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Una caja de rosas gemelas por yuniwalker

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Era un pueblito en las afueras de un país rodeado de montañas altas.

La iglesia estaba situada al aire libre y el edificio, que estaba pintado con patrones de color rojo claro y blanco, tenía la forma de dos rectángulos apilados uno encima del otro y arraigados firmemente en la tierra. Visto desde la fachada, que correspondía a la entrada de la catedral, podía verse que había tres puertas semicirculares, sobre las que sobresalía una ventana circular llamada "rosetón". Además, el edificio estaba increíblemente bien cuidado en todos los rincones y no se encontraban partes que estuviesen feas.

La mañana en la iglesia comenzaba cuando todavía había señales de oscuridad en el cielo. Y en el pequeño jokbang, la residencia del sacerdote, Viola pareció comenzar a abrir los ojos. La verdad era que había comenzado a sentir una extraña sensación de liberación en el cuerpo que había dejado bien acostado sobre la cama y además, la tela que tocaba la parte inferior de su torso estaba tan húmeda y pesada, que la sangre se drenó de su cara en un segundo.

¿Cómo era posible que...?

"He vuelto a pecar."

Viola cerró los ojos y se llevó la mano al pecho. Se revisó para tratar de ver si esto era un sueño o si su corazón estaba sonando como se suponía que tenía que sonar.

Un latido palpitante y acelerado indicaba el estado de excitación tan fuerte en el que se encontraba.

Revisó cuidadosamente su pijama y notó un líquido grisáceo pegajoso en su boxer. Además, en la habitación que tenía solo un escritorio y una cama, pareció comenzar a flotar un fuerte olorcito sexual que provocó que Viola se mordiera el labio con completo disgusto. Se levantó del colchón y recogió la tela que había puesto debajo de la almohada para limpiarse los genitales con ella. A diferencia de su cuerpo, que era mucho más ligero que antes de irse a dormir, su estado de ánimo era simplemente sombrío. Suspiró e hizo la cama, luego se puso de pie sosteniendo el paño sucio entre los dedos y comenzó a pensar sobre el siguiente movimiento a ejecutar: Abrió la puerta, dejó que la brisa fresca limpiara el aire de la habitación y luego finalmente salió, mirando para un lado y para otro y atravesando el pasillo oscuro casi corriendo para ir a lavar la tela con el agua que había dejado apartada en el lavadero. El calor del agua que tocaban sus dedos hablaba sobre el inicio del verano. Se limpió el cuerpo con un paño húmedo escurrido con jabón y después de limpiar a fondo la parte inferior de su cuerpo, miró el pene que había vuelto a su estado original. El órgano, que pensó que era solo para la excreción, era una parte que no podía controlar con su propia razón. Independientemente de lo que quisiera Viola, se excitaba y eyaculaba casi por si solo. El hombre frunció el ceño.

El agua aún estaba fría cuando Viola tuvo su primer sueño sexual.

Era una noche normal, no diferente a cualquier otra. O al menos, eso pensó hasta el momento en que se acostó en la cama y se quedó dormido. En ese instante, comenzó a tener sueños vívidos de alguien tocando su cuerpo y besando sus pezoncitos. De repente, Viola estaba temblando y sacudiendo su cintura. Sintiendo la terrible sensación de estar a punto de explotar y de tener un horrible calor llenando todo. Y cuando se despertó, descubrió que en realidad estaba gritando de placer. Además de todo, la tela de su ropa interior estaba empapada y mojada y se le pegaba a la piel todo el maldito tiempo. Su cuerpo estaba lleno de sudor y su corazón latía violentamente. Y sin saber qué le había pasado, levantó suavemente la tela y...

"No puede ser..."

Viola gritó cuando vio el semen, cayendo entre sus manos como un hilito.

Eyaculó. Eso era...

Eso era...

Sintiendo que la temperatura de su cuerpo caía de repente, Viola se desmayó.

El diablo vivía en el semen. Entonces, por eso mismo le enseñaron a abstenerse de los placeres sexuales para no excretarla de su cuerpo. Para ser sincero, desde que cumplió los 20 años de edad, Viola eyaculó solo un par de veces. Pero todas fueron cosa de un "fenómeno fisiológico" que no podía controlar. Y que cruel era derramar semen por algo que ni siquiera había disfrutado. ¡Que pecado! Viola no podía creer lo que le había pasado a su cuerpo así que, después de permanecer inactivo por un tiempo, hizo expiación ante Dios y desesperadamente lavó su cuerpo a profundidad. Todavía recordaba lo fría que se la puso la piel con el agua.

Se dijo a si mismo que a veces eso pasaba y se pasó un día entero exhortándose sobre como el hecho de tener la primera eyaculación era igual a tener la menstruación. Pero a la mañana siguiente, Viola lo hizo de nuevo.

Antes de abrir los ojos esa vez, todo su cuerpo pareció temblar con tanta fuerza que pensó que podía caerse de la cama.

