a la perfección que eso es imposible, lo que menos quiero es estar…aquí…ni en este país, ni en ésta ciudad…ni con ellos –Ella no dijo más y yo preferí cambiar de tema –Dime, ¿cómo crees que reaccionen tus padres cuando se enteren que estás aquí? –Pregunté con entusiasmo

 

-Seguro se volverán locos y yo también, los he extrañado tanto –Habló con nostalgia

 

-Llegamos –Anunció el chofer, estacionando el auto frente a una enorme fachada

 

Estábamos tan atentas a nuestra charla que ni siquiera noté cuando entramos por aquellas calles tan familiares de mi niñez. Todo seguía igual, absolutamente todo.

 

-¿Estás segura de que no quieres que te acompañe? –Preguntó al ver mi mano derecha tener un leve temblor

 

-No Jessi, todo está bien –Respondí con una sonrisa –Tú debes ir a darles la sorpresa a tus padres.  Yo…puedo con esto –Volví mi mirada a aquella casa

 

-Lo sé –Respondió convencida. La miré una vez más –Tu siempre puedes, Bian –Acarició mi mejilla. Y por ese tipo de acciones y más…yo me estaba enamorando perdidamente y cada vez más de ella, por supuesto sin que lo supiera. Estoy segura que ella está esperando en su vida a alguien mejor que yo –Eres la persona más valiente que he conocido en toda mi vida –Soltó, sonriendo de oreja a oreja

 

-Gracias Jessi –Tomé su mano que aún seguía en mi mejilla

 

-Listo señorita –Habló de nuevo el chofer, ésta vez bajando mi equipaje del taxi

 

-Bien –Respondí resignada, suspirando un vez más. Jessica soltó una leve risita al ver mi “dramatismo” –Me voy –Bajé del auto – ¿Hablamos por la noche?

 

-Por supuesto –Respondió sin dudar

 

-¡Perfecto! –Sonreí feliz –Entonces…ciao

 

-¡Ciao!

 

Tras perder de vista al taxi que llevaba lejos de mí a mi “amor platónico”, vi una vez más la fachada de mi “hogar”; la enorme reja y tras de ella: el enorme y bien cuidado jardín. Aún recuerdo los buenos momentos que llegué a pasar en él. Respiré hondo una vez más y después de titubear por uno momento, al fin tomé mi equipaje y atravesé aquella reja y jardín. Al estar frente a la enorme puerta de madera, no tuve ni siquiera que tomarme la molestia de tocar, pues de inmediato se abrió de par en par.

 

-¡Hija! ¡Al fin! –Mi madre se arrojó a mis brazos, tanta era su efusividad que estaba asfixiándome

 

-Bianca ¡Hija! –Mi padre también corrió a mi encuentro

 

-Pero ¿por qué no llamaste para avisar que llegabas hoy? Habríamos ido por ti al aeropuerto –Dijo mi madre aun sin romper el abrazo

 

-No quise molestarlos –Respondí indiferente

 

-Ven, no te quedes ahí, pasa –Mi padre llamó al personal para que  llevaran mi equipaje a dentro. Llegamos a la estancia, todo seguía igual: la misma decoración, los mismos muebles, cortinas…todo

 

Estaba tan concentrada “reconociendo” la casa, cuando de pronto sentí a alguien tras de mí, giré y vi a una joven de alrededor de unos catorce o quince años, algo familiar para mí debo decir; tez blanca, aunque algo baja de estatura, de unos profundos y confundidos ojos, aunque, después de examinarme bien, esos mismos ojos comenzaron a brillar y su sonrisa apareció.

 

-¡Está aquí! –Gritó feliz – ¡Chicas! ¡Vengan! ¡Unnie está aquí! – ¿Unnie?... Oh claro, era una de ellas, por eso me era familiar

 

No pasaron ni diez segundos cuando ya tenía frente a mí a siete personas más, todas mujeres y todas menores que yo. ¡Exacto! Eran ellas… “mis hermanas”, o mejor dicho: lo que mis padres insistieron en que serían para mí desde que decidieron adoptarlas…desde que llegó la primera de ellas a ésta casa.

