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Fantasía por black_leger

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Notas del capitulo:

Una pequeña historia de fantasía, va a ser corta.
Solo quería algo de fantasía que me hiciera ver todo a mi alrededor menos oscuro.
¿Así que porque no una pequeña historia cursi de fantasía?

El día gris llevaba tras de sí el anuncio de una tormenta cercana obligando a la mayoría de los bañistas a descartar la idea de permanecer más tiempo en la playa, aquel lugar no era particularmente popular, la mayoría de sus visitantes eran familias o ancianos que disfrutaban del oleaje que se movía con suavidad en un ritmo hipnotizante; los adolescentes y enamorados rehuían de aquel lugar que no ofrecía ninguna forma de diversión para ellos; aquella playa jamás ofreció olas que poder montar y la constante presencia de niños solía ser molesta para las parejas que buscaban un momento de privacidad.

Él solía visitar aquella playa con regularidad, siempre se las arreglaba para poder ir al menos una vez a la semana, estaciono su auto en el extremo más alejado de la playa donde casi ninguna persona solía ir a menos que deseara permanecer en completa soledad, la rocas dominaban aquella zona por sobre la arena un motivo más que obligaba a las personas a mantenerse alejadas de la zona pero para él eso no suponía un problema, miro atrás viendo su auto que permanecía con las luces encendidas, la tormenta había logrado oscurecer el lugar más de la cuenta.

Sus motivos para acudir a la playa le hacían sentir ridículo pero sin importar cuanto se reprochase a sí mismo los motivos no podía evitar continuar siendo arrastrado a la playa por aquella ilusión infantil a la que se aferraba tan fervientemente, sirenas. Las sirenas habían rondado en su mente desde el primer momento en que vio el brillante cabello dorado y la hermosa cola celeste de la sirenita en aquel libro de Christian Andersen, siempre que pensaba en ello era incapaz de evitar el sentimiento de patetismo que le inundaba por haber caído enamorado de aquella inocente sirena que se convirtió en espuma por amar a alguien que jamás le correspondió.

Acudir a la playa con la brisa marina inundando sus sentidos y con el ferviente anhelo de ver una sirena hacía que sus días se sintieran un poco más mágicos y menos grises, incluso días tan particularmente terribles como aquel; durante la madrugada su vecino había llamado a su puerta, pidiéndole que cuidara a su mascota por el siguiente mes y no dudo en aceptar después de ver la mirada angustiada en su rostro, antes de darse cuenta tenía las llaves de la casa de su vecino en las manos mientras le daba instrucciones respecto al gato. Salió de la casa siguiendo a su vecino, curioso y extrañado de aquel comportamiento, vio como los otros dos amigos de su vecino subían algunas maletas a un taxi que les esperaba fuera de su casa, cuando pregunto respecto a lo que sucedía el chico de sudadera azul respondió con una sonrisa torcía después de beber de su licorera.

–Ese idiota no deja de jodernos la vida incluso después de muerto.

Recibiendo un golpe por parte del pelirrojo que le recrimino molesto.

–Tord aún no está muerto, todavía puede recuperarse.

–Sigue creyendo eso –se burló mientras entraba en el taxi, restándole importancia a las palabras de su amigo que se mordía los labios en un intento de apaciguar su molestia ante la indiferencia del otro.

Solo pudo ofrecerles sus mejores deseos a sus vecinos mientras los veía partir, sintiendo un agujero en su pecho que le mantuvo quieto en la acera frente a la casa incluso después de ver al auto desaparecer a la distancia.

Fue un golpe duro para él, incluso si su historia con el noruego no había sido la más feliz.

Había aceptado convertirse en el amante del noruego, sexo sin los compromisos de una relación, fue ingenuo de su parte mantener la esperanza que algo cambiara entre ellos y su relación podría convertirse en algo más que un momento de desahogo, pero no fue así, un día el otro simplemente desapareció y cuando pregunto por él se encontró con la noticia que había regresado a su país, sin importar cuanto intento comunicarse con el noruego jamás recibió una llamada o un mensaje de vuelta, pese a todo nunca le guardo ningún tipo de rencor por simplemente desecharlo, él había sabido desde un principio en lo que se metía y había aceptado hacer aquello. Sin embargo despertar con la noticia que Tord estaba muriendo había sido algo que jamás espero ni deseo recibir, si embargo ni siquiera se tomó las molestias de intentar contactarlo sabiendo que nadie contestaría sus llamadas, ¿por qué habrían de hacerlo?, nadie conocía de su relación secreta ni siquiera los amigos del noruego.

Suspiro intentando contener las lágrimas, recordar lo ocurrido aquel día solo le hacía sentir peor de ser incapaz de hacer algo incluso si era algo tan insignificante como una palabra de consuelo para su antiguo amante.

Camino por la costa recogiendo algunos guijarros que arrojaba al mar intentando llegar más lejos con el siguiente tiro, un trueno a lo lejos le advirtió que pronto debería abandonar el lugar sino quería ser atrapado por la tormenta por venir, dio una última mirada a su alrededor percatándose de algo entre las rocas cercanas al mar, un sentimiento de angustia le invadió, no había nada sobre aquellas rocas hasta hace unos momentos, tal vez un bañista herido había sido arrastrado por la corriente y arrojado en aquel lugar, la sola idea le obligo a correr dispuesto a prestar ayuda.

Sintió sus piernas más débiles conforme se acercaba a la figura, su angustia pronto se convirtió en ansiedad, felicidad, emoción, era imposible describir lo que sentía en aquel momento. Conforme más se acercaba un olor metálico comenzó a inundar sus sentidos predominando incluso sobre el olor a mar, sus pasos se volvieron cautelosos conforme más se acercaba a su objetivo.

La figura clavaba sus garras aferrándose a roca como si fuera un salvavidas, una sustancia negra escurría a través de su cuerpo diluyéndose entre el oleaje, miro con fascinación la cola de gris y café que combinaba con su piel morena.

¡Sirena! ¡Realmente era una sirena! Su mente no le permitió pensar en otra cosa que no fuera la fascinante criatura que tenía frente a sí, aun no podía creer lo que tenía frente a él, su corazón se agitaba descontroladamente en su pecho al punto de que sus latidos se había vuelto lo único que era capaz de escuchar.

Se acercó intentando hacer el mínimo ruido posible pero la sirena no parecía reaccionar incluso cuando estaba a unos cuantos centímetros de ella, se horrorizo cuando se percató de donde provenía el olor metálico que le rodeaba, había un varios cortes profundos a lo largo de la cola de la criatura de ahí provenía aquel liquido oscuro que se diluía entre el oleaje.

Las heridas abiertas lucían terriblemente mal, tenía que hacer algo, no podía simplemente darle la espalda a aquel ser, ¿pero que debería hacer?, no podía llamar a nadie, ¿a quién podría llamar de todas formas?, ¿a un doctor, un biólogo o un veterinario?, ¿y qué debería decir? ¡Encontré una sirena! ¡Son reales!

Incluso si le creyeran, ¿qué sucedería después? Los medios llegarían, un circo mediático que haría terminar a la sirena en el tanque de un acuario que abriría las puertas a su nueva adquisición o todo quedaría en silencio, grupos gubernamentales y científicos buscarían apoderarse de ella, la llevaría a un laboratorio haciendo pruebas sobre ella hasta que no resistiera más.

Sacudió la cabeza intentando descartar aquellas ideas descabellas que sonaban como una amenaza realmente plausible.

No, no podía pedir ayuda a nadie, debía hacer algo y proteger a la criatura herida hasta que fuera capaz de recuperarse de sus heridas.

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