"¡Ah!"

Saltó, e inmediatamente entendió lo que le había sucedido. Más aún, porque lo había hecho por dos días seguidos. Las lágrimas que fluyeron incontrolablemente por sus ojos le hicieron ver las mejillas brillantes así que, mientras solllozaba y se disculpaba con Dios, se arrancó el calzón que envolvía la parte inferior de su cuerpo y lo tiró de inmediato a la basura. Sin embargo, esa extraña sensación que le había quedado entre una mezcla de "languidez" y "frescura", pareció ser imposible de borrar de su cuerpo tan como si nada.

Miró el calzón y su cuerpo a la vez.

La sensación de tener algo húmedo, bien envuelto alrededor de sus genitales, era tan fuerte que fue como si su cuerpo recordara el intenso calor lo suficientemente fuerte como para comenzarlo a excitar. Viola se desesperó cuando vio el pene que había comenzado a cambiar de forma de nuevo. Primero que nada, porque no se suponía que esto debería pasar así y segundo, porque no tenía experiencia en este campo y había comenzado a tener miedo. Tratando desesperadamente de recuperar la razón, primero se pasó agua fría por la cabeza y se enjuagó incluso el pecho. El fuego estaba en sus pulmones...

"¿Qué es esto?"

Viola habló en voz alta y fue de inmediato a la biblioteca de la iglesia para averiguar qué había sucedido. Aunque no tuviera estimulación sexual, los sueños le hacían alcanzar el clímax en cuestión de segundos así que, fue solo después de que encontrara un documento llamado "Curiosidades del cuerpo humano" que finalmente pareció entender todo un poquito mejor y comenzó incluso a sentirse más ligero. Además, había métodos de afrontamiento escritos en la literatura, por lo que trató de dormir en un estado de completa calma y cuando esto no funcionó, intentó permanecer bien despierto. Sin embargo, el resultado fue tan desastroso que interfirió con su vida diaria así que se dio por vencido después de unos tres días y probó todos los otros métodos que decían eran útiles para evitar que tuviera más pesadillas. Pero ninguno funcionó.

Mientras tanto, Viola comenzó a recordar un sueño.

El lugar era esta cama.

Viola pareció estar tendido, en pijama, y a veces completamente desnudo. Y siempre era un demonio rubio el que dominaba su cuerpo con completa calma. Estaba en la oscuridad, por lo que su rostro era difícil de ver, pero estaba seguro de que sus ojos brillaban como si fueran lumbre. El diablo palpaba y lamía el cuerpo de Viola por completo. Lo excitaba, lo abrazaba y le hacía sacar el pecho y levantar la espalda. Era como si quisiera consumirlo por completo para que fuera solo de él. Y eventualmente, sin negarse, el diablo incluso le chupó el pene. Pero el cuerpo de Viola nunca lo rechazó sin importar que tan lascivo fuera. E incluso si se lo tragaba hasta la garganta, sintió un éxtasis que pareció derretirse desde la punta hasta sus testículos.

Le hervía la sangre en el momento en que lo recordaba.

El demonio, que había obligado a Viola a acostarse abajo de él, comenzaba a acariciarle desde la espalda hasta la cintura y luego le abría las piernas. E incluso mientras se quejaba diciendo que era "un lugar sucio", Viola nunca se resistía y en su lugar, solo dejaba escapar un gemido completamente encantador. Luego, como si le estuviera dando un premio por su obediencia, acariciaba suavemente su cabello y lo comenzaba a besar sobre la boca. Solo con eso, Viola se empapaba de alegría y entrecerraba los ojos. Buscaba sus manos y comenzaba a suspirar mientras le pedía que continuara. El sueño acababa siempre con Viola siendo consolado por el diablo y con el diablo, susurrando algo en su oído.

Y en lo poco que podía observar, notaba que la cara del diablo era siempre la misma. En lugar de ser un demonio, tenía una expresión preciosa y una sonrisa que le hacía derretirse. Sin embargo, por lo que había oído, estas criaturas siempre se les aparecían a los hombres en forma de mujer para poder seducirlos y llevarlos al infierno. No obstante, los dedos que le palpaban el cuerpo eran claramente los de un hombre. Además, el torso que lo cubría también era mucho más grande y fuerte que el suyo y su olor era tan profundo que era difícil verlo como el de una señorita. ¿Por qué le habían mandado a un macho para embrujarlo? Y lo peor de todo era que no entendía por qué justo en el sueño, estaba tan alegre y tan decidido a dejar que le hiciera el amor...

"Buagh..."

Solo de pensar en el sueño, su estómago comenzaba a revolverse en un segundo.

Viola frunció el ceño mientras se ponía la mano en la boca para contener el vómito. Y aunque era un sueño, la verdad era que tenía tanto deseo por él que comenzó a sentirse culpable. Este era un comportamiento absolutamente inaceptable para un sacerdote. La sexualidad era un pecado así que Viola le pidió perdón a Dios con seriedad y prometió no volver a caer en la tentación del diablo. Y trás hacer un juramento, respiró hondo y se concentró en volver por el buen camino. Lo importante era calmar la mente para no mostrarle al mal ningún hueco por el que pudiera entrar.