 

-Hola –Saludó con cierta timidez una pelinegra

 

-Ho…la –Respondí con torpeza al no saber cómo actuar frente a ellas

 

-¡Unnie! ¡Al fin estás aquí! –La chica de antes corrió a mi lado, y sin esperarlo, me abrazó

 

Me tomó por sorpresa, sin embargo no puedo negar que se sintió bien, aunque preferí no corresponderlo. Se separó de mí con una enorme sonrisa plasmada en el rostro, luego volteó a ver a todas de nuevo.

 

-Chicas, ¿qué esperan? Vengan, hay que recibir a unnie como se merece –El resto sonrió y al igual que ella, corrieron a abrazarme

 

Entonces noté que no todas estaban abrazándome, una azabache de mirada inocente y cohibida trataba de ocultarse detrás de mis padres, luego otra de ellas al notar lo que yo, se acercó a la chica y tomó su mano. Llevándola hasta mí.

 

-Vamos Hyunnie, no seas tímida, abraza a unnie –… ¿Hyunnie? Claro, ya recuerdo, fue la última a la que adoptaron mis padres y también la más joven de todas

 

-Yoong, no presiones a Seohyun, ella no recuerda muy bien a unnie, eso es todo –Mencionó la rubia con la que me topé al principio

 

-Ho…hola –Por fin habló –Tú…eres Bianca unnie, ¿cierto? –Preguntó con timidez

 

-Sí –Apenas respondí

 

-Yo…yo soy Seo…hyun

 

-Claro, ya lo recuerdo –Comenté sin expresión alguna –Lei è stato l'ultimo di beneficenza vita dei miei genitori *(Tú fuiste la última caridad viviente de mis padres)

 

-¡Bianca! –Advirtió mi padre. Lo miré sin importancia y luego al resto de ellas

 

-Como sea, gracias por la bienvenida, pero no era necesario

 

-Claro que lo era  –Otra de ellas habló, acercándose a la rubia – Todas nosotras estamos muy felices de que por fin estés de vuelta

 

-Basta Yuri, no molestes a unnie con esas cosas –Dijo con algo de vergüenza la rubia a  la que aún no recuerdo del todo, bueno, siendo sincera…a ninguna

 

-Vamos Tae-tae –Dijo esta vez la pelinegra –Tú sabes que Yul sólo dice la verdad – ¿Tae? Ella no puede ser Taeyeon, se ve menor que todas las demás

 

-Entonces… ¿tú eres Taeyeon? –Pregunté incrédula 

 

-¿Eh? Sí, claro –Respondió con una sonrisa, aunque confundida –Acaso… ¿ya no me recuerdas? –Debo reconocer que aunque traté de mantener mi coraza en su lugar, su mirada de desilusión logró hacerme sentir mal con ella y…conmigo misma

 

-No…bueno –Rasqué mi nuca –Debes entender que…hace mucho no las veo, ni…ni a ti ni a las demás. Si soy sincera, creí que ella era Taeyeon –Señalé a una castaña que me llegaba al hombro

 

-¿Yo? –Se señaló a sí misma –Para nada unnie –Sonrió con gracia –Vaya que estás confundida, yo  soy Sooyoung

 

-Chicas, unnie tiene razón, hace mucho que no nos ve, ni nosotras a ella –Dijo la pelinegra que hace un momento tomaba la mano de Taeyeon –Así que despejemos su confusión, ¿sí? –Todas asintieron felices –Bien, empiezo yo: hola, soy Tiffany

 

-Y yo Sunny –Le siguió una pelirroja aún más baja que Taeyeon

 

-Yo soy Hyoyeon –Dijo una rubia casi de la misma estatura que Tiffany

 

-Bueno…de mí ya sabes, soy Sooyoung, también ya escuchaste el de Yuri –La mencionada sonrió feliz –Y luego están Yoona y Seo –Las últimas dos sonrieron, sonrojándose al notar mi mirada sobre ellas

 

-Ok, ahora ya lo tengo más claro –Dije simple, aunque…aun me sentía mal con Taeyeon, pero preferí dejar de lado esa sensación –En fin, iré a desempacar

 

-Por supuesto, debes estar cansada de un viaje tan largo. Ve a descansar –Respondió mi madre con una sonrisa plasmada en el rostro

 

Comencé a caminar hacia las escaleras, entonces noté una presencia tras de mí, me detuve, era Taeyeon.