Su boxer se estaba secando en la esquina de la habitación. Era una temporada de baja humedad, por lo que pensó que quedaría lista rápidamente. Se puso ropa interior nueva y un uniforme largo y negro. Algo que tenía que utilizar como sacerdote. Después, se amarró una cuerda alrededor de la cintura y se puso los zapatos uno por uno. Era el comienzo del día después de todo y lo primero que tenía que hacer para conmemorar este ritual, era limpiar el interior de la iglesia para recibir a sus amados fieles.

Viola entró en la catedral con una escoba en la mano. El olor del incienso persistía en la iglesia incluso después de un día completo e incluso las vidrieras que coloreaban bellamente la catedral habían perdido un poco de su color.
El vitral, que representaba "la venida de Dios", era una pintura especialmente creada para los aldeanos que no sabían leer. En otras palabras, se podía decir que era algo así como un libro para que entendieran el significado glorioso de nuestro Salvador y lo que pasaría en los últimos días. Además, cada capítulo tenía un significado especial y eso conducía a lecciones diarias de fe.

Viola detuvo su mano ante el sonido de un pájaro cantando desde algún lugar del salón. Las vidrieras iluminaron el interior de la iglesia con colores vivos e incluso fue como si el lugar comenzara a sentirse muy calientito de repente. A Viola le encantaba este momento. Fue una hermosa vista ver las luces brillando en la catedral y, para ser muy honesto, lo que más le gustaba de esto era el bonito rosetón circular que estaba bien dispuesto sobre el altar. Y como guiado por esta maravilla, Viola se acercó al frente y se arrodilló por completo para hablar con Dios. Elevó una oración de acción de gracias por el comienzo del día y con un corazón solemne, limpió también el área que estaba alrededor de la mesita y el mantel.

Su mente estaba en paz ahora.

Después de limpiar la catedral, Viola salió, miró hacia el sol y respiró muy, muy hondo. El aire fresco disipó la somnolencia que había reinado en su cuerpo después de despertar y luego, mientras la gente comenzaba a llegar para escuchar sus palabras matutinas, caminó frente a la iglesia para barrer la jardinera.

Terminó de limpiar el pasillo, el patio delantero y se dirigió al patio trasero de la catedral. Además de la zona residencial y el jardín, el terreno que manejaba la iglesia tenía un campo y un cementerio que abarcaba toda la montaña trasera. Era difícil manejarlo todo solo, por lo que a menudo tomaba prestadas las manos de los aldeanos que se ofrecían amablemente cada día. Los cuerpos que dormían eternamente en el cementerio eran sacerdotes que custodiaron esta iglesia de generación en generación y por ello mismo, cada lápida se limpiaba y se acomodaba cuidadosamente de forma especial. Se quitaban las hierbas y se ponía en su lugar flores frescas. Finalmente, Viola acarició suavemente el nombre del padre Luke, grabado en la nueva lápida que había mandado a hacer hace poco tiempo.
El padre Luke, quien falleció el año pasado, fue como un papá real para Viola. Era estricto y honesto, pero increíblemente amoroso. Viola lo admiraba muchísimo y lo extrañaba siempre que se acordaba de él.

Después de limpiar, se puso la capa verde que siempre se colocaba sobre la ropa de trabajo y se retiró de allí para hacer otros trabajos antes de comenzar el sermón. Descubrió que una anciana estaba intentando subir las escaleras paso a pasito así que se acercó y le tomó de la mano.

"Gracias, padre."

La mujer, que vivía muy cerca de la iglesia, era profundamente religiosa y venía todas las mañanas sin falta. Él la ayudaba a subir lentamente las escaleras y la sentaba en su banca de siempre. Y después de un tiempo, los otros aldeanos parecieron llenar completamente la iglesia hasta provocar que se sintiera bastante ruidosa.

"Hola a todos."

La voz de Viola resonó en la tranquila iglesia. La adoración era solo una vez, y esta vez era la primera, la última y la única. Y después de ofrecer oraciones matutinas junto con unos diez aldeanos, entonces comenzaría a contarles el versículo de hoy.

En este pueblo agrícola, a menudo el tema que se tocaba era sobre el clima y la manera en la que este afectaba la cosecha. Sin embargo, aunque la calidad del suelo no era muy buena, el pueblo siempre fue rico en abundancia y prosperidad e incluso cuando los alrededores sufrieron mal tiempo, este pueblo no se vio afectado ni una sola vez. Viola pensó que era porque los aldeanos eran profundamente religiosos y que se salvaban porque tenían una fe infinita. Y que mientras oraran, definitivamente nunca serían derrotados por el diablo.

El diablo...

Viola cerró los ojos, maldiciendo de nuevo en su corazón.


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