 

-Yo…yo pedí al personal que reinstalara tu habitación en el mismo cuarto que tenías antes de irte –Mencionó sin levantar la vista y siguió su camino escaleras arriba. Fui tras ella –Espero que encuentres todo como antes –Abrió la puerta de la que de nuevo era mi habitación. Debo reconocer que me sorprendió la exactitud con la que volvieron arreglarla, todo estaba igual –Bien, no te molesto más, des…descansa

 

-Taeyeon, yo… –Estaba a punto de disculparme pero…disculparme ¿por qué? –No…nada, olvídalo –Asintió y sin decir nada, salió

 

Después de desempacar y dar una vuelta por la casa, salí al jardín trasero, me recosté en uno de los camastros y comencé a relajarme.

 

Ahora que lo pienso mejor y recordando lo de hace un rato, reconozco que vi en ellas algunos rasgos que aún conservan de su infancia a pesar de ya ser unas adolescentes y de que algunas se han teñido el cabello. Taeyeon por ejemplo: conserva ese rostro angelado, Sunny tiene aún esa sonrisa traviesa que siempre la delató tras hacer una broma o travesura, Tiffany sigue teniendo ese “don” que convierte a sus ojos en medias lunas al sonreír, Hyoyeon sigue teniendo esas cejas grandes y pobladas, Yuri conserva esa expresión que parece de enfado cuando en realidad sólo está seria, Sooyoung aún tiene esas mejillas redondas como un par de bombones, Yoona sigue siendo tan blanca y delgada como la recuerdo,  por último está Seohyun que sigue teniendo esa mirada inocente que es como la ventana a su verdadero ser.

 

Me quedo dormida recordando a mis “hermanas”, recordando los buenos aunque pocos momentos felices que pasé a su lado. Y al despertar, noto cómo el sol está empezando a ocultarse.

 

Al entrar a casa, mi celular suena.

 

De: Jessi

 

Hola Bian, ¿sabes? Le he hablado a mis padres de ti y están ansiosos por conocerte, ¿crees poder venir a cenar ésta noche con nosotros?

 

Sonrío al leer su mensaje y sin pensarlo, respondo.

 

Para: Jessi

 

Claro que puedo, sólo mándame la dirección y estaré ahí en un momento

 

De: Jessi

 

Perfecto. No te preocupes, un taxi pasará por ti y te traerá, nos vemos en un momento, bye.

 

Volví a sonreír y me alisté para salir. Estaba tomando mi abrigo del perchero cuando la voz de mi madre detuvo mi acción.

 

-¿Saldrás?

 

-Sí, iré a cenar a casa de una amiga –Fue mi simple contestación

 

-Creí que cenarías con nosotros, tus hermanas ansían pasar tiempo contigo –Mencionó tratando de persuadirme –Si no estás, se sentirán realmente tristes

 

-Mira madre, en primera: no son mis hermanas, y en segunda: ¿quién te dijo que yo quiero pasar tiempo con ellas?

 

-Pero Bianca…

 

-¡Basta! –Levanté la voz –No voy a cenar con ustedes, así que diles a mis “hermanitas” lo que mejor te parezca; que la cena de hoy no me agrada, o que soy alérgica o…yo que sé, por mí puedes decirles lo que quieras, estoy segura que lo harás con tal de que tus “pequeñas” no salgan lastimadas. Como sea, yo no ceno con ustedes ¿entendido? –Sin esperar respuesta, salí

 

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Autor

 

Al llegar a la casa de la familia Jung, fue la misma Jessica quien salió a recibirla. Bianca quedó embelesada al ver a su mejor amiga, tan sólo habían pasado un par de horas y ella ya la extrañaba como si no se hubiesen visto en años. La castaña corrió  abrazarla y frotó sus hombros al ver la seriedad en su rostro.

 

-¿Todo bien, Bian? –Preguntó preocupada

 

-Sí…todo bien –Se forzó a sonreír. Y a pesar de que Jessica no le creyó, decidió dejarlo pasar

 

-Perfecto, entonces entremos. No sabes, mis padres están vueltos locos por conocerte –Se enganchó al brazo de la pelinegra y cortésmente la invitó a pasar

 

-¡Vaya! Así que es ella –Una joven de tal vez dieciséis, diecisiete años, las sorprendió en la estancia

 

-¡Krys! Te dije que esperaras en el comedor junto a papá y mamá –Reprochó la castaña

 

-Lo siento, pero es que moría por conocerla. Nos hablas tanto de ella que empiezo a creer que pronto tendré nueva…cuñada –Susurró al última palabra, sin embargo Jessica la escuchó, aunque la despistada pelinegra no

 

-¿Perdón? –Preguntó Bianca

 

-Na…nada –Dijo la nerviosa castaña mientras que la joven azabache reía –Mira Bian, te presentó a mi hermana. Krys, te presento a Bianca

 

-Hola, es un placer conocerte, mi hermana nos ha hablado mucho de ti –Extendió su brazo frente a ella –Mi nombre es Krystal Soojung Jung, pero tú puedes llamarme Krystal o Krys

 

-Ok, el placer es todo mío, Krys –La pelinegra estrechó la mano de la menor –Y a mí también me han hablado mucho de ti –Sonrió para luego mirar cómplice a su amiga

 

Sin esperar más, las tres entraron al comedor donde ya las esperaban los padres de Jessica, el primero en hablar fue el señor Jung.

 

-Bienvenida señorita Bianca, y gracias por aceptar está invitación tan repentina. Mi hija nos ha hablado mucho de usted y nos ha contado las “aventuras” que han pasado juntas todo este tiempo que han estado en Milán, y déjeme decirle desde ya que me alegra mucho el saber que mi hija la haya conocido, logró obtener a una buena amiga en usted y eso siempre es bueno cuando uno se encuentra lejos de casa

 

-Bueno…no sé qué decir –De pronto la pelinegra estaba sonrojada –Gracias por considerarme buena influencia para Jessica

 

-El verdadero dilema aquí, sería saber si mi hija es buena influencia para usted –Ésta vez habló la señora Jung, provocando la risa en todos, excepto en Jessica

 

-¡Mamá!

 

La cena comenzó y  el tiempo pasó sin contratiempos, Bianca realmente estaba disfrutando pasar el rato con la familia de su mejor amiga, y Jessica estaba disfrutando pasar tiempo con su familia y…Bianca.

 

-Sabe señorita Bianca, quiero darle las gracias –Dijo de la nada el padre de Jessica a mitad de cena, al ver la mirada de confusión de la chica, rió por lo bajo y continuó –Sí, quiero agradecerle porque si no fuera porque usted necesitaba regresar de emergencia hasta aquí y que mi hija haya decidido acompañarla, ella por sí sola no se hubiese dignado a venir a visitarnos nunca

 

-¡Papá!

 

-Es cierto –Continuó Krystal –Si tú no necesitaras estar aquí, de seguro nosotros seguiríamos recibiendo sólo la video llamada semanal de ésta mala hermana en lugar de tenerla aquí, en vivo y a todo color. Papá tiene razón, gracias “B” –Dijo feliz, llevando un pedazo de carne de su plato a la boca

 

-¡Krystal!

 

-Vaya, siendo así –La pelinegra levantó su copa – ¡En hora buena mi repentino viaje!

 

-¡Bian! ¿Tú también? –Reprochó su amiga, haciendo un lindo e infantil mohín, cruzando sus brazos al mismo tiempo, ganándose las risas del resto

 

Al terminar la cena, ambas salieron a dar un paseo tranquilo y silencioso. Las dos lo estaban disfrutando, entonces Bianca recibió un mensaje, lo leyó y su semblante cambió por completo, respiró hondo y guardó su celular, tratando de restarle importancia al asunto, pero Jessica lo notó y detuvo su andar.

 

-¿Pasa algo?

 

-No –Desvió la mirada –Ya sabes, es sólo que no soporto pasar tiempo en esa casa, siento que me asfixio en ella –Jessica no dijo nada, pero tampoco se sentía bien al saber que su amiga no la estaba pasando TAN bien como ella por regresar a “casa”

 

Siguieron su camino y se toparon con una cafetería, entraron y la castaña pidió de inmediato dos americanos, se sentaron cerca de la ventana y la pelinegra soltó otro suspiró más.

 

-¿Tan mal están las cosas? –Preguntó, tomando sobre la mesa la mano de Bianca  

 

-Sí –Respondió mirando hacía la calle –Bueno…no, es sólo que…no lo sé Jessi, hace años que perdí toda comunicación con ellos, ¿por qué de pronto mi padre insiste en que vuelva? ¿Por qué de la nada quiere que entre de nuevo al “círculo familiar”? –Por fin despegó su mirada de la ventana –Yo ya había olvidado, me fui a Milán, salí de ese maldito internado con el mejor promedio, entré a la universidad, me gradué, tenía un buen empleo, ¿por qué de repente ellos con una simple llamada cambian mi mundo…mi vida…y dejan todo de cabeza? –Jessica no habló, quería que su amiga se desahogara –Se supone que para eso me enviaron a ese internado hace diez años, para deshacerse de mí, ¿qué es lo que quieren ahora? Se supone que ellos eran felices con  ¡SUS! hijas, yo no era parte de ese “cuadro”…no entiendo qué hago aquí

 

-¿Todo eso te lo dijeron ellos? –Jessica preguntó de pronto, sin soltar su mano. Bianca al no comprender del todo, la miró –Me refiero a que… ¿si ellos dijeron que te mandaban al internado para que no les “estorbaras” más?

 

-No, pero no era necesario que lo hicieran, era obvio

 

-Ese es tu problema, Bianca –Dijo con cautela –Ese siempre ha sido tu problema, crees, supones, das por hecho las cosas, pero jamás preguntas o hablas con las personas para saber qué es lo que piensan o sienten en verdad –La pelinegra desvió la mirada sin atreverse a decir nada y soltó su mano de la de Jessica –Escúchame, si te digo esto no es para que te enfades conmigo, sino para hacerte recapacitar, meditar sobre cómo llevas las cosas con tus padres y tus hermanas

 

-Ellas no son…

 

-¡Sí lo son! –La interrumpió –Lo son desde que tus padres decidieron darles un hogar, desde que les pidieron a ellas verte como tal: su hermana mayor. Yo jamás había querido decirte éstas cosas porque son asuntos de familia y en eso no debo meterme, pero por lo poco que me has contado de ¡TUS! hermanas –Enfatizó –Ellas te quieren, te admiran…y te extrañan.–Hizo una pausa y respiró hondamente –A pesar de que les pediste a tus padres que no te llamaran más, una de ellas, no sé quién, pero una de ellas te escribía cada tres meses, cada tres meses recibías una carta…que jamás habrías y sólo guardabas en un cajón de tu escritorio. Dime –Volvió a tomar su mano – ¿Has abierto si quiera una sola de esas cartas? ¿Te has dignado a leer aunque sea la mitad de alguna de ellas? –Bianca negó sin decir palabra –Ellas te quieren mucho Bian, aun no comprendo por qué las odias tanto

 

-¡¡Porque me robaron el cariño y atención de mis padres!! –Gritó, golpeando la mesa y llamando la atención de algunas personas que se encontraban en el lugar, al notarlo trató de calmarse –Ellas… –Sus ojos se cristalizaron –Ellas me robaron su cariño, provocaron que ambos se sintieran decepcionados de mí y que me mandaran lejos de aquí

 

-¿Estás segura de que así fueron las cosas? –Jessica seguía tranquila, dando apoyo a su amiga – ¿Has hablado con ellos alguna vez sobre el tema?

 

-No –Contestó bajando la mirada

 

La castaña sonrió comprensiva, decidió dejar ahí la conversación, si quería que Bianca se diera cuenta de muchas cosas sobre el tema de sus hermanas, tendría que dejar que las cosas se fueran dando, no la presionaría.

 

Salieron del lugar y retomaron su caminata, ésta vez de regreso a la casa de la castaña.

 

-Háblame de ellas –Pidió de repente, tomando por sorpresa a la pelinegra –Jamás me has dicho más allá de que son ocho y que tus padres las adoptaron cuando tú aun eras una niña. ¡Vamos! Dime más –Bianca rió por lo bajo, pareciéndole adorable la actitud de su amiga

 

-¿Qué quieres que te cuente? Ya sabes lo básico, qué más dan los detalles –Recibió un golpe en el brazo – ¡Ouch!

 

-Anda, no seas mala, dime más, como mmm… ¿quién fue la primera? ¿Cómo se llaman? ¿Qué edad tienen? –Preguntaba entusiasmada

 

-Ok –Dijo resignada –Tú ganas –Suspiró –Veamos…la primera  fue Taeyeon, llegó cuando tenía tan sólo un año de edad y yo ocho, mis padres me la presentaron como “mi nueva hermanita”, dos meses después llegó Sunny que era aún más chica que ella, tenía sólo siete meses y medio de nacida –Hizo una pausa –Después, cuando yo recién cumplía diez años, llegó una más: Tiffany de dos. Luego de seis meses apareció Hyoyeon de la misma edad. Cuando llegué a los trece, se unieron dos más: Yuri de cinco y Sooyoung de cuatro. Luego de que pasaran dos años más y mis padres no adoptaran otro niño, creí que por fin mi “familia” había dejado de crecer, pero me equivoqué, pues a tan sólo una semana de ser mi cumpleaños, una más llegó: Yoona de seis –Hizo una pausa –Y “la cereza del pastel” fue Seohyun, llegó un mes después, tenía tan sólo cuatro o cinco años, no recuerdo muy bien, ella y Yoona fueron con las que menos conviví, pues tres meses después de que ellas llegaran, yo viaje a Italia y entré al internado. Para eso entonces ya tenía quince años, Taeyeon ocho, Sunny, Tiffany, Hyoyeon y Yuri siete, y Sooyoung seis

 

-Ya veo –Fue lo único que dijo la castaña. Bianca rió al verla mover sus dedos, tratando de contar

 

-¿Qué haces?

 

-Oh…nada, sólo hacía cuentas –Dijo divertida –Entonces si tú te fuiste cuando tenías quince años y Taeyeon ocho…y han pasado diez años, eso quiere decir que… –Seguía haciendo cuentas en el aire –Ella tiene dieciocho, Tiffany, Sunny, Hyoyeon y Yuri diecisiete –Sooyoung y Yoona dieciséis y Seohyun quince… ¿es correcto?

 

-Supongo –Respondió con indiferencia

 

-¿Supones?

 

-Sí, digo… –Rascó su nuca –La verdad es que no recuerdo bien sus edades, ni siquiera recuerdo cuándo cumplen años –Recibió un fuerte golpe en el hombro – ¡Ouch! ¿Y eso por qué?

 

-Por tonta, ¿cómo puedes ser tan mala y olvidar los días en que tus hermanas cumplen años? ¡Vaya! Sí que eres una pésima hermana mayor –La pelinegra volteó hacia otro lado, tratando de restarle importancia

 

-Como sea, ¿qué más da que yo sepa o no sus edades? Al final tú ya has sacado cuentas –Jessica negó y rió por lo bajo

 

-¡Tonta! –Tomó su mano –Anda, regresemos a casa, mis padres deben estar preocupados, ya es algo tarde –Bianca asintió

 

Al estar a tan sólo unos pasos de la entrada, Jessica se detuvo y tomó las manos de Bianca, la miró sin decir una sola palabra, acarició su mejilla y luego sonrió enternecida.

 

-No temas –Salió de sus labios. La más alta no respondió –No temas a ser buena con ellas, tú sabes que no tienen la culpa de nada y estoy segura de que eres como una heroína para ellas, deja de poner un muro entre tus hermanas y tú  –Seguía acariciando su mejilla –Yo sé que no las odias por más que lo digas, sé que en el fondo tú también mueres por estar cerca de ellas, date la oportunidad…deja de lado rencores y culpas del pasado, sólo…disfruta, disfruta de la vida, disfruta de ellas, de tus padres

 

-Yo…

 

-Shshsh, no digas nada, sólo hazlo

 

-Gracias Jessi…gracias por estar siempre ahí, para mí. Sin ti, probablemente yo sería un caos –La abrazó tan fuerte que sintió cómo su corazón y el de la castaña latían en sincronía, fue doloroso romper el contacto –Te quiero…y espero que tú nunca te alejes de mí…

 

-Nunca –Comenzaron a acercarse una a la otra. Jessica pasó sus brazos por el cuello de la pelinegra y ésta posó las manos en su cintura –Jamás me alejaré de ti –Estaban a  punto de besarse y...

Notas finales:

Oh!! Se besarán?

Espero que el fic. sea de su agrado, aunque ya sé, es un historia un poco cliché, jaja!!

En fin, nos leemos pronto y ya saben, sus rw siempre son bienvenidos.

Ciao!! =)